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Autor: Juan Armando Sotelo Basílica Vaticana: altares en honor de san Pedro
Esta serie iconográfica y litúrgica hace más actual y sensible la memoria del Apóstol a todos los fieles que peregrinan a su tumba. Se puede recorrer la Basílica en clave petrina, siguiendo los pasos de este camino espiritual a través de la vida del Prín
Basílica Vaticana: altares en honor de san Pedro
Quien visita la Basílica de San Pedro no ha de
sorprenderse de los numerosos altares a él dedicados. Esta serie
iconográfica y litúrgica hace más actual y sensible la memoria
del Apóstol a los fieles que peregrinan a su tumba.
Por ello, vale la pena recorrer la Basílica en clave
petrina, siguiendo los pasos de este camino espiritual a través
de la vida del Príncipe de los Apóstoles:
1.
Altar de la confesión:
Es el
altar principal de la Basílica, llamado así porque invita a
los fieles a confesar, o profesar la propia fe en
Cristo, verdadero Dios y hombre. Él, con su palabra ha
constituido a Pedro y a los sucesores de este, en
la autoridad visible de la Iglesia. El altar está colocado
sobre la vertical de la tumba de San Pedro y
cubierto por el monumental baldaquino de Bernini y la cúpula
de la Basílica. El actual altar fue erigido por el
Papa Clemente VIII y consagrado en 1594. Debajo de él
y sobre la tumba de san Pedro se encuentra la
urna que conserva los palios que el Papa entrega a
los arzobispos en señal de unidad con la sede de
Pedro. El mosaico del Cristo Pantocrator data del siglo IX.
2.
Altar de la
Cátedra de San Pedro:
Este altar se encuentra en el ábside
de la Basílica, realizado con mármoles blanco y negro de
Francia y diásporo de Sicilia. La cátedra en bronce de
Bernini, expresa artísticamente el concepto teológico del primado del obispo
de Roma y funge de relicario para la antigua cátedra
de madera de encina del s. IX. La grande silla significa
la autoridad del que enseña y gobierna en la sede
de Pedro, en nombre de Cristo, a toda la Iglesia.
Tanto la Iglesia de oriente como la de occidente rinden
homenaje a la cátedra romana. Cuatro doctores de la Iglesia
(san Ambrosio y san Agustín, san Atanasio y san Juan
Crisóstomo) circundan la cátedra en actitud de respeto y atenta
escucha. Los trabajos del conjunto se realizaron de 1658 a
1666, bajo el pontificado de Alejandro VII.
3.
Altar de la Crucifixión de
San Pedro:
El mosaico de 1822 se inspira en una pintura
de Guido Reni (1575-1642), realizada para la iglesia de San
Pablo en Tres Fuentes, y que ahora se conserva en
la Pinacoteca vaticana. Se presenta al Apóstol Pedro crucificado con
la cabeza hacia abajo, según los testimonios históricos. San Pedro,
considerándose indigno de morir como su Maestro, quiso que se
le crucificase en esa posición.
4.
Altar de Tabita:
El mosaico
muestra el episodio narrado en los Hechos de los Apóstoles
(Hech 9, 36-43) sucedido en la ciudad de Joppe: la
resurrección de Tabita, una discípula sumamente caritativa, cuya muerte causó
gran consternación en el pueblo. Las columnas situadas a los
flancos del altar son de granito negro oriental.
5.
Altar de la Navecilla:
Así se
le llama porque representa la escena de la tempestad en
el lago de Galilea: Jesús se aparece de improviso a
los asustados discípulos, Pedro camina sobre las aguas y el
temor le hunde, mientras Jesús le tiende la mano para
socorrerle. El mosaico data de 1727, copia del fresco de
Giovanni Lanfranco (1582-1647). Las columnas de granito rojo de la
antigua basílica, muy deterioradas, fueron sustituidas por otras de mármol
brocatelo de Siena en tiempos de Pio VII (1800-1823).
6.
Altar de San Pedro
y San Andrés:
También es conocido como el altar “de la
Mentira”, pues representa el pasaje en que Ananías y Safira
intentan engañar a los Apóstoles: habían vendido un terreno y
les llevaban las ganancias, indicando un precio de venta más
bajo y guardándose una parte para sí. Mientras la salma
de Ananías es conducida a la sepultura, su mujer cae
muerta a los pies de San Pedro. El mosaico es
de 1768, obra de Pietro Adami, copia del cuadro realizado
para el mismo altar en 1607 por Cristoforo Roncalli.
7.
Altar del cojo curado:
El
mosaico realizado en 1760 narra la curación de un tullido
obrada por Pedro junto a la puerta “Hermosa” del Templo:
“No tengo oro ni plata, pero te doy lo que
tengo: en nombre de Jesús de Nazareth, levántate y camina”.
Reproduce un cuadro de Francisco Mancini (1694-1758). Las columnas son
de granito oriental.
8.
Altar de la Cripta, en las grutas:
Fue mandado construir por
san Gregorio Magno en la cripta por él edificada junto
a la “Memoria constantiniana”, al lado oeste. En los trabajos
de las excavaciones del siglo pasado, el altar original fue
recubierto por un nuevo altar en piedras nobles: pórfido, lapislázuli
y malaquitas. Fue consagrado por Pio XII en 1951 y
dedicado “a la Memoria de san Pedro”.
9.
Altar de la tumba de
San Pedro:
Fue colocado en las Grutas vaticanas frente al nicho
de los palios, hacia el este de la “Confesión de
san Pedro”. Data de 1979, cuando fue abierto un pasaje
entre la confesión y las grutas donde están las tumbas
de los Papas. Es un altar de mármol que soporta
un antiguo capitel de estilo corintio, sobre el que reposa
la mesa del altar. Se levanta al mismo nivel del
pavimento de la antigua basílica constantiniana. Esta reforma de las
grutas ha consentido a los fieles poder rezar delante de
la tumba de san Pedro.
10.
Altar de
la caída de Simón el mago:
Aquí se encontraba una
pintura de Francisco Vanni (1563-1619) que representaba el pasaje de
los hechos de los Apóstoles que narra cómo un mago
quiso comprar a los Apóstoles el poder de transmitir el
Espíritu Santo. Desde 1921 preside el altar un mosaico, obra
de Muccioli, que representa la aparición del Sagrado Corazón a
Santa Margarita María Alacoque. Ciertamente, esta imagen nos lleva directamente
a pensar en el amor de Cristo por su Iglesia
y por el mundo. Del costado del Señor brotó el
bautismo, de su Corazón brotó la Iglesia, su presencia amorosa
permanece en los corazones de sus fieles por la gracia
y sostiene a Su Vicario, el Papa, hasta el fin
del mundo.
Fuentes:
La Basilica di San Pietro, notiziario mensile.
Un buen
modo de terminar la visita a la Basílica es colocarse
frente a la tumba se San Pedro y renovar ahí
la propia fe católica recitando el Credo y un “gloria
al Padre…”, encomendando al Santo Padre y rezando por sus
intenciones.
Se sugiere, además rezar en esta ocasión o
en otro momento oportuno la siguiente Oración por el Papa:
«Oh
Jesús, Rey y Señor de la Iglesia, renuevo en tu presencia
mi adhesión incondicional a tu Vicario en la tierra, el
Papa En él tú has querido mostrarnos el camino seguro y
cierto que debemos seguir en medio de la desorientación, la inquietud
y el desasosiego. Creo firmemente que por medio de él tú
nos gobiernas, enseñas y santificas, y bajo su cayado formamos la
verdadera Iglesia: una, santa, católica y apostólica. Concédeme la gracia de
amar, vivir y propagar como hijo fiel sus enseñanzas. Cuida su
vida, ilumina su inteligencia, fortalece su espíritu, defiéndelo de las calumnias
y de la maldad. Aplaca los vientos erosivos de la infidelidad
y la desobediencia, y concédenos que, en torno a él, tu Iglesia
se conserve unida, firme en el creer y en el
obrar, y sea así el instrumento de tu redención. Así sea».
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