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Autor: Giorgio Filippi | Fuente: Vatican.va Nota sobre el sarcófago de san Pablo del arqueólogo Giorgio Filippi
El hecho de que la Basílica de San Pablo surgiera sobre la tumba del apóstol es un dato indiscutible en la tradición histórica
Nota sobre el sarcófago de san Pablo del arqueólogo Giorgio Filippi
La basílica surge en el sepulcro del apóstol, en la
Vía Ostiense, donde a finales del siglo II el presbítero
romano Gayo, indicaba la existencia del «tropaion», erigido para testimoniar
el martirio de Pablo. En el lugar se sucedieron, a
lo largo del siglo IV, dos edificios, el «constantiniano» y
el de «los Tres Emperadores», ligados a la peregrinación devocional
a la tumba del apóstol y utilizados como cementerios y
con objetivos litúrgicos.
La única documentación que hace referencia a
la situación arqueológica del monumento se encuentra en unos pocos
dibujos y bocetos con medidas, cuya interpretación en ocasiones es
enigmática, realizados por los arquitectos Virginio Vespignani (1808-1882) y Paolo
Belloni (1815-1889), tras el incendio de 1823, durante las excavaciones
realizadas con motivo de la nueva Confesión (1838) y de
la colocación de los cimientos del baldaquino de Pío IX
(1850).
Los vestigios arqueológicos que se encontraron entonces dejaron de
ser visibles después, pues en parte fueron destruidos y en
parte precintados por la actual Confesión.
El hecho de que
la Basílica de San Pablo surgiera sobre la tumba del
apóstol es un dato indiscutible en la tradición histórica, mientras
que la identificación del sepulcro originario es una cuestión que
ha quedado abierta. La Crónica del Monasterio habla de un
gran sarcófago de mármol, encontrado durante las obras de reconstrucción
de la basílica, después del incendio de 1823, en el
área de la Confesión, bajo las dos lápidas en las
que está escrito «PAVLO APOSTOLO MART[YRI]», del que sin embargo
no queda huella en la documentación de excavaciones, a diferencia
de los otros sarcófagos descubiertos en aquella ocasión, entre los
que se encuentra el famoso «dogmático», que hoy es conservado
en los Museos Vaticanos.
Las investigaciones arqueológicas en la zona,
considerada tradicionalmente como el lugar de sepultura del apóstol, comenzadas
en el año 2002 y acabadas el 22 de septiembre
de 2006, han sacado a la luz diferentes estratos, formados
por el ábside de la basílica constantiniana, englobada en el
transepto del edificio de los Tres Emperadores: en el suelo
de este último, bajo el altar papal, ha aparecido ese
gran sarcófago del que se habían perdido las huellas y
que se consideraba desde la época teodosiana como la Tumba
de San Pablo.
Estas investigaciones tenían por objetivo verificar la
consistencia y el estado de conservación de los vestigios de
la basílica constantiniana y teodosiona, sobrevividos a la reconstrucción que
tuvo lugar después del incendio y de valorizarla por razones
de devoción.
Del 2 de mayo al 17 de noviembre
de este año, se acabó, en la zona de la
Confesión, el proyecto para abrir acceso a la Tumba de
San Pablo. Después de haber desmontado el Altar de San
Timoteo, se excavó en la zona inferior para volver a
sacar a la luz, en toda su superficie de unos
5 metros cuadrados, el ábside de la basílica constaniniana. Para
llegar hasta los vestigios del siglo IV se excavó dentro
de los muros de la moderna base para los cimientos
que se adapta perfectamente a las estructuras antiguas, tanto en
su base como en su altura, hasta llegar hasta el
punto de diferencia entre la parte antigua y la nueva,
que se puede constatar por el color diferente de la
argamasa, rosada la del siglo XIX y gris la del
siglo IV.
Dado que la altura del transepto de los
Tres Emperadores, sobre el que se encuentra el sarcófago de
San Pablo, es más ata con respecto al nivel de
la actual Confesión, es evidente que el nivel ha sido
demolido con motivo de las obras del siglo XIX. La
plataforma se conserva, en forma de peldaño, detrás del altar
de Timoteo, incorporado en el muro moderno que delimita el
lado este de la Confesión.
Durante las obras del siglo
XIX, dado que parece que la cumbre del ábside tenía
algunas partes inestables, fueron removidas, produciendo el efecto de un
peldaño en el «emplecton», de unos diez centímetros de altura,
correspondiente a dos hileras de ladrillos, que comienza en el
borde interior del ábside, siguiendo su línea curva. En el
frente del peldaño se ven las huellas dejadas en el
cemento por los ladrillos removidos.
Para alcanzar la altura del
suelo constantiniano se removió la mitad sur de la zona
del ábside. En la excavación no se encontraron otros vestigios
arqueológicos, con la excepción de restos de albañilería.
Para aumentar
la visibilidad del sarcófago de San Pablo se amplió en
unos 0,70 centímetros el hueco que atraviesa el muro del
siglo XIX durante las obras de los años 2002-2003.
Ha
sido posible tomar las medidas del sarcófago: caja de una
longitud de 2,55 metros, de una anchura de 1,25 metros
y de una altura de 0,97 metros. La cobertura es
de 0,30 metros de altura.
La parte del ábside descubierta
constituye el único testimonio visible de la Basílica atribuida comúnmente
a Constantino.
Sigue abierto el problema topográfico de la relación
entre la basílica y el suelo descubierto en 1850, en
el oeste del ábside de Constantino. Belloni consideró que se
trataba de la antigua Vía Ostiense, que habría sido desviada
a su colocación actual por orden de los Tres Emperadores,
pero no midió el nivel del empedrado. En este sentido,
resulta de particular interés el descubrimiento, dentro del ábside constantiniano,
de algunos grandes bloques de basalto, reutilizados como material de
construcción en los cimientos de la basílica de los Tres
Emperadores.
Por lo que se refiere a la planta de
la basílica constantiniana, dado que sólo contamos con las nuevas
medidas realizadas en el ábside, es prematuro hacer nuevas hipótesis,
confirmando las modestas dimensiones del edificio.
El nivel del estrato
de barro, descubierto sobre el nivel del ábside constantiniano, concuerda
con al transepto de los Tres Emperadores (390 d.C.), sobre
el que se apoya el gran sarcófago que indicaba la
Tumba del Apóstol en la época de la construcción de
la nueva y grande basílica, y estaba delimitado por un
podio presbiteral monumental, como parece que deja suponer la gran
plataforma de sus cimientos, de un espesor de 1,66 m.,
que se apoya directamente sobre el suelo del ábside constantiniano.
No se puede excluir que en el interior de estos
cimientos puedan encontrarse restos del «tropaion» erigido sobre la tumba
del apóstol Pablo.
Se puede considerar que entre 1838 y
1840, en la zona de la Confesión, se removió o
demolió todo lo que se encontraba sobre el suelo de
los Tres Emperadores. Para echar los cimientos del nuevo presbiterio
y del altar papal, se trasladó incluso el sarcófago de
san Pablo. Por ahora en el área estudiada, entre el
nivel del suelo del año 390 y el de los
cimientos de 1840, no se han encontrado vestigios de otras
épocas.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit]
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