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| Fisonomía de la esperanza verdadera |
Benedicto XVI publica su segunda encíclica, "Spe Salvi",
en la que muestra la fisonomía de la esperanza verdadera.
"El hombre necesita a Dios, de lo contrario se
queda sin esperanza". "Esta gran esperanza solo puede ser Dios,
que abraza el universo y que nos puede proponer y
dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar"."Dios
es el fundamento de la esperanza, pero no cualquier Dios,
sino el Dios que tiene rostro humano y que nos
ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular
y a la humanidad en su conjunto". "Llegar a conocer
a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa
recibir esperanza". "La puerta oscura del tiempo, del futuro, ha
sido abierta de par en par. Quien tiene esperanza vive
de otra manera: se le hado una vida nueva". "El
cielo no está vacío. La vida no es el simple
producto de las leyes y de la casualidad de la
materia, sino que en todo, y al mismo tiempo por
encima de todo, hay una voluntad personal, hay un Espíritu
que en Jesús se ha relevado como Amor".
Sirvan estas
frases literales -hermosas, rotundas, luminosas, clarificadoras- de la segunda encíclica
de Benedicto XVI "Spe Salvi" para ofrecer su primera y
gran carta de presentación, la síntesis de un bello, precioso
y preciso documento papal, típica y nítidamente "ratgingeriano". "Spe salvi"
es un canto a las esencias del cristianismo, escrito desde
un conocimiento profundo, interdisciplinar y dialógico de la Sagrada Escritura,
de la Patrística, de la Teología y de la Filosofía.
"Spe salvi" es una radical profesión de fe en el
Dios de Jesucristo y en la verdad del cristianismo. "Spe
salvi" es acertado recorrido por la historia de la teología,
de la filosofía y del pensamiento, trazado por un sabio,
por un intelectual de primer orden, por un profesor magnífico
que nada más exponer y basar la tesis él mismo
se formula las preguntas que pueden latir en la mente
de su interlocutor. "Spe salvi" responde, de este modo, a
los interrogantes más decisivos del corazón del hombre: somos salvados
en la esperanza. En la esperanza en el Dios vivo
y verdadero, revelado y encarnado en Jesucristo.
Breve presentación de
la encíclica
"Spe salvi" es un texto de extensión idéntica
a "Deus caritas est", la primera encíclica de Benedicto XVI
publicada en enero de 2006. En la edición oficial de
la Tipografía Vaticana ocupa 80 páginas. El texto se estructura
en ocho capítulos o apartados, más una breve introducción previa.
Los ocho epígrafes de la encíclica son los siguientes: "La
fe es esperanza", "El concepto de esperanza en la fe
del Nuevo Testamento y en la Iglesia primitiva", "La vida
eterna: ¿qué es?", ¿Es individualista la esperanza cristiana?", "La transformación
de la fe-esperanza en el tiempo moderno?", "La verdadera fisonomía
de la esperanza cristiana", "Lugares de aprendizaje y del ejercicio
de la esperanza" y "María, estrella de la esperanza".
Excepto
en algunos pasajes de mayor densidad, la encíclica es accesible
para todos los públicos. Especialmente práctico -como después se recordará-
puede resultar el capítulo o apartado séptimo: "Lugares de aprendizaje
y del ejercicio de la esperanza", que viene subdividido en
tres partes: La oración como escuela de la esperanza, El
actuar y el sufrir como lugares de aprendizaje y el
Juicio.
A lo largo de la encíclica, Benedicto XVI alude
a pasajes evangélicos y neotestamentarios, a autores cristianos como San
Agustín, San Ambrosio, San Bernardo, San Francisco de Asís, Henri
de Lubac y a pensadores y filósofos como Bacon, Kant,
Engels, Marx, Adorno...
Respuestas parciales
La humanidad de todos los tiempos
ha buscado y sigue buscando una esperanza donde apoyarse. Y
ésta no es la esperanza que puedan brindar ningún mesianismo
político y temporal, ninguna revolución social. No es la esperanza
epicúrea y escéptica del paganismo imperante cuando irrumpió el cristianismo.
No es la esperanza que ensalza y "endiosa" a la
ciencia ilimitada, a la razón autosuficiente, al progreso inacabable. No
es la esperanza en el triunfo de la lucha de
clases y en el cambio revolucionario de las estructuras, basadas
en el materialismo nihilista, ateo y economicista, propugnado por el
marxismo y el comunismo. No es la esperanza en una
libertad omnímoda, egoísta y sin cortapisas. "El hombre -afirma Benedicto
XVI- nunca puede ser redimido solamente desde el exterior".
Así
pues, no son por sí mismas y exclusivamente ni ciencia,
ni la razón, ni la libertad, ni el progreso, ni
el bienestar económico, ni la misma justicia social quienes redimen
al hombre. "El hombre es el redimido por el amor".
Por un amor incondicionado y total: el amor revelado, encarnado,
crucificado y resucitado de Jesucristo.
Y saber y experimentar esta
certeza es la gran y única esperanza. Lo contrario -como
subraya Benedicto XVI al hilo de una cita del filósofo
Kant- avoca a una final de todas las cosas distinto,
contrario a la naturaleza, perverso. Y es que "es verdad
-señala el Papa- que quien no conoce a Dios, aunque
tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin
la gran esperanza que sostiene toda la vida. La verdadera,
la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de
todas las desilusiones, solo puede ser de Dios, el Dios
que ha amado y que nos sigue amando hasta el
extremo, hasta el total cumplimiento".
La esperanza en este gran
amor que nos espera
Con esta gozosa perspectiva y con
estos argumentos, Benedicto XVI ha trazado su segunda encíclica, que
augura -tras la primera dedicada a la caridad- su continuidad
en una tercera sobre la fe. Fe, esperanza y caridad
son no solo las tres virtudes teologales y capitales del
cristianismo, sino su misma identidad y su genuina oferta de
salvación al hombre de todos los tiempos.
En "Spe
Salvi" encontramos además cualificados y bien aleccionadores testigos de esta
verdad, de la verdad de que solo somos salvados en
esperanza. Cinco de ellos -Josefina Bakhita, Agustín de Hipona, cardenal
Van Thuan, el mártir vietnamita Pablo Le Bao Thin y
María de Nazaret- emergen con especial luz, fuerza y belleza
a lo largo de la encíclica, una encíclica que cobra
especial intensidad, vibración e interpelación pastoral en el capítulo titulado
"Lugares de aprendizaje y del ejercicio de la esperanza". Allí,
en los números 41 al 48, comprobaremos una vez más
la grandeza y el equilibro de la propuesta cristiana y
cómo son plasmados magistralmente por Benedicto XVI al hablar de
la oración, del actuar y del sufrir y del Juicio
como esos "lugares" para aprender y para vivir la esperanza,
la verdadera esperanza, la esperanza que nos salva y que
no defrauda.
El Papa explica su encíclica
Dos días después
de su publicación- 30 de noviembre, vísperas del Adviento-, el
Papa Benedicto XVI aprovecho el rezo dominical del Angelus del
2 de diciembre para explicar su encíclica. Estas son sus
palabras:
"Este domingo es, por lo tanto, un día tanto
más indicado para ofrecer a la Iglesia entera y a
todos los hombres de buena voluntad mi segunda encíclica, que
he querido dedicar precisamente al tema de la esperanza cristiana.
Se titula "Spe salvi", porque se abre con la expresión
de San Pablo: "Spe salvi facti sumus – En esperanza
fuimos salvados” (Rm 8,24). En este, como en otros pasajes
del Nuevo Testamento, la palabra “esperanza" está estrechamente ligada con
la palabra "fe". Es un don que cambia la vida
de quien la recibe, como demuestra la experiencia de tantos
santos y santas. ¿En qué consiste esta esperanza, tan grande
y tan "fiable" para decir que en ella tenemos la
"salvación"? Consiste en sustancia en el conocimiento de Dios, en
el descubrimiento de su corazón de Padre bueno y misericordioso.
Jesús, con su muerte en cruz y con su resurrección,
nos ha revelado su rostro, el rostro de un Dios
tan grande en el amor de comunicarnos una esperanza indestructible,
que ni siquiera la muerte puede frustrar, porque la vida
de quien se confía en este Padre se abre a
la perspectiva de la eterna bienaventuranza.
El desarrollo de
la ciencia moderna ha confinado siempre la fe y la
esperanza a la esfera privada e individual, tal y como
hoy aparece de modo evidente y hasta dramático, que el
hombre y el mundo tienen necesidad de Dios –¡del Dios
verdadero!– pues, de lo contrario, quedan privados de esperanza. La
ciencia contribuye mucho al bien de la humanidad –sin duda
-, pero no hasta tal punto de redimirla. El hombre
es redimido por el amor, que hace bella y buena
la vida personal y social. Por esto la gran esperanza,
la plena y definitiva, está garantizada por Dios, por el
Dios que es amor que en Cristo nos ha visitado
y nos ha dado la vida y que volverá al
final de los tiempos. ¡Es a Cristo a quien esperamos
es en El en quien confiamos! Con María, su Madre,
la Iglesia va al encuentro de su Esposo: lo hace
con las obras de caridad, porque la esperanza como fe,
se demuestra con el amor".
Revista Ecclesia
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