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Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net Un derecho inviolable
En función de diversos intereses, unos serán considerados dignos de vivir y otros no
Un derecho inviolable
La Modernidad se ufana de sus conquistas en el ámbito
de los derechos humanos. El ser humano, por el mero
hecho de serlo, posee la dignidad de persona; es decir,
de un ser que es siempre fin en sí mismo
y nunca medio para otra cosa. La sociedad, y la
autoridad política, se pervierten y deslegitiman cuando pierden de vista
su misión de ser garantes de los derechos de la
persona.
Entre los ataques más lacerantes contra el ser humano se
cuenta el recurso al aborto provocado. El aborto mata, daña,
corrompe. Es letal para el niño aún no nacido. Es
contrario a la vocación de los padres de alumbrar y
cuidar la vida de sus propios hijos. Es un cáncer
que se introduce en la sociedad, al hacerla sorda y
muda ante el gemido de los más débiles.
No se concibe
una sociedad civil y una legislación que cierre los ojos
ante la gravedad del aborto. Mucho menos aún, una sociedad
y una legislación que desampare o que incluso directamente promueva
la eliminación de seres humanos inocentes aún no nacidos.
Si el
aborto no sólo no se persigue como lo que es,
un delito gravísimo, sino que se tolera o se fomenta,
el Estado se convierte en un Leviatán hipócrita, que dice
defender a sus ciudadanos, cuando, en realidad, dictamina, de modo
caprichoso, que no todos son iguales. En función de diversos
intereses, unos serán considerados dignos de vivir y otros no.
Las
intervenciones sobre el embrión humano, cuando no están orientadas a
defenderlo, a cuidarlo y a atenderlo médicamente, son de igual
modo un atentado contra la dignidad humana. Un diagnóstico de
una malformación o de una enfermedad no debería equivaler, en
un mundo civilizado, a una sentencia de muerte.
Mucho trabajo queda
por hacer en la tarea de concienciarnos todos del deber
de defender la vida. No deja de ser patético que
aquellos que se autocalifican como “de izquierdas”, como defensores de
los débiles, sean los primeros que están dispuestos a dar
un sí, con su voto o con sus propuestas legislativas,
a la eliminación violenta de tantos seres humanos.
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