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Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net El cónclave y el cardenal "in pectore"
Muchas veces lo que no se ve tiene una fuerza extraordinaria, dirige la historia, mueve los corazones, llega al corazón del Padre
El cónclave y el cardenal "in pectore"
Se ha hablado mucho en estos días del cardenal
“in pectore”, es decir, del cardenal que Juan Pablo II
había nombrado en secreto el año 2003, y cuyo nombre
no comunicó antes de fallecer el 2 de abril de
2005.
El 6 de abril de 2005, después de la reunión
de cardenales que gobierna la Iglesia mientras es elegido el
nuevo Papa, el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, aclaró
que el nombre del cardenal “in pectore” no se encontraba
revelado en el testamento del Papa y que, por lo
tanto, no va a participar en el cónclave.
Podemos entender esta
noticia a partir de lo que nos dice el Código
de Derecho Canónico, es decir, a partir del conjunto de
leyes que regula la vida de la Iglesia y que
fue promulgado por el Papa Juan Pablo II en 1983.
En
el canon 351 se explica que los cardenales son elegidos
libremente por el Papa, entre varones (normalmente obispos, aunque también
pueden ser simples sacerdotes) que “destaquen notablemente por su doctrina,
costumbres, piedad y prudencia en la gestión de los asuntos”.
El
nombramiento es hecho público en un consistorio, en presencia del
Colegio de Cardenales, mediante un decreto del Papa. Existe, sin
embargo, según el canon 351, apartado 3, la posibilidad de
que el Papa no revele el nombre de algún cardenal
por graves motivos. En tal caso, quien haya sido nombrado
cardenal en secreto (“in pectore”) no puede ejercer como cardenal
de ninguna manera, a no ser que el Papa, después
de cierto tiempo, revele públicamente el nombre de quien había
sido nombrado cardenal según esta modalidad.
Juan Pablo II había realizado
varios nombramientos de cardenales “in pectore”. Uno en 1979. Su
nombre fue revelado el 28 de junio de 1991: se
trataba del Cardenal Ignatius Kung Pin-mei (1901-2000). Mons. Ignatius Kung
era, en 1979, obispo de Shangai (China), y se encontraba
encarcelado, por lo que no era oportuno dar a conocer
su nombramiento. Sólo en 1988 pudo gozar de mayor libertad.
El momento de abrazar al Papa llegó en 1991, después
de haber recibido las insignias cardenalicias.
El 21 de febrero de
1998 se tuvo un consistorio para nombrar 22 nuevos cardenales,
de los cuales dos eran “in pectore”. Sus nombres fueron
conocidos tres años después, el año 2001, en un nuevo
consistorio: se trataba de los cardenales Marian Jaworski (de Ucrania,
nacido en 1926) y Janis Pujats (de Letonia, nacido en
1930). Estos dos cardenales, por lo tanto, pueden participar en
el cónclave que tiene inicio, Dios mediante, el 18 de
abril de 2005.
El 21 de octubre de 2003 se tuvo
el octavo (y último) consistorio para nombrar 31 nuevos cardenales,
de los cuales uno era “in pectore”.
La muerte de Juan
Pablo II ha dejado sin desvelar el nombre de este
cardenal del que tanto ha hablado la prensa. Puesto que
el Papa no ha dejado ninguna indicación sobre si se
podía o no revelar este nombramiento después de su muerte,
y porque no hay tampoco nada determinado sobre este punto
en el testamento papal que fue leído el día 6
de abril de 2005, ante los cardenales presentes en Roma,
tal nombramiento permanece oculto a los ojos de la Iglesia
universal. El cardenal “in pectore” no participará, por lo tanto,
en el cónclave.
Quizá dentro de varias décadas, cuando se abran
los archivos del pontificado de Juan Pablo II, el nombre
de este cardenal podría ser conocido por la historia. Por
ahora, su servicio a la Iglesia permanece oculto, pero no
por ello resulta menos fecundo. Muchas veces lo que no
se ve tiene una fuerza extraordinaria, dirige la historia, mueve
los corazones, llega al corazón del Padre.
A ese corazón de
Dios van las oraciones de millones de bautizados, en estos
momentos en los que despedimos con afecto a Juan Pablo
II, y en los que vamos a iniciar un nuevo
pontificado que gozará, según la promesa de Cristo, de la
asistencia constante y segura del Espíritu Santo.
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