La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: S.S. Benedicto XVI | Fuente: www.vatican.va Criterios éticos para los trasplantes de órganos
Discurso del Papa a los participantes en el congreso internacional sobre el tema "Un don para la vida. Consideraciones sobre la donación de órganos". 6 al 8 de noviembre de 2008 en Roma
Criterios éticos para los trasplantes de órganos
La donación de órganos es una forma peculiar de testimonio
de la caridad. En un período como el nuestro, con
frecuencia marcado por diferentes formas de egoísmo, es cada vez
más urgente comprender cómo es determinante para una correcta concepción
de la vida entrar en la lógica de la gratuidad.
Existe, de
hecho, una responsabilidad del amor y de la caridad que
compromete a hacer de la propia vida un don para
los demás, si se quiere verdaderamente la propia realización. Como
nos enseñó el Señor Jesús, sólo quien da la propia
vida podrá salvarla (Cf. Lucas 9, 24).
La historia de
la medicina muestra con evidencia los grandes progresos que se
han podido realizar para permitir una vida cada vez más
digna a toda persona que sufre. Los trasplantes de tejidos
de órganos representan una gran conquista de la ciencia médica
y son ciertamente un signo de esperanza para muchas personas
que atraviesan graves y a veces extremas situaciones clínicas.
Si nuestra mirada
se amplía al mundo entero, es fácil constatar los numerosos
y complejos casos en los que, gracias a la técnica
del trasplante de órganos, muchas personas han superado fases sumamente
críticas y se les ha restituido a la alegría de
vivir. Esto nunca hubiera podido suceder si el compromiso de
los médicos y la competencia de los investigadores no hubieran
podido contar con la generosidad y el altruismo de quienes
han donado sus órganos. El problema de la disponibilidad de
órganos vitales, por desgracia, no es teórico, sino dramáticamente práctico;
se puede constatar en la larga lista de espera de
muchos enfermos cuyas únicas posibilidades de supervivencia están ligadas a
las pocas donaciones que no corresponden a las necesidades objetivas.
Es útil, sobre
todo en el contexto actual, volver a reflexionar en esta
conquista de la ciencia para que la multiplicación de las
peticiones de trasplantes no trastoque los principios éticos que constituyen
su fundamento. Como dije en mi primera encíclica, el cuerpo
nunca podrá ser considerado como un mero objeto (Cf. Deus
caritas est, n. 5); de lo contrario se impondría la
lógica del mercado. El cuerpo de toda persona, junto al
espíritu que es dado a cada quien individualmente, constituye una
unidad inseparable en la que está impresa la imagen del
mismo Dios. Prescindir de esta dimensión lleva a caer perspectivas
incapaces de comprender la totalidad del misterio presente en cada
hombre. Es necesario, por tanto, que en primer lugar se
ponga el respeto por la dignidad de la persona y
la defensa de la tutela de su identidad personal.
Por lo que
se refiere a la técnica del trasplante de órganos, esto
significa que sólo se puede hacer una donación si no
se pone en serio peligro la propia salud y la
propia identidad y siempre por un motivo moralmente válido y
proporcionado. Eventuales motivos de compraventa de órganos, así como la
adopción de criterios discriminadores o utilitaristas, desentonarían hasta tal punto
con el mismo significado de la donación de que por
sí mismos se pondrían fuera de juego, calificándose como actos
moralmente ilícitos. Los abusos en los trasplantes y su tráfico,
que con frecuencia afectan a personas inocentes, como los niños,
tienen que encontrar el rechazo unido de la comunidad científica
y médica por ser prácticas inaceptables. Por tanto, deben ser
condenadas con decisión como abominables. El mismo principio ético debe
ser subrayado cuando se quiere llegar a la creación y
destrucción de embriones humanos destinados a objetivos terapéuticos. La misma
idea de considerar el embrión como "material terapéutico" contradice los
fundamentos culturales, civiles y éticos sobre los que se basa
la dignidad de la persona.
Con frecuencia, el trasplante de órganos tiene
lugar como un gesto de total gratuidad por parte de
los familiares de una persona a quien se ha certificado
la muerte. En estos casos, el consentimiento informado es una
condición de la libertad para que el trasplante se caracterice
por ser un don y no se interprete como un
acto coercitivo o de abuso. De todos modos, es útil
recordar que los diferentes órganos vitales sólo pueden extraerse ex
cadavere [del cadáver, ndt.], que posee una dignidad propia que
debe ser respetada. La ciencia, en estos años, ha hecho
progresos ulteriores para constatar la muerte del paciente. Es bueno,
por tanto, que los resultados alcanzados reciban el consenso de
toda la comunidad científica para favorecer la búsqueda de soluciones
que den certeza a todos. En un ámbito como éste
no se puede dar la mínima sospecha de arbitrio y,
cuando no se haya alcanzado todavía la certeza, debe prevalecer
el principio de precaución. Para esto es útil incrementar la
búsqueda y la reflexión interdisciplinar de manera que se presente
a la opinión pública la verdad más trasparente sobre las
implicaciones antropológicas, sociales, éticas y jurídicas de la práctica del
trasplante. En estos casos, de todos modos, debe asumirse como
criterio principal el respeto por la vida del donante de
manera que la extracción de órganos sólo tenga lugar tras
haber constatado su muerte real (Cf.Compendio del Catecismo de la
Iglesia Católica, n. 476). El acto de amor, que se
expresa con el don de los propios órganos vitales, es
un testimonio genuino de caridad que sabe ver más allá
de la muerte para que siempre venza la vida. Debe
ser consciente del valor de este gesto quien lo recibe,
quien es destinatario de un don que va más allá
del beneficio terapéutico. Antes que un órgano recibe un testimonio
de amor que debe suscitar una respuesta igualmente generosa, de
manera que se incremente la cultura del don y de
la gratuidad.
La senda que hay que seguir, hasta que la ciencia
descubra nuevas formas posibles y más avanzadas de terapia, tendrá
que ser la de la formación y difusión de una
cultura de la solidaridad que se abra a todos sin
excluir a nadie. Una medicina de los trasplantes coherente con
una ética de la donación exige el compromiso de todos
por invertir todo esfuerzo posible en la formación y en
la información para sensibilizar cada vez más a las conciencias
en un problema que afecta diariamente a la vida de
muchas personas. Será necesario, por tanto, superar prejuicios y malentendidos,
disipar desconfianzas y miedos para sustituirlos con certezas y garantías,
permitiendo que crezca en todos una conciencia cada vez más
difundida del gran don de la vida.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR