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| La carta peligrosa |
Hace unos días, el Vaticano dio a conocer una
carta dirigida a los obispos de la Iglesia Católica sobre
la “Colaboración del Hombre y la Mujer en la
Iglesia y en el Mundo”. Según los medios de comunicación
social, la Carta fue elaborada por la Congregación para la
Doctrina de la fe y aprobada por Su Santidad, Juan
Pablo II.
A juzgar por los comentarios que recoge
la prensa, pareciera ser más un desacierto de la Iglesia
que un documento elaborado para contribuir al análisis de la
temática femenina, que es de tanta de actualidad.
Para su presentación,
la prensa consultó a sectores tradicionalmente contestatarios a la Iglesia
e interesados en desprestigiarla, como es cierto feminismo extremo. Indudablemente,
estos sectores se mostraron molestos con el contenido de la
Carta por que no apoya sus tradicionales reclamos centrados en
la legalización del aborto, la homosexualidad o el sacerdocio femenino,
entre otros temas.
Con este manejo mediático desleal, se predispuso
anímicamente a la opinión pública logrando que todo su riqueza
de contenido quedara opacada. Pocos advirtieron cierto manejo mal intencionado
ya que se trata de un documento “interno” de la
Iglesia pues está dirigida a sus obispos y no a
la opinión pública.
Qué dice la carta
Brevemente, dice lo que tradicionalmente
afirma la Iglesia respecto de la mujer pero con algunos
tópicos que la transforman en un documento realmente “vanguardista”.
Por
ejemplo ratifica su postura ya conocida respecto a la indisolubilidad
del matrimonio; la igual dignidad intrínseca entre hombre y mujer;
confirma las características antropológicas de cada sexo que afianzan el
principio de complementariedad e igualdad en el ser; la esencia
maternal física y espiritual de la mujer que enriquece con
su aporte a la sociedad; reafirma el principio de la
heterosexualidad como constitutivo del matrimonio; sostiene su postura contraria a
la homosexualidad; subraya el sentido sobrenatural del celibato y de
la virginidad para la Iglesia y, obviamente, ratifica su negativa
al sacerdocio femenino.
Por qué molestó
Además de estos “clásicos” de
la Iglesia, la Carta enfrenta el caballito de batalla del
feminismo radicalizado como es la controvertida ideología de género, que
se ha transformado tanto en una “verdad incuestionable”, como en
el único parámetro para medir el progreso de la mujer.
Desde la antropología bíblica, derriba los presupuestos reduccionista sobre los
que se estructura Género y que se traducen tanto en
un prédica constante a favor de la legalización del aborto
y de la homosexualidad, como a favor del sacerdocio femenino,
entre otros temas. Género afirma que las diferenciaciones antropológicas entre
los sexos son construcciones hitórico-culturales. Es decir contingentes y no
pertenecientes a la naturaleza humana. Esta premisa permite avanzar hasta
sostener que el ser humano puede ser tanto homosexual como
heterosexual y, en consecuencia, tiene igual derecho a conformar una
familia con una persona de su mismo sexo. Como efecto
cascada, la institución familiar se ve afectada gravemente, aspecto que
la Carta pone en evidencia y fundamenta con toda claridad.
En ese sentido, ratifica los principios básicos de la antropología
bíblica. Sintéticamente, afirma que el hombre es creado a “imagen
y semejanza de Dios”, por ende tanto varones como mujeres
poseen la misma dignidad. A partir de esta premisa, sostiene
que la humanidad fue creada de forma articulada en la
relación de lo masculino con lo femenino. Por esta razón,
lo masculino y lo femenino tienen un fundamento ontóligico y
no histórico-cultural como pregono Género. La Carta afirma que esas
diferencias entre el varón y la mujer son desde el
punto de vista relacional y no competitivo o revanchista. Esto
supone que son diferencias complementarias y no contrapuestas, como afirma
el feminismo radicalizado.
También aborda otro tema capital para ese
sector, como es la cuestión de la maternidad y su
vinculación con la esencia de la mujer. Género sostiene que
es un “estereotipo cultural”, acusando de esencialista a aquellos que
afirman que la mujer está constituida para la maternidad. En
realidad, no hay que argumenta mucho en este sentido ya
que toda la mujer responde a esa “realidad”. La naturaleza
nada hacer por que sí, sólo por capricho o por
“ideología”. Acorde con esta perspectiva, la Carta sostiene que la
maternidad biológica o espiritual es constitutiva de la mujer, aclarando
que esto no autoriza a considerar a la mujer sólo
desde su facultad procreativa. Este enfoque absolutamente justo y “vanguardista”,
muestra el pensamiento equilibrado y actual que la Iglesia propone
al mundo para el tratamiento de la temática femenina.
Otros
párrafos asumen esta cuestión, pero lo hace con tal delicadeza
que parece rendir un homenaje a la feminidad, al don
de gratuidad que caracteriza a la mujer- madre, a su
fortaleza espiritual, a su insustituible protagonismo en la formación de
la persona. Desde esta visión, aboga por una “justa valoración”
de la función materna y, sin especificarlo, no es herrado
suponer que alude a un reconocimiento también económico. Así mismo,
afirma la importancia de una política social que no discrimine
a la mujer- madre y facilite la coordinación de esta
función con las responsabilidades laborales. Desde aquí, destaca la necesidad
de una legislación laboral flexible. Sostiene la importancia del aporte
de la mujer para el enriquecimiento de la sociedad, pero...
desde su feminidad, no desde un modelo masculinizado.
¿A quiénes
afecta?
Pregunta, ¿qué clase de mujer puede sentirse negativamente afectada por
esta Carta?
Quizás confronte a los movimientos feministas que abandonaron la
genuina lucha para mejorar la condición de la mujer, hoy
transformados en “antimaternidad”.
Puede que la Carta sea más que
peligrosa para aquellos que hacen de la mujer “pasto para
la anticoncepción”, como los que pregonan el control demográfico.
En este sentido y sin apartarnos del tema, muchas organizaciones
feministas son voceros de estos sectores o coincidentes con sus
estrategias.

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Es peligrosa por que fundamenta, desde la
ley natural y desde las fuentes doctrinales, el porque hay
que decir “no” a la nueva avanzada cultural que pregona
estilos de vida contrarios a la naturaleza humana y a
la familia.
Es peligrosa por que alerta sobre el proceso
de transformación cultural que trastoca valores inmutables sin los cuales
la sociedad humana se desmorona.
Es peligrosa por que esta dirigida
a formar el pensamiento de los obispos de la Iglesia
Católica quienes, por efecto cascada, son formadores de formadores: sacerdotes,
dirigentes laicos, laicado en general
A esto la Iglesia lo sabe
y, por que está convencida, sigue formando a sus miembros
a pesar del pataleo que ocasionen sus documentos. Afortunadamente, le
preocupa más defender el Bien que quedar bien... Pero a
esto, también lo logra.