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Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net (26-5-2004) ¿Qué vemos cuando vemos un embrión?
Los mismos datos pueden ser analizados por un científico de corazón empequeñecido y por otro de principios nobles
¿Qué vemos cuando vemos un embrión?
Hay realidades profundas que no se ven con el microscopio
ni con los ojos de la carne, que no se
descubren con los números ni con la báscula.
A un racista
puedes enseñarle que este niño de otra piel tiene un
DNA humano, está dotado de cabeza, tronco y extremidades, respira,
come y usa un lenguaje significativo, y puede darte la
mano en señal de amistad. Todos estos datos no serán
suficientes para el racista: necesita algo más para descubrir que
ese niño es un ser humano digno de respeto.
A algunos
científicos les puedes decir que desde la concepción inicia un
nuevo proceso vital: comienza a existir un individuo con un
DNA distinto del que tienen su padre y su madre,
orientado a un crecimiento rápido y bien programado. Puedes ver
con ellos que se duplican las células de un modo
coordinado y autónomo, que el proceso se orienta, si no
hay obstáculos, hacia las etapas futuras: ser feto, nacer, ser
niño, adolescente, adulto.
Para esos científicos (pocos, esperamos) esos datos se
quedan simplemente en eso, en datos. Pueden medirlos, pueden controlarlos
con reactivos químicos, pueden fotografiarlos. Pero se les escapa algo
que no se ve en el microscopio: la dignidad propia
de todo ser humano en cualquiera de sus etapas de
desarrollo.
¿Por qué ocurre esto? Porque la dignidad y el respeto
son visibles sólo desde otra perspectiva, desde una profundidad intelectual
que supera infinitamente las capacidades analíticas de un complejo instrumental
de laboratorio.
La ciencia, conviene recordarlo, se limita a observar, a
recoger datos. No hemos de pedir peras al olmo, ni
razonamientos filosóficos a las probetas. Por eso mismo no toca
al laboratorio determinar quién merece respeto, cariño y protección, y
quién no lo merece. En cambio, el científico sí puede
decirnos qué tipo de propiedades y características presenta este embrión,
por qué se desarrolla, de dónde procede y a dónde
va.
Se trata de informaciones importantes para distinguir un embrión humano
de un embrión de jabalí, pero llegan sólo hasta allí.
El que un animalista proteste porque destruimos huevos de águilas
y luego no muestre tanto interés por los embriones humanos
viene de algo que va mucho más allá de lo
que dicen los datos de laboratorio.
Por eso nos podemos encontrar
con dos tipos muy diferentes de científicos. Unos defienden la
dignidad de los embriones, de los fetos, de los niños
(sean ricos o pobres, sanos o enfermos). Otros, en cambio,
dicen que el respeto depende de parámetros de calidad o
del número de células que uno pueda tener. No faltan,
en este segundo grupo, algunos que acusan a los defensores
de la dignidad del embrión humano de usar “prejuicios religiosos”,
prejuicios que no serían capaces de fundar la dignidad de
un embrión...
En otras palabras: los mismos datos de la embriología
científica pueden ser analizados por un científico de corazón empequeñecido
y por otro de principios nobles. Las conclusiones de cada
uno serán muy diferentes. El primero no sabrá ni querrá
respetar a los embriones, a no ser bajo una serie
de condiciones que varían según parámetros de interés o de
utilidad. El segundo verá en ese ser minúsculo la grandeza
de una vida humana, la belleza de una existencia que
inicia como iniciamos a vivir cada uno de los adultos
que hoy podemos convivir en un planeta lleno de lirios
y jilgueros, de madres y padres generosos y buenos.
Todo depende
de una perspectiva filosófica y religiosa. Tenerla o no tenerla
marca la diferencia. Una diferencia de la que depende el
respeto que luego cada uno da a los demás seres
humanos (embriones, niños, adultos o ancianos).
No podemos ser neutrales en
estos temas, ni siquiera puede serlo un científico. De los
prejuicios de cada uno (todos los tenemos, incluso quien no
quiere admitirlo) nacerán luego posturas como la de quienes planean
destruir embriones humanos para que “progrese” la ciencia, o experimentar
con prisioneros de un campo de concentración para mejorar los
sistemas sanitarios de una dictadura. Otros, desde prejuicios muy distintos,
defenderán la vida de todos los seres humanos en cualquier
momento o condición de su existencia, desde que inicia a
existir como embrión hasta que muere en una cama de
hospital o en una choza pobre pero llena de hombres
y mujeres dignos.
Dignos, sí, porque saben reconocer el valor de
cada ser humano, aunque se encuentre carcomido por la lepra,
aunque sea un niño pobre y sucio, pero con esos
ojos que brillan sólo para quienes leen la vida humana
más allá de los límites estrechos de lo experimental: con
la mirada del espíritu, que puede tocar lo profundo del
misterio de la vida humana, de la tuya, de la
mía, de la de todos.
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propia experiencia.
Imagen: Final de la tercera semana de gestación: Durante
esta semana hay más desarrollo del aporte sanguíneo de la
madre al embrión. En este momento una protuberancia se ha
comenzado a formar, el corazón. También el cerebro esta empezando
a diferenciarse. (medicinatv.com)
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