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Autor: Catholic net | Fuente: Catholic net ¿Sólo leyes y barreras?
Es posible construir un mundo basado en el amor
¿Sólo leyes y barreras?
A veces pensamos que el mundo será mejor con más
leyes, con altas barreras llenas de alambradas, con policías eficaces,
con cámaras de vigilancia omnipresentes, con jueces honestos, y con
cárceles para todos los malvados.
Pero luego la vida nos enseña
que el corazón de los hombres no cambia ni siquiera
con amenazas ni con castigos.
Es cierto que el miedo a
la cárcel impide muchos delitos, muchas trampas, muchos golpes. Pero
también es cierto que el miedo no construye un mundo
mejor, ni sacia ese anhelo profundo del corazón de amar
y de ser amados.
Hemos de reconocer que vivir según la
justicia y, sobre todo, vivir según el amor, es algo
que viene desde dentro, de lo profundo, de aquello que
dirige nuestros pensamientos y nuestras acciones.
Con el amor todo es
distinto. La vida familiar resulta un anticipo de cielo. Los
esposos no viven según la ley de lo que es
justo, sino según el deseo de la entrega, en la
búsqueda continua por hacer feliz al otro, a la otra.
Los padres no ven a los hijos como si fuesen
una fuente de preocupaciones, sino como el tesoro que más
aman, como un don por el que se sacrifican, luchan,
trabajan y sueñan. Los hijos no ven a los padres
como un obstáculo a sus sueños de libertad, sino como
a verdaderos amigos que buscan sólo su bien y que
les ofrecen lo mejor de sí mismos.
Con el amor el
mundo del trabajo se renueva. Ya no se vive según
la óptica de lo mínimo necesario (llegar a tiempo y
salir sin dejar que pase un segundo de más), sino
según el dinamismo de la ayuda para el bien del
otro y del conjunto. Los jefes dejan de ser simples
vigilantes o cadenas de órdenes que llegan desde arriba, para
preocuparse por el bien de cada trabajador. Los trabajadores, a
su vez, no están en la actitud pasiva del “cumplo
y basta”, sino que sienten la empresa como algo propio,
porque el bien del conjunto es el bien de cada
uno, y porque es bello darse también en el mundo
de la economía.
Con el amor el pluralismo cultural e ideológico
deja de ser fuente de conflictos. El “distinto” no es
visto como un enemigo potencial, sino como alguien que merece
amor simplemente en cuanto hombre, sin etiquetas, sin descalificaciones arbitrarias.
Incluso
la política cobra un aire nuevo: porque los políticos dejan
de buscar su victoria a base de la destrucción del
adversario, para entregarse plenamente al servicio de todos, en el
respeto que nace de algo más profundo: el amor.
¿Es utopía
construir un mundo basado en el amor? ¿Hemos de renunciar
a este sueño para seguir con la elaboración de nuevas
leyes contra los mil abusos que nacen del odio, del
egoísmo, de la codicia; para destruir puentes y levantar nuevas
barreras que disuadan a los delincuentes?
Es verdad: siempre habrá manzanas
podridas, corazones llenos de rabia y desenfreno a los hemos
de corregir y apartar para que no dañen a los
demás. Pero también es verdad que vale la pena poner
en marcha un mayor compromiso por un mundo distinto, sustentado
en el amor al otro.
Aunque a veces nos parezca que
son pocos los que vivan enamorados, serán sólo ellos quienes
brillen como luces que hacen al mundo un poco más
hermoso y más humano...
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