La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Alejandro Cortés González-Báez | Fuente: www.padrealejandro.com ¿Crisis sacerdotales?
El sacerdote está llamado recordar que hemos de edificar nuestra vida en la roca firme de ese Dios que es amor
¿Crisis sacerdotales?
En una ocasión alguien me preguntó que por qué andaba
yo disfrazado de sacerdote, pues desde que me ordené acostumbro
vestir así. He de aclarar que yo no me disfrazo
de sacerdote, sino que visto de acuerdo a lo que
soy. Mi ropa clerical es mi uniforme, el cual me
ha permitido ejercer mi ministerio dentro y fuera de los
espacios sagrados dedicados a la celebración cultual.
Vestir así no me
avergüenza porque no es algo malo y cuando me he
sentido incómodo al constatar que la gente se me queda
viendo, me viene a la cabeza que en esta época
se suele exigir el testimonio. Y esta es una forma
más de recordarle al mundo que Dios existe.
Ya sé que
el hábito no hace al monje, ni la sotana al
sacerdote, pero quien viste un uniforme, de cualquier tipo, representa
a la institución que lo avala y deberá exigirse en
su conducta para no demeritarla.
Nos ha tocado vivir una época
curtida por un relativismo, con frecuencia agresivo, en la que
muchos viven una religiosidad nebulosa, abstracta… y hasta sin Dios.
Se confunde le religión con un sentimiento religioso, donde no
caben las verdades reveladas inmutables de fe y moral. Los
mandamientos son considerados como simples consejitos. La liturgia se confunde
a su vez con las prácticas de una vaga religiosidad,
sin normas fijas, donde cada quien puede añadir o quitar
a su antojo.
El sacerdocio es algo divino, sin embargo tiene
mucho de humano. Y siendo que el hombre de nuestra
época atraviesa por fuertes crisis de identidad, de inmadurez, de
falta de valores y debilidad de virtudes, de inestabilidad familiar
y afectiva, no resulta raro que escaseen las vocaciones sacerdotales,
puesto que el sacerdocio, como el matrimonio, son vocaciones de
servicio y nuestro sistema egoísta de vida no acepta servir.
Resulta
lógico que el sacerdote deba cuidar su identidad sin dejarse
arrastrar por la tentación de “confundirse” con el resto de
los fieles, dado que su misión es de pastor. Debe
ser guía en cuanto a su amor a Dios y
a los demás. Con un conocimiento profundo y asequible, a
la vez, para hablar del amor que nos creó y
al que debemos tender a través de nuestra realidad ordinaria.
El
Papa Pablo VI, en una alocución a los socios del
Club Alpino Italiano les dijo: “El lenguaje bíblico, especialmente en
los salmos, llama a Dios con el nombre de roca,
de piedra: Él es Aquel que no abandona, Aquel en
quien uno se puede apoyar y agarrar, porque sólo en
Él está la salvación y la gloria”.
El sacerdote está llamado,
pues, a recordar que hemos de edificar nuestra vida en
la roca firme de ese Dios que es amor, pero
a la vez fuerte como ninguno.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR