Autor: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic.net Los “últimos olvidados”
Hay personas de las que nadie siente compasión porque su existencia parece satisfecha y exitosa, sin embargo...
Los “últimos olvidados”
Sentimos una compasión casi natural ante huérfanos, ancianos, enfermos, pobres,
encarcelados. Mil aventuras de la vida han llevado a muchas
de esas personas a situaciones de abandono o de necesidad.
Su dolor suscita en nuestros corazones un deseo natural de
hacer algo por ellos.
Los “últimos” y desheredados de la vida
invocan, con su sola existencia, ayuda. Pero hay otros “últimos”
que quedan de lado, sin asistencia, sin cariño, porque nadie
conoce sus penas, porque son considerados personas felices o satisfechas,
o porque no quieren darse cuenta de la “miseria” en
la que viven.
Estos “últimos” pueden ser poderosos que avanzan de
victoria en victoria, en el mundo del dinero, del espectáculo,
de la política. O egoístas que construyen a su alrededor
una barrera de autosuficiencia que les hace creer que son
felices con sus sueños y su aparente libertad sin interferencias.
O personas físicamente bien dotadas, con salud, con belleza, con
simpatía, que dilapidan su fulgor del momento (que dura a
veces muchos años engañosos) para conseguir aplausos o placeres. O
intrigadores que mueven los hilos de la historia humana, a
través de grandes planes internacionales o de cotilleos de salón
que arruinan a familiares, amigos o compañeros de trabajo.
Pueden ser
también prestamistas que abusan de la miseria ajena para crecer
en sus negocios y dominar así sobre cientos de ingenuos
caídos en sus trampas. O médicos que no quieren saber
si existe diferencia entre el bien y el mal, que
deciden sobre la vida y la muerte de embriones, fetos,
recién nacidos, niños, adultos o ancianos con la presunción de
que sus actos no serán nunca descubiertos. O profesores e
investigadores que reciben premios internacionales mientras rechazan valores profundos y
desprecian las vidas de otros seres humanos (pequeños, pobres, enfermos)
que sólo valen si encajan en su ideología o sus
experimentos. O tantos otros tipos de personas que, una vez
llegados a la cumbre, a un puesto de prestigio, se
fían de su fuerza para imponer sus gustos, sus vicios,
sus sueños de grandeza y de dominio.
Son personas de las
que nadie siente compasión porque su existencia parece satisfecha y
exitosa. Cuando, quizá, carecen de cariño, no tienen paz en
sus conciencias, viven abrumados de aplausos, rodeados de aduladores, incapaces
de sentir cariño, de dar y recibir amor sincero.
Son “últimos
olvidados”. Necesitan, a veces más que un pobre o que
un enfermo, una palabra de aliento, un consejo sincero, una
sonrisa verdadera, un perdón que sane heridas del pasado, una
señal de alerta que les despierte de su letargo y
sus engaños. Y nadie se los da, porque no lo
piden, o porque pocos conocen el drama de sus corazones,
la amargura de sus triunfos de pirotecnia.
Jesús mismo quiso ayudarles,
porque también vino para ellos. Les habló a veces con
dureza, como a los fariseos. Les explicó que las riquezas
no son capaces de garantizarnos un día más de vida.
Les presentó, como a todos (Jesús comía con ricos y
pobres, con fariseos y pecadores) su programa, su mensaje, su
sueño para una humanidad un poco más buena: el respeto
de los mandamientos, la renuncia a los bienes pasajeros, la
confianza en la providencia, el amor hasta dar la vida
por los amigos.
Sus palabras resuenan fuertes y claras, también para
el mundo moderno. “Pero ¡ay de vosotros, los ricos, porque
habéis recibido vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que ahora
estáis hartos, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora
reís, porque tendréis aflicción y llanto! ¡Ay cuando todos los
hombres hablen bien de vosotros, pues de ese modo trataban
sus padres a los falsos profetas!” (Lc 6,24-26).
Son palabras capaces
de despertar a más de un corazón engañado. Podrá así
romper con el espejismo de sus “triunfos” para descubrir un
mundo nuevo, el de las bienaventuranzas, el de la sencillez
de espíritu, el de la justicia embellecida por la misericordia,
el de quien pide perdón y rompe con el pecado,
el de quien decide vivir sólo para ser humilde servidor
de sus hermanos...
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Como siempre los temas que trata el P. Pascual son verdaderas y sabias enseñanzas. El Señor lo colme de sus dones en esta Navidad!
Publicado por: Nelli Esther Natali de Costa
Fecha: 2009-11-21 17:11:12
Gracias por el profundo contenido de este mensaje.
Publicado por: Roshbalam chilam
Fecha: 2009-11-21 13:46:38
FELICITACIONES.....
La nueva forma de presentar ideas de tipo espiritual y humanística, es verdaderamente exepcional. La actual publicación es un ejemplo vivo de lo que la Humanidad siente y piensa hoy.
Excelente trabajo reflexivo.
Paz y bien.
Publicado por: violeta antonetti
Fecha: 2009-11-21 09:13:16
Termino de enviar una solicitud de suscripcion para una religiosa amiga pero no se si emplee el espacio correcto para concretarla. El comentario lo envie tambien en ese espacio, y como es obvio, satisfecha totalmente con vuestro servicio.Gracias
Publicado por: arminda
Fecha: 2009-11-21 06:58:35
Buenos Dias, el artículo que el espiritu santo hizo que usted escribiera es una profunda sacudida a muchos de nosotros, quiero decirle que en el pueblo donde vivo, deseo hacer en esta navidad un presente quizas una galleta a los niños internos en un correccional de varones, tengo un gran temor que nadie me quiera ayudar en esto, pero con el presente trabajo voy a desempolvar la idea y a intentarlo. Gracias a Dios y a usted por haber dado a conocer su visión. armi
Publicado por: silvia
Fecha: 2009-11-21 04:54:38
Muy lindo el comentario, es para reflexionar y pensar una vez mas que nada material, puede superar el amor de Dios, y es El quien guia nuestra vida.
Saludos.
Silvia
Publicado por: CHRISTIAN
Fecha: 2009-11-20 23:54:56
ME PARECE MUY IMPORTANTE ESTA REFLEXION , PUES ES UN RETO AUN MÁS GRANDE ENFRENTARNOS A ESTOS OLVIDADOS, QUE SIN EMBARGO CONVIVIMOS CON MUCHOS DE ELLOS A DIARIO, ALGO TENEMOS QUE HACER, GRACIAS POR LA REFLEXION.
Publicado por: Lourdes
Fecha: 2009-11-20 21:33:24
Con respecto al artículo de los " olvidados, los últimos ", yo quisiera saber ¿qué se puede hacer para llegar al corazón de esas personas? cómo le hago yo para acercarme a esa persona particular que me ha cerrado todas las puertas porque no soporta oír hablar de Jesucristo y su amor, porque simplemente no quiere, y además porque está resentido con la vida y con todos, y de pilón también enojado a muerte diría yo a mí, porque me odia y sé que necesita de mi ayuda, dígame por favor ¿ que hago ?.