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Autor: P. Carlos Buela, V.E. | Fuente: www.iveargentina.org Peregrinación a San Patricio
Los cambios religiosos llevados a cabo por el rey Eduardo VI y la reina María I tuvieron escaso eco en Irlanda
La isla forma parte del archipiélago de las Islas Británicas,
es la segunda más grande con una superficie de 84.500
km2. Está, políticamente, dividida en dos: Irlanda del Norte (que
ocupa algunos condados de la provincia de Ulster), perteneciente al
Reino Unido, y la República de Irlanda (antigua Eire), que
ocupa las provincias de Connaught, Leinster, Munster y tres condados
de la provincia de Ulster.
La población total es de más
de 5.100.000 habitantes, según censo de 1991. Hay que señalar
que más de 3.000.000 de irlandeses se encuentran en los
EE.UU. y en Argentina siempre ha sido una comunidad muy
pujante y muy querida, con decir que, según los historiadores,
fue un irlandés, el P. Jorge Gray, quien introdujo el
futbol en Argentina. Está enterrado a los pies de San
Patricio, en la capilla dedicada al Santo, en el deambulatorio
de la Basílica de Nuestra Señora de Luján.
Historia
(tomada de los paganos de Encarta 2001)
Irlanda en la
antigüedad
De acuerdo con las leyendas locales, Irlanda estuvo habitada
por varias tribus. Se cree que finalmente estas tribus fueron
dominadas por los milesios (legendaria raza de pueblos procedentes de
la península Ibérica que invadió Irlanda y derrocó al Tuatha
De Danann), considerados el remoto ancestro del actual pueblo irlandés.
Aunque Irlanda aparece con el nombre de Ierne en un
poema griego del siglo V a.C. y con los nombres
de Hibernia y Juverna en varias obras clásicas, se conoce
muy poco sobre sus habitantes antes del siglo IV d.C.,
ya que Irlanda nunca formó parte del Imperio romano. En
esa época, las tribus irlandesas de los escotos, asolaron Gran
Bretaña, entonces provincia romana. Estas expediciones continuaron hasta la época
del Loigare, o del reinado del rey MacNeill (428- 463),
durante el que san Patricio trató de convertir al cristianismo
a los nativos. Hasta un siglo después de la muerte
del santo, acontecida en torno al año 461, la nueva
fe no quedó completamente asentada en la isla.
Desde los primeros tiempos,
cada provincia de Irlanda tuvo su propio rey; según la
leyenda, estos reyes dependían del ardri o monarca, a quien
se le asignaba el distrito central, Meath. El ardri residía
habitualmente en Tara, una colina en el actual condado de
Meath. Cada clan era gobernado por un jefe elegido entre
los miembros de la familia más importante.
En el siglo VI se
fundaron numerosos monasterios en Irlanda. Muchos misioneros, como san Columba,
san Columbano y san Brenda hicieron posible que estos monasterios
proliferaran en los siglos posteriores. Los estudiantes distinguidos de Gran
Bretaña y el resto del continente europeo acudían a Irlanda
para mejorar su educación en estos centros. Los ermitaños irlandeses,
en busca de soledad, también fueron los primeros visitantes de
las islas Feroe, Islandia y Groenlandia. Los vikingos colonizaron la
costa oriental de Irlanda y penetraron en el interior de
la isla hasta que fueron derrotados en el año 1014,
en la batalla de Clontarf (cerca de Dublín), por el
monarca irlandés Brian Boru.
El periodo anglonormando
El primer paso
en la conquista anglonormanda de Irlanda fue dado por el
rey Enrique II de Inglaterra. Se cree que éste obtuvo
una bula (documento oficial) del papa Adriano IV en 1155
por la que se le autorizaba a tomar posesión de
la isla.
Tras la batalla de Bannockburn, que tuvo lugar en 1314,
Eduardo Bruce, el hermano menor de Roberto I Bruce, rey
de Escocia, invadió Irlanda e intentó sin éxito derrotar a
los ingleses. El Papa, instigado por Inglaterra, excomulgó a Bruce
y a sus aliados irlandeses. Aunque la empresa de Bruce
no dio el fruto esperado, el resultado general de su
invasión fue el debilitamiento del poder inglés en Irlanda.
Los descendientes de
los colonos anglonormandos más poderosos de Irlanda se identificaban cada
vez más con los nativos irlandeses, y poco a poco
fueron adoptando su lengua, costumbres y leyes. El poder e
influencia de los pobladores autóctonos se incrementó tanto durante la
época de la guerra de las Dos Rosas que la
autoridad de la Corona británica quedó limitada al dominio de
Pale, una pequeña región costera cercana a Dublín, y al
puerto de Drogheda; y sometida a la autoridad de los
ingleses.
Irlanda bajo los Tudor y los Estuardo
La participación de la nobleza
anglonormanda de la región costera de Pale en la guerra
de las Dos Rosas deterioró enormemente el poder inglés en
Irlanda. En 1494, Enrique VII nombró virrey de Irlanda al
militar y diplomático inglés sir Edward Poynings que representó los
intereses puramente ingleses, distintos de los anglonormandos.
La disolución de los monasterios
comenzó en 1537, cuando Enrique VIII trató de introducir la
Reforma en Irlanda. En el Parlamento celebrado en 1541, al
que asistieron por primera vez jefes nativos irlandeses y los
lores del Pale, se cambió el título de lord de
Irlanda, concedido por el papa a Enrique VIII, por el
de rey de Irlanda.
Los cambios religiosos llevados a cabo por el
rey Eduardo VI y la reina María I tuvieron escaso
eco en Irlanda. Aunque María era católica, fue la primera
en comenzar la colonización de Irlanda con familias traídas de
Inglaterra. A las guerras de religión desencadenadas durante el reinado
de Isabel I le siguieron rebeliones de los católicos irlandeses.
James Fitzgerald, decimosexto conde de Desmond, fue derrotado tras una
larga lucha. El militar irlandés Hugh O’Neill, tercer barón de
Dungannon y segundo conde de Tyrone, aniquiló en Blackwater a
las tropas inglesas dirigidas por Robert Devereux, segundo conde de
Essex, a quien Isabel había mandado contra O’Neill. Sin embargo,
O’Neill fue sometido en torno a 1603 por los ingleses.
Bajo el
reinado de Isabel I y Jacobo I, el poder de
la Iglesia anglicana se extendió hasta Irlanda. Los gobernantes ingleses
utilizaron el anglicanismo como instrumento de control político en Irlanda.
Los últimos
vestigios de la independencia del Parlamento irlandés desaparecieron con la
creación en Irlanda del Norte de cuarenta nuevos municipios formados
por pequeñas aldeas. Esta maniobra política aseguró a la Corona
inglesa una mayoría permanente.
La política de asentamientos de Cromwell
En 1649 viajó a Dublín el militar y político republicano
inglés Oliver Cromwell con el fin de poner en marcha,
tras la ejecución del rey Carlos I el 30 de
enero de ese año, su plan de sometimiento de Irlanda
y Escocia. Los católicos y los terratenientes monárquicos fueron desterrados
a Connaught. Parte de las tierras confiscadas en esta época
fueron devueltas más tarde por el rey Carlos II, pero
al menos dos tercios de las tierras irlandesas siguieron perteneciendo
a los protestantes.
Guerra jacobita y ascendiente protestante
Sin embargo,
el rey Jacobo II cambió completamente la línea política seguida
por su antecesor en el trono. Sin embargo, Guillermo III
llegó a Irlanda y en julio de 1690, en la
batalla de Boyne, derrotó a los irlandeses. Pero, posteriormente, y
con una brillante táctica, el patriota irlandés Patrick Sarsfield destruyó
la artillería pesada de Guillermo, quien se vio obligado a
retirarse.
Por
el Tratado de Limerick (1691) se permitió una cierta libertad
religiosa para los católicos, así como la devolución de las
tierras que habían pertenecido a éstos bajo el reinado de
Carlos II.
Los ingleses destruyeron deliberadamente el comercio y las industrias en
manos de los irlandeses. Las leyes promulgadas en 1665 y
1680 prohibieron la aceptación de los productos que Irlanda exportaba
a Inglaterra. Estos productos consistían principalmente en ganado vacuno, leche,
mantequilla y queso. Muchos irlandeses se vieron obligados a emigrar:
los católicos preferentemente a España y Francia, y los protestantes
a Estados Unidos.
Influencias revolucionarias
La guerra de la Independencia
de Estados Unidos despertó simpatías en el Ulster, especialmente entre
los presbiterianos. Entretanto, los irlandeses protestantes habían formado asociaciones militares
de voluntarios, con un total de 80.000 miembros. Respaldados por
este contingente, demandaron la plena autonomía legislativa para Irlanda y,
gracias a la moción presentada por Charles James Fox, el
Parlamento británico revocó la Ley Poynings y la mayor parte
de la legislación anticatólica.
Algo similar sucedió con lo acontecido en Francia
años después: los principios de la Revolución Francesa encontraron su
máxima expresión en la Sociedad de Irlandeses Unidos, que organizó
la rebelión de 1798. El primer ministro británico William Pitt
el Joven llevó adelante su proyecto de unión legislativa de
Gran Bretaña e Irlanda. Indujo al Parlamento irlandés a aceptar
la Union Act de 1800, y el 1 de enero
de 1801 la adhesión entre ambos territorios quedó proclamada de
manera formal.
Irlanda tras la unión a Gran Bretaña: del
Home Rule a la partición
La historia de Irlanda tras
la unión se ha caracterizado principalmente por la lucha librada,
sobre todo por los sectores católicos, con el fin de
lograr la libertad civil y religiosa, así como la plena
independencia respecto de Gran Bretaña. En 1823 se fundó la
Asociación Católica, que reivindicó, y finalmente obtuvo, la completa emancipación
católica en Irlanda.
Desde 1845 a 1847, Irlanda sufrió una hambruna resultado
de las malas cosechas de patata obtenidas en esos dos
años. De nuevo, un gran número de irlandeses tuvo que
emigrar del país, especialmente a Estados Unidos. Según las estimaciones,
a finales de 1848 la población de Irlanda había mermado
en más de dos millones de habitantes debido al movimiento
migratorio y al hambre que azotó el país.
En Inglaterra, el primer
ministro William Ewart Gladstone trató de resolver la denominada “cuestión
irlandesa” a través de la presentación de un Home Rule
(conjunto de normas similar a un estatuto de autonomía) rechazado
por la Cámara de los Comunes en 1886. En 1893
Gladstone presentó de nuevo un segundo borrador, aprobado en la
Cámara de los Comunes pero rechazado en la Cámara de
los Lores, con mayoría unionista.
En 1902, Arthur Griffith, político y periodista
de ideología republicana, fundó el Sinn Féin, que se convirtió
en partido político en 1905. En un principio, esta organización
estaba dedicada a promover la prosperidad económica irlandesa y a
lograr la completa independencia de Irlanda. Después, el Sinn Féin
se convirtió en un importante partido político de la isla
y en la fuerza política más destacada en la consecución
de la independencia total.[1]
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