La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Isabel Navarro | Fuente: Viajar.com Lisboa: un mar de fados
El Tajo baña Lisboa con un rumor de olas de agua dulce que hablan de barcos hundidos y de historias de amor que se han hecho fado, morna o poema para llorar sobre las calles de esta ciudad decadente
Lisboa: un mar de fados
Desconchada y decadente. Ajena a la pulcritud y abierta al
mestizaje. Tan cerca y tan ajena. Ciudad de contrastes, de
blanco y de negro, puerto histórico de barcos cargados con
especias, esclavos y música que más tarde evolucionarían hacia una
«saudade» nostálgica que llora por todo aquello que no podrá
ser más que recuerdo o canción. Música que lame las
heridas de las grietas abiertas por el terremoto de 1755
y el gran incendio del 88, que golpearon Lisboa por
algún sino de fatalidad.
Tras del cruel terremoto, el centro
de la ciudad adoptó la cuadrícula neoclásica que le impuso
Pombal, toda una lección austera e impresionante del urbanismo del
siglo XVIII. Después de ordenar «enterrar a los muertos, dar
de comer a los vivos y cerrar los puertos», el
ministro del rey se hizo célebre por haber restablecido el
orden con la completa reconstrucción de la ciudad, siempre dispuesta
a resucitar de sus cenizas.
El origen del fado es muy
discutido, algunos autores especulan sobre sus raíces árabes, otros enfatizan
su conexión con músicas porteñas, y hay quienes lo relacionan
con África y Brasil, pero lo único exacto es que
el término proviene del latín «fatum», el inexpugnable destino.
Las
letras evocan escenas de pasión, de soledad, de celos, de
dolor o nostalgia y se desenvuelven como género urbano muy
cerca del blues, pero con su propio ritual de contemplación:
en la «adega» (bodega) se hace un silencio, la fadista
aparece con vestido negro y chal para enfatizar la solemnidad;
ella tiene la mirada baja y espera los primeros acordes
de la guitarra para arrancar los agudos a una historia
de pérdidas.
En Lisboa el viajero puede acudir a escuchar el
fado en directo en alguna de las más de treinta
«adegas» o Casas de Fado que salpican el Barrio Alto
y la Alfama. Estos lugares no se diferencian más que
en el nombre, ya que ambos tipos son pequeños, sirven
comidas, tienen espectáculo y permanecen abiertos hasta las tres o
las cuatro de la madrugada.
Entre callejuelas intrincadas, donde el tranvía
se encarama por cuestas imposibles atravesando la Rua da Rosa,
el viajero encuentra la adega O Forcado, precedida por una
enorme vidriera que evoca los amores tristes de esta ciudad,
que debe su nombre al héroe Ulises (quien la bautizó
como «Olissipo» o «Ulissipo») o, al menos, eso cuenta la
historia no oficial, que es leyenda. En el 107 de
la Rua do Diario de Noticias encontrará la Adega Mesquita,
la más antigua Casa de Fado de la ciudad. Aquí
podrá degustar el típico bacalao o la sopa verde (con
base de patata y col), y un buen chorizo asado
acompañado por una broa de maíz. Le cuentan que allí
se escucha el fado noche adentro y, viendo una cabeza
de toro en la chimenea, el viajero percibe cómo están
unidos estos dos aspectos del alma portuguesa. Entre paredes donde
se leen estrofas de poemas pintadas en los azulejos aparece
la fadista María de Fátima, una de las cantantes fijas
del local.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR