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Autor: Joseph Ratzinger | Fuente: Fluvium.org ¿El cura de espaldas?
El cardenal Ratzinger explicó el verdadero sentido
¿El cura de espaldas?
El cardenal Ratzinger, hoy Su Santidad Benedicto XVI, escribió en
el año 2003 el prólogo del libro Volverse hacia el
Señor, de Uwe Michael Lang, que ahora publica en español
la editorial Cristiandad. En él recoge el verdadero significado de
la celebración eucarística en latín y con el sacerdote en
la posición que, desacertadamente, se ha dado en llamar de
espaldas al pueblo:
«Para el cristiano que asiste regularmente a la
celebración de la liturgia, los dos efectos más obvios de
la reforma litúrgica llevada a cabo por el Concilio Vaticano
II parecen ser la desaparición del latín y la colocación
del altar cara al pueblo. El que lea los textos
más relevantes de la Constitución conciliar no podrá menos de
extrañarse de que ninguno de esos elementos se encuentre literalmente
en los documentos del Concilio.
No cabe duda de que el empleo
de las lenguas vernáculas está permitido, sobre todo en la
liturgia de la Palabra, pero la regla general que precede
al texto conciliar dice literalmente: «Se conservará el uso de
la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular»
(Sacrosanctum Concilium 36, 1). Sobre la orientación del altar de
cara al pueblo, el texto no dice nada; ese detalle
no aparece más que en las Instrucciones postconciliares. La directiva
más importante se encuentra en el párrafo 262 de la
Institutio Generalis Missalis Romani (Instrucción General sobre el nuevo Misal
Romano), publicada en 1969, que dice así: «Es preferible que
el altar mayor se encuentre exento, y no pegado a
la pared, de modo que se pueda rodear fácilmente y
celebrar el servicio divino cara al pueblo (versus populum)». Y
la Instrucción General sobre el Misal, publicada en 2002, mantiene
el texto inalterado, aunque añade una cláusula subordinada: «Lo cual
es deseable siempre que sea posible».
En muchos sectores, esta cláusula se
interpretó como una manera de forzar el texto de 1969,
para hacerle decir que, en adelante, era obligatorio colocar el
altar de cara al pueblo, donde fuera posible. Sin embargo,
esa interpretación fue rechazada el 25 de septiembre de 2000
por la Congregación para el Culto Divino, al declarar que
el término expedit (es deseable) no implicaba una obligación, sino
que era sólo una sugerencia. La Congregación decía que la
orientación material debe distinguirse de la espiritual. Aunque el sacerdote
celebre versus populum, siempre tendrá que estar orientado hacia Dios
por medio de Jesucristo (versus Deum per Iesum Christum). Los
ritos, los signos, los símbolos y las palabras jamás podrán
explicar de manera exhaustiva la realidad misma del misterio de
la salvación. Por eso, la Congregación añade una advertencia contra
cualquier postura unilateral y rígida en este debate. Es una
clarificación importante, porque da a entender lo que en las
formas simbólicas externas de la liturgia es puramente relativo, y
se opone al fanatismo que, por desgracia, ha sido tan
frecuente en las controversias de los últimos cuarenta años. Al
mismo tiempo, subraya el dinamismo interior de la acción litúrgica,
que jamás podrá expresarse en su totalidad por medio de
fórmulas puramente externas. Y esa orientación interior es válida tanto
para el sacerdote como para el pueblo congregado; es una
orientación hacia el Señor.
El liturgista de Innsbruck Josef Andreas Jungmann, uno
de los arquitectos de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia,
se declaró desde el principio abiertamente opuesto a la expresión
polémica de que, antes, el sacerdote celebraba de espaldas al
pueblo. Jungmann insistía en que el tema de discusión no
era el hecho de que el sacerdote diera la espalda
al pueblo, sino, al contrario, que estuviera en la misma
dirección que el pueblo. La liturgia de la Palabra tiene
carácter de proclamación y diálogo, al que pertenecen esencialmente exhortación
y respuesta. Por el contrario, en la liturgia eucarística el
sacerdote lidera al pueblo en la plegaria y se dirige
a Dios en unión con el pueblo».
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