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Autor: Gustavo Aguilera | Fuente: Catholic.net Santa Claus en exclusiva
Pedir que se quite lo folklórico de la Navidad es como pedir a Dios que quite las flores
Santa Claus en exclusiva
Por un pelo y no llego a la cita histórica.
“Leo” me había avisado media hora antes, y ese era
el motivo de la carrera maníaca que hicimos por todo
el centro de la ciudad (¡en una vespa de repartir
pizzas!). No crean que fue fácil encontrar ese despacho perdido
en medio de la ciudad.
Lo importante es que llegué y
ahí estaba él, acogiéndome con su cálida sonrisa que desbarató
mi nerviosismo y estrés inicial. Me alisé, pues, los rebeldes
cabellos todavía electrizados por la emoción del último zig-zag entre
dos viejecitas. Lo saludé de un modo cortés y desenfundé
la pequeña grabadora, mientras rebuscaba en mi cerebro alguna pregunta
de ocasión para romper el hielo (como dice el manual).
-Querido Santa, ¿tiene miedo de que alguna de las cartas
contenga esporas mortales de ántrax?
-¿Miedo? No, hijo, la inmunidad bacteriológica
es otra de las ventajas del cielo.
-Y... ¿qué opina del
euro?
-Sí, estoy de acuerdo: me ahorrará tener que hacer tantos
cambios de pesos a dólares a liras, con mi viejo
ábaco.
-¿Qué es lo que más están pidiendo los niños este
año?
-A ver, a ver. Creo que lo que más, más
ha sido la paz. Pero mire, señor reportero, los niños
son buenos y generosos... Casi siempre piden cosas para los
demás.
-¿Y los adultos?
-Ay, hijo, si algo pedimos para los demás
son desgracias. Como la absurda carta de esta mañana: “un
rayo para fulanita de tal”.
-Volviendo al tema de la paz,
¿dónde conseguirá tanta paz?
-Bah, se hace lo que se puede.
Ya hemos mandado pedidos urgentes a todos los monasterios, seminarios
y conventos... Pero el pedido mayor, como siempre, lo hemos
hecho a la Santísima Virgen. Ella sí que puede. Ella
es la Reina de la Paz.
-¿Santa recibirá aumento este año,
quiero decir que si está contento con lo que gana?
-Ah,
amigo, esto es fantástico. Cada año hay aumento aquí. Cada
año puedo repartir más regalos y hay más sonrisas en
el mundo. Eso es más que suficiente. Eso me llena
porque Dios disfruta cada sonrisa.
-¿Tiene seguro de salud?
-No pienso que
su pregunta sea tan disparatada. Aunque en el cielo no
haría falta, en mi caso, sería muy conveniente. Es que
llegan tantas cartas que me parten el corazón casi físicamente.
-¿Nos
puede dar un ejemplo?
-Por supuesto. Mire, hasta la fecha me
han llegado setecientas cuarenta y cinco mil trescientas setenta y
nueve cartas en las que me piden un hermanito o
una hermanita, pues para jugar, para hablar. ¿Ve cómo sufren
de soledad muchos niños ‘únicos’? Eso es más terrible que
la guerra.
-¿Qué opina de la comercialización de la Navidad: adornos,
imágenes, regalos, luces? ¿Está de acuerdo con tanta cosa sin
el verdadero espíritu?
-Mire, señor corresponsal, hay que dejar que haya
regalos, luces adornos. Si algunos hacen negocio, por lo menos
habrá más puestos de trabajo. Recordemos que muchas personas sacan
en esta hermosa fecha lo suficiente para pasar el año
dignamente. Y más que nada, todo esto es manifestación de
la alegría inmensa del Nacimiento de Nuestro Señor. Me dirá
que hay muchos que se quedan en lo superficial. Pero
le aseguro que son más los que, gracias a ese
ambiente, llegan a encontrarse frente al portal de Belén. Pedir
que se quite lo folklórico de la Navidad es como
pedir a Dios que quite las flores, los lagos, las
montañas y las estrellas, porque muchos las adoran como dioses.
Esas hermosas criaturas son caminos para llegar al Creador, como
los regalos, las luces y los aguinaldos, para llegar a
besar al Niño de Belén.
Le agradecí de todo corazón la
exclusiva histórica. De camino a casa me compré un árbol
y un nacimiento hermosísimo de piezas de barro. Luego trabajé
toda la tarde y dejé la casa llena de adornos.
Fuera, toda la ciudad rebosaba de luz y color, de
felicitaciones y sonrisas por la alegría del nacimiento del Niño
Dios.
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