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| Dayenu! A la memoria del papa Juan Pablo II |
El rabino Leigh Lerner, del Templo Emanu-El-Beth Sholom de Montréal,
Canadá, es vicepresidente del Diálogo Judeo-Cristiano de Montréal. El 7
de abril de 2005, efectuó este homenaje al papa Juan
Pablo II, durante una conmemoración organizada por la comunidad judía
en la Congregación Beth Israel Beth Aaron de Côte St.
Luc (Canadá). Reproducimos algunos fragmentos, en particular una sección cuyo
estilo se inspira en la letanía ("Dayenu”) de las maravillas
de Dios que se recita en el momento de la
Pascua judía:
«No conozco la liturgia fúnebre para el papa Juan
Pablo II, pero sé lo que los judíos dicen en
circunstancias parecidas: “HaTsur tamim poalo, La Roca: Su obra es
perfecta” (Dt 32,4). Nuestros rabinos se han preguntado cómo podemos
hablar de la perfección divina en tiempos de duelo. Y
responden lo siguiente: “A veces Dios es visible, a veces
es invisible... A veces Dios está cerca, a veces está
lejos”. ¿Qué quieren decir con esto? La perfección divina no
se encuentra en una sola dirección. La perfección contiene la
vida y la muerte, el bien y el mal. La
perfección se encuentra en los trayectos que nos hacen pasar
de lo negativo a lo positivo, y cuya dinámica constituye
un conjunto. Una gran parte de la historia de las
relaciones de los judíos con la Iglesia Católica se ha
escrito con lágrimas. ¡Qué suerte entonces poder vivir en el
tiempo de un papa que quebró esa tendencia, reconociendo nuestras
tristezas y nuestras alegrías! Kamah ma’alot tovot – ¡Qué buenas
son sus obras!
Si Juan Pablo II sólo hubiera visitado Auschwitz
y no hubiera ido directamente al Memorial Judío, Dayenu (“eso
nos habría bastado”)!
Si sólo hubiera ido al Memorial Judío, pero
no a la Gran Sinagoga de Roma, Dayenu!
Si sólo hubiera
ido a la Sinagoga de Roma, pero no hubiera condenado
el pecado del antisemitismo, Dayenu!
Si sólo hubiera condenado el antisemitismo,
pero no le hubiera reprochado al embajador de la Alemania
reunificada “la pesada carga de la culpabilidad por el asesinato
del pueblo judío”, que para los cristianos “debe ser un
permanente llamado al arrepentimiento”, Dayenu!
Si no hubiera llamado al arrepentimiento
cristiano, sino que sólo hubiera presidido una conmemoración de Yom
HaShoah en el Vaticano, Dayenu!
Si sólo hubiera conmemorado Yom HaShoah,
pero no hubiera reconocido al Estado de Israel, Dayenu!
Si sólo
hubiera reconocido al Estado de Israel, pero no hubiera intercambiado
embajadores con él, Dayenu!
Si sólo hubiera enviado un embajador, pero
no hubiera pronunciado una plegaria de arrepentimiento por los pecados
contra los judíos, Dayenu!
Si sólo hubiera hecho un gesto de
arrepentimiento, pero no hubiera visitado Israel, Dayenu!
Si sólo hubiera visitado
Israel, pero no hubiera besado su suelo, Dayenu!
Si sólo hubiera
besado su suelo, pero no hubiera visitado Yad VaShem, Dayenu!
Si
sólo hubiera visitado Yad VaShem, pero no el Kotel (el
Muro occidental), Dayenu!
Si sólo hubiera visitado el Kotel, pero no
hubiera introducido su plegaria entre sus piedras, Dayenu!
¡Pero hizo todo
eso! “Al achat kama vechama tova chefula umechupelet lamakom aleinu.
Todo y más aún, dobladas y redobladas son las buenas
acciones que el Eterno nos ha dado” a través de
este hombre, el papa Juan-Pablo II. [...]
“HaTsur, la Roca”: este
término tiene una connotación diferente para los judíos y para
los católicos. [...] Los cristianos tienen no solamente a Dios
comme HaTsur, sino también a otro. En Mateo (16,18), Jesús
dice: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia”. Pedro es Petros, y Petros en griego, es “la
roca”. Pedro es el primer papa, la primera piedra de
la Iglesia, cuyos sucesores heredan la pesada carga. Demasiadas piedras
de esta Iglesia han erigido impenetrables muros espirituales de separación
y, sí, de antisemitismo. Pero Angelo Giuseppe Roncalli, convertido en
Juan XXIII, convocó el Concilio Vaticano II, y Giovanni Battista
Montini, convertido en Pablo VI, lo continuó, y promulgó la
declaración Nostra Aetate, hace cuarenta años (1965). En 1978, llegó
Karol Wojtyła, el papa Juan Pablo II. Después de tantos
siglos en los que Dios ha sido mantenido al margen
de las relaciones entre judíos y cristianos, Juan Pablo II,
la piedra sobre la cual la Iglesia se construyó durante
los últimos veinticinco años, hizo posible que los judíos y
los católicos, en forma conjunta, llevaran a Dios al corazón
de sus relaciones.
Hace mucho tiempo, Dios le dijo a
Moisés que le hablara a una simple piedra y de
ese modo hiciera brotar de ella agua para calmar la
sed de los israelitas. En Juan Pablo II, una piedra
nos ha hablado, calmó nuestra sed de paz y de
reconciliación, e hizo brotar lágrimas que irrigan las tiernas semillas
de misericordia que él mismo ha plantado. Lloramos su muerte.
Nos comprometemos a continuar su obra, y damos gracias a
Dios por la vida del papa Juan Pablo II».
Traducción:
Silvia Kot 2005-09-01
Consultas de Ecumenismo y Diálogo interreligioso Foros
de Catholic.net
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