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Autor: Jesús de las Heras Muela | Fuente: www.revistaecclesia.com
El futuro de la humanidad
Pinceladas, a modo de crónica, del viaje apostólico de Benedicto XVI a Austria. Septiembre 2007
 
El futuro de la humanidad
El futuro de la humanidad
Mirar a Cristo y seguirle es el futuro de la humanidad

Benedicto XVI realizaba los pasados días 7 al 9 de septiembre un nuevo y espléndido viaje pastoral, ahora a Austria, corazón de Europa, y país muy próximo al Obispo de Roma.

Ha sido su séptimo viaje internacional. Por el momento, en 2007, Benedicto XVI no volverá a salir de Italia. Para 2008 están confirmadas visitas papales a Lourdes (Francia) y a Nueva York (USA), sede la ONU. Dentro del país transalpino, el 23 de septiembre irá a Velletri, ciudad próxima a Roma, y el 21 de octubre, a Nápoles, donde participará en la apertura de un Congreso Internacional Interreligioso, organizado por las Comunidades de San Egidio.

La visita apostólica a Austria ha estado marcada por inclementes condiciones climatológicas. Tan sólo y durante unos minutos, lució el sol en la tarde del domingo 9 de septiembre. Las precipitaciones de lluvia fueron muy abundantes los días 7 y 8 de septiembre. Por otro lado, los medios de comunicación españoles han dispensado una muy escasa cobertura informativa al viaje, excepto algunas excepciones.


Las tres grandes claves del viaje

Tres han sido, al menos, las claves de esta visita apostólica, pródiga y magistral en bellísimas e interpeladoras alocuciones papales. La primera de ella ha sido la índole de viaje sentimental y devocional, cuyo epicentro era el santuario mariano de Mariazell, tan querido por el Papa bávaro. Antes de su elección papal, Joseph Ratzinger, peregrino con anterioridad en numerosas ocasiones hasta Mariazell, había expresado su deseo de asistir a la clausura del 850 aniversario de la fundación de este santuario mariano, compromiso que ratificó, de nuevo, en sus primeros meses como Papa. De hecho, Benedicto XVI ha aludido a este viaje como una peregrinación.

Su viaje a Austria, en segundo lugar, era un viaje al centro de una Europa que, enorgullecida de su prosperidad y zarandeada por el secularismo y el laicismo, olvida su identidad y raíces cristianas. En este sentido, las referencias a Europa han sido constantes en el viaje. El ámbito donde las palabras del Papa estuvieron centradas en Europa fue en el discurso al presidente federal, ministros y parlamentarios austriacos y al cuerpo diplomático acreditado en el país. Fue en la tarde del viernes 7 de septiembre. La realidad actual de Austria y de Europa estuvieron también presentes en los discursos de llegada y de despedida, en el aeropuerto de Viena.

La tercera y transversal clave de este periplo religioso a Austria era un viaje típicamente "ratzingeriano", un viaje marcadamente criscocéntrico, una nueva oportunidad para proclamar a los cuatro vientos que el mundo, que Austria y Europa necesitan de Dios, que una vida sin orientación, sin el Dios de Jesucristo, se queda vacía, que donde está Dios, está el futuro.


850 años de Mariazell

El contexto de la peregrinación papal de los días 7 al 9 de septiembre era la clausura del 850 aniversario del santuario mariano de Mariazell, la "Magna Mater Austriae, Magna hungarorum Domina et Mater gentium slavorum, Magna Mater Europae" ("Gran Madre de Austria, Gran Señora de Hungría y Madre de los pueblos eslavos, Gran Madre de Europa").

En este sentido, Benedicto XVI entendía su peregrinación como un ponerse y estar en camino junto a los peregrinos, como expresión de la gran parábola de la vida cristiana que es siempre la peregrinación. Una peregrinación que no significa solo caminar hacia un determinado santuario sino que está intrínseca y necesariamente abierta al camino de vuelta hacia una vida cotidiana transformada y mejor.

Consciente del creciente interés por las peregrinaciones, Benedicto XVI quería con su etapa en Mariazell iluminar el sentido profundo de las peregrinaciones cristianas y acentuar su dimensión de conversión y de futuro. Así lo expresaba bellamente en las palabras finales del Angelus del domingo día 9: "Pidamos a María que nos enseñe a transformarnos como Ella en personas libres de sí mismas para encontrar en la disponibilidad para con Dios nuestra verdadera libertad, la vida verdadera y la alegría auténtica y duradera".

El santuario de Mariazell se asienta en las últimas estribaciones de los Alpes orientales, en la verde y céntrica región de la Estiria, entre hermosos y fértiles valles y montañas. En 1157 los monjes benedictinos -tan benéficamente presente a lo largo de los siglos y en la actualidad en Austria- fundaron este santuario mariano para acoger una milagrosa imagen de la Virgen encontrada en las montañas entre rejas por su monje, que había ido a predicar a la región. En Mariazell le construyó su casa, su celda. De ahí el nombre de Mariazell, que en español, se podría traducir como Santa María de la Celda.

En el siglo XIV se levantó sobre esta Celda de María, entonces románica en su primera factura, una iglesia gótica, que, entre 1644 y 16653, pasó a coexistir con las reformas barrocas llevadas a cabo en el santuario por el arquitecto Domenico Sciassia, quien además añadió en la fachada del templo una tercera torre barroca, junto a las dos torres góticas ya existentes.


Austria, corazón de Europa, encrucijada de caminos y culturas

Austria, por su posición geográfica, social e histórica, es encrucijada de caminos, puente entre Occidente y Oriente, puerta y crisol de culturas, tradiciones y confesiones religiosas. Su actual prosperidad económica la convierte asimismo en un icono de los países desarrollados y de las sociedades del bienestar, un icono, en suma, de la Unión Europea y de Europa.

En su encuentro, en el antiguo palacio imperial de Hofburg, con las autoridades políticas y representantes diplomáticos, Benedicto XVI pronunció su discurso en Austria quizás más significativo. Fue una vigorosa llamada a que Austria y Europa sigan siendo ellas mismas. A que la Casa común europea se cimiente sobre los sólidos fundamentos culturales y morales que han hecho grande al viejo continente. A que la UE siga siendo guía de una sociedad más justa y solidaria, a que sea autocrítica y a que no dilapide su herencia cristianas, cuyas raíces y expresiones actuales deben ser potenciadas. Y es que, en suma, una Austria y una Europa sin una viva fe cristiana no serían ni Austria ni Europa.

En este mismo discurso, Benedicto XVI no solo volvió a condenar el aborto y la eutanasia sino que también los presentes como atentados a los verdaderos derechos humanos, de los que Europa ha sido su formulador y difusor. Asimismo, el Papa alertó ante el creciente invierno demográfico que vive el viejo continente y advirtió de los riegos de individualismo y egocentrismo que se dan en esta sociedad del desarrollo. Igualmente, enfatizó sobre los riesgos del positivismo y de una ciencia sin Dios, máxime en una tierra como Europa donde la historia certifica el armonioso y fecundo entre razón, ciencia y fe.


"Mirar a Cristo"

La frase "Mirar a Cristo" ha sido el lema de este viaje papal. Esta mirada a Cristo se ha de traducir en una renovada vivencia y revitalización del Domingo cristiano y en el ejercicio activo y confesional de la caridad. El sentido del Domingo ocupó buena parte de su homilía en la misa dominical del 9 de septiembre, en la catedral de San Esteban de Viena. Al hilo de la célebre frase "No podemos vivir sin el domingo", de los cristianos mártires de Abitene, en los albores del siglo IV, Benedicto XVI ha presentado el domingo, Día del Señor y Señor de los Días, no como un precepto o una obligación, sino como una necesidad interior que sostiene la vida y el amor. Ha reclamado que el domingo no sea un mero día de descanso y de evasión, sino que recupere su "centro", su referencia ya que sin ese "centro", que es la Eucaristía, el domingo se torna, tarde o temprano, en un día vacío. "Nuestra vida cotidiana de cada semana -señaló- comienza siempre con el domingo, don liberador de Dios... Sin el domingo no se logra una vida plena".

La caridad fue el tema de su último encuentro en Viena, en la tarde del 9 de septiembre. En la moderna sala de conciertos de la capital austriaca, el Papa se encontró con varios miles de personas, unidas por el denominador común de servicios socio-caritativos y de voluntariado. Allí Benedicto XVI habló del "precioso don de la caridad", de una caridad, de un amor que los cristianos no pueden delegar. Puso de relieve la gratuidad en el trabajo del voluntario y la importancia de la oración en su nutrimento y actividad. "Es preciso -subrayó- que vosotros voluntarios no seáis en las redes sociales, sino personas que contribuyen al rostro humano y cristiano de nuestra sociedad". Asimismo cantó la grandeza de este servicio con estas palabras: "Cuando uno no solo cumple su deber en la profesión y en la familia -y para hacerlo es necesaria mucha fuerza y gran amor- sino que además se empeña por los otros, poniendo su tiempo libre al servicio del hombre y de su dignidad, el corazón se dilata.

En definitiva, Benedicto XVI ha vuelto a mirar y mostrar a Cristo como nuestro pasado, nuestro presente, nuestro futuro, nuestra vida y nuestra esperanza. "La mirada a Cristo -afirmaba el Santo Padre en la abadía vienesa de la Santa Cruz- es la del Dios que ama. Nuestra luz, nuestra verdad, nuestra meta, nuestro sosiego, nuestra vida, todo ello, no es una doctrina religiosa, sino una persona: Jesucristo. Más allá de anhelar y de buscar a Dios, hemos sido anhelados, buscados y encontrados por Él. La mirada vagante de los hombres de todo tiempo y pueblo, de todas las filosofías, religiones y culturas, encuentra siempre los ojos abiertos sin límites del Hijo de Dios crucificado y resucitado. Su corazón abierto es la plenitud del amor. El Señor mira a todo hombre y al corazón de cada uno de nosotros".

El futuro del hombre está, sí, en el Dios de Jesucristo. Tenemos necesidad apremiante de Dios. El mundo no puede vivir como si Dios no existiese. Necesitamos mirar a Cristo. Este ha sido el sentido y la apretada síntesis del viaje papal a Austria, un viaje guiado por la estela de su Madre y nuestra Madre, a quien hemos de implorar "Muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre", plenitud y medida del hombre, clave y futuro de la humanidad. (JESÚS DE LAS HERAS MUELA - DIRECTOR DE ECCLESIA)


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