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Tema controvertido | sección
La Iglesia católica | categoría
La misión de los católicos | tema
Autor: P. Luis Garza Medina L.C. | Fuente: Catholic.net
La batalla por el alma del mundo
La lucha por el alma del mundo contemporáneo es enorme allí donde el espíritu de este mundo parece más poderoso
 
La batalla por el alma del mundo
La batalla por el alma del mundo
Dice Juan Pablo II en su libro "Cruzando el Umbral de la Esperanza":

“La Iglesia renueva cada día, contra el espíritu de este mundo, una lucha que no es otra cosa que la lucha por el alma de este mundo. Si de hecho, por un lado, en él están presentes el Evangelio y la evangelización, por el otro hay una poderosa antievangelización, que dispone de medios y de programas, y se opone con gran fuerza al Evangelio y a la evangelización.

La lucha por el alma del mundo contemporáneo es enorme allí donde el espíritu de este mundo parece más poderoso. En este sentido, la "Redemptoris Missio" habla de modernos areópagos, es decir, de nuevos púlpitos. Estos areópagos son hoy el mundo de la ciencia, de la cultura, de los medios de comunicación; son los ambientes en que se crean las elites intelectuales, los ambientes de los escritores y de los artistas”.

La cultura es el areópago moderno, el campo de batalla por el alma del mundo.

Deseo comentar, explicando primero qué es la cultura, cómo se echa mano de ciertos conceptos para manipular a la sociedad, cuáles son los frentes actuales de batalla dentro de la cultura y finalmente mencionar algunos puntos estratégicos urgentes que podemos realizar para que sea el Evangelio el que gane la batalla por el alma del mundo.

I. El campo de batalla: La cultura

II. Manipulación de la sociedad

III. Frentes actuales de batalla

IV. Puntos estratégicos urgentes


  • Preguntas y comentarios al P. Luis Garza, autor de este libro



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    El campo de batalla: La cultura

    1. ¿Qué es la cultura?

    En primer lugar, debemos entender y describir qué es la cultura. Podemos decir que la cultura es el conjunto de acciones, reacciones, pensamientos y concepciones de un grupo de personas que llega a formar cierta clase de subconsciente colectivo.

    La cultura no solamente es lo que sucede, sino también el modo como la gente evalúa lo que sucede. Tiene que ver con su filosofía de la vida, sus prioridades, sus valores y su ética: Cómo ve la gente a la familia, la vida humana, la responsabilidad, el sacrificio, a sus mayores, a la autoridad, etc.

    La cultura, además, es un sistema: Los conceptos no son aislados, sino que están interrelacionados entre sí.

    2. Los componentes de la cultura

    La cultura tiene que ver, por tanto, con la conciencia pública: un pensamiento, una mentalidad, una manera de juzgar, reaccionar y actuar. Nos preguntamos aquí cuáles son los factores que crean la cultura y su influencian, para bien o para mal. Éste es el campo de batalla; aquí es en donde se combaten las batallas por la cultura.

    Para actuar en la cultura hay tres componentes: (1) Medios, (2) Educación y ejemplos, (3) Ley.

    (1) Medios: La influencia de los medios es muy poderosa, pero en realidad es superficial (tienen un alcance amplio, pero baja penetración). Sin embargo, está claro que tienen una fuerte influencia y se usan para influir. Basta ver muchas películas que salen de Hollywood, o la televisión y los medios impresos. Un ejemplo del uso de las películas para influir la cultura se puede ver, por ejemplo, en el documental “Hollywood vs. Religion” (de Medved). Por otro lado, hay algo que podríamos llamar perverso y que está en la mente de muchos comunicadores. Lo que manda en la industria es el ingreso financiero y, según ellos, para alcanzar a las grandes masas es necesario usar el “Lowest common denominator”, el común denominador más bajo que ellos traducen siempre en sexo y violencia porque despiertan pasiones. Cabe preguntarse, sin embargo, si la aspiración al bien y a lo trascendente no es algo más amplio que eso, como se constata en muchos estudios de antropología cultural.

    (2) Educación: La educación es lo que forma la mente y el cuerpo de las nuevas generaciones. En la educación están implicados los valores, los códigos de conducta que se transmiten de generación en generación. Por eso también es un campo de batalla para controlar el alma del mundo. Pero la educación tiene un agente primordial, que son los ejemplos de vida, los testimonios, es decir, padres, educadores, etc. Hoy en día es fácil percibir el ataque que se hace a los ejemplos que los niños encuentran en su desarrollo, de forma que éstos quedan desorientados y sin puntos de referencia. Cuando se devalúa la imagen de los agentes de la formación de los niños, quedan como modelos los “héroes” de las películas, los cantantes de moda, los deportistas, etc.

    (3) Ley: la cultura (acciones y concepciones) por vía de la tradición y hábitos de comportamiento normalmente lleva a la ley, en otras palabras, la ley es la cristalización de la cultura. No obstante, constatamos que realmente es un proceso circular, dado que la ley también puede influir en la cultura debido a su poder pedagógico. La cultura crea la ley, y viceversa, la ley crea cultura.

    Una analogía tomada del lenguaje militar puede ayudarnos a entender la batalla por la cultura: Para transformar la cultura son necesarias dos cosas: propagar ideas (guerra aérea) y hacer que la gente repita una serie de actos de acuerdo con esas ideas hasta que se convierta en un hábito (guerra terrestre). Los medios de comunicación podrían ser como las campañas aéreas que hacen mucho daño, pero no toman posesión del territorio. Mientras que la infantería puede tomar el control y ganar la guerra. Por poner un ejemplo histórico: en la primera guerra del Golfo los americanos vencieron la guerra del aire, pero nunca tomaron el territorio y el gobierno de Saddam Hussein estuvo allí por más de doce años, hasta la segunda guerra del Golfo.

    3. Un cambio cultural de vastas proporciones

    Los cambios culturales que estamos experimentando son de gran importancia, dado que estamos atravesando un período llamado por los historiadores “cambio de época”. Es decir, un período de la historia donde los viejos valores y concepciones, donde los viejos mecanismos y la tecnología dan paso a cimientos completamente nuevos para la sociedad y la cultura. Lo que salga de este período va a determinar nuestras vidas por varias generaciones.

    Las ideas y concepciones en aspectos esenciales de los seres humanos como la familia, matrimonio, vida, respeto a los mayores, responsabilidad, realización personal, etc. han cambiado dramáticamente durante los últimos cuarenta años. Bien definió el Papa Juan Pablo II este periodo como un periodo de “guerra de cultura”.

    4. ¿Cómo ocurrió este cambio?

    Puede pensarse fácilmente que las transformaciones de hoy en día son fruto de un proceso del todo natural, pero la realidad no es así. Entre 1920 y 1930 un hombre llamado Antonio Gramsci, un comunista italiano, analizando el desarrollo de las sociedades y el esperado advenimiento de la revolución socialista, se dio cuenta que para que los partidos comunistas de los países modernos y desarrollados tomaran el poder, tenían que tomar otra ruta no prevista por Lenin. Nunca más iba a darse la revolución proletaria. Para él la “cultura es revolución”. Desde entonces los partidos comunistas de todo el mundo y muchos otros grupos, sin comprender lo que estaban haciendo, se han embarcado en un asalto a la cultura occidental.

    Gramsci quedó fascinado con la manera en la que la Iglesia Católica se apoderó de la cultura desde su fundación: el arte, la música, la arquitectura, la cultura popular, etc. En efecto, la Iglesia es creadora y transformadora de la cultura. Pero además, la Iglesia también creó civilizaciones cuya base era la cultura cristiana, en parte motivada por la implosión de la civilización romana y el nacimiento paulatino de Europa como la conocemos hoy. Durante muchos siglos, cultura y cristiandad se identificaron, lo que explica que la cristiandad haya sido tan resistente al cambio, incluso frente a la Ilustración, la Revolución Francesa, la persecución, etc. Ciertamente de esa identificación surgió la enorme dificultad de la distinción entre cristianismo y estado, pero ése es un tema que no pretendo tratar aquí.

    Gramsci también estaba admirado de las acciones de los sacerdotes y otros agentes de la Iglesia y de su enorme presencia capilar. De allí concibió la figura del “intelectual orgánico”, es decir, una persona que, debido a su formación superior, podría estar dirigiendo el camino de un grupo de personas en los diferentes campos y sectores de la sociedad desde la base hasta la cúpula.

    Otra gran influencia sobre la cultura contemporánea han sido las ideas de Herbert Marcuse y las de los pensadores de la escuela de Frankfurt (“Frankfurt Schule”): Marcuse fue un verdadero estratega cultural, para quien tenía que haber una penetración de los agentes de cambio en las instituciones de la sociedad. Es decir, ideó cómo utilizar lo que Gramsci llamó el “intelectual orgánico” para dirigir a la sociedad civil a aceptar estas ideas (Saúl Alinski ha utilizado esta estrategia de manera ejemplar en los Estados Unidos)

    La acción de Marcuse fue decisiva para las revoluciones de 1968 y los cambios en la cultura fueron muy evidentes después de esa fecha. Muchas instituciones cambiaron de signo. Las ideas básicas de la nueva época en la que vivimos son:

    1) Ateísmo o agnosticismo.
    2) Destrucción o transformación del concepto de instituciones fundamentales como la familia y transformación completa del comportamiento social.
    3) Crítica radical a la sociedad y precisamente a la sociedad que está basada en el progreso.
    4) Liberación de cualquier atadura o construcción social, lo cual implica la promoción de la revolución sexual, el homosexualismo, etc.

    Asimismo, otro ingrediente que se ha usado para lograr el “cambio cultural” es la idea de mantener a la sociedad en una constante agitación, la llamada “Revolución Continua”, que fue conceptualizada por un filósofo llamado Gabriel Morin. Por esto, en los países occidentales vemos recurrentemente movimientos de un signo u otro que llevan a las masas a tomar las calles y plazas para pedir alguna reivindicación (van desde un contrato sindical hasta las revueltas antiglobalización, pasando por el gay pride paradey las marchas pacifistas antiamericanas). Esta presencia pública de gran impacto hace que se traigan a la conciencia colectiva los temas en discusión y que empiecen a parecer más y más normales, y que de alguna manera las autoridades y los legisladores se sientan presionados a aceptar estos puntos de vista.

    5. ¿Estamos hablando de una conspiración?

    Con todos estos procesos tan trabados y bien pensados para transformar la cultura, ¿podemos decir que se trata de una conspiración? No, no es una conspiración. Para que fuera una conspiración necesitaríamos tener una estrategia y ejecución planteada desde una organización o de una red de grupos y agentes. Y esto no se da.

    La organización que observamos es lo que los sociólogos llaman una “meta red” (meta network): grupos sueltos sin relación objetiva estratégica entre sí que, no obstante, tienen algunos puntos en común y actúan tácticamente unidos por las mismas metas en algún momento particular. La acción de la meta red es simplemente la combinación de esas redes diferentes que en algunas de sus acciones están de acuerdo en los mismos objetivos.

    Un ejemplo de una meta red en operación lo vemos en el campo del control de la natalidad y la población: muchos grupos de diferentes procedencias, no organizados como un solo grupo o red, tratan de muchas maneras de obtener el mismo objetivo.

    La historia siempre ha sido una lucha de fuerzas. San Agustín expresó ese conflicto en los términos siguientes: “Dos amores crearon dos ciudades: el amor de uno mismo hasta el desprecio de Dios creó la ciudad terrena, y el amor de Dios hasta el desprecio de uno mismo creó la ciudad celestial”.



    II. Manipulación de la sociedad

    La cultura y la sociedad pueden cambiarse si uno sabe utilizar las palancas del cambio social. Sin embargo, para transformar en malo algo que es bueno, no basta simplemente presentar las ideas, sino que se requiere echar mano de la manipulación. La manipulación hace que algo malo parezca bueno no apelando a la razón, sino a las pasiones.

    Existen tres tácticas de batalla para usar las palancas de cambio social: dos de ellas son ideológicas y una es operacional.

    IDEOLÓGICAS

    La primera táctica y más importante está basada en la concepción que Hegel tenía sobre el motor de la historia: la dialéctica. Según este filósofo, todo procede por vía dialéctica, la confrontación entre la tesis y la antítesis para llegar a la síntesis. Marx recibe esta hipótesis pero la baja del mundo de las ideas al del materialismo. Por esto, para el marxismo, la historia es el desenvolvimiento del materialismo dialéctico.

    Los seguidores de Marx buscan siempre las contraposiciones sociales para suscitar pasiones. Así contraponen hombres contra mujeres, ricos contra pobres, indios contra europeos, blancos contra hombres de color. Sin embargo, requiere mostrar una utopía como el producto final (síntesis) de la disputa entre las dos partes enfrentadas (tesis-antítesis). El comunismo real es el ejemplo histórico perfecto de esta manipulación, pues contrapuso la clase proletaria a la burguesía afirmando que su producto final sería el proletariado emancipado y liberado, lo cual nunca sucedió. Más bien, el producto final fue una tiranía despiadada e inhumana.

    La segunda táctica es una serie de dialécticas para persuadir. Para expresarme mejor, propongo algunos ejemplos:

    - Dilema: Se establece un dilema por la absolutización de uno de los elementos de la discusión. Así por ejemplo se le dice a un adolescente: “Tú eres independiente, ¿cómo puedes obedecer a tus padres?”. Como sabemos, uno puede ser independiente y obedecer al mismo tiempo a sus padres. Sin embargo, se presenta como término excluyente.

    - Manipulación del lenguaje: Se manipula a través de la operación “tortuga”, que consiste en dejar la misma palabra, pero cambiando su contenido. El concepto familia o matrimonio han sufrido esta manipulación. Hoy se habla mucho en la sociedad occidental de los diversos modelos de familia pretendiendo que no se puede restringir su significado, cuando en realidad sólo hay un concepto de familia. También se manipula a través de la operación “rechazo”, que consiste en rechazar un término existente por la fuerza del concepto que está detrás y que no permite manipularlo tan fácilmente. Así, dado que el término “sexo” no puede ser utilizado para fomentar la agenda homosexual, promovieron el uso de la palabra “género”, ya que con género podían hacer caber el concepto de hombre con atracción a hombres, etc.

    - Divinizar conceptos: hay conceptos como “libertad”, “democracia”, “tolerancia”, “derechos”, etc. que por su valor y por la fuerza que llevan dentro son intocables. Así, los usan para unirlos a las ideas que se están promoviendo: Cúantas veces no escuchamos esta frase: “Usted tiene que aceptar los derechos de los homosexuales, entre ellos el derecho al matrimonio, pues de otra manera no sería usted tolerante”.

    - Otra forma de manipular es confundir consentimiento y consenso: Cuando un grupo vota a favor de algo, ha escogido que se realice eso, ha dado un consenso, pero no necesariamente se ha dado un consentimiento. La votación de la mayoría no crea la bondad de la cosa votada. Sin embargo, la democracia es usada para decidir si algo es bueno o malo y hacer que otras personas acepten estas decisiones. Es como si pudiéramos decidir democráticamente el color de una camiseta. Decía Juan Pablo II que “cuando la democracia no está basada en los principios y en lo que hace a una persona un ser humano (en las leyes naturales) puede ser la peor tiranía”.

    - Se manipula atacando al oponente en su persona, no en sus ideas. Así se ha denigrado mucho la imagen del sacerdote católico y de esa forma es más fácil quitar valor a todo lo que los sacerdotes digan.

    - Se manipula también pretendiendo obtener un acuerdo intermedio entre dos puntos de vista diversos, pero con la idea de esperar un poco más para volver a pedir otro punto intermedio. Es el caso típico de la discusión sobre la eutanasia. Al inicio se hablaba de permitir a los enfermos que ellos mismos soliciten su muerte. Ahora, se habla de permitir que los tutores soliciten la muerte del enfermo… y estamos empezando a ver presión para solicitar la eutanasia no en ancianos o enfermos terminales, sino en niños con malformaciones pero que pueden llevar una vida digna.

    - Otro modo de manipular es representar al contrincante como un extremista. Los que manipulan siempre se presentan como los razonables, y los que estamos de este lado como los fundamentalistas. Ellos son el centro, nosotros somos el extremo.

    OPERACIONAL

    La tercera táctica es operacional y consiste en la acción de campo. Los elementos de la táctica operacional:

    - Infiltrarse en las organizaciones de influencia y cambiar las cosas desde dentro como ha sucedido en algunas de las grandes fundaciones americanas.
    - Crear grupos de presión y campañas a través de la sociedad civil. Crear organizaciones sombrilla para que tengan más peso.
    - Llevar a cabo empresas conjuntas y cooperar con los otros que estén cerca de su espectro para posteriormente desacreditar a los líderes del otro grupo y así controlar la asociación completamente.

    Un caso de estudio particular para entender todo lo que vengo mencionando es el nuevo paradigma de la ONU y la forma como es promovido. Hay varios aspectos de este paradigma. Mencionaré sólo unos cuantos:

    El desarrollo sostenible (cfr. Comisión Bruntland). Se dice que no podemos simplemente seguir creciendo y que por tanto debemos alcanzar el balance entre desarrollo y el agotamiento de los recursos. Los elementos del desarrollo sostenible son:

    - Se contrapone crecimiento vs. sostenimiento. Hasta ahora, la economía mundial ha estado basada en el crecimiento continuo. Esta contraposición nos pone frente a un problema económico real con consecuencias imprevistas. A pesar de lo trascendental de este postulado, como está a la base del nuevo paradigma, se ha aceptado sin estudiar ni medir las consecuencias.

    - Calidad de vida. Esto incluye varios factores como el acceso a la higiene, información, etc. pero también puede llevar a aceptar las prácticas eugenésicas y la eutanasia, dado que, según ellos, la vida de un niño con malformaciones o de un anciano enfermo no tiene calidad y es mejor que sea suprimida.

    - Los derechos humanos. Aunque no tiene mucho que ver con la contraposición crecimiento - sostenimiento, para poder tener un verdadero desarrollo mundial, está claro que los derechos humanos deben ser respetados. Sin embargo, se pretende hacer pasar como derechos humanos no los derechos de la persona humana en cuanto persona humana, sino los derechos particulares de un grupo. Así, se establecen derechos de minorías, como las personas de color o los indígenas y se pretende que sean diversos de los derechos de los demás (para lograr esto se crea la conciencia de culpabilidad en las mayorías y por lo mismo se exige un trato preferencial). Pero además, luego se extiende esto a minorías que se establecen no por la raza, sino por factores psicológicos, como los homosexuales.

    Otro aspecto de este paradigma es el holismo, según el cual no podemos tener análisis aislados de la relación con todo lo demás. Los principios que maneja son:

    - El todo es más grande que las partes individuales. Esto abre la puerta a la supresión de las personas o la indiferencia a la cultura local.
    - No existe una jerarquía de valores. Todos los valores son iguales, como si a la privacidad de un niño se le pudiera dar la misma importancia que el derecho y el deber de los padres de educarlos.

    En el paradigma de la ONU se habla mucho del individuo. En sí, esto puede ser algo positivo, como la afirmación de la persona, su responsabilidad y el respeto que se le debe dar. Sin embargo, la realidad es que se da suma importancia al egocentrismo de la persona, al punto que cada uno tiene que ser satisfecho, llegando a ignorar a los otros y el hecho que el hombre vive en comunidad.

    Las formas que la ONU usa para lograr sus objetivos de transformación cultural consisten en controlar los poderes reales:

    - La ONU nació con la misión de servir como mediadora de conflictos entre las naciones. Con el tiempo, extendió su misión a ayudar en la solución de asuntos sociales (proveer comida, salud y educación) y familiares.

    - Al proponer estas ideas para que se tengan en cuenta en los países, creó lo que se llama una “ley suave” (“soft law”) que no es vinculante. Sin embargo, puede hacerse vinculante si es aceptada por un grupo grande de naciones o si las grandes agencias internacionales como el Banco Mundial, IMF, etc. la aceptan y la usan.

    - Posteriormente se dio cabida a las ONGs para que estuvieran acreditadas y diseminaran el nuevo paradigma de la ONU. Supuestamente representan a toda la población de la tierra. En la actualidad, la voz de las ONGs ha llegado a ser ley en la ONU (gozan de una cierta representación que influye sobre la redacción de las leyes y se estudia si sus votos deberían ser considerados con el mismo peso que las votaciones de los representantes de los gobiernos). La consecuencia es que muchos grupos de activistas se han sustituido a los gobiernos democráticamente elegidos, pues terminan dictándoles leyes.

    - Carta de las Empresas (“Business Compact”). Es un conjunto de normas redactada por la ONU que las empresas están asumiendo en su comportamiento. Esta estrategia cierra el círculo, porque además de la sociedad civil, la legislación en los países y la presencia mediática, están añadiendo el poder del dinero y la penetración en las empresas donde una gran parte de la humanidad pasa la mayor parte de su tiempo. Este último eslabón muestra que la estrategia final puede cambiar la táctica. Las ideas de la ONU son marcadamente anti-mercado y, de hecho, en las primeras décadas de la vida de la ONU había una especie de rechazo hacia la grande empresa, sobre todo las multinacionales. Sin embargo, los estrategas de la ONU, en su afán de hacer valer el nuevo paradigma, han visto que tienen que incluir a las empresas si quieren que este nuevo paradigma se extienda y se haga real. Por eso están haciendo labor de convencimiento con las corporaciones sobre sus responsabilidades “ético-sociales” en relación con el desarrollo sostenible y el nuevo paradigma.



    III. Frentes actuales de batalla

    En este punto voy a repasar los diferentes campos que crean cultura y hacer un análisis de lo que está pasando y lo que puede hacerse. Antes de ello conviene tener en cuenta unos puntos:

    - La cultura, como se dijo antes, está basada en el comportamiento de los individuos y las comunidades. Para afectar el comportamiento, para hacer que nuevas ideas se hagan cultura, es necesario proponerlas y pasar por un proceso: la gente tiene que recibir la idea, aceptarla, asimilarla, practicarla y transmitirla.
    - La cultura occidental está basada en algunos principios fundamentales que surgen de la naturaleza humana, pero que nos han resultado más fácil conocer y vivir por la herencia del cristianismo:

    a. Cada persona tiene un valor absoluto. La colectividad no está sobre la persona y el mundo tiene como fin a la persona. Nuestro valor absoluto no impide la solidaridad, más bien la promueve. Por esto no podemos caer en el individualismo.
    b. Las personas deben tener la oportunidad de desarrollarse y debemos ser libres en nuestra búsqueda del bien.
    c. Hay verdades absolutas que deben ser conocidas.
    d. No estamos determinados a ser de una manera o de otra. Podemos y debemos formarnos a nosotros mismos en las virtudes y en el bien, aunque está claro que hay condicionamientos psicológicos y culturales que inciden sobre el comportamiento, pero que no nos privan de nuestra capacidad de actuar diversamente.
    e. La familia es la célula básica de la sociedad y es el ambiente natural donde nos formamos en el amor incondicional y solidaridad hacia los otros. Los padres tienen el derecho de formar a sus hijos con sus propios principios y convicciones.

    En cada sector que analizaremos, debemos tratar de descubrir cómo hemos llegado a la situación en la que nos encontramos debido a las estrategias operacionales e ideológicas y tratar de movernos en la dirección de los principios fundamentales de la cultura occidental que describí más arriba. Debemos volver sobre nuestros pasos para desandar el proceso que nos ha llevado a la situación concreta en la que estamos.

    1. Educación

    Comencemos por una visión general de las universidades. Es un hecho histórico constatado que en los centros de estudio superiores se ha dado una penetración de las ideas liberales (un ejemplo es el fabianismo, una rama de las ideas marxistas-socialistas que tomó control de centros de estudio e investigación ingleses). Debido a estas ideas, se cambió el currículo y se abandonaron los estudios de cultura occidental. No es extraño constatar cómo muchas facultades de universidades de prestigio ahora se han transformado en centros de ideas anti-occidente, anti-cristianismo, etc.

    La influencia se ha dado no sólo en las universidades, sino también en las escuelas. En las escuelas del mundo occidental ya no se forma en la virtud y no se enseñan valores. Más bien, se usa la “clarificación de los valores” (“value clarification”) que es simplemente dejar que venga a la superficie lo que cada uno piensa, sin hacer ver que algo está bien o mal. Este modo de proceder está basado las teorías psicológicas de Lawrence Kohlberg y popularizadas en un libro de 1972 escrito por Sydney Simon con el título: “clarificación de los valores”. Según esta teoría no existe la verdad, cualquiera puede tener su propia opinión, y tiene que haber una educación no directiva, con menos estructura y disciplina.

    Sir Julian Sorell Huxley, el primer presidente y el fundador de la UNESCO, la organización que promueve la cultura y la educación de la ONU, estableció el 4 de noviembre de 1946 los principios básicos de esta organización en un libro llamado: “UNESCO, su propósito y su filosofía”. En él decía que se debe excluir de la educación cualquier visión trascendental y se debe adoptar una visión evolucionista (especialmente en la moral, dado que no debe haber nada perenne en la ética). En el libro se afirmaba que cualquiera que tenga una moral rígida debe ser excluido de posiciones claves, tenía que usarse el psicoanálisis en la educación y tenía que ser alcanzado el número óptimo de seres humanos en el mundo.

    Es un hecho que se ha dado también una secularización vigorosa en la educación, seguida de lo que se ha llamado descontruccionismo (es decir, según ellos se debe descubrir las piezas con las que algunas de las ideas éticas se han construido y reducirlas a su base puramente cultural para hacer ver que son relativas a una cultura o un modo de pensar, pero que no tienen ningún substrato profundo): se ha querido rescribir la historia, implantar la agenda homosexual, prohibir la religión (Un ejemplo de esto está en las decisión de la Corte Suprema de 1962 y 1963 que determinó que leer la Biblia y hacer oración debe ser prohibido en las escuelas por la separación Iglesia - Estado), etc.

    Incluso en el rendimiento académico, se ha querido quitar el énfasis a los resultados (se busca dar instrucción sin calificaciones). Esto, como es evidente, ha causado bajos niveles académicos (los puntajes de la prueba de aptitudes SAT entre 1960 y 1993 cayeron 73 puntos). Estados Unidos terminó en último lugar en una evaluación de National Geographic sobre conocimiento geográfico hecho entre 9 naciones. Así mismo, en los exámenes internacionales de evaluación de programas educativos de 1989 (“International Assessment of Educational Programs”) los estudiantes de EUA tuvieron el último lugar en ciencias entre las naciones examinadas.

    Nuestra propia experiencia también nos habla de una enseñanza catequética defectuosa y carente.

    Toda esta mezcla de acciones ha provocado una ausencia de verdaderos valores y un aumento de la problemática disciplinar. En este sentido, en noviembre de 1993, U.S. News and World Report publicó un artículo titulado “Violencia en las escuelas públicas” como resultado de una evaluación hecha en 1990 entre maestros de una escuela pública y comparó esta evaluación con las respuestas de la misma escuela en 1940. Los peores problemas disciplinarios en 1940 eran:

    1) hablar fuera de turno,
    2) masticar chicle,
    3) hacer ruido,
    4) correr en los salones,
    5) no formarse adecuadamente,
    6) violaciones al criterio sobre el vestido,
    7) tirar basura.

    En cambio en 1990 eran:

    1) abuso de drogas,
    2) abuso de alcohol,
    3) embarazo,
    4) suicidio,
    5) violación,
    6) atracos,
    7) asaltos.

    Ante esto…¿Qué hacer?

    El Congreso Continental (“Continental Congress”) en 1787 declaró que: “la religión, la moralidad y el conocimiento son necesarios para gobernar bien y para la felicidad de la humanidad; siempre deben ser fomentados en las escuelas y en los medios de educación”. La educación pública y privada en los EUA siempre fue el sello y la base de esa nación. Un Concilio de obispos reunido en 1829 en Baltimore dijo: “Declaramos absolutamente necesario que en las escuelas se establezca que a los jóvenes se les enseñen los principios de la fe y la moralidad al mismo tiempo que se instruyen en las letras”.

    El establecimiento de la libertad religiosa y tolerancia en la Carta de los Derechos (“Bill of Rights”) allanó el camino para el crecimiento de las escuelas Católicas. Considero que los americanos deben buscar reestablecer lo que se ha perdido.

    Un exsecretario de Educación durante la presidencia de Reagan dijo que “si un poder extranjero le hubiera hecho al sistema educativo americano lo que nosotros le hicimos, lo hubiéramos declarado un acto hostil de guerra”.

    Aunque no es la única solución, considero que se debe impulsar la fundación y sostenimiento de escuelas privadas: Los americanos deben encontrar un esquema por el cual los dólares que pagan de impuestos vayan también al sistema de escuelas privadas. Me pregunto si la situación que enfrentamos en los Estados Unidos es una coincidencia cuando uno lee el quinto principio masónico: “La separación por completo de Iglesia y Estado y la oposición a cualquier intento de apropiarse de dineros públicos – federal, estado o local – directa o indirectamente, para el soporte de instituciones sectarias o privadas”.

    Les sugiero que traten de apoyar con fondos y con compromiso a las escuelas y universidades católicas. Esto no es algo que solamente deban hacer los religiosos (la edad promedio de las religiosas en los EUA es de 72 años… por lo que muchas de ellas pronto estarán en la Casa del Padre). Además, hagan verdaderamente católicas las escuelas y universidades católicas. Una institución católica que vive de los principios del mundo es algo nocivo. En ese caso, ya hay instituciones seculares de altos niveles académicos.

    Además, conviene crear o renovar la vida católica en las universidades: los alumnos pueden crear comunidades católicas, pueden comprometerse en foros abiertos y discusiones, reavivar la práctica del catolicismo, etc. Asimismo, se debe ofrecer ayuda a los profesores e investigadores que defienden y promueven la verdad.

    Es preciso dar una mano al verdadero ecumenismo, pues el enemigo del cristianismo es la secularización, no algunas confesiones cristianas.

    2. Vida

    Pasamos ahora a ofrecer una visión de la lucha por la vida. La constatación es que se desea tener un control de la población a cualquier costo.

    Como mencioné arriba, el desarrollo ahora es desarrollo sostenible… para poder precisamente incluir el tema del control de la población. Así, la salud no es sólo la ausencia de enfermedades, sino que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, “salud” significa un bienestar general e incluye el conocimiento de técnicas de salud reproductiva. Por tanto, quien no tenga el conocimiento o la oportunidad de usar la salud reproductiva (es decir, el control de la natalidad) no está sano. De hecho, el embarazo es considerado una enfermedad. Se da mucho más dinero a la llamada “salud reproductiva” que a la mayoría de las demás enfermedades, a pesar de que éstas cobran un inmenso número de víctimas y son terriblemente dolorosas y humillantes.

    Por otro lado, los sistemas de leyes e impuestos penalizan el tener hijos y el aborto es promovido y defendido con saña. Algunos estiman que hay más de 50 millones de abortos al año.

    No podemos olvidar tampoco el papel de los eugenistas y el racismo. De hecho, una parte fundamental del plan de Margaret Sanger (fundadora de la International Planned Parenthood Foundation) era precisamente el control natal para mejorar la raza y evitar razas inferiores o menos evolucionadas.

    Por otro lado, el control natal está directamente relacionado con el concepto de disfrutar del sexo sin restricciones de cualquier tipo, cuando sea, con quien sea. Pero, está claro que el sexo debe realizarse sin la molesta consecuencia de concebir hijos. Así, la revolución sexual requiere control de la población y crea la mentalidad de que concebir una vida es una molestia, una obligación que atenta contra nuestra libertad.

    La eutanasia empieza a permitirse en muchos países, lo cual es preocupante. En Holanda algunos ciudadanos ancianos usan una tarjeta de metal colgada al cuello con una cadena que dice que si caen enfermos sean llevados a Bélgica. Para evitar el impacto del término “eutanasia” se usan otros nombres como “suicidio asistido”, “muerte dulce”, etc. Esto conlleva la transformación (“deconstruction”) del concepto de “dignidad”, pues la muerte con dignidad significa autonomía absoluta para elegir cuándo y cómo se va a morir, y no sólo, significa también efectivamente suicidarse en algunos casos o pedir el homicidio en otros.

    En cuanto al “matrimonio” homosexual, se ha hecho un gran movimiento en EUA para aprobarlo en la mayoría de los estados. Ha fracasado en las urnas, pero lo están promoviendo a través de los tribunales y jueces. El bautizar la unión de homosexuales como un matrimonio significa efectivamente la destrucción del concepto de familia y de matrimonio. Para estas personas, no es suficiente despenalizar o no criminalizar el comportamiento homosexual (sodomía), sino que el objetivo es cambiar la manera en que la gente juzga este comportamiento: de la tolerancia a la aprobación y por fin hacer una equivalencia con el matrimonio. Se toca uno de los fundamentos de la cultura occidental y del cristianismo.

    Ante esto… ¿Qué hacer?

    Ante todo, dar apoyo a la vida entre sus familiares y entre sus amigos. Dar apoyo a la vida en público y promover el aprecio por la vida. No temer el debate público y defender la vida y nuestros principios.

    Asimismo, hacer lo posible para cambiar las leyes… con mucha inteligencia. Los movimientos Pro-Vida son un ejemplo de donación y sacrificio. Ellos defienden la vida, pero tenemos que ser más listos que los movimientos anti-vida. Por tanto, es preciso evitar la confrontación que nos haría perder el tiempo, descubrir las falacias y engaños que usan en sus estadísticas (es sabido que siempre falsean datos de los llamados abortos clandestinos) y mostrar los intereses que están en juego para que se vea cómo muchos de los que apoyan el movimiento anti-vida buscan también favorecer sus propios negocios en la industria de la anticoncepción y el aborto. Es muy importante usar medios no convencionales de comunicación como el Internet, foros de discusión, etc.

    3. Medios de comunicación

    En el documental “Hollywood vs. Religion” se llega a la conclusión de que en Hollywood se da una verdadera subcultura, algo propio de las personas que trabajan allí. El estilo de vida representado por Hollywood o por las producciones de la televisión está muy lejos del estilo de vida de un americano típico. El 97% de los americanos creen en Dios y un 45% practica alguna religión. En Hollywood solamente un 45% cree en Dios y un 7% practica alguna religión.

    También vemos que algunas veces los análisis de las noticias sobre ciertos eventos, situaciones, etc. pueden ser muy parciales. Es ahí cuando vemos con claridad “el Común Denominador Más Bajo”.

    Ante esto… ¿Qué hacer?

    Votar con los pies. Es importante que expresemos nuestras convicciones incluso llegando a no comprar y no pagar por lo que va en contra de sus principios básicos. Mueve a tus amigos a que hagan lo mismo… Es ridículo que a veces paguemos a gente que nos daña. Protege tus hogares no sólo contra los ladrones, sino contra todo lo que puede destruir los valores de tus hijos y de tu familia. Somos muy celosos para guardar las puertas de nuestras casas, pero dejamos que antivalores con los que no estamos de acuerdo nos inunden. ¿Por qué vamos a dejar que ridiculicen la religión católica? Nos afecta y molesta y con razón que alguien ridiculice el judaísmo, ¿por qué permitir que se rían de algo que es nuestro y consideramos sagrado?

    4. Mujer

    El campo del feminismo ha sido usado como un caballo de Troya para penetrar la cultura y cambiarla. Las mujeres son, y esto es un hecho probado de todas las investigaciones psicológicas, de importancia capital en la vida de los niños durante los cinco primeros años… y aquí es cuando los “códigos de comportamiento” son sembrados en el ser humano. Si se cambia lo que una mujer hace durante ese período de tiempo de la vida de los niños, se cambiará toda una generación.

    El movimiento feminista ha alcanzado algunas metas muy importantes y necesarias para las mujeres. Debemos reconocerlo. Sin embargo, también debemos reconocer que ha habido una manipulación: Se han extendido eslóganes como “Has sido oprimida, rebélate”; “tu papel en la familia es fruto de un condicionamiento social, no algo que viene de la naturaleza”; “debes vencer a los hombres en la vida profesional”; etc. Aquí está clara la aplicación de la dialéctica Marxista (oprimido/opresor) a las relaciones entre los sexos. Con la llegada de los contraceptivos y el uso amplio que se les ha dado, el sexo y la procreación de la vida se separaron. La promoción de la revolución sexual implicó el rechazo de la vida, dado que para los feministas radicales el embarazo es la opresión de las mujeres. A partir de estas ideas, ya no hay vínculos varón – mujer y por lo mismo, la familia es la primera que sufre. De esta forma, se destruye la base de la sociedad.

    Ante esto… ¿Qué hacer?

    Un feminismo positivo y cristiano, el defendido por Juan Pablo II, que reconoce el genio femenino y el papel particular de las mujeres para construir la sociedad, pero no al precio de dejar de lado a la familia. Hombres y mujeres tienen un papel muy importante en la construcción de las familias, que es la base del futuro de cualquier sociedad. Así que, en lugar de confrontación, necesitamos cooperación entre los hombres y las mujeres. En vez de dejar de lado a la familia, sugeriría que primero tratemos de dejar a la mujer la posibilidad de escoger qué quiere para su vida sin manipularla y sin usar sus pasiones para los propios fines; segundo, crear trabajos flexibles disponibles para que puedan compartir la vida profesional con la vida familiar; tercero, no proponer el modelo de supermujer (aquella que puede hacerlo todo) el cual sólo aliena a la mujer; cuarto, promover entre los hombres la necesidad de hacer los deberes propios de su vocación como padres y maridos. En vez de pensar que la sociedad y la cultura han construido el concepto y papel de las mujeres, escuchemos a la naturaleza y démonos cuenta de que el hecho de que las mujeres den a luz significa algo: Es una responsabilidad tremenda y una gracia dada por Dios.

    5. Religión

    En la Iglesia Católica todos hablan de crisis, pero pocos saben el significado de crisis. Etimológicamente proviene del verbo “Krinein”, juzgar. Creo que es justo recordar que este es un tiempo de análisis, de valoración de lo que sucede. Si vamos a las causas profundas de esta situación y promovemos un cambio para el bien, la crisis producirá una renovación. Si nos engañamos y escondemos las causas reales, entonces va a ser una oportunidad perdida.

    Algunos han dado razones inválidas para justificar la crisis producida por los escándalos de los sacerdotes:

    - Pensar que el celibato es el culpable de la crisis sería como decir que las rejas hacen a los ladrones.
    - Otros dicen que es por el autoritarismo, pero en realidad la crisis se ha dado porque probablemente no había ninguna verdadera autoridad haciéndose cargo de las cosas.
    - Hay quienes dicen que nos hemos olvidado del Concilio Vaticano II. Cuando escucho eso, me parece que lo invocamos como si fuera un “mantra”. Si la “aplicación de Vaticano II” significa que debemos hacer a la Iglesia Católica como una confesión protestante… (ministerio no ordenado, sin jerarquía, sin magisterio, sin sacramentos) no podría haber crisis de la Iglesia Católica porque no podría haber Iglesia Católica.
    - Se dice que es una crisis de pedofília. En realidad es más una crisis de homosexuales (predadores no de niños, sino de varones adolescentes).
    - Algunos hablan de una especie de frenesí de los medios. Creo que aunque ha habido particular saña por tratarse de sacerdotes católicos, ha habido y hay muchas culpas, pues esta situación no solamente es un producto de los medios.
    - Otros quieren culpar a la ética sexual católica. Quiero anotar que los abusadores no viven los principios de la ética sexual católica. Lo que probablemente ha sucedido es que no enseñamos esos principios ni nos aseguramos de que se apliquen y vivan.

    Estas supuestas razones no son válidas para explicar la crisis. Las razones reales son las siguientes:

    - El Vaticano II abrió las puertas de la Iglesia al mundo en un momento muy complicado de la historia de la sociedad: Occidente estaba empezando a entrar en una profunda crisis y un cuestionamiento sobre sí mismo... y la Iglesia tenía que hablar de la verdad con los relativistas y los escépticos (no se encontraba ya la conclusión: “Soy ateo pero abierto a la verdad”, sino más bien se partía de la premisa: “no hay verdad”); de trascendencia con los gnósticos; de normas con los liberales. Como es fácil comprender, lo que en un inicio quería ser un diálogo se volvió una confrontación.

    - Por otro lado, una cultura de disentimiento tomó control de los seminarios, el clero y los obispos. Según esta cultura de disentimiento, todo podía cuestionarse, no con argumentación franca y madura, sino para ser descartado a-priori. Si se quería ser considerado “alguien” entre los círculos intelectuales, se tenía que ser escéptico o crítico del Magisterio. Los críticos, en lugar de salirse de la Iglesia, se quedaron en ella para hacer la revolución desde dentro (Pensemos en Teilhard de Chardin que propuso injertarse en el tronco bi-milenario de la Iglesia para desgajarlo desde dentro). Se redujeron los conceptos a infalible/falible por lo que sólo admitían (y no siempre) lo declarado como infalible. En el fondo, esto es una reducción de la fe. El Magisterio tiene la función/misión de enseñar la verdad, e incluso los pronunciamientos ordinarios requieren nuestra adhesión y sumisión.

    Se perdió el sentido del pecado (“El peor pecado del mundo actual es haber perdido el sentido de pecado” Pío XII).

    - Los católicos olvidamos que tenemos la obligación de ser testigos de la verdad.

    - Los sacerdotes olvidaron que ellos tienen que ser el icono viviente de Jesucristo.

    - La Iglesia se volvió muy indulgente consigo misma y burocratizada: en vez de anunciar el Evangelio, le damos más importancia a los papeles, archivos, sistemas y procedimientos, etc.

    - Confundimos compasión con la falta de dirección.
    - Se dio un miedo cerval de ser etiquetado como conservador.

    Ante esto… ¿Qué hacer?

    Es evidente que la crisis actual es una crisis de fidelidad: Debemos ser fieles a lo que somos como católicos. La libertad no es hacer lo que queremos, más bien es tener el derecho a hacer lo que debemos. En ese sentido, debemos comprender que el abrazar la cruz como camino de Cristo hoy significa el ser 100% católicos. Sin embargo, evitemos las caras lánguidas y tristes, pues en el cristianismo, después del Viernes Santo, sigue la Pascua.

    Es preciso renovar las prácticas católicas, renovar la vida católica dando uno mismo fe de ello. Renovar las comunidades católicas y el sentido de la pertenencia. Debemos vivir y ayudar a vivir la caridad verdadera. En esta coyuntura, no está permitido ser mediocre.

    Es indudable que hay en el mundo una sed por la trascendencia. El movimiento de la “Nueva Era” es una señal evidente de esta sed. Pero también es una señal de que las religiones ya establecidas no están siendo capaces de proveer soluciones a los deseos de las personas de hoy. La Nueva Era nos muestra algo que las personas de hoy buscan. Se buscan soluciones para los problemas de la humanidad por el lado del auto desarrollo (“En su interior usted puede encontrar todo lo que necesita”). Hay grupos relacionados, como la cientología.

    También se le da importancia excesiva a la terapia. El terapeuta se ha vuelto una especie de “maestro” para todos nuestros achaques. Incluso en casas religiosas, seminarios, noviciados... el maestro espiritual ha cedido su puesto al terapeuta y creemos más en el examen psiquiátrico que en el Magisterio. De nuevo, aparece la vieja “Gnosis”... por la que tenemos siempre la salvación del Hombre al alcance de la mano, sólo que con nuevas caras, las de hoy. Debemos recordar que sólo Cristo salva.

    Sean los mejores y prepárense para lo peor. Los católicos deben abrazar la cruz. No se puede acomodar o adecuarse a la subcultura dominante. Comprométanse decisivamente en la vida católica. Vuélvanse líderes católicos. Tomen al toro por los cuernos: Se van a casar y a formar una familia: bien, sean el mejor esposa/esposo y madre/padre. Si van a ser profesionales, sean el mejor y vivan de acuerdo con sus principios católicos. Pero no solamente: Todos ustedes son individuos dotados. ¿Van a usar egoístamente las cualidades que Dios les dio? ¿Van a hacer algo bueno por los otros? ¿Van a crear instituciones que renueven el tejido cristiano?

    Por último, no se dejen influir por las ideas de la Nueva Era y por la secuencia lógica que termina por vaciar nuestra fe:

    Cristo sí, Iglesia no;
    Dios sí, Cristo no;
    Espiritualidad sí, Dios no;
    Liturgia (que termina siendo folklore) sí, Espiritualidad no.

    El resultado es que terminamos muy vacíos. Y para evitarlo, sugiero que comprendan bien qué es la Iglesia y cómo se compone por dentro para que no la descarten, ya que sería el inicio de la pendiente hasta la nada. Si se mantiene la fe en la Iglesia, se mantiene la fe en Cristo, en Dios, se vive una espiritualidad profunda que toca la trascendencia y se vive la liturgia como la expresión de esa espiritualidad y relación con Dios.

    La Iglesia es Sacramental por naturaleza: La Iglesia es un misterio, un sacramento de salvación en las palabras del Vaticano II. Así que el acercamiento es doble: por un lado, debemos tratar de entender qué significa la Iglesia usando como hizo el Vaticano II las imágenes que descubrimos en las Escrituras: Pueblo de Dios, Cuerpo Místico, etc. Estas imágenes nos hacen entender un aspecto de esa esencia, pero no son perfectas. No podemos hacer toda nuestra Eclesiología desde ellas.

    La otra manera de acercarse al misterio de la Iglesia es tratando de entender al menos algunos aspectos de su esencia. Para hacerlo necesitamos ir, de nuevo, al Vaticano II: Allí se dice algo desconcertante sobre la Iglesia: se dice que se relaciona al misterio de la Encarnación. Realmente es la continuación de ese misterio. La Encarnación nos dice que la Iglesia es la presencia de Cristo entre los hombres y en el mundo. Las Escrituras son la Revelación… Si en las Escrituras se encuentran ambas cosas, debemos mantener ambas cosas.

    Por la Encarnación, Cristo está presente en la tierra: Si esto es cierto, la Iglesia no es algo que pertenece a los aspectos externos de nuestro ser, sino que está muy dentro de nosotros. Como Cristo, la Iglesia tiene una realidad física. Pero, atención, no es que la Iglesia tenga un aspecto físico sólo porque es un ser social. Cuando se habla de algo físico no se entiende como un concepto sociológico, sino como algo mucho más profundo, como algo que toca toda la realidad creada.

    Todo lo que vemos en la Iglesia es un reflejo de su “presencia física”. Pero al mismo tiempo, esta presencia física también invoca la realidad espiritual propia de la Iglesia. Por eso la llamamos sacramental: la parte externa invoca a la interna, sobrenatural. Por supuesto que esto no es magia, es esa realidad espiritual/física que la Encarnación de Cristo ha traído al mundo.

    La Iglesia está formada por seres humanos porque si Cristo se encarnó, su presencia no está sólo en la realidad creada material, sino que es lo más importante en los seres humanos. En cierta forma, por nuestro mismo ser, todos somos testigos vivos de la Encarnación de Cristo. La encarnación no borra el pecado o el error y por esto la Iglesia también sufre por lo que somos: Nuestros pecados, dificultades, defectos... pero también se alegra por nuestros actos virtuosos.

    Estructura institucional, carismática y sacramental: Con esta idea se puede encontrar la mejor manera para unir profundamente algo que normalmente está separado. Es fácil escuchar, incluso a teólogos, hablar de la institución como contrapuesta al carisma, como si las dos cosas no pudieran proceder de la misma fuente. Por el contrario, de la Encarnación, es evidente que tienen el mismo principio genético. Son coesenciales a la Iglesia. No se puede tener uno sin el otro. Cuando escuchen esas ideas que hablan de dejar más espacio al carisma y “menos a la institución” quiere decir que hay una concepción errónea de la Iglesia.

    Sacramento de las Santas Órdenes con las tres potestades: Este principio también nos ayuda a comprender uno de los soportes estructurales de la Iglesia. El sacramento de las órdenes: Con él, el poder completo de Cristo es otorgado gratuitamente a una persona que no es escogida por la comunidad y cuya capacidad no proviene de la comunidad, proviene de Cristo y la Iglesia es la mediadora de esa concesión. Ésta recibe la capacidad para actuar en nombre de Cristo, para llevar a cabo actos de salvación, para enseñar y gobernar.

    Aquí, en este sacramento se puede encontrar una de las muchas diferencias de entre las confesiones protestantes y la Iglesia Católica. Ellos no consideran ninguna diferencia entre el pastor y el creyente. En la Iglesia Católica, el pastor representa a Cristo.

    Sacerdocio común de los fieles y los tres munus: ¿Pero qué hay de los fieles? Ellos también tienen esa capacidad de salvar, enseñar y gobernar, pero no de la manera y el grado que tiene el ministro ordenado. La diferencia entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial no es sólo una diferencia de grado, sino de esencia. Es algo más profundo y diferente. Pero el fiel también tiene esas capacidades y su ser en la Iglesia no es algo sin importancia. Su ser en la Iglesia es absolutamente importante y complementario al del ministro ordenado.

    Los fieles no pueden ser pasivos, no están solamente para escuchar y obedecer. Ellos son la Iglesia y representan a Cristo a su modo. Deben santificar el Cuerpo de Cristo, tienen la misión de enseñar la fe a otros, pueden participar en el gobierno de la Iglesia actuando en las parroquias, grupos y comunidades. Sin embargo, debemos admitir que este modo de pensar de los católicos es algo a lo que se le ha prestado atención sólo recientemente.

    El Obispo de Roma y los obispos: La plenitud del sacerdocio es el episcopado. El obispo tiene poderes especiales. Específicamente, tiene poder para ordenar nuevos sacerdotes y obispos y, por su poder de enseñar con la autoridad del magisterio y su gobierno, mantienen a la Iglesia y la tradición.

    Entre los obispos, hay una función especial asignada por tradición al Obispo de Roma, que es la sede de Pedro. Cristo prometió que Pedro y sus sucesores iban a ser la roca, el primero, y aunque no tiene diferencia sacramental con los demás, tiene la misión especial de cuidar el rebaño. A su magisterio se le concede preeminencia sobre la enseñanza de los demás.

    Diócesis y parroquias: Al principio, los obispos no tenían asignado un territorio físico especial, sino que iban de un lugar a otro. Cuando el emperador romano Constantino permitió a los cristianos practicar libremente su religión, los obispos se empezaron a establecer y les fueron asignados territorios que seguían la misma división del Imperio Romano.

    Las parroquias eran una división del Imperio. Hoy solamente son una división geográfica bajo la diócesis. La parroquia católica tiene como característica el ser universal, abierta a todos y debe servir a todos. Todas las comunidades pueden vivir allí y todas son acogidas y promovidas. Se ha dicho de ella que es comunidad de comunidades.

    Movimientos de salvación: En la historia de la Iglesia, el Espíritu Santo siempre ha actuado promoviendo la santidad y el apostolado. En algunos casos ha movido a personas singulares, pero en muchos otros ha actuado creando comunidades. Después de la venida de Cristo, los “Padres del Desierto” fueron los primeros que como grupo, como comunidad, crearon un movimiento de salvación. Así que no hay nada extraño o particularmente nuevo en los movimientos de hoy en día. Probablemente la presencia generalizada y el hecho de que son un fenómeno universal es la única cosa nueva. Ciertamente siempre ha habido dificultades para que se pudieran insertar en las estructuras geográficas que ya se habían ido creando, pero estas dificultades no responden más que a dificultades humanas de comunicación.

    Estos movimientos viven de un carisma. Como se sabe carisma es una “gracia dada gratuitamente para el bien de otros”. Los carismas son frutos del Espíritu. El carisma encierra el llamado a una misión. En el fondo, el gran estratega es el Espíritu Santo y los miembros de los movimientos solamente realizan acciones tácticas. Otro aspecto importante de los movimientos es que tienen una referencia a Roma, a la sede de Pedro. La razón de que sea así es que esos movimientos, en muchos casos, no solamente son llamados a una misión local. El Espíritu Santo convierte y transforma a muchos seres humanos de diferentes culturas y religiones. Por esto, sin la relación con Roma, en los movimientos faltarían dos cosas: La verdadera universalidad (catolicidad) y la aprobación o aceptación.

    Autonomía de la Iglesia y el mundo: Por último, queremos analizar cómo estas dos realidades (Iglesia y mundo) interactúan. En cierta forma son muy diferentes, pero están unidas. Cristo tomó el mundo en su encarnación y la Iglesia nace de ese misterio. Pero no podemos olvidar que un cristiano “no es de este mundo” y que el mundo crucificó a Jesús.

    Tenemos que entender que el mundo sufre el efecto del pecado original, que afecta también la realidad creada y esto es lo que pone al mundo y la Iglesia en contraposición. Algo tiene que hacerse para que puedan vivir en paz.

    El cristianismo, y específicamente el catolicismo, es la única religión en la tierra que separa ambas realidades y entiende que hay una autonomía entre ellas. Los musulmanes, hindúes, etc. mezclan la vida social y el mundo con la religión. La religión como sabiduría superior de hecho controla todo y no hay una justa autonomía del orden creado. Con nosotros eso no pasa. Nosotros entendemos que aunque ambos tienen el mismo principio, el mundo vive por sí mismo y tiene sus propias leyes. En el fondo, esas leyes no deben contradecir la verdad porque solamente hay una verdad, pero no son leyes religiosas.

    Así, la separación de Iglesia y Estado, es algo perfectamente claro. En las otras religiones, desafortunadamente hay confusión y mezcla y de acuerdo con lo inflexible de los principios religiosos, se pueden volver intolerantes hacia cualquier otra religión (por ejemplo, Arabia Saudita) o cualquier principio ordenador del estado que no sea lo que se señala en sus libros sagrados o en los principios religiosos.

    La pregunta entonces que se debe plantear es: Si Iglesia y mundo son autónomos, ¿cómo puede haber relación entre uno y otro? ¿Cómo pueden usar principios que no se contradigan entre ellos? Desde un punto de vista teórico, la respuesta es realmente sencilla, porque la naturaleza humana, creada por Dios, mantiene los secretos de la revelación y nuestra mente, sin referencia a la religión o revelación, puede descubrir lo que realmente es bueno y verdadero y usarlo como la base de la sociedad. No hay, o no debe haber, contraposición entre la verdad que conocemos por la revelación y la verdad que conocemos por la razón. Podemos descubrir que la vida humana no puede ser suprimida, desechada o usada como medio y no como fin. Podemos descubrir que todos los seres humanos somos iguales, etc. sin hacer relación a la revelación o a la religión cristiana. Si nuestra sociedad no se basa en los principios de la ley natural, tarde o temprano la sociedad lo pagará caro. El ejemplo del nazismo o el comunismo todavía son recientes como para olvidarlos.

    Todas estas explicaciones sobre la Iglesia están suponiendo el concepto de Magisterio y por esto debemos entender bien qué es y cómo funciona el Magisterio. Todos somos (incluyendo al Papa) servidores de la Verdad que nos fue dada por Cristo. El Papa tiene la misión y la asistencia del Espíritu Santo para señalar esa verdad. Debemos dar a sus pronunciamientos y sus enseñanzas asentimiento de corazón. Esto no significa que perderemos nuestra libertad intelectual, como si no pudiéramos ya pensar. Ante todo, debemos recordar que el magisterio se refiere a la fe y la moral (es evidente que hay aspectos del conocimiento humano que se usan para poder establecer un principio de fe y de moral, pero el magisterio no pretende enseñar física nuclear). La teología es precisamente “la fe que quiere ser entendida” y el magisterio, al enseñar algo sobre la fe, pretende que el teólogo haga el servicio de la mejor comprensión de ese pronunciamiento. Por lo mismo, no sólo no se pierde la libertad intelectual, sino que se pide la colaboración del teólogo, aunque evidentemente se supone que el teólogo vive y profesa la fe de la Iglesia.

    Algunas veces he escuchado mucha confusión sobre la enseñanza infalible. Ante todo, conviene decir que el Papa tiene el carisma de la infalibilidad porque la Iglesia no puede perder la fe, no puede dejar de ser fiel a la Revelación y el Papa representa a la Iglesia. Por otro lado, de nuevo, las enseñanzas infalibles del Papa se limitan al campo de la fe y de la moral. Por último, en la mente de muchos, la enseñanza infalible se limita a lo que se llama enseñanza ex cathedra. Conviene decir que este tipo de enseñanzas tiene un procedimiento muy específico que ha sido usado raras veces. En muchos casos, el Santo Padre enseña algo como definitivo sin que sea ex cátedra y tiene que ser aceptado (la no ordenación de las mujeres es un caso).



    IV. Puntos estratégicos urgentes


    1. Mantener viva a la democracia

    Recuerden lo que mencioné arriba: el voto de la mayoría no concede moralidad a un hecho. No es adecuado pensar que hay un tipo de “intuición colectiva” de la moralidad y que el voto de la mayoría descubrirá la verdad de la moral (un referendo sobre el aborto, por ejemplo, no reflejará necesariamente el valor moral del hecho).

    Por eso, es necesario que se evidencie la verdad y se ayude a los individuos a escogerla. Sin embargo, como motivo en contra, se escucha comúnmente que un estado democrático sólo podría asegurar la libertad y no “imponer” una verdad. Así el relativismo sería la base de la democracia y de la libertad religiosa (Explicaré más abajo algo relativo a esto, sin embargo, sí quiero señalar que este modo de pensar aparentemente tolerante incluye en sí mismo su propio dogmatismo: se impone la decisión de la mayoría a otros, incluso contra la conciencia. Un ejemplo de esto es el Marxismo que impone una forma de ser felices a los ciudadanos de los países).

    Alexis de Tocqueville escribió en “Democracia en América” que la condición esencial para mantener la nación (se refería a EUA) era mantener una conciencia moral fundamental. Si nos alejamos de la base de la moral y la religión, se llegará a un suicidio de la historia y la cultura. El pluralismo no significa indiferencia, significa comprometerse en un diálogo respetuoso en la búsqueda de la verdad.

    La libertad es verdadera cuando respeta el orden moral (como mencioné arriba, no se habla de una verdad religiosa, sino de la ley natural). Ya refería que Juan Pablo II escribió en Veritatis Splendor que la democracia sin la base moral se puede convertir en la peor tiranía. Hay un pensador americano, de nombre Colson, que estableció una teoría por la que contraponía y relacionaba a la comunidad y el caos con la policía y la moralidad. La moralidad es el escudo interno que permite vivir en comunidad en paz. Si no hay moralidad, se cae en el caos y se tiene que establecer un estado militarizado. De nuevo, los ejemplos del nazismo y comunismo real validan esta teoría.

    Si la moralidad no depende del voto de la mayoría, ¿dónde está la base moral? En los derechos humanos. Los derechos humanos no están y no pueden estar sujetos al juego de la mayoría y la minoría. El estado democrático sólo puede garantizar el derecho básico como condición de la libertad y debe dejar a la sociedad buscar y encontrar los derechos humanos.

    ¿Cómo establecer entonces qué son los derechos humanos? Los derechos humanos son derechos que pertenecen a la naturaleza humana y que descubrimos haciendo una introspección dentro de nosotros y analizando lo que ha sido la humanidad y las sociedades en todas sus manifestaciones a lo largo de la historia. Sin pretender cubrir todo, creo que las bases de los derechos humanos podrían ser:

    1) La persona humana tiene un valor infinito.
    2) Es una unidad de materia y espíritu y por lo tanto trasciende la pura materia.
    3) No se puede imponer algo en contra de la conciencia.
    4) La persona humana es esencialmente libre.
    5) El hombre tiene derecho a los bienes verdaderos (con sus responsabilidades), no a preferencias individuales.

    Para intentar responder a una pregunta que está en el aire, una cosa que hay que subrayar es que el título “derechos humanos” no puede ser aplicado a un grupo o grupo de presión: los “derechos de los homosexuales” no son derechos humanos pues a esta categoría de personas le competen los derechos que competen a todos los seres humanos, ni más ni menos. No existen los derechos particulares por una cierta particularidad de la persona o por sus inclinaciones, salvo el caso de lo que es propio de la mujer y el hombre como macho y hembra y que exige un trato diverso por su naturaleza, ya que la gestación sólo se da en las mujeres, por ejemplo. Aclarado esto, otro problema es responder a sus pretensiones de poder celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo o que parejas de homosexuales puedan adoptar niños, pues dicen que eso pertenece a las personas y, por lo mismo, también a ellos. Sin pretender responder completamente a este delicado problema, sólo digo que la definición de matrimonio es la unión de personas de dos sexos diversos para toda la vida. La unión de homosexuales no podría llamarse matrimonio. Queda entonces la pregunta de si se deben normar las uniones de personas del mismo sexo y por cuáles motivos. Parecería adecuado, por ejemplo, que dos hermanas solteras pudieran vivir bajo el mismo techo para ayudarse mutuamente, incluso con la pretensión de vivir así toda la vida, y que el estado reconociera para fines de alguna ventaja fiscal que no se trata de dos personas independientes.

    Me pregunto sin embargo si la orientación homosexual sería motivo para aceptar una unión civil y esta orientación homosexual fuera razón suficiente o adecuada para conceder ventajas o derechos. Yo no soy jurista y puedo equivocarme, pero independientemente de si el estado considera el comportamiento homosexual correcto o no (hay estados en los que la sodomía es tipificada como reato) realmente no se puede responder afirmativamente, ya que no se ve el motivo de fondo por el que una unión de este tipo, dependiente radicalmente de la psicología y propia decisión, pudiera producir un instituto legal y ventajas fiscales o laborales.

    Hacerlo obligaría a que muchos otros solicitaran lo mismo basados en elementos puramente subjetivos y no de bien común. Hay que recordar que los institutos legales se hacen por razones objetivas. Claro, si se diera esta posibilidad a los homosexuales, creo que nosotros los religiosos podríamos solicitar beneficios fiscales por el hecho de vivir en comunidades.

    Está claro además que no se puede concebir conceder la posibilidad de adoptar un niño a una pareja de homosexuales porque se debe tener en cuenta el derecho del niño a vivir en una familia con un padre y una madre.

    Un compendio muy bueno de los derechos humanos fue creado en ocasión de la Carta de las Naciones Unidas en 1948 y ésa es la razón por la que esta carta ha estado bajo tantos ataques. Ciertamente no se puede hacer mucho para cambiar esa carta, dado que de hecho está basada en lo que pertenece a la naturaleza humana. Como no se puede cambiar nada, lo que se ha estado tratando de hacer es reducir y relativizar su importancia, promulgando otros estatutos y derechos, como la Carta de los derechos de la Unión Europea que por supuesto incluye muchos de los derechos “políticamente correctos”.

    Permítanme un excursus. A decir verdad, es imposible obtener una descripción de la naturaleza humana sin una referencia, al menos implícita, a un contexto cultural y religioso (de hecho, lo que pasó durante la redacción de la Carta de las Naciones Unidas fue que muchos de los países que participaron utilizaron en la redacción el Ius Pentium –el derecho de gentes- de nuestra herencia cristiana y específicamente católica pero no como algo católico, sino como lo que de hecho refleja las más grandes aspiraciones de la humanidad). La fe católica ofrece unas bases de valores sin los cuales ninguna sociedad puede sobrevivir. Por supuesto, la Iglesia no debe tomar el lugar del estado, pero debe hacer todo lo posible para lograr que brillen los valores morales y sean usados por el estado. Debe mantener la referencia a la vida eterna en contra del absolutismo y la tiranía.

    2. Iluminar la conciencia con la fe

    Estamos frente a un profundo dilema: Nuestra conciencia es la norma cercana para nuestra actividad y debemos obedecerla. ¿Significa esto que la conciencia está cerrada en sí misma? ¿Significa que no hay ninguna autoridad por encima de nosotros mismos? ¿No hay sentimiento de culpa?

    La conciencia no es una ley o una autoridad por sí misma, pero sí un “testigo” de la ley. No crea el bien o el mal, pero aplica la ley en circunstancias concretas. No puedo escoger y producir que una acción sea buena, pero puedo escoger lo que considero ser moralmente correcto.

    Tenemos que entender que hay dos niveles de conciencia. Uno es más la habilidad, la capacidad para entender lo que está bien. En Latín es llamado Synderesis (-error de transcripción de la palabra griega “synéidesis”-). Es un tipo de ley escrita dentro de nosotros, algo semejante a una memoria original del bien y de la verdad (por eso Jospeh Ratzinger, valiéndose del concepto platónico de memoria, ha propuesto también denominarla Anamnesis). Sobre ella Cicerón escribió: “Non scripta, sed nata lex”. El segundo nivel es el acto real en donde la conciencia dicta qué hacer.

    El primer nivel requiere cierta ayuda externa para hacerlo salir a la superficie. Ésta es precisamente una de las grandes necesidades del Magisterio: defender la conciencia cristiana contra la subjetividad, el conformismo y el relativismo. El segundo nivel también requiere iluminación, penitencia y gracia para que actúe rápidamente y con precisión. La conciencia, pues, es la norma próxima pero requiere iluminación. Si sólo ponemos atención a nuestra propia subjetividad podríamos realmente ser esclavos de nosotros mismos, de nuestras pasiones. La iluminación viene, como ya dije, del Magisterio, pero también del consejo de personas sabias y prudentes, de lecturas de autores probados, etc.

    Por otro lado, tiene que haber alguna consecuencia a nuestros actos, tiene que haber un sentimiento de culpa cuando hacemos algo malo. La falta de sentimiento de culpa llevó a la humanidad a su punto más bajo durante el siglo veinte cuando, en nombre de quién sabe qué oscuro principio, los seres humanos fueron simplemente suprimidos. Y estamos empezando a repetir esa triste historia hoy en día con el drama del aborto.

    ¿Existe algo como la verdad de la moral? El relativismo está muy difundido y la ausencia de ejercicio crítico que provoca hace que a menudo la gente ponga a otros en categorías: conservador, liberal, etc. Sucede que a fuerza de no buscar la verdad porque cada uno tiene la propia, simplemente se atrofia la posibilidad de pensar con propiedad. El debilitamiento del pensamiento crítico pone de manifiesto la incapacidad para el diálogo real. Debe haber una verdad que pueda ser conocida. Los motivos son varios: en primer lugar porque el relativismo que afirma que no hay verdades absolutas es una contradicción en sí mismo. Si todos tenemos nuestra propia verdad, esto al menos ya es una verdad absoluta. Segundo, porque debajo de la cultura y debajo de la experiencia, hay siempre un ser humano cuya naturaleza es la misma y que implica un conjunto de verdades no solamente ontológicas, sino también morales. Y tercero, porque el relativismo lleva a usar el poder como el único criterio de la verdad. Por ejemplo, lo que sucedió con las ideologías del siglo XX con sus horribles consecuencias.

    3. El llamado a la santidad y al ejercicio del liderazgo católico

    La santidad, éste es el reto real. La santidad es posible y está al alcance de cada católico (Cfr. Concilio Vaticano II, llamada universal a la santidad). La santidad, el ejercicio del liderazgo católico es lo único que cambia la historia, como lo vemos en los siguientes hombres y mujeres que así hicieron:

    San Benito (480-547)

    La civilización romana se colapsó. Los europeos no era más que grupos de nómadas yendo de una parte a otra, buscando satisfacer sus necesidades básicas. Un hombre santo escuchó la voz de Dios y fundó monasterios y sus monjes debían hacer el voto de estabilidad. Es decir, se comprometían a estar en el mismo sitio toda la vida. Y por esto, tenían que hacer su presencia en los monasterios económicamente viable: secaron tierras, mejoraron los cultivos, crearon manualidades básicas (metalurgia incluida), mantuvieron los escritos antiguos, desarrollaron la música, arquitectura y literatura y establecieron escuelas. Es decir, crearon la civilización occidental y cristiana. Sin San Benito, no sabemos qué hubiera sido de Europa.

    Santa Juana de Arco (1412-1431)

    Vivió durante la guerra de los 100 años entre Inglaterra y Francia. Inglaterra había tomado más de la mitad del territorio francés. Juana de Arco era hija de un humilde campesino de Lorena. Ella oyó “voces de Dios” que le dijeron que salvara a Francia. Francia estaba dividida entre la familia de los Borgoña y los Armagnac. Fue a ver al Delfín, Carlos de Valois, hijo de Carlos VI, para convencerlo de que Francia podía vencer la guerra. Él estaba completamente desmoralizado y listo para rendirse, pero ella, además de convencida, era muy persuasiva y Carlos la nombró Comandante en Jefe del ejército. Tenía 17 años. La ciudad de Orléans estaba bajo sitio desde hacía muchos meses y casi lista para rendirse y con un golpe de mano rompió el sitio y liberó la ciudad. Tuvo éxito en todas las batallas, recuperó la región de Loire y logró que Carlos VII fuera coronado rey en 1429. Entonces se dirigió a París, pero fue traicionada por el mismo Carlos y a las puertas de París fue tomada prisionera. Carlos era un hombre débil y se había contentado con lo que había logrado, por lo que no le dio más ayuda militar. El Cardenal de Beauvais la condenó por herejía y fue quemada en Rouën. Fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920. ¿Qué le habría sucedido al catolicismo si Inglaterra hubiera gobernado Francia durante la reforma protestante?

    San Ignacio de Loyola (1491-1556)

    Ignacio era el más joven de una noble familia de las vascongadas en España. Él era bastante frívolo y sólo buscaba disfrutar la vida en la corte española de Fernando el Católico. Siempre fue un caballero y tomó parte en la defensa de Pamplona contra los franceses, donde fue gravemente herido. Durante su convalecencia empezó a leer algunos libros espirituales (“La vida de Cristo” de Ludolph de Sajonia). Después de ese período, abandonó la vida mundana y permaneció como penitente en Manresa, Barcelona. Allí escribió los famosos Ejercicios Espirituales. Estudió en Barcelona, Alcalá y París (1528-1535). En París empezó a reunir un pequeño grupo de seguidores. La Compañía de Jesús fue aprobada en 1540. Empezaron un gran trabajo de evangelización y una acción que no conoció fronteras: India, China, África y América y realizaron una acción tan efectiva en Europa que la presencia de los colegios de jesuitas detuvo la difusión de la Reforma y del Protestantismo. Su firme adhesión al Papa de Roma fue un factor decisivo para contribuir a la unidad del Catolicismo y convertirlos durante siglos en los archienemigos de los masones, liberales –uso el término histórico-, etc.

    Juan de Austria (1545-1578)

    Juan no es un santo, ni tuvo una vida demasiado ejemplar. Sin embargo, sí fue un líder católico que usó sus cualidades para ayudar a la Iglesia. Era hijo natural de Carlos I y fue reconocido posteriormente por Felipe II, pero nunca tuvo los honores de infante. Fue elegido capitán de la Armada contra los moros en Alpujarra y los venció con una combinación de talento, sagacidad y decisión. En esa época, occidente libraba una guerra defensiva contra los turcos, cuya flota asolaba las costas europeas y defendía a sus piratas, además de que amenazaba con un desembarco masivo en Italia con la intención de ocuparla. Había, de hecho, un peligro real de invasión y Europa no tenía la fuerza para contrarrestar la avanzada turca por el mar porque la flota europea, incluso combinada, era menor que la de los turcos. Juan de Austria tenía unas excelentes dotes de mando y era un estratega militar nato. Por todo esto y por su historial en la Alpujarra fue elegido Generalísimo de la Santa Alianza contra los turcos.

    Fue capaz de reunir una armada cohesionada con soldados de muchas naciones y superar cualquier resentimiento y afán de protagonismo entre los diferentes grupos. La flota cristiana se preparó y zarpó para encontrarse con los turcos en la famosa batalla de Lepanto en la que vencieron y redujeron definitivamente el poderío turco en el mar. Esta batalla y su resultado positivo para los cristianos cambió el rumbo que llevaban los acontecimientos y disipó el peligro inminente de ver alguna nación cristiana del mediterráneo ser sometida al poder de los turcos.

    Todos los cristianos pueden ser santos y pueden ejercer su liderazgo como católicos y ayudar a cambiar el mundo. Cristo vino a llamar a los pecadores y con ellos ha llevado adelante la evangelización.

    Busquen una formación espiritual profunda, al menos al nivel de su formación en el campo intelectual.

    Vivan la vida Católica como un compromiso para toda la vida: con esfuerzos de virtud, con la oración, los sacramentos y el apostolado.

    Organícense entre ustedes y hagan las cosas en conjunto. Ya no podemos llevar adelante la evangelización solos. Reaviven las comunidades católicas, promuevan la alegría de pertenecer a la Iglesia. Unidos podremos.

    Promuevan el liderazgo católico: lo que han recibido no es solamente para ustedes. Un líder es un agente de cambio en instituciones y crea nuevas instituciones. Las actitudes y virtudes esenciales que se requieren para ello son el optimismo, la caridad, la humildad, la resistencia, el sentido de dirección.

    4. La llamada al apostolado

    Santidad y apostolado van siempre juntos. Cada cristiano bautizado está llamado a ser apóstol, no sólo a vivir bien para sí mismo, sino también a ser luz para otros. Como dijo Cristo en el Evangelio: Vayan por todo el mundo, hagan discípulos de todas las naciones…”

    Existen muchas formas de apostolado, pero conviene siempre tener el objetivo de inculcar una cultura evangelizadora en el particular campo de trabajo donde nos desempeñamos. El papel del laico es ser levadura para conformar las realidades temporales con el Evangelio.

    Preguntas o comentarios al autor: P. Luis Garza Medina L.C.

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