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Autor: Juan Vicente Boo (ABC 12-12-2006) | Fuente: Revista Ecclesia El humilde sarcófago de San Pablo
La grandiosa basílica de San Pablo Extramuros custodia bajo el altar un sarcófago mucho más modesto que los encontrados a su alrededor
El humilde sarcófago de San Pablo
Lo que más impresiona del sarcófago de San Pablo, que
el Vaticano sacó ayer parcialmente a la luz, es el
tosco acabado del mármol, prueba del enorme respeto del emperador
Constantino, que levantó la primera basílica el año 320, y
del emperador Teodosio, que construyó la del 390, pues ninguno
se atrevió a sustituirlo por una pieza mejor.
La grandiosa
basílica de San Pablo Extramuros, que fue durante un milenio
la más grande de Roma, custodia bajo el altar un
sarcófago mucho más modesto que los encontrados a su alrededor,
algunos de los cuales pueden admirarse en los Museos Vaticanos.
El
cardenal Andrea Cordero Lanza de Montezemolo, arcipreste de la basílica,
y el arqueólogo Giorgio Filippi, director de las excavaciones, anunciaron
ayer el hallazgo del sarcófago de San Pablo, sepultado a
lo largo de los siglos por sucesivas elevaciones del pavimento
del templo, y protegido por una voluminosa colada de hormigón
que todavía envuelve la mayor parte de la reliquia.
Sin dudas
«No
hay ninguna duda de que el sarcófago encontrado bajo el
suelo de la Basílica de San Pablo es el del
Apóstol», afirmó el cardenal Montezemolo al mostrar las primeras fotografías
de uno de sus lados, visible a través de un
túnel practicado en el bloque de hormigón situado bajo el
altar mayor. El sarcófago mide 2,55 metros de largo por
1,25 de ancho y 0,97 de altura, y esta cubierto
por una tapa de 30 centímetros de espesor.
Según el arqueólogo
Filippi, «la imponente documentación histórico- arqueológica demuestra que es el
mismo sarcófago sobre el que se construyó en el 390
la grandiosa basílica de Teodosio. Eso no excluye, por supuesto,
que sea anterior. Sencillamente, lo tenemos documentado desde esa fecha».
La
basílica de Teodosio, del año 390, es nueve veces más
grande que la construida por Constantino en el 320, limitada
por la cercanía de la tumba a la Vía Ostiense,
a la que se abría la puerta principal del templo,
orientada al Este. Para poder hacer una basílica mayor todavía
que la edificada por Constantino en el Vaticano sobre la
tumba de Pedro, los arquitectos de los emperadores Valentiniano, Teodosio
y Arcadio «hicieron girar el templo 180 grados sobre una
bisagra que es precisamente la tumba del Apóstol», lo cual
permitió construir una basílica de cinco naves y 131 metros
de longitud, con las puertas hacia el Oeste.
Filippi añadió que
«excavando delante del altar descubrimos el ábside de la basílica
de Constantino, que hemos recubierto con un panel de vidrio
transparente para que puedan verlo peregrinos y estudiosos». El sarcófago
del Apostol decapitado en Roma el año 67 se apoya
«sobre otro bloque de hormigón del nivel de Teodosio, superior
al de Constantino, bajo el que pueden estar los restos
del «trofeo» (monumento) que el presbítero Gayo mencionó a finales
del siglo II».
El sarcófago, depositado a nivel del suelo en
la basílica de Teodosio, quedó semienterrado cuando el Papa León
Magno (440-461) elevó 60 centímetros el pavimento de la basílica.
Posteriormente, Gregorio Magno (590-604) lo subió hasta un metro y
80 centímetros, dejando ya completamente enterrado el sarcófago, visible sólo
desde una cripta que fue taponada en 1585 por Sixto
V en su gran renovación de la basílica. Cuando el
incendio de 1823 la destruyó casi por completo, el sarcófago
no sufrió daño alguno pues llevaba varios siglos sepultado. La
nueva reconstrucción, en 1840, volvió a dejarlo enterrado e invisible.
Hasta ayer.
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