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Autor: Jorge Enrique Mújica, LC | Fuente: Catholic.net Sínodo de la Palabra y vocaciones
Entrevista al P. Enrique Tapia, L.C.colabora desde hace varios años en la dirección general de la Congregación de los Legionarios de Cristo y es editor del libro recientemente publicado "Ven y sígueme"
Sínodo de la Palabra y vocaciones
El P. Enrique Tapia colabora desde hace varios años
en la dirección general de la Congregación de los Legionarios
de Cristo y es editor del libro recientemente publicado "Ven
y sígueme" (Ciudad de México, 2008), con testimonios sacerdotales.
--¿Este sínodo
está llamado a dar frutos en la renovación de la
vida religiosa y en nuevas vocaciones?
--P. Tapia: Creo que para
un creyente la respuesta es obvia: claro que sí. Y
al afirmar esto me baso en la fe y la
confianza en Cristo.
El Cardenal Franc Rodé, C.M., Prefecto de la
Congregación para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades
de vida apostólica, recordó en el Sínodo que la Palabra
de Dios está en el centro de la renovación de
la vida consagrada, renovación a la que todos los religiosos
y religiosas estamos llamados. Esta renovación, decía el cardenal, se
realiza sobre todo viviendo con plenitud el Evangelio, según el
propio carisma. Renovación es conversión, es decir, convertirnos cada día
al amor del Padre, escuchando con atención su Palabra, que
es Cristo, y siguiendo el consejo de María: "haced lo
que Él os diga".
Por otro lado, estoy convencido de que
Cristo no deja de llamar a muchos hombres y mujeres
a seguirlo más de cerca, como hizo hace 2000 años
con los 12 apóstoles y con los discípulos. Este llamado
se ha verificado a lo largo de toda la historia,
y aún hoy Cristo sigue llamando. La escucha atenta de
la Palabra de Dios es un medio por el que
Cristo nos habla. Conozco muchas personas que, leyendo o escuchando
alguna parte de la Biblia, decidieron dejar todo y seguir
a Cristo más de cerca.
--¿Qué relación tiene la Palabra de
Dios con la vocación sacerdotal? ¿Y con toda otra vocación
en la Iglesia?
--P. Tapia: El P. Giorgio Nalin, superior general
de los rogacionistas, recordó en el Sínodo que la Palabra
de Dios ilumina el camino vocacional de cada persona. En
esta línea, yo diría que la relación entre la Palabra
de Dios y la vocación personal es directa e inmediata.
¿Por qué?
Cristo es la Palabra de Dios, el Verbo (cf.
Jn 1,1). Y Cristo es quien llama a todos los
hombres a la salvación (cf. 1 Tim 2, 4) y
a la santidad (cf. Mt 5, 48; LG 39), de
maneras y formas muchas veces desconocidas a nosotros. Esta llamada
es la vocación, y aquí entramos todos los hombres y,
por tanto, toda vocación.
Partiendo de aquí, la relación con
la vocación sacerdotal me parece aún más evidente. El sacerdocio
ministerial es sencillamente una participación al sacerdocio de Cristo. Instituido
durante la Última Cena, junto con la Eucaristía, el sacerdocio,
separado de Cristo, la Palabra, no tendría ningún sentido, no
podría existir.
--¿Cómo se puede constatar que la Palabra de
Dios es viva y eficaz también en este mundo secularizado?
--P. Tapia: Viva quiere decir que es activa, fuente de
una actividad que lleva hacia la perfección. Eficaz quiere decir
que realiza su cometido, su misión; y el amor de
Dios siempre es eficaz. Creo que ambas cualidades se constatan
de forma evidente en las vocaciones religiosas y sacerdotales. Hoy
en día hay cientos de miles de personas consagradas a
Dios en una vocación particular, y más de 400.000 sacerdotes,
entre religiosos y diocesanos. Esto es vida, y esto es
eficacia. Cuando hablo con estas personas, me gusta preguntarles
la historia de su vocación. Y es increíble cómo Dios
sigue actuando en la vida de cada una de ellas,
de cada uno de nosotros. Lo que pasa es que
muchas veces no estamos atentos y no vemos esta acción.
Pero si estamos atentos, la Palabra de Dios nos sorprenderá.
--¿Cómo
se escucha la llamada (o la Palabra) de Dios?
P. Tapia:
Creo que hay muchas maneras, pues Dios no actúa siempre
igual. Al preparar un libro con testimonios sacerdotales, constaté que
en cierto modo Dios se adapta a cada persona. Algunos
lo escuchan siendo niños, otros en la juventud, otros siendo
ya adultos. Algunos lo escuchan en su interior muy claramente,
otros se debaten en una espesa niebla durante años. A
algunos se les revela de manera patente, poderosa, sin dejar
lugar a dudas; a otros se les revela con suaves
sugerencias, con leves invitaciones. También varían mucho los lugares y
las circunstancias (mi "sí" a la vocación, por ejemplo, fue
en un bar tomando un refresco… aunque parezca increíble). En
fin, creo que Dios tiene su camino para cada persona,
y también su modo de llamarla. Lo que sí
creo que es indispensable para poder escuchar la Palabra de
Dios es un poco de silencio y de oración.
Enlace al
libro: Ven y sígueme (Ciudad de México, 2008) Aquí
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