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Autor: www.fluvium.org El descenso del Espíritu Santo y la vida de los primeros cristianos
La vida de la primera comunidad cristiana y los primeros efectos de la Gracia de Dios en la Iglesia primitiva
El descenso del Espíritu Santo y la vida de los primeros cristianos
La promesa del Paráclito y la elección de Matías
La
historia de la Iglesia cristiana comienza con el descenso del
Espíritu Santo sobre los Apóstoles. Antes de su Ascensión al
cielo, nuestro Señor Jesucristo mandó a sus apóstoles que no
se apartasen de Jerusalén hasta ser revestidos de poder supremo
desde lo alto. Esperando el cumplimiento de esta promesa del
Señor, ellos después de rezar eligieron a Matías como el
duodécimo Apóstol en lugar del traidor Judas; eligiendo al suplente
de Judas, los Apóstoles condicionaron que el mismo debía ser
testigo de la obra y Resurrección de Cristo.
En el quincuagésimo
día después de la Pascua, en la festividad judía de
Pentecostés, que coincidió con un domingo, los apóstoles se reunieron
para rezar. Asimismo se encontraba presente junto a ellos la
Madre de Dios y algunos otros cristianos, en total 120
personas
El Espíritu Santo y su efecto en los
fieles Como a las 9 de la mañana de repente
se oyó un ruido parecido al de un viento fuerte,
y este sonido llenó la casa del monte Sión donde
se hallaban los Apóstoles (el cenáculo de Sión donde tuvo
lugar la Última Cena) y sobre cada uno de ellos
descansó una dividida lengua de fuego. Las señales externas eran
necesarias para los hombres de aquella época, todavía insuficientemente espirituales,
para llevarlos a la fe.
Los Apóstoles sintieron una gran
animación, esclarecimiento y sed de predicación de la salvadora Palabra
de Dios, o sea, la Santa doctrina de nuestro Señor
Jesucristo. Repentinamente obtuvieron la capacidad de expresarse en varios idiomas.
Inmediatamente comenzó la evangelización
Para las fiestas de Pascua y
Pentecostés, en Jerusalén se reunían los hebreos procedentes de diversos
países. Viviendo durante tiempo prolongado fuera de Palestina, olvidaron la
lengua hebrea, de suerte que sólo hablaban los idiomas de
los países donde moraban permanentemente. Por tanto fueron llamados "helenistas,"
mientras que los gentiles que fueron convertidos a la fe
judía se denominaban "prosélitos." Para la fiesta de Pascua se
juntaron en Jerusalén entre uno y dos millones de ellos.
Muchos
de ellos sintieron el ruido y se reunieron alrededor de
la casa donde se encontraban los Apóstoles. Éstos salieron y
comenzaron su predicación dirigiéndose a cada uno en el idioma
de su país. Algunos quedaron asombrados, mientras que otros se
burlaban, diciendo: "Están embriagados del vino dulce."
Entonces, el Apóstol Pedro,
a quien acompañaban los otros once Apóstoles, pronunció palabras potentes,
diciendo que ellos no estaban embriagados ya que no es
más que la hora de la mañana, sino que Dios
hizo cumplir la profecía del santo Profeta Joel referente al
descenso del Espíritu Santo. También el Apóstol Pedro dijo acerca
del Salvador, "a Quien vosotros habéis matado, pero Dios Lo
ha resucitado, y Él, después de su gloriosa Ascensión, ha
enviado al Espíritu Santo."
Los primeros efectos de la Gracia
de Dios en la Iglesia primitiva
El sermón del Apóstol
Pedro estuvo impregnado con la fuerza espiritual y con el
amor para con los extraviados judíos. Estos se enternecieron y
preguntaban: "¿Qué tenemos que hacer?" El Apóstol contestó: "Arrepentís y
recibid el bautismo para la absolución de los pecados, luego
obtendréis el don del Espíritu Santo." En aquel día fueron
bautizados 3.000 hombres.
Después de Pentecostés los Apóstoles Pedro y Juan
iban hacia el templo para orar. En la entrada del
templo se encontraba sentado un mendigo, cojo desde su nacimiento,
que no podía caminar y suplicaba por una limosna. El
Apóstol Pedro le dijo: "No tengo ni plata ni oro,
pero lo que tengo te doy: en nombre de Jesús
Nazareno Cristo, levántate y anda." Éste saltó y se alejó
alabando a Dios.
Este milagro impresionó mucho al pueblo. Después de
las palabras pronunciadas por el Apóstol Pedro se bautizaron 2.000
hombres. De esta manera, el número de los cristianos dentro
de un corto lapso ascendió hasta 5.000 personas.
La vida
de la primera comunidad cristiana
Los primitivos cristianos se reunían
diariamente en el templo y escuchaban los sermones de los
Apóstoles, y en los días del Señor (domingos) se juntaban
en casas particulares para oficiar la Santa Eucaristía (Liturgia) y
con el fin de comulgar de los Santos Cuerpo y
Sangre de Cristo.
Asimismo, tenían caridad mutua, de suerte que parecía
que tenían un sólo corazón y una sola alma. Muchos
cristianos vendían sus haciendas, y el dinero recibido lo entregaban
a los Apóstoles y a los pobres.
El suceso de
Ananías y Safira
Un hombre llamado Ananías con su esposa
Safira habían vendido su hacienda y trajeron el dinero recibido
a los Apóstoles, pero escondieron una parte del mismo. Lo
hicieron por dos razones. Por un lado, querían glorificarse entre
los cristianos como abnegados y buenos, ya que toda su
posesión la dieron a los pobres, y por otro, clandestinamente
querían vivir para su propio placer teniendo suficiente plata. Con
el fin de cortar de raíz este espíritu nada cristiano,
el Apóstol Pedro explicó que la propiedad pertenecía a Ananías
y Safira, encontrándose completamente bajo su poder, pero el acto
cometido fue un gran pecado. Pedro dijo: "Ananías, ¿por qué
permitiste a Satanás introducir en tu corazón el pensamiento de
mentir al Espíritu Santo? No mentiste a los hombres, sino
a Dios." Al instante, Ananías y luego Safira cayeron muertos.
Los
Apóstoles realizaban muchos milagros, y aun la sombra del Apóstol
Pedro sanaba a los enfermos. La abundancia de los dones
del Espíritu Santo regocijaba a los creyentes y convertía al
cristianismo a numerosos incrédulos. Sin embargo, los envidiosos jefes judíos
odiaban a los Apóstoles.
Los diáconos
En medio de los
cristianos se encontraban los judíos de Palestina y los llegados
de otros países, llamados "helenistas." Éstos últimos murmuraban quejándose que
sus viudas recibían menos subsidios durante la distribución.
Por consiguiente, los
Apóstoles sugirieron que los creyentes eligiesen siete varones piadosos, sobre
quienes los Apóstoles impusieron orando las manos, lo que produjo
el descenso del Espíritu Santo. De esta manera apareció la
sagrada dignidad de los "diáconos" (la palabra diácono significa "servidor").
Aparte
de la distribución de los subsidios, los diáconos ayudaban a
los apóstoles en sus sermones y ejecución de los sacramentos.
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