La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Pedro Madera | Fuente: viajar.com Madeira: una joya en medio del océano
La isla portuguesa de Madeira es una auténtica maravilla que flota en medio del océano Atlántico
Madeira: una joya en medio del océano
Al aterrizar en el aeropuerto de Santa Catarina, enseguida te
das cuenta de que la realidad supera con creces a
la imaginación.
Estamos a casi 1.000 kilómetros de la
costa de Portugal, pero la civilización parece más lejana que
la simple distancia geográfica. Aquí todo es paz y encantos
naturales. La lujuriante flora que cubre las montañas esmeraldas de
la isla son la mejor bienvenida que podemos recibir.
Madeira
en sí es un archipiélago formado por cuatro islas, pero
la principal es la que da nombre al conjunto. No
es una isla muy grande, pero sí muy interesante. Para
empezar, las más de doscientas levadas de agua que atraviesan,
entre valles y montañas, la isla son perfectas para hacer
rutas de senderismo.
Paso tras paso, vamos descubriendo una isla por
la que ya pasaron, entre otros, personalidades como la emperatriz
Sissi y Winston Churchil. Ellos son sólo algunas de las
personas que disfrutaron esta isla encantadora, que desde diciembre de
1999 es Patrimonio Natural de la Humanidad.
Se dice de Madeira
que es la isla de la eterna primavera, y es
verdad, porque el clima es perfecto, con unas temperaturas muy
moderadas, siempre entre los 23 y los 19 grados. Quizá
por eso el talante de sus gentes es tan amable,
siempre dispuestas a saludarte y a tenderte la mano.
Madeira es
un lugar ideal para relajarse y descansar. Contemplar tranquilamente las
aguas cristalinas del mar proporciona un sosiego que es difícil
de encontrar en otros lugares. Sus pueblos se levantan alrededor
de sus iglesias, siempre adornados por las típicas casas madeirenses
rodeadas por jardines tropicales.
Si se quiere un poco de marcha,
nos podemos acercar a la capital. Funchal es la ciudad
más bulliciosa de la isla, pues aquí vive más de
la mitad de la población. Asentada sobre una bahía, las
casas de Funchal cuelgan sobre las colinas que descienden al
océano. Hay monumentos que no se pueden dejar de ver,
como las iglesias de San Juan Evangelista y Santa Clara,
aunque para entablar contacto con los lugareños lo mejor es
perderse por el Mercado dos Lavradores, donde el trabajo de
los vendedores se mezcla con el colorido de las flores
y de las frutas.
Desde Funchal, el acceso a cualquier punto
de la isla es fácil y rápido. Serpenteando por sus
carreteras, vemos riachuelos, levados, prados y montes. Y en el
centro de la isla, dos conglomerados montañosos volcánicos que sobrepasan
los 1.800 metros de altitud. Desde aquí arriba hay unas
maravillosas vistas de la isla y del manto verde que
la cubre.
Lo mejor es andar sin prisas para descubrir los
secretos de Madeira. La vegetación es muy exótica, con especies
florales únicas de la isla, como la laurissilva. El paisaje
es un auténtico mosaico de colores, un paraíso virgen.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR