La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net El cordón umbilical y las células madre
No va en contra de la ética congelar células madre procedentes de adultos
El cordón umbilical y las células madre
En España se ha generado una considerable polémica al hacerse
público que sangre del cordón umbilical de la Infanta Leonor
fue enviada a un banco privado de células madre del
cordón umbilical de Tucson, Arizona, en los Estados Unidos. Los
Príncipes de Asturias habían aceptado una propuesta en este sentido
hecha por la clínica donde había nacido su hija; una
propuesta que muchos otros padres también aceptan.
No nos interesa en
este artículo entrar en el debate que enfrenta a quienes
defienden la existencia de bancos privados de células madre procedentes
de los cordones umbilicales contra quienes, por el contrario, defienden
que esos bancos han de ser públicos.
Pero el tema es
sugerente y se nos presenta como una ocasión para esclarecer,
en la medida de lo posible, las implicaciones éticas del
uso de las células madre.
Primeramente debemos decir qué son las
llamadas “células madre”. Las “células madre” (o “stem cell”, “células
estaminales”) son aquellas células progenitoras, auto-renovables, capaces de regenerar uno
o más tipos celulares diferenciados. En palabras sencillas, se podría
decir que una célula madre es aquella célula capaz de
generar fácilmente otras células que podrían ser empleadas para regenerar
tejidos. Muchas de las enfermedades humanas se producen por la
degeneración y la muerte de los tejidos que forman el
cuerpo; enfermedades de este tipo son, por ejemplo, las enfermedades
degenerativas (diabetes juvenil, Parkinson, esclerosis múltiple, etc.). Si fuese posible
regenerar esos tejidos, se avanzaría en la curación de esos
males.
Existen dos tipos de células madre: las células madre “embrionarias”
y las células madre de “adulto”. Las células madre “embrionarias”
derivan de la masa celular interna del embrión humano, cuando
el embrión tiene aún pocos días de vida. Las células
madre de “adulto” derivan de tejidos humanos como la piel,
el músculo cardíaco y esquelético, o de la sangre del
cordón umbilical.
Existe un gran debate entre los científicos sobre la
utilidad de ambos tipos de células madre. Se han logrado
importantes éxitos en orden a la curación de infartos y
de otras enfermedades con el uso de células madre de
adulto, procedentes del mismo paciente. Hasta la fecha, no parece
que las células madre embrionarias sean tan eficaces como las
de adulto, porque las células madre embrionarias tienden a producir
tumores en el organismo.
Desde el punto de vista ético, dejando
aparte la cuestión de la eficacia, la valoración que se
puede hacer del uso de las células madre es muy
diversa, dependiendo de si se trata de células “embrionarias” o
bien de células de “adulto”.
No hay, en principio, ninguna objeción
ética al empleo de células madre de adulto. No va
en contra de la ética utilizar las células procedentes de
la sangre del cordón umbilical, o de la piel, pongamos
por caso, para curar una enfermedad degenerativa.
Sí hay objeciones, y
muy serias, al empleo de células madre “embrionarias”; es decir,
extraídas del embrión humano. Si la obtención de esas células
exige la destrucción del embrión humano, resulta evidente que este
recurso es éticamente inadmisible. No es lícito matar a un
embrión humano para obtener células que, hipotéticamente, podrían servir para
curar enfermedades. Y la razón de ello es muy clara:
La vida humana debe ser respetada y protegida de manera
absoluta desde el primer momento de la concepción. “Desde el
primer momento de su existencia, el ser humano debe ver
reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el
derecho inviolable de todo ser inocente a la vida” (“Catecismo
de la Iglesia Católica”, 2270). El embrión humano “debe ser
tratado como una persona desde la concepción” y debe “ser
defendido en su integridad”, como todo ser humano (cf “Catecismo
de la Iglesia Católica”, 2274).
Un fin bueno - curar una
enfermedad - no justifica un medio malo - matar a
un ser humano en su etapa embrionaria de existencia -
. Como tampoco sería aceptable matar a una persona adulta
para curar a otra. La ciencia sin conciencia termina, a
la larga, volviéndose contra el hombre. También en el campo
de la Medicina tiene aplicación el quinto mandamiento: “¡No matarás!”.
Los
Príncipes de Asturias, al igual que muchos otros padres que
han optado por la congelación de células extraídas del cordón
umbilical, no han atentado contra la vida por el hecho
de permitir la conservación de sangre del cordón umbilical de
sus hijos. Porque las células que podrían extraerse de esa
sangre no son células embrionarias; es decir, no se ha
tenido que matar a un embrión humano para obtenerlas. Por
este motivo, los Obispos españoles han recordado, con ocasión de
este debate, que la crioconservación (“congelación”) del cordón umbilical es
una técnica que no presenta ninguna objeción moral.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR