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Autor: S.E. Mons. Rafael Sandoval Sandoval, M.N.M. | Fuente: Catholic.net Evangelizando a los tarahumaras... ¿Imposición mestiza o derecho de los indígenas?
Un encuentro entre fe y cultura, que no sea una invasión ni adoctrinación
Evangelizando a los tarahumaras... ¿Imposición mestiza o derecho de los indígenas?
Cuatro años de recorrer la Sierra. Años que marcan como
el fuego. Cuatro culturas y cuatro mundos. Warojíos, Ódames (Tepehuanes),
Rarámuris y Mestizos. Por ahora me referiré a los "Rarámuri
pagótuame" o "gentes lavadas o bautizadas". Ellos se definen como
los hijos del que es Papá de todas las genes;
del que hizo el mundo y los dejó para cuidarlo
(Onorúame Kúchara).
Al principio recibí, por parte de algunos agentes de
pastoral, muchas indicaciones para que no subyugara la cultura: "no
los abrace porque eso es violento para ellos", "corrija sus
palabras porque ellos no son occidentales", "acompañe solamente la cultura",
"no imponga", "quítese los esquemas que trae", "incultúrese en su
vestir", "no les dé sacramentos", "la mejor ayuda es dejarlos
como están", etc. No dudo que tales indicaciones se me
hicieran con sinceridad, pero decidí recorrer las comunidades por mí
mismo para conocer su cosmovisión y así poder aprender los
valores y dar a conocer a quien es razón de
mi vida: a Jesucristo.
Soy consciente que debe haber un
encuentro entre fe y cultura, que no sea una invasión
ni adoctrinación. Varias preguntas me han ido acompañando: ¿Cómo exponer
el Evangelio de la Vida en esta cultura? ¿Cómo escucharla?
¿Cómo aprender de la cultura donde estoy? ¿De qué me
sorprendo al estar aquí? ¿Qué aporto?...
He ido de sorpresa
en sorpresa. Cuando anuncio a Jesucristo y su Evangelio, de
ninguna manera se sienten alienados ni lo sienten como imposición
extraña. Ellos están abiertos a la Eucaristía; tienen hambre de
Dios; acogen con gusto el Sacramento de la Reconciliación; no
están cerrados al celibato; aprecian y quieren conocer la Palabra
de Dios. Cuando les hablo de Jesucristo, se emocionan; no
nos piden quitarnos nuestra cultura, sino que piden que estemos
con ellos así como somos; quieren y piden la catequesis...
Si dijera lo contrario, no estaría en la verdad o
diría lo que ellos no dicen.
Es cierto que hay que
aprender la lengua, pero hay una comunicación mejor: el amor.
Ellos leen el corazón, se abren al mensaje cuando sienten
que son amados. El mejor idioma es el amor.
Voy a
exponer sólo algunos ejemplos de mi experiencia como pastor. Ya
habrá tiempo para continuar sobre la misma temática.
LA MISA: "KORIMA
DE DIOS"
Para el tarahumara, la palabra "kórima" es importante, y
significa "compartir todo, sin necesidad de que se les dé
nada a cambio". Es algo gratuito, pues se comparten los
bienes y la vida. No es sólo un trueque o
intercambio, va mucho más allá. Significa que, si yo tengo
algo que otro no tiene, le pertenece a ese otro,
sencillamente porque Dios nos da el encargo de dar y
nos da el derecho de recibir.
En esta visión del compartir
la vida, vi la puerta para la Eucaristía. Ese "kórima"
es Jesucristo que se nos entrega. Cuando ellos escuchan esto,
la entienden, la piden y la viven como "kórima de
Dios". Pocas veces he celebrado con tanta devoción como cuando
lo hago con ellos. Por eso afirmo, desde la experiencia,
que la Misa no excluye a ninguna cultura. Si alguien
dijera lo contrario, mentiría. El cierto que hay que trabajar
por la inculturación de la Eucaristía, pero nunca privar a
los indígenas del Banquete eucarístico. Tal privación no sería otra
cosa que falta de amor hacia ellos y una clara
discriminación. Darles el pan material, pero descuidando el Pan espiritual,
es dejarlos con hambre.
LA RECONCILIACIÓN: MEDICINA QUE CURA
Las fiestas
rarámuri son "noches de reconciliación", en las que es necesario
estar bien en todo y con todos para que las
fiesta salga bien. Ahí se arreglan los problemas y se
deciden a estar y caminar en la vida. Se logra
la armonía con el mundo, con Dios y con los
demás. Sólo reconciliándose se es buen rarámuri. En otros mundos
es inconcebible ver en convivencia amable a la esposa de
un asesinado con el papá del asesino, o a la
mujer violada y su familia con la familia del violador,
o las mamás de quien murió y de quien le
dio muerte. Sólo estando bien con los demás, se puede
estar bien con "el de arriba", y sólo así el
mundo recibirá fuerza.
La Cuaresma es el tiempo fuerte "para arreglar
problemas". Ahí se hacen los juicios comunitarios, en los que
las partes involucradas, con el consejo de la autoridad tradicional
y con hombres y mujeres, buscan arreglar los asuntos pendientes.
Hay confesiones públicas, donde se les da alguna penitencia como
estar un buen rato hincados frente a la iglesia el
viernes santo. Al final, todos se saludan, pues el saludo
indica que todo se ha arreglado. En la reconciliación, se
confrontan, aclaran, se defienden y se solucionan las cosas. Se
tienen medicinas que curan, pero la mejor curación consiste en
estar bien con todos.
Pero en la fiesta no todo va
bien. El Remonsi (el que vive abajo), que es ventajoso,
quiere cochinear la fiesta. Dicen que todas las gentes tenemos
dentro dos espíritus: el del hermano menor que es Jesucristo,
y el del de abajo que es el diablo. Podemos
irnos con uno o con el otro. Dios quiere que
sigamos el camino del menor que es Jesucristo.
Por la
noche hay velación, y se vuelve noche de reconciliación. Al
amanecer se ve la esperanza y el comienzo de un
mundo nuevo. Se renace con fuerzas nuevas para seguir caminando
en la vida con lo que venga.
Enseñanza: mi experiencia me
dice que esa noche es el espacio para el Sacramento
de la Reconciliación. Pero, por desgracia, los agentes de pastoral
hemos desaprovechado este espacio. Con frecuencia mitificamos a los pobres
e indígenas, y decimos que ellos tienen más valores y
cualidades que los mestizos. La verdad es que todos tenemos
valores y anti valores. Todos somos pecadores, de cualquier condición
y cultura. Los rarámuris lo saben y tienen sus formas
de pedir perdón y de ser perdonados. Sé que a
algunos no les gustará lo que digo, pero es simplemente
mi experiencia.
Es una pena ver que algunos sacerdotes acompañan a
la gente en sus fiestas, pero no les ofrecen ni
explican el Sacramento del perdón. Les niegan algo a lo
que ellos tienen derecho. Cuando este servidor les explica este
Sacramento, sus rostros se iluminan y piden el perdón por
manos de "baré obispo". Miente, a mi ver, quien afirma
que el Sacramento de la Paz no es para ellos.
Discrimina quien no explica o niega este encuentro con Jesucristo
y la Iglesia. Sólo basta que le demos al Sacramento
esa dimensión curativa y liberadora.
LA CONFIRMACIÓN: VIDA EN FIESTA
Me platicaba
un rarómari (de la Sierra baja) que "cuando se hizo
noche y hubo eclipse, el de allá arriba vino y
le habló a un anciano. Le pidió que dijera a
su gente que siguieran haciendo ofrendas al sol para no
dejarlo morir de vuelta. Le pidió que bailaran e hicieran
Yúmari para que recibieran el santo iwigá" (aliento de Dios).
La fiesta habla del Creador y de la Creación. Se
conmemora lo que Dios hace en la historia, y están
llenas de alegría y esperanza. Ahí nadie puede estar triste,
pues Dios da su iwigá para que estén contentos. Pero
al Remonsi no le gusta que estén contentos, y siempre
anda buscando que el rarámuri tropiece y pierda el camino;
impide que cumplamos con lo que nos manda Onorúame-Eyerúame (nuestro
Padre Madre que vive arriba). Pero cuando hacemos la cruz,
entonces el de abajo se retira.
Enseñanza: los rarámuris tienen las
semillas del Verbo. Las semejanzas con la Biblia son muy
afines. El campo está abierto para expresar la fuerza del
Espíritu que convierte lo desordenado en ordenado, lo feo en
bello, el caos en cosmos. No es difícil anunciar al
Espíritu Santo como "aliento de Dios". Quien diga que para
ellos no es la Confirmación, miente de nuevo. Ellos son
místicos, más por intuición que por reflexión. Basta tan poco
para que entiendan el Sacramento de la Confirmación. Cuando les
doy la catequesis, la reciben con gusto, y les encanta
el nawézari (consejo) del sacerdote y obispo.
EL NOMBRE DE DIOS
Para
el rarámuri, Dios es el que está arriba, el que
camina con nosotros, el que nos da fuerza, el que
se pone triste cuando no vivimos bien, el que necesita
que le ayudemos... Él es Riosi (Dios), Ramé Onó (el
Papá de nosotros), Onorúame (el que es Papá), Tata Riosi
(Papa Dios), etc.
Cuando ellos pronuncian el nombre de Dios,
lo hacen con respeto, se descubren la cabeza y se
ponen de pie y mirando hacia donde sale el sol,
pues el sol nos habla de la vida y nos
va acompañando en el día.
Onorúame "nos dio a Jesucristo
(Sucristo) que murió en la cruz para todo el mundo".
Sucristo es Riosi ranara (el Hijo de Dios) que ha
sido engendrado por Dios. Él nos dice el camino que
hay que seguir para ir con Dios. La Fiesta de
Semana santa es el centro de la vida rarámuri, y
marca el cierre e inicio de un nuevo ciclo en
el que Jesucristo le vuelve a dar fuerza al mundo,
renaciendo.
Arewá rosákame o Riosi arawára, es el Espíritu blanco o
Espíritu de Dios (iwigá). Es la fuerza de Dios que
nos da vida.
Enseñanza: se nota que recibieron el primer
anuncio de Jesucristo, pero se desconoce su doctrina y una
falta de profundización de su mensaje sobre el Reino. Cuando
imparto el Sacramento de la Confirmación, ellos lo explican como
el bautismo que da el obispo para darle fuerza y
complemento al bautismo. El primer anuncio que dieron los primeros
misioneros, necesita ser complementado. Para algunos agentes de pastoral, hay
que dejar esto intocable; incluso algunos quisieran que se volviera
a lo que ellos tenían antes de la evangelización ("teología
india india"). Querer volver a dar vida a las religiones
antes de la evangelización, y separarlas de Cristo y de
la Iglesia, ¿no sería acaso un retroceso y una involución
hacia un momento histórico anclado en el pasado?
FINAL
¿Por qué,
pues, con el pretexto de no arrancarles su cultura, se
les niega el Evangelio a los hermanos indígenas? El Evangelio,
Cristo mismo, no viene a quitarla a nadie nada de
lo bueno que tiene, sino a purificarlo y a completarlo.
Así ha pasado con la evangelización de todos los pueblos.
Cuando se anuncia directamente a Jesucristo, cualquier persona, de cualquier
tiempo y lugar, puede encontrar en Él la Verdad y
la Vida. Lo que se oculta detrás de algunas posturas
"respetuosas" con la cultura de los demás, es una falta
de fe en Jesucristo como verdadero camino de salvación.
Siempre ha
habido gente que lo niega a Él, pero al menos
tenían el valor de no reconocerse ya como cristianos. Lo
nuevo ahora es que esos "cristianos" se quedan muy campantes
en la Iglesia y nos dicen que ellos son la
verdadera Iglesia, no la del Magisterio establecido por Jesucristo.
Viendo la
mucha confusión de la gente, y leyendo a escritores y
predicadores que confunden al pueblo cristiano, como obispo - pastor
y vigilante del rebaño -, debo decir y escribir, aunque
deba pagar los precios por ello.
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