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Autor: Pedro María Reyes Vizcaíno | Fuente: Catholic.net Fátima: Cova de Iria
El visitante que va a Fátima puede dejarse atraer por la piedad y el recogimiento de los demás peregrinos
Fátima: Cova de Iria
El peregrino que acude a Fátima se siente atraído, en
primer lugar, por la capilla de las apariciones, y además
puede visitar varios lugares relacionados con las apariciones de 1916
y 1917: el cabeço do anjo (el cerro del ángel),
Valinhos, Aljustrel y la iglesia y el cementerio de Fátima.
También son interesantes el camino de los pastorcillos con el
Vía Crucis y el Calvario Húngaro. Y por supuesto se
debe visitar la Basílica de Cova da Iria.
Cova de Iria
Cova
de Iria es el paraje despoblado en el que se
apareció la Virgen a los tres niños. Cova de Iria
se sitúa a unos tres kilómetros de Fátima y de
Aljustrel. Ya durante los seis meses que duraron las apariciones
Cova de Iria se convirtió en la meta de muchas
peregrinaciones y comenzaron a venir las multitudes. Ahí se erigió
la capilla de las apariciones, se dispuso una explanada y
se construyó una basílica. Alrededor de estas edificaciones ha surgido
una población amplia, se han instalado varias comunidades de religiosos
y se han levantado hoteles y tiendas. Actualmente es una
ciudad cosmopolita y se escuchan todos los idiomas por sus
calles; el visitante puede encontrar todos los servicios que pueda
necesitar en Cova de Iria.
La capilla de las apariciones
En Cova
de Iria, en el lugar exacto de las apariciones, ya
en 1917 se erigió una pequeña capilla. La primera no
era más que un sencillo arco enmarcando la encina en
que se posaba la Virgen. La encina, por cierto, desapareció
bien pronto: aquellos primeros peregrinos se llevaban ramos, hojas y
cortezas como reliquia. Sólo quedó un pequeño tocón del tronco
del árbol, desnudo y seco, que hubo que proteger.
Aquella primera
capilla fue sustituida por otra más adecuada, una construcción pequeña
con la forma de una casa, con tejado a dos
aguas, que actualmente sirve para guardar los objetos del culto.
Esta capilla es la capilla de las apariciones, la capelinha,
a la que se dirigen las miradas de los fieles.
La capelinha y el espacio circundante están protegidos por
una estructura cuadrada que la cubre del agua, abierta por
el frente y resguardada por sus dos costados mediante enormes
paneles acristalados que se corren y descorren según lo exijan
la afluencia de peregrinos y las inclemencias del tiempo. Bajo
esta estructura se han dispuesto bancos para lo fieles y
un espacio con un altar y sedes para los sacerdotes.
En
el lugar más destacado está la imagen de Nuestra Señora
de Fátima, tallada siguiendo las indicaciones de sor Lucia, la
vidente. El pedestal es de piedra y está hueco: dentro
se conserva el tronco de la encina en que se
apareció la Virgen. El pedestal tiene unas ranuras: el personal
del santuario introduce por ellas las peticiones escritas que les
pasan los fieles. También se pueden dejar flores y encender
velas en los lugares preparados para ello.
En la capilla se
celebra la Misa con frecuencia: en verano casi sin interrupción
y en todos los idiomas. Además el peregrino podrá participar
en el rezo del Rosario internacional dos veces al día,
y también en una procesión diaria por la explanada.
El ambiente
de la capelinha es de oración y recogimiento. Los peregrinos
rezan el Rosario en silencio o en un susurro, a
solas o con la familia o en pequeños grupos. Siempre
hay muchos fieles, venidos de todo el mundo, que vienen
atraídos por la Virgen que pidió que se rezara ahí
el Rosario.
A unos metros de la capelinha hay una encina
centenaria protegida por una valla. Al hacer las obras de
la basílica y la explanada, se decidió conservar ésta en
recuerdo de la desaparecida en que se posó la Virgen.
Bajo esta encina los niños esperaban que llegara la hora
de la cita con la Virgen.
La basílica de Nuestra Señora
del Rosario
La basílica se encuentra a unos cien metros de
la capilla de las apariciones, en el lugar más alto
de Cova de Iria. El visitante puede encontrar en
ella, en dos capillas laterales en el transepto, las sepulturas
de los videntes. En la capilla de la derecha reposan
los restos de Francisco, y en la de la izquierda
los de Jacinta y Sor Lucia. La sepultura de los
niños Francisco y Jacinta, hoy beatos, han atraido la atención
de muchos devotos desde el momento de la inauguración de
la Basílica. Actualmente los fieles rezan también con piedad ante
Sor Lucia, cuyos restos reposan aquí desde febrero de 2006.
La basílica está dedicada a Nuestra Señora del Rosario, que
es la advocación con la que se presentó la Virgen
a los niños en la última aparición. Fue construida de
1928 a 1953.
De la basílica salen dos brazos que cierran
la explanada por este lado. Al final de uno de
ellos está la capilla de lausperenne o adoración perpetua. En
esta capilla está expuesto el Santísimo Sacramento durante las horas
en que está abierto el recinto. Junto a la capilla
de lausperenne se encuentran por el momento las capillas de
confesonarios. Está en marcha el proyecto de construir capillas de
confesonarios más amplias en el recinto de la iglesia de
la Santísima Trinidad, actualmente en construcción.
La explanada
Delante de la basílica
se extiende una amplia superficie, capaz de acoger a centenares
de miles de peregrinos. A un lado, como ya queda
dicho, la capelinha de las apariciones. Al otro lado, enfrente
de la basílica y cerrando la explanada, se alzará la
nueva iglesia de la Santísima Trinidad, actualmente en construcción, que
tiene la finalidad de acoger reuniones grandes de peregrinos, puesto
que la basílica ha quedado pequeña.
En la explanada han tenido
lugar las reuniones con Pablo VI y con Juan Pablo
II, ocasiones en que se quedó pequeña para acoger a
tantas multitudes. Y tienen lugar todos los meses, el día
13, grandes aglomeraciones de fieles que vienen de todo Portugal
y de otros muchos sitios. Estos días la explanada a
duras penas acoge a tanta gente. Especialmente memorable fue la
visita de Juan Pablo II el 13 de mayo de
2000, en que beatificó a Francisco y Jacinta: en el
mismo lugar en que vieron a la Virgen, el Papa
los elevó a los altares.
Dos edificios se pueden observar lindando
con la explanada: uno es la Casa do Carmo (Casa
del Carmen) y el otro es la Casa dos Dores
(Casa de los Dolores), en honor a las advocaciones de
la Virgen que se mostraron a los niños en la
última aparición durante el milagro del sol. En la Casa
do Carmo (la más lejana a la Capelinha de las
dos casas) se encuentra el Rectorado del Santuario: ahí se
puede dirigir el peregrino que quiera información, encargar Misas o
cualquier otra gestión. El peregrino también puede comprar velas y
dejarlas encendidas: encontrará los lugares reservados para ello junto a
la Casa dos Dores.
Otro punto de interés es la estatua
del Sagrado Corazón, en el centro de la explanada.
En una
de las salidas de la explanada, por el lado de
la Casa do Carmo, se puede contemplar un segmento del
Muro de Berlín. Al caer el Telón de Acero en
1989, indudablemente fruto de tanta oración ante la Virgen de
Fátima, fue destruido el Muro de la Vergüenza que cerraba
la ciudad de Berlín Occidental. Uno de los segmentos del
Muro fue traído a Fátima y colocado en este lugar
como testimonio de agradecimiento a la Virgen. Se encuentra protegido
por un cristal de seguridad; el segmento del Muro se
conserva tal como estaba cuando fue desmantelado, incluso con las
pintadas que tenía.
El visitante que va a Fátima puede pasear
por la explanada, dejarse atraer por la piedad y el
recogimiento de los demás peregrinos. En cada rincón encontrará un
detalle que le ayudará a elevar su alma a la
Virgen en súplica y en agradecimiento.
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