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Autor: Alfonso Aguiló | Fuente: www.interrogantes.net Soluciones inteligentes
Ideas positivas o negativas, estados emocionales favorables o desfavorables, argumentos alentadores o depresivos
Soluciones inteligentes
Ya hemos dicho en otras ocasiones que, por lo general,
el problema de la mayoría de las personas no es
que carezcan de recursos. Su principal dificultad suele ser que
carecen del necesario control sobre los recursos personales que ya
poseen.
Acudamos
a una comparación. El director de una película, o de
un reportaje televisivo, puede obtener efectos muy distintos de una
misma realidad que está filmando. El ángulo y el movimiento
de la cámara, el tipo de música de fondo y
su volumen, el color y la calidad de la imagen,
etc., pueden crear en el espectador impresiones enormemente diferentes. Hay
todo un conjunto de detalles que influye mucho en los
sentimientos que una misma realidad puede generar en quien la
vive o la presencia.
Algo parecido sucede con el mundo interior de
cualquier persona. Dependiendo de cómo se utiliza la cámara con
que observamos lo que nos sucede, o la música con
la que acompañamos esa mirada, o los diálogos que establecemos
en nuestro interior, una misma situación objetiva puede generar en
nosotros efectos subjetivos muy diversos. Puede ponernos en pantalla ideas
positivas o negativas, estados emocionales favorables o desfavorables, argumentos alentadores
o depresivos.
Usar la inteligencia
Aunque quizá sea simplificar un poco,
puede decirse que cabe vivir de dos maneras. O bien
se deja que la mente siga su curso al son
de lo que espontáneamente surja ante lo que nos sucede,
o bien se opta por dirigir conscientemente nuestra actividad mental.
Esos dos estilos corresponden, por decirlo de modo sencillo, a
dos niveles de uso de la inteligencia: la inteligencia simple
y la inteligencia guiada inteligentemente. Lo verdaderamente inteligente —pido disculpas
por la redundancia— es lo segundo: implantar en nuestro interior
los estilos intelectuales y emocionales que consideremos mejores (o más
adecuados a nuestra situación).
Controlar los sentimientos
Todos tenemos experiencia
de cómo el simple hecho de dar vueltas a un
pensamiento negativo (ya sea de envidia, rencor, victimismo, crítica exacerbada,
tristeza, etc.), acentúa y amplifica nuestras percepciones negativas sobre la
realidad en cuestión. Si se sigue así un poco de
tiempo, ese diálogo interior nos acaba llevando, por su propia
dinámica, a una situación en la que probablemente el asunto
quede fuera de toda proporción sensata. ¿A qué se debe?
Sin duda, en gran parte a la fuerza de nuestras
imágenes mentales. Y esas imágenes mentales no estaban al principio,
las hemos aportado nosotros. Nos hemos ido haciendo una película
en la que la imagen, la música y los diálogos
nos han conducido a un estado emocional muy negativo, muy
poco real y que nos puede perjudicar mucho. ¿Cuál es
la solución? Llegar a ser el director de esa película,
no un simple espectador.
Tomar el mando
¿Te has visto
alguna vez atormentado por un diálogo interior incesante, por una
de esas situaciones en las que la mente gira a
gran velocidad y parece casi imposible de parar? Muchas veces
nuestra mente dialoga consigo mismo de modo interminable, sopesando pros
y contras de una decisión intrascendente, buscando un nuevo argumento
para darnos la razón en una antigua discusión sin importancia,
o acumulando agravios sobre determinada persona a la que deberíamos
tratar con afecto y comprensión.
Haz un esfuerzo por hacerte con el
mando de esa voz, de esa música y de esas
imágenes. No dejes que se te llene la cabeza de
ideas recurrentes sobre tus grandes cualidades advertidas o inadvertidas por
todos, ni sobre tus grandes limitaciones igualmente advertidas o inadvertidas
por todos, ni sobre los grandes defectos o cualidades de
los demás, lo que te han hecho o dicho o
dejado de decir.
¿Te hablas a ti mismo constantemente con un tono
de voz quejoso, o triste, o amargo? Prueba a hacerlo
con un tono más cordial, alegre y positivo. Piensa también
si te hablas con un tono de voz crispado o
estimulante. Piensa si te tratas con el afecto y la
comprensión, y también la exigencia, con que debes tratar a
cualquier amigo al que aprecias de verdad y quieres ayudar
a mejorar.
Confiar en Dios
Es la solución más inteligente para eso
que te agobia. Lo que está en tus manos, házlo.
Lo que se sale de tu control, déjaselo a Dios.
Él, que es tu Padre Todopoderoso y digno de confianza,
sabrá qué hacer.
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