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El lugar de encuentro de los católicos en la red
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La renovación de la imagen del Beato Juan Diego, con motivo de su próxima Canonización, debe contemplar elementos que la actualicen y con ello le den validez y aceptación ante la Iglesia. Los elementos que he considerado tomar en cuenta al realizar esta propuesta iconográfica son:
La imagen de un indígena adulto ; cuyo rostro iluminado es muestra de la transformación que el encuentro con Jesucristo resucitado le ha causado. Es la impronta de la Santidad, que debe inspirar a quien lo ve, a encontrar y seguir ese proyecto personal de perfección cristiana en su vida. Hoy el Beato Juan Diego, mañana será San Juan Diego y con ello, tendremos un nuevo aliado en el proceso de la reevangelización de la Arquidiócesis de esta gran Ciudad de México y la de toda la América Latina.
La Cruz de la Misión. Un símbolo que todos los que trabajamos en este gran proyecto arquidiocesano de la Misión 2000, podemos reconocer de inmediato. El Beato nos señala que ese es el camino (La Cruz de Cristo), que no debemos quedarnos en el ayate y mucho menos en la adoración del Santo, eso sería idolatría, el modelo de perfección que debemos seguir es: Jesucristo. 
El ayate y la rosa. En esta pintura, el ayate ocupa un lugar secundario, pues el tema central es la imagen del Beato Juan Diego. Sin embargo, aparece para recordar la relación de la Virgen de Guadalupe con Juan Diego, de alguna manera es una forma didáctica para todos aquellos que no conocen la historia del hecho Guadalupano. La rosa, es el símbolo de la prueba que la Virgen ofrece para que creamos en el portento de las apariciones. ¡Aquí está la prueba,es verdad!
El paisaje que sugiere el valle de México, lugar físico de las apariciones, lugar del nacimiento del Guadalupanismo. La estrella de la mañana (Venus), que anuncia un nuevo amanecer, el despertar a una nueva Fé, luz que se abre paso entre las tinieblas de la noche, San Juan Diego, una nueva luz que ha de alumbrar el camino de los nuevos misioneros, evangelizadores que con su testimonio calienten a un mundo que muere de frío por falta de Dios. 

JAIME DOMÍNGUEZ MONTES 
Acrílico sobre tela 
80 x 70 cms. 
Febrero del 2002 
MÉXICO 

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