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Autor: www.enjoyperu.com Gastronomía en Lima, Perú
El viajero que llegue a Lima iniciará irremediablemente un romance con la cocina peruana
Gastronomía en Lima, Perú
Cuando el conquistador español pisó las tierras del antiguo Perú
en las primeras décadas del ya lejano siglo XVI, no
halló mejor forma de saciar su hambre que probando el
maíz, la papa, el maní, la palta, la yuca, el
camote, el pescado seco y salado, la exquisita carne de
alpaca y el soberbio ají.
A todo ello, como para
no perder su identidad, le agregó algunos elementos de su
propia despensa: unos primorosos dientes de ajo, el ácido jugo
de los limones, y un chorro de aceite de oliva.
En ese preciso instante, empezó a gestarse una de las
mejores cocinas del mundo: la peruana.
El ámbito gastronómico fue
entonces donde se entendió mejor el antiguo habitante del Perú
y el conquistador español. Un entendimiento que se cimentó sobre
la base, como dicen algunos estudiosos, porque es la parte
más permeable de toda cultura, y porque es la más
cercana al placer, a la necesidad y al hambre.
En
esos avatares, los españoles dieron cuenta de rebaños enteros de
alpacas, y sustituyeron alegremente el pan de trigo por el
pan de maíz. Y apenas se establecieron en las ciudades
que fundaban mientras dominaban el imperio, tuvieron la sapiencia de
hacerse traer de la península ibérica el arroz, el trigo,
las aceitunas, el azúcar y la caña de la cual
la extraían, además de rebaños enteros de chanchos, ovejas y
vacas.
Todos estos ingredientes se mezclaron en la mesa del
conquistador. Asumieron nuevas formas. Desplegaron nuevos aromas. Crearon nuevos sabores.
Y así como el español se acostumbró a comer la
papa y el maíz, el antiguo habitante peruano aprendió a
comer el trigo, la carne de chancho y de vaca,
y naturalmente adquirieron el uso de los condimentos.
A este
interesante mestizaje culinario hay que sumar dos elementos adicionales: la
mano morisca de las cocineras árabes que trajeron los conquistadores
españoles, y la mano de los esclavos negros, que llegaron
en gran número en los dos siglos posteriores.
Así pues,
de aquel milenario proceso surgió el soberbio cebiche peruano, la
arcaica carapulcra criolla, los anticuchos de corazón de buey, el
tamal serrano envuelto en hojas de achira o el picoso
ají de gallina.
El viajero que llegue a Lima iniciará
irremediablemente un romance con la cocina peruana. La carta limeña
ofrece una gran variedad de platos, originarios de diversas partes
del planeta; además de selectos potajes de la comida peruana,
una de las más exquisitas del mundo.
Quien llega a Lima,
no puede dejar de saborear la comida criolla, sobre todo,
la diversidad de platillos a base de pescados y mariscos,
que se combinan magistralmente, creando sabores y aromas difícilmente imaginables.
El cebiche, pescado cocido por el jugo del limón y
sazonado con ají, es el potaje emblemático de la carta
marina. Son célebres también, la jalea y el tiradito de
pescado y el cocktail de camarones, entre muchas exquisiteces.
Otras
joyas de la comida criolla son: lomo saltado, carapulcra, arroz
con pato, cau cau, anticuchos, además de los dulces como
el arroz con leche, la mazamorra morada, los suspiros limeños,
los picarones, y el turrón de Doña Pepa; exquisitos postres
que llegan a satisfacer los gustos más exigentes.
En Lima, usted
podrá encontrar excelentes restaurantes de comida china, o chifas como
se les denomina en el Perú. La cocina china, que
llegó a la Ciudad de los Reyes con los primeros
asiáticos que vinieron a trabajar en las haciendas cercanas a
la capital en el siglo pasado, se ha fusionado en
muchos casos con la sazón peruana, creando platos únicos, como
el arroz chaufa.
También se puede disfrutar de comida francesa, italiana,
japonesa, árabe, argentina y gran cantidad de platillos internacionales, en
excelentes restaurantes de 3 a 5 tenedores.
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