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Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net Aborto y evasión fiscal
Para algunos políticos importa más la limpieza en las finanzas que el derecho a la vida
Aborto y evasión fiscal
Los que defienden el aborto repiten aquí y allá los
argumentos de siempre, con una originalidad bastante escasa. Si los
usan tanto, será porque son buenos... De verdad, ¿son tan
buenos como parecen?
Imaginemos, como en una fábula, que se aplicasen
algunos de esos argumentos al tema de los impuestos, la
evasión fiscal y los fraudes...
En un país lejano se reunieron
en congreso grupos de feministas y de masculinistas para defender
el derecho a la evasión fiscal y al fraude. Crearon
varias Organizaciones no gubernativas (ONGs), una llamadas “Católicas evasoras por
el derecho a decidir”. Otra llamada “Trabajadores y empresarios defensores
de la libertad fiscal”. Otra “Orgullo fraude”.
Discutieron diversos argumentos a
favor de su causa. Hubo uno muy aplaudido por todos
los grupos: en el mundo se cometen millones de fraudes
y evasiones fiscales de todo tipo, lo cual crea escrúpulos,
miedo, angustia, terror. Miles de personas mueren cada año en
las cárceles mientras esperan ser juzgadas por no pagar impuestos
o por fraude. Otros miles se suicidan cuando se dan
cuenta de que van a ser descubiertas, o cuando son
denunciadas por una prensa que practica métodos propios de la
más criminal de las inquisiciones... No faltaron algunos congresistas que
pidieron elevar esas cifras: cuando más alto sea el número
de víctimas de los impuestos, más impacto se creará en
la opinión pública. Hubo aplauso general.
El segundo argumento resultó un
ataque directo a la Iglesia católica. Las “Católicas evasoras por
el derecho a decidir” recordaron que la ética es un
asunto privado, y que cada uno hace con su dinero
lo que quiere. Una repitió: “si el cuerpo es mío
y hago con él lo que quiero, necesito dinero, y
ni el Estado ni la Iglesia me pueden quitar ese
dinero para disponer libremente de mi cuerpo y llevarlo donde
quiera, vestirlo como quiera y alimentarlo según me parezca. Para
todo ello hace falta ese dinero que nos quitan en
los impuestos”. Otra recordó: “si pedimos la despenalización de la
evasión fiscal no hacemos daño a nadie. El que quiera
pagar impuestos, que los pague. No queremos imponer a nadie
que sea evasor. Simplemente queremos respeto para todos los evasores
y las evasoras”.
En la misma línea, algún estudioso hizo
reflexiones más profundas. La Iglesia, dijo el experto, al defender
el fundamento social de los impuestos y la honradez en
los negocios, crea complejos en quienes desean retener el dinero
que han ganado con su trabajo. Por lo mismo, hemos
de eliminar este tipo de actitudes de intolerancia. Habría que
predicar una moral más comprensiva. Miles de católicos que van
a comulgar todos los domingos son evasores fiscales o cometen
fraude. La Iglesia no debería cerrar los ojos a esta
realidad: tiene que acomodarse a los tiempos, si no quiere
quedarse sola al defender ideas superadas...
Otro participante se declaró católico.
Dijo que había sido catequista durante años y que hacía
todo lo posible por no pagar impuestos. Incluso confesó, esta
vez sin miedo, que conoce a cientos de personas que
hacen lo mismo que él, pero no se atreven a
decirlo por la enorme presión que otros católicos conservadores hacen
al defender que existen deberes para con el estado y
con la sociedad que justifican el pago de impuestos. Lo
cual sería una mentira, según nuestro catequista, pues el pagar
impuestos no tiene ningún fundamento bíblico...
Otro argumento que tuvo mucho
éxito es el de la defensa de la libertad individual.
Los estados han creado, durante siglos, sistemas de coacción y
de represión para que los evasores fiscales sean castigados. En
el fondo, se impide a los ciudadanos el hacer con
su dinero lo que quieran, lo cual va contra el
derecho a la libertad. Si despenalizamos o legalizamos la evasión
fiscal, el mundo recobrará la libertad. Incluso el resultado final
sería beneficioso para el mismo estado: millones de ciudadanos, que
antes pagaban impuestos movidos por el miedo o el escrúpulo,
empezarán a dar con libertad, alegremente, su dinero a grupos
de beneficencia o a personas más necesitadas. Algunos de esos
grupos de beneficencia mostrarán ser más eficaces que los complejos
sistemas de la burocracia que nunca han sabido usar bien
el dinero que debería servir para el bien común. Y,
desde luego, disminuirá de modo radical el número de fraudes,
pues la gente tendrá los bolsillos más llenos de dinero.
Algunos
delegados, sin embargo, declararon la irrealidad de un proyecto anti-impuesto
tan radical. Por lo mismo, propusieron la estrategia de los
“pequeños pasos”. Habría que deslegitimar a los gobiernos y a
los parlamentos con el método de desenmascarar a todos los
gobernantes corruptos. Este método crearía un enorme impacto en la
opinión pública y haría más fácil la supresión de los
impuestos. Recordaron, además, que en muchos países ya eran legales
algunos casos que permitían pagar menos impuestos. Habría que crear
oficinas y grupos filantrópicos que difundiesen estas opciones y las
hiciesen asequibles al mayor número de personas. Poco a poco
el dinero que antes llegaba a un estado anónimo y
opresivo pasaría a estos grupos. Luego habría que trabajar para
conquistar nuevas metas, hasta lograr que el pago de impuestos
fuese totalmente libre en todas las sociedades.
Se trata, como dijimos,
de una fábula. Por desgracia, en el tema del aborto
la fábula se ha hecho realidad en muchos países, y
en otros está todavía en los inicios. Además, los gobiernos
lucharán hasta la muerte para que los impuestos sean pagados
siempre con mayor puntualidad y para perseguir a los que
buscan eludir un deber tan “sagrado”, mientras que el tema
del aborto... Para algunos políticos, es penoso reconocerlo, importa más
la limpieza en las finanzas que el derecho a la
vida de los no nacidos.
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