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¡Con qué facilidad lo religioso pasa a un segundo plano para resaltar más lo profano!
Fiestas ¿cristianas?
Que la celebración de los carnavales, de un
tiempo a esta parte, cobra un importante auge en cuanto
a participación, es un hecho incuestionable. El apoyo de las
autoridades educativas con tres días de vacación favorece aun más
el éxito. Sin duda que ha conseguido con creces desplazar
el protagonismo que en otros tiempos tenía la cuaresma y
el propio miércoles de ceniza.
Olvidan, sobre todo los más
jóvenes, que el carnaval con todo lo que pueda tener
de celebración pagana, debe su existencia a la liturgia cristiana,
puesto que surgió como "preparación" de la Cuaresma. Puesto
que la Cuaresma suponía muchos sacrificios y penitencias era preciso
aprovecharse bien antes de que comenzaran los ayunos y abstinencias
que, por otra parte, se tomaban muy en serio. Muchos
recordamos cómo desde el miércoles de ceniza hasta el día
de Pascua se suprimían fiestas, bailes e incluso
las bodas.
Sin entrar ahora a juzgar estos cambios queremos constatar
con qué facilidad lo religioso pasa a un segundo plano
para resaltar más lo profano. Pero no sólo con referencia
a los carnavales, sino a otras muchas celebraciones.
Así, por ejemplo,
podíamos preguntarnos a ver qué es lo que queda de
la celebración cristiana de la Navidad en la que el
centro debería ser el Misterio de Dios hecho hombre para
ser sustituido ahora por otros signos más propios de la
sociedad consumista: el turrón, el cava, las lucecitas y guirnaldas
del árbol de navidad o el "belén" o los villancicos
como simple reliquia folclórica.
Si nos fijamos en la Semana Santa
observaremos cómo se está potenciando el turismo de primavera que,
además de los viajes al Caribe, puede llevar incluido el
turismo religioso, la Pasión del Señor como mero espectáculo.
Pero si
nos centramos en algo que parece más estrictamente religioso como
es la celebración de algunos sacramentos, bautismos, bodas o primeras
comuniones... nos daremos cuenta que el esfuerzo e interés dedicado
a la parte profana suele superar con mucho a la
preocupación por la dimensión religiosa. La búsqueda del restaurante o
de los trajes, amén de fotógrafos y otras chucherías, es
la gran preocupación.
Por mucho que insistamos a los padres y
madres de los niños de Primera Comunión que lo más
importante es conocer a Jesús, participar en la Eucaristía, fomentar
la comunión y solidaridad entre las personas... una gran mayoría
vive obsesionada, entre otras cosas, con algo tan poco importante
como es el "disfraz" que le van a poner al
niño o a la niña. Feria de vanidades, desfile
de modelos es con frecuencia la palabra que mejor encajaría
para describir nuestras primeras comuniones. O lo que es parecido,
un carnaval. Y pobre del cura que intente poner las
cosas en su sitio.
Incluso algo tan especial como es
un entierro puede llegar a contaminarse de esta fiebre consumista.
En cierta ocasión se lamentaba alguien de que el cura
les había cobrado seis mil pesetas por el entierro. Hubo
quien le hizo esta observación:
-¿Cuánto vale una corona?
-El doble
-¿Qué es más importante el funeral o la corona?
No se
trata ahora de reivinicaciones económicas, sino de demostrar cómo lo
religioso siempre queda en un segundo plano.
Conclusión: la religión cristiana
ha tenido siempre mucha influencia en la sociedad. Prueba de
ello es que fiestas, vacaciones, celebraciones imporantes de la vida
han sido potenciadas por el cristianismo y han adquirido un
enorme arraigo. Incluso llegó a cristianizar muchas e importantes celebraciones
paganas. Ahora tenemos por delante una inmensa tarea para evitar
que se desvirtuen o recuperar en la medida que se
está perdiendo su verdadero sentido.
Fotografía: La Hora.com - Guatemala de
la Asunción
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