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| Se acabó la Cuaresma |
Todos tenemos mucho que barrer, que limpiar. A todos,
incluso a los santos, -pues eso confiesan en sus escritos-,
nos duelen nuestras infidelidades a Dios, al prójimo y a
nosotros mismos, y sentimos dolor, miedo o temor de Dios
por la condenación eterna en la que hemos incurrido. Eso
que nos lo explicaron, lo del dolor de atrición.
Otros
llegan a dolerse por un amor grande al mismo Dios
ofendido, y que nos enseñaron a llamar a esa actitud,
dolor de contrición: "... que aunque no hubiera cielo, yo
te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera. No
me tienes que dar porque te quiera, pues aunque lo
que espero, no esperará, lo mismo que te quiero, te
quisiera."
En nosotros se despiertan, al ponernos frente a nuestro
pasado oscuro, de modo especial durante el tiempo de Cuaresma,
se despiertan, repito, sentimientos de culpabilidad en mayor o menor
grado y de un vago y ambiguo pesar, sintiendo disgusto
de cosas pasadas.
Y en parte o en mucho, nuestra ignorancia
de los contenidos cristianos, de su doctrina, del Evangelio sobre
todo, produce en algunos, reacciones y actitudes un poco masoquistas,
es decir, sintiendo un raro y oscuro placer de esas
sensaciones de dolor, arrepentimiento, disgusto...
Pero qué pocos hay con ese
convencimiento de la nueva vida que Jesucristo nos ha ganado
para que la vivamos aquí y ahora ¡YA! ¿No recordáis
las palabras de Jesús, cuando en la sinagoga acabó de
leer un texto del profeta Isaías? (61, 1-2): “Hoy se
cumple esta Escritura que acabáis de oir". Después de la
barrera de la muerte, la viviremos EN PLENITUD.
La Cuaresma es
sólo mediación, es sólo puente. No nos quedemos en el
puente, que es sólo paso para llegar a la otra
orilla.
No produzcamos un desconcierto de valores, dando unas dimensiones desproporcionadas
a la cuaresma, echando el resto de nuestros esfuerzos, de
nuestros trabajos, de nuestras ilusiones ensoñadoras y agotado nuestro cuerpo
y nuestro espíritu, demos por finalizado el proyecto truncado del
misterio de la Resurrección del Hijo de Dios de entre
los muertos. Todo se acabó. ¡Adiós misterio de la Resurrección!
Los
siete domingos que siguen al de la RESURRECCIÓN generalmente
se viven como domingos cualesquiera.
La Liturgia de la Iglesia
no es un conjunto de ritos, sino una realidad
que busca y promueve la relación íntima y mística del
ser humano con Dios y de Dios con el mismo
ser humano.
Pues esa Liturgia, que es medio privilegiado para nuestra
formación cristiana, la auténtica, nos declara en sus Normas Universales
para el Año Litúrgico (NUAL):
- Los DOMINGOS de este tiempo
de PASCUA de RESURRECCIÓN, han de ser considerados y llamados
“domingos de Pascua”
- Tienen precedencia sobre cualquier fiesta del Señor
y de cualquier solemnidad
- Las solemnidades que coinciden con estos
7 domingos han de trasladarse al lunes siguiente
- Las celebraciones
en honor de la Santísima Virgen o de los santos,
que caen entre semana, no pueden ser trasladadas a estos
domingos Supongo os dais cuenta de la importancia que tiene la
Pascua de Resurrección para la Iglesia, para nuestra Madre del
espíritu, porque esta Resurrección de Cristo es el centro, y
la cumbre de toda la vida cristiana, de toda la
vida de la Iglesia y que se celebra y
que Jesucristo lo actualiza en la celebración de la Eucaristía,
nos dice el Concilio Vaticano II. Es el camino auténtico
cristiano de la santidad hasta los desposorios con Dios.
Y
mi triste experiencia, en tres continentes, es que esta etapa,
este tiempo de PASCUA de RESURRECCIÓN no se acerca en
nada al esfuerzo e interés que pone el pueblo cristiano,
en todo el mundo, durante las cuatro semanas de cuaresma
con la Semana Santa como colofón, que abre la puerta
con la Vigilia Pascual a este tiempo de Resurrección, pero
que no pasamos de la puerta.
Estos sentimientos e ideas que
os trasmito, afortunadamente no son dogma de fe. Hay y
habrá muchas cosas que matizar y hasta que suprimir. Vosotros
lo podéis hacer con entera libertad. Y no olvidéis que
yo parto de las muchas cosas buenas que hacemos los
cristianos durante la cuaresma, aun con nuestras exageraciones y a
pesar de que estemos descentrados, por el papel preeminente que
damos a la cuaresma con respecto a la Pascua
de Resurrección. No me lo recordéis, ni lo recordéis, que
todos lo sabemos.
Ahora, después de esta tercera y última entrega,
bueno será, que vosotros digáis lo que falta, lo que
se puede añadir. Lo que debemos suprimir, porque quizás yo
me he pasado de la raya. Pero que siempre esté
razonado y buscando el bien de todos, el mío el
primero, si estoy en un error craso. Clarito, ¿verdad? Pues
adelante. Ahora es vuestro turno, intentando buscar, repito, el bien
de Todos.
Saludo fraternal, Eduardo MART-ABAD, escolapio. Charlas anteriores:
1. La trampa de
la Cuaresma 2. Muerte, ¿dónde está tu victoria?
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Imagen: PDDM International website
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