La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Jaime Nubiola | Fuente: Fluvium.org Nuestro gusto es servirles
Aunque servir ya no está de moda, sin embargo, un buen servicio es irresistible
Nuestro gusto es servirles
Hace unas pocas semanas en un pequeño y acogedor restaurante
de Bogotá, al despedirme de la encargada agradeciéndole lo bien
que nos habían atendido, llamó mi atención su respuesta: "Nuestro
gusto es servirles", me dijo con una sonrisa amable. Lo
decía con un tono tan verdadero que persuadía de que
no se trataba de una mera frase hecha, sino que
–como habíamos podido comprobar– quienes llevaban aquel restaurante disfrutaban realmente
si conseguían que sus clientes estuvieran a gusto. Dándole vueltas
en mi cabeza a aquella frase, caí en la cuenta
de que en nuestro país no está de moda la
palabra "servicio", aunque a todos nos encante –como me pasó
a mí en aquel restaurancito al pie de los cerros
de Bogotá– encontrarnos con personas serviciales.
Hasta no hace mucho la
gente mayor –al menos en las zonas rurales– respondía a
la pregunta de "¿quién es?" por el interfono del portero
automático con un sonoro "servidor" o "servidora", sin que advirtieran
en el empleo de aquella expresión nada peyorativo, sino más
bien el resultado de una buena educación, unos buenos modales.
Hoy en día me parece que se contesta casi universalmente
al interfono con un estentóreo "yoooo". Un pequeño cambio semántico
que quizá refleja un giro importante en el foco de
la atención.
Cuando a principios de los ochenta la British Airways quería
relanzar su actividad, el consejo de administración contrató para dirigir
la compañía a Colin Marshall, procedente de Sears, precisamente porque,
aunque no tenía experiencia en el negocio aéreo, sostenía que
la clave estaba en el servicio. De hecho, fue él
quien acuñó aquel hermoso lema de la British Airways, To
fly, to serve, "Volar para servir", ahora ya en desuso.
En este mismo sentido, me pasaba ayer un colega unas
sabias declaraciones del ex presidente de Hewlett Packard en España,
Juan Soto, encabezadas por el titular –extraído de sus palabras–
"Liderar es querer servir", que es una versión más general
de aquel antiguo lema de la compañía aérea.
El
servicio es cosa de todos
Me parece que la palabra "servicio" no
está ya en boga, porque el servicio ha sido malentendido
como servilismo, como aquella actitud pasiva y complaciente del esclavo,
del siervo de la gleba, manipulado despóticamente por su amo.
"Más vale morir de pie que vivir de rodillas", repite
por doquier el grito revolucionario. Sin embargo, la igual dignidad
de todos los ciudadanos, la igualdad ante la ley de
todos los españoles –que, por supuesto, son valores democráticos inalienables–
no tienen relación ninguna con la necesidad de que en
nuestras organizaciones sociales y empresariales y, muy en particular, en
la vida familiar, nos sirvamos unos a otros. Las comunidades
humanas sólo funcionan bien, sólo logran su fin, cuando cada
uno, comenzando por los que están más arriba, pone lo
propio, lo personal, al servicio de la comunidad, al servicio
de quienes de ellos dependen o de quienes simplemente están
a su lado.
No se trata de pedir a todos el heroísmo
de la Madre Teresa de Calcuta, pero sí que ha
de poder exigírsenos a cada uno el buen ejercicio de
nuestro trabajo, con eficiencia y buenos modales, con una sonrisa
amable para todos. A fin de cuentas, el servirse unos
a otros es una traducción práctica del mandamiento cristiano del
amor, pero es también la condición vital del desarrollo de
una genuina sociedad democrática. Sólo puede una sociedad florecer si
sus miembros en sus diferentes ámbitos y funciones se sirven
unos a otros. Basta con pensar en la propia comunidad
de vecinos para persuadirse de que esto es así. Cuando
en una cuestión debatida un vecino aporta lealmente su experiencia
profesional suele ser fácil que se adopte pronto una decisión
satisfactoria. Si, en cambio, los vecinos rehúyen comprometerse en la
gestión del bien común, los problemas fácilmente se eternizan y
las relaciones personales con frecuencia se deterioran.
En el ámbito
familiar
Para
un profesor universitario resulta fácil entender la importancia del servicio,
pues nuestro trabajo tiene tradicionalmente "tres patas": docencia, investigación y
servicio. Por servicio se entienden todas aquellas tareas que no
son docencia ni investigación y que ocupan a menudo tantas
horas de nuestra jornada. Van desde la participación en órganos
de gobierno y comités de todo tipo, hasta la evaluación
del trabajo de nuestros colegas y el servicio a la
comunidad extrauniversitaria, pasando por todas aquellas tareas que quizá parecen
menores y que consisten básicamente en ayudar y acompañar a
unos y a otros.
La actitud permanente de servicio es todavía
más esencial en las familias. Realmente una familia es aquel
ámbito en el que sus miembros se sirven unos a
otros sin reclamar nada a cambio; es un espacio en
el que lo natural, lo normal, es servir. Las familias
en las que marido y mujer, padres, hijos y abuelos,
se sirven unos a otros crecen indefectiblemente. Habrá altibajos e
incluso conflictos, pero la cohesión que crea el mutuo servicio
es difícilmente destructible.
Sin embargo, el punto que quería destacar es que
al servicio realizado ha de corresponder siempre la expresión de
un agradecimiento verdadero: no basta con el simple pago de
la cantidad convenida, ni siquiera aunque vaya acompañado de una
buena propina. Hemos de aprender a regalarnos unos a otros
siempre la gratitud por el servicio prestado, pero todavía es
mejor –como hacía la encargada de aquel restaurante de Bogotá–
descubrir que realmente nuestro gusto es servir a los demás.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR