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| Comunidad Contemplativa Redentorista |
« DESDE EL MONASTERIO. UNA JOVEN PROFESA TE ACERCA
LA VIDA CONTEMPLATIVA REDENTORISTA»
Mª ÁNGELES TRABALÓN, O.SS.R.
« …DESDE EL MONASTERIO»
pretende acercarte algo de la vida de la Comunidad Contemplativa
Redentorista. Una vida oculta, una vida pobre, pero colmada de
generosidad y entrega; una vida escondida a los ojos del
mundo, pero inmersa en el corazón de la sociedad, porque
vivir en un monasterio es vivir también en el mundo,
participando desde el silencio, la oración y la alabanza de
sus inquietudes y problemas.
Que estas páginas te ayuden a descubrir
que una vida entregada totalmente a Dios merece la pena.
Respira
su aroma. Y siente en tu alma la sonrisa de
Dios.
MONASTERIO DE CRISTO REDENTOR
El Monasterio está ubicado en
el distrito de Carabanchel (Madrid). Se levanta como un remanso
de paz y fortaleza en el corazón de un barrio,
pobre a los ojos del mundo, pero rico a los
ojos de Dios.
Un grupo de Hermanas Contemplativas Redentoristas, venidas desde
Francia con intención de fundar un nuevo Monasterio en la
ciudad de Granada, fueron las promotoras de este nuevo proyecto.
Los problemas de espacio para una Comunidad Contemplativa, hicieron que
sus ojos mirasen hacia Carabanchel en 1904.
Estos son, a grandes
pinceladas, los orígenes del Monasterio.
El Monasterio de Cristo Redentor está
habitado por una Comunidad Contemplativa: las Monjas de la Orden
del Santísimo Redentor, fundada por Mª Celeste Crostarosa y S.
Alfonso Mª de Liguori en 1731 en la ciudad de
Scala (Italia). Dedicadas íntegramente a la contemplación, mediante la alabanza,
la acción de gracias y la intercesión por todas las
necesidades de nuestro mundo, nuestro carisma es el ser VIVA
MEMORIA de Cristo (dejarle a Él que viva en nosotras,
hacerlo todo con Él y como Él).
El hábito que nos distingue de las demás Órdenes
Contemplativas, es, de color rojo, según se lo indicó el
Señor a nuestra Madre Fundadora, como símbolo del Amor de
Dios a la humanidad.
Actualmente la Comunidad está compuesta por catorce
monjas. Dedicamos la mayor parte de la jornada a la
oración y la alabanza. Esta vida contemplativa que nos ha
caído en suerte es más para vivirla que para contarla.
Es una vida en Dios y para Dios, que se
desenvuelve en la oración, el silencio, en el trabajo y
ocupaciones domésticas, con un gran sentido de fraternidad…castidad, pobreza y
obediencia. La vida comunitaria que vivimos quiere ser como un
reflejo de la vida oculta de Jesús en Nazaret.
Y en
la vida de oración asumimos la faceta de Jesús orante.
Llevamos presente a toda la humanidad y hacemos nuestras sus
alegrías y tristezas, sus gozos y esperanzas. Esta unión
con el Señor tiene su máxima expresión en la alegría
que vivimos y reina en esta comunidad, fruto de una
felicidad que no es comparable con nada.
ASÍ ES
NUESTRO TRABAJO
Me gustaría, en esta ocasión, daros a conocer una
de las muchas facetas que enriquecen a la vida contemplativa.
Se trata del trabajo monástico como medio de subsistencia y
como fuente de espiritualidad.
Me gustaría, en esta ocasión, daros a
conocer una de las muchas facetas que enriquecen a la
vida contemplativa. Se trata del trabajo monástico como medio de
subsistencia y como fuente de espiritualidad.
Dedicamos gran parte de la
mañana y de la tarde al trabajo como medio de
vida. Manos en el quehacer, corazón y mente en el
Señor y en nuestro mundo. Trabajo de oficina, trabajos domésticos…
todo cuanto realizamos lo hacemos para asegurar nuestra subsistencia y
para poder compartir con los necesitados, que son muchos.
«JESÚS NACIÓ
EN LA FAMILIA DE UN ARTESANO. DURANTE LARGOS AÑOS TRABAJÓ CON
SUS MANOS, Y ESTE TRABAJO DE HIJO DE DIOS
TENÍA UN VALOR REDENTOR. UNIDO AL DE CRISTO, NUESTRO TRABAJO TIENE
TAMBIÉN UN VALOR REDENTOR, Y EN ESTE PENSAMIENTO ENCONTRAMOS UNA ALEGRÍA PROFUNDA.»
(CONST. 68, OSSR)
Por
diversas fuentes he podido saber que, hace ya muchos años
e incluso siglos, las monjas de vida contemplativa no adquirían
compromisos de trabajo, vivían de las dotes que las aspirantes
a la vida religiosa traían, de las limosnas que les
daban y de algún que otro trabajillo que las gentes
de los alrededores o familiares les encargaban. Hoy no es
así. Cada comunidad de monjas contemplativas tiene su trabajo fijo
y comprometido.
Así, después de haber dedicado varias horas a la
alabanza al Señor y a la oración personal, nos ponemos
manos al trabajo. Cada hermana sabe dónde emplear sus horas
de trabajo. Unas en la cocina el día que toca,
ya que vamos rotando en grupos de dos; otras a
la oficina a organizar los documentos, que horas más tarde
gran parte de la comunidad utilizará para ultimar el trabajo;
otras a las tareas domésticas… todas conscientes de que
al igual que María colaboró en el plan de salvación,
nosotras estamos siendo desde este “pequeño Nazaret”, hilo conductor a
través del cual Dios se hace presente en nuestro mundo.
El
trabajo se alterna con momentos de oración personal y comunitaria.
Para ello, la campana será la que anuncie los momentos
para la oración y las comidas.
Esta faceta del trabajo, es
uno de los muchos medios que la contemplativa tiene para
realizarse, santificarse y ser útil a la sociedad. “ORA ET
LABORA” ¿Qué duda cabe? Nuestra sociedad se beneficia del trabajo
de las monjas contemplativas. Por ello, se equivocan todos aquellos
hermanos nuestros que piensan y creen que vivimos sin hacer
nada.
Ojalá que todos nos animáramos por unir esfuerzos, trabajos y
energías para construir «esos cielos nuevos y esa tierra nueva»,
haciendo una sociedad más justa y fraterna, donde el amor
sea una realidad.
EL VALOR DEL SILENCIO
Una de las
características principales de la vida contemplativa, que la definen y
marcan, es la vida de «recogimiento y silencio».
«EL SILENCIO ES
UN VALOR ESENCIAL DE LA VIDA MONÁSTICA, A LA QUE DEBE
ACOMPAÑAR SIEMPRE UNA EXIGENCIA DE DESIERTO, DE SOLEDAD, Y DE
PAZ. EL SILENCIO LIBERA EL ALMA, Y LA ABRE A
LAS PROFUNDIDADES DEL MISTERIO DE DIOS Y A LA INTIMIDAD CON
ÉL. NO ES, ANTE TODO, AISLAMIENTO Y AUSENCIA DE PALABRAS,
SINO PRESENCIA AMOROSA ANTE DIOS, AL MISMO TIEMPO QUE DELICADA ATENCIÓN
A LA PRESENCIA DE LOS OTROS, POR UNA ACTITUD QUE
LES PERMITA RECOGERSE Y ORAR.»
(CONST. 46, OSSR)
Cuando algún grupo de
jóvenes se acerca a nuestro locutorio y nos pregunta acerca
del silencio, al decirles que hablamos, salvo en las recreaciones
y los días de fiesta, solo lo necesario, lo toman
como algo imposible e inhumano. Y no es así. Todo
lo contrario. Al principio cuesta. Me resultaba muy difícil no
poder contar algo que me había ocurrido, un simple comentario
de alguna lectura o de alguna otra cosa…Personalmente he tardado
bastante tiempo en comprender que la vida de oración contemplativa
necesita un clima apropiado donde el alma pueda comunicarse y
conectar con Dios, no sólo durante el tiempo dedicado a
la oración, sino durante todas las horas de la jornada
diaria. De esta forma dejamos que la Palabra de Dios
resuene en nosotras. Debo confesar que todavía me queda mucho
camino en este sentido.
LA ORACIÓN «No es otra
cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces
tratando a solas con quien sabemos nos ama.»
(Sta. Teresa))
Ese «estar muchas veces a solas con
quien sabemos nos ama» es el quehacer más importante de
una monja contemplativa. Conocer a Cristo, para vivir como Él
vivió. El conocimiento la lleva a la amistad y configuración
con su Persona por medio del amor, un amor que
hace suyos todos los intereses y los deseos del ser
amado, hasta llegar a tener los mismos sentimientos de Jesús.
La
oración va cambiando la vida del que ora, a veces
de una manera lenta y progresiva. Nadie que comienza vida
de oración y que trata de ver a Dios, conocerle
y amarle, con el paso del tiempo no adquiere otro
talante ante la vida. Dios ilumina el corazón y al
mismo tiempo exige entrega, generosidad y fidelidad.
La monja contemplativa con
su oración viene a ser como “un cable telefónico”, que
acerca lo que pasa en el mundo a los oídos
del corazón de Dios.
Actualmente
hay mucha inquietud por la oración, son muchas las personas
que se unen formando grupos para orar, sienten esa necesidad
que es vital y que comprueban que les vale para
seguir luego luchando con las realidades y problemas de cada
día, también se dan cuenta que sus vidas van cambiando
y que tienen más paz y son más felices.
En nuestra
Comunidad todos los miércoles, se reúne un grupo de personas
que oran con nosotras durante una hora y después compartimos
todos la celebración de Vísperas.
Dios es la Roca y por
la oración nos agarramos a ella, seguros de que nadie
podrá separarnos de ella.
ASÍ VIVIMOS LA ALEGRÍA
¿Cómo se
vive la alegría en un Monasterio? Este apartado tiene un
fin: dar a conocer la alegría que se vive aquí,
en ésta mi Comunidad, de dónde proviene este gozo y
cómo traspasa los grandes muros del Monasterio.
Este Monasterio de Contemplativas Redentoristas es una Comunidad alegre,
con una alegría que contagia y que habla por sí
misma. A través de las hermanas, de su alegría, se
puede descubrir los guiños constantes que nos hace Dios. Somos
muy felices porque intentamos vivir cumpliendo la Voluntad del Padre,
dejándonos amar por Él. Desde bien temprano, empezamos nuestro día
alabando al Señor, anunciando su Misericordia, y nuestro espíritu se
alegra en Él, porque como en María: “…ha mirado la
sencillez de su esclava”.
Muchas personas que se acercan a nuestro
locutorio para visitarnos, se admiran y nos dicen que les
impresiona nuestra alegría. Un alegría, dicen ellos, que sale de
dentro y no es fingida. Y es verdad, esa alegría
es una alegría serena, que ilumina y alimenta nuestra vida.
Es una alegría que quiere ser luz y amor para
ofrecérsela a toda la humanidad, y comunicarla a todos.
La alegría
o el gozo, es uno de los frutos del Espíritu
Santo. Pero crece en la renuncia y se alimenta con
el darse continuamente a los demás.
La alegría que vivimos quiere
ser ese testimonio vivo de que seguir al Señor es
encontrar la plenitud, el amor, la alegría, la unidad.
LA HISTORIA DE MI LLAMADA: “LAS CONOCÍ POR INTERNET”
En este
momento de la historia que nos ha tocado vivir no
se pueden tratar muchos temas, sin hacer referencia a las
nuevas tecnologías, y mucho menos de Internet. Para muchos de
nuestros mayores, este medio de comunicación aporta muy pocas cosas
positivas a los jóvenes de nuestro tiempo, tal vez porque
tan sólo nos llegan noticias negativas sobre el uso de
éste. Internet, como la mayoría de las cosas que tenemos
a nuestro alcance, aporta muchas cosas buenas y positivas, si
es utilizado debidamente, con provecho y responsabilidad.
Por ello, como
joven que ha experimentado que las nuevas tecnologías también son
un signo de los tiempos y que leídas con las
“gafas” del Evangelio, pueden transformar toda una vida, paso a
compartir con todos vosotros lo que supuso para mí la
utilización de este medio.
Vengo de
una pequeña localidad de Jaén de apenas 2.000 habitantes al
pie de la Sierra de Cazorla Segura y las Villas.
Quizás os preguntáis qué importa el pueblo, los habitantes… creo
que estos datos os ayudarán a comprender mejor lo que
os quiero transmitir. Por ser un pueblo pequeño, no dispone
de alternativas donde poder consultar las dudas relacionadas con los
estudios; tampoco un lugar adaptado para el ocio y el
tiempo libre; así que me siento doblemente privilegiada: primero, por
ser una de los pocos jóvenes que tenían conexión a
Internet, y segundo, por haber sido llamada por el Señor,
entre tantos jóvenes, sin duda mejores que yo. El Señor
siempre hace las cosas a su estilo, y para ello
a veces también se vale de las modernidades, Él quiso
cambiar todos los esquemas y proyectos que yo me había
fijado. Fue navegando por Internet…
Como era costumbre, desde
hacía algunos meses, a mi e-mail llegaron gran cantidad de
correos, que no dudaba en eliminar, ya que muchos de
ellos eran propaganda. Casualmente, todavía no sé por qué, dejé
uno de ellos sin borrar y al cabo de unos
días, decidí ver de qué se trataba…para mi sorpresa era
la página web de la Comunidad Contemplativa Redentorista y,
sin saber muy bien el por qué, decidí escribirles, pues
me había llamado mucho la atención lo que había visto
en ese breve anuncio. En ningún momento pensé en
que un simple e-mail pudiese cambiar mi vida. Pensé que
ni se molestarían en contestar…pero el Señor quiso que sí.
Primero fueron algunos e-mails, llamadas telefónicas después y por fin:
¡la alegría del encuentro! Al cabo de varios meses, viajé
a Madrid para conocer a la Comunidad personalmente. Pasé tres
días en el Monasterio…días inolvidables. Pero Jesús quería ir
más lejos…la Comunidad me ofreció la posibilidad de vivir un
tiempo la vida Contemplativa. Así que pocos meses después de
nuestro primer encuentro comencé mi experiencia en la Comunidad.
Algunos jóvenes
han leído mi testimonio en la página web y se
han acercado al Monasterio. Yo no me considero la persona
perfecta, me siento instrumento en las manos de Dios, a
través del cual, muchas personas experimenten que Dios puede llenar
hasta los bordes toda una vida, si cada uno desde
su situación personal, su historia…se deja inundar de su Gracia.
El Señor me ha ido mostrando cada día la grandeza,
la belleza de esta vocación tan maravillosa que es vivir
escondida con Cristo en Dios, sin olvidarme del mundo
sino presentándole cada día las necesidades de la humanidad a
través de la oración, el trabajo, el silencio y la
alabanza, siendo a la vez una MEMORIA VIVA del Redentor
e irradiando a todos el amor de Cristo.
Dios nos ha
creado para que seamos felices y como un buen Padre
Él nos proporciona todo aquello que necesitamos, sólo tenemos que
abandonarnos en sus manos y decir como María: AQUÍ ESTÁ
LA ESCLAVA DEL SEÑOR, HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA.
«VENID OS CONTARÉ LO QUE DIOS HA HECHO CONMIGO… MI
PRIMERA PROFESIÓN»
A veces no se entiende cómo una joven de
apenas 23 años, normal y corriente, se consagra totalmente al
Señor y por Él se entrega a los hermanos, no
en una vida activa y de servicio, sino en una
vida oculta y silenciosa como es la Vida Contemplativa de
clausura.
«Si el grano de trigo no cae en tierra y
muere, no puede dar fruto, pero si muere da mucho
fruto» (Jn 12,24) Aquí está la clave de la Consagración
a Cristo en la Vida Contemplativa. Dar la vida, perder
la vida, entregar la vida. No vivir ya para sí,
sino ser como un sacramento de la maternidad de Dios.
Quiero
hacer mío el estribillo de una canción que dice así:
“Me has seducido, Señor, con tu mirada, me has hablado
al corazón y me has querido. Es imposible conocerte y
no amarte, es imposible amarte y no seguirte. Me has
seducido, Señor” ¡¡casi ná!!
¿Os parece poco, haber sido seducida por
un Dios loco de amor? Me siento la mujer más
dichosa del mundo por haber sido llamada por Jesús a
seguirle más de cerca en la Vida Religiosa y más
en concreto en la Orden del Santísimo Redentor.
El pasado 8
de septiembre, festividad de la Natividad de la Virgen María,
tuve la dicha de consagrarme al Señor mediante los votos
de castidad, pobreza y obediencia en la Comunidad Contemplativa Redentorista
del Monasterio de Cristo Redentor de Madrid.
La Consagración religiosa, es
un misterio de generosidad en el amor. Esa ha de
ser la tónica constante. No caben otras medidas.
Siento que,
como María, “he escogido la parte mejor”… La vida contemplativa
es un camino, ¡y qué camino! Un camino de amores,
de generosidades, de fidelidad hasta la muerte. Corazón abierto, mirada
abierta hasta el infinito, y una vida abierta donde quepan
todos.
Así que nada de pensar que las monjas de Vida
Contemplativa somos unas personas raras y fracasadas. Todo lo contrario,
se necesita ser una persona madura para entregar la vida
libremente por los demás. Mucho arrojo y valentía para renunciar
y desprenderse de todo lo que el mundo ofrece, a
favor de toda la humanidad.
Ojalá mi vida se vaya
tejiendo en la trama preciosa de un SI continuado como
el de María.
UN DÍA EN EL MONASTERIO
En esta
ocasión, aunque ya os he hablado antes de las facetas
más importantes de la vida contemplativa, os quiero dar a
conocer cómo es exactamente un día en nuestra Comunidad.
Nuestra
vida es muy sencilla, es más para vivir que para
hablar de ella... sin embargo, la experiencia gozosa de encuentro
con Cristo y de dedicar toda nuestra existencia a Él
y al anuncio del Reino, nos impulsa a compartir contigo
nuestro estilo de vida.
A las seis y cuarto de la
mañana las campanas anuncian que comienza un nuevo día, que
la vida se despierta y mientras las luces de la
ciudad se van apagando porque el sol está a punto
de nacer, nosotras comenzamos nuestra jornada levantando el corazón hacia
el Señor de la Vida... Nos reunimos para invocar al
Espíritu y saludar a María, y después, en silencio, nos
retiramos al fondo de nuestro corazón para orar.
Del silencio brotará el canto, y la oración
de Laudes será nuestra alabanza al Dios Creador del cielo
y de la tierra. La Eucaristía será el banquete con
el que comenzamos la jornada. La Palabra, los cantos, la
comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo convierten
nuestra vida en EUCARISTIA VIVA, pan partido y sangre derramada...
La
mañana transcurrirá entre el trabajo y la oración: "ora et
labora". Oración litúrgica: Oficio de Lecturas, Sexta... y en medio,
cada una a sus tareas: sacristía, cocina, oficina, hospedería... a
las doce las campanas comienzan su danza para recordar el
misterio de la Anunciación a María, de la Encarnación del
Hijo de Dios, y el rezo del Ángelus brota de
nuestros labios y de nuestro corazón...
un tiempo
personal y un tiempo de lectura continúan alimentando el fondo
del ser y del espíritu... Después de Sexta y un breve
saludo a María, la Madre, pasamos al comedor. Una hermana
lee el periódico en voz alta, algún libro de espiritualidad,
cartas que llegan a la comunidad... Después tenemos un tiempo
de expansión, de compartir, pasear por el jardín y
disfrutar de la naturaleza que nos habla de la belleza
de Dios... quien desee libremente pasa por la televisión para
ver las noticias, y así estar en comunión con todo
lo que pasa en el mundo, en nuestra Humanidad. A
las cuatro de la tarde, antes de incorporarnos nuevamente al
trabajo, rezamos Nona, hora en la que recordamos la muerte
del Señor Jesús, y en un minuto de silencio nos
solidarizamos con tod@s l@s crucificad@s de la tierra... especialmente con
los agonizantes.
Comienza el trabajo de la tarde. "Nuestro trabajo unido
al de Cristo, tiene valor redentor. En ello encontramos una
alegría profunda", dicen nuestras Constituciones. Somos así, "uno de tantos"
corremos la suerte de l@s trabajador@s, al mismo tiempo que
consideramos el trabajo como un factor de equilibrio en la
vida contemplativa, a través del cual cada una de nosotras
ponemos al servicio nuestros dones...
Al caer la tarde, nos reunimos
en el coro nuevamente... ¡para cantar!… llega la hora de
la oración de Vísperas: la alabanza, la intercesión, la acción
de gracias, brotan de los labios y el corazón... y
preparan todo nuestro ser para la adoración... ante Cristo, resucitado,
de corazón abierto, oramos en silencio…
Llega la hora de la
cena. Las lecturas de la Eucaristía del día siguiente resuenan
por todos los rincones del comedor y del alma.
Y
nuevamente, a compartir, reír, conversar... tiempo de descanso y relax...
así vamos terminando nuestro día. El último momento de oración,
serán las Completas,: "A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu..."
, y toda nuestra vida, en las manos del Padre,
se entrega al sueño que reparará nuestras fuerzas para continuar
haciendo de nuestra vida un canto a la Vida, y
un compromiso de entrega a Dios y a toda la
Humanidad.
Cada día nos trae nuevas sorpresas: una visita de un
amigo/a, alguien que nos comparte su experiencia en una misión,
el santo o cumpleaños de una hermana, una fiesta de
la Liturgia, rompen lo que a simple vista pudiera parecer
una vida siempre igual. Estos días de fiesta, al igual
que los domingos, son siempre diferentes, conversamos en la mesa,
tenemos más tiempo libre…
Las puertas de nuestra casa, que se
abren para acoger a tod@s aquell@s que buscan a Dios,
(niños, jóvenes, adultos...) laicos o religiosos... renuevan nuestra conciencia misionera,
al tiempo que abrimos el corazón para acoger a quienes
nos evangelizan... Los talleres de oración nos hacen testigos de
la sed de Dios que hay en nuestro mundo, y
también de su obra maravillosa.
Después de haber conocido un
día en el Monasterio…
Te invitamos a compartirlo con nosotras.
A VOSOTROS, JÓVENES
¿Qué puede decir una joven monja
contemplativa a los jóvenes de nuestro tiempo?. En primer lugar,
no pretendo dar ningún sermón, pero sí quiero poneros delante
unas metas y unos valores, que os pueden llenar de
felicidad y de ilusión hacia una aventura única y verdadera.
Es
estúpido jugar a esconderse de la mirada de Dios. Él
quiere a sus jóvenes hechos luz, luz que alumbre a
todos, luz de buenas obras, gente comprometida en la gran
tarea de hacer un mundo mejor. Pero esa luz tiene
que brotar del Evangelio para que tenga fuerza para alumbrar
al mundo entero.
Hay valores importantes para la vida de una
persona que no podemos olvidar y de los cuales no
podemos desentendernos. Por ejemplo la verdad, es un valor que
se va perdiendo, hoy nadie se fía de nadie. En
cambio la libertad se reclama y se exige, pero no
la verdadera libertad, sino una caricatura de ella llamada “libertinaje”.
Jesús lo dice en el Evangelio: «La verdad os hará
libres», ella es la única que puede dar la verdadera
libertad. La verdad es el grito más profundo de libertad
que puede vivir una persona.
Personalmente os comparto que en nuestra
vocación contemplativa he descubierto grandes valores: que es más importante
lo que una persona es que lo que hace, dar
que recibir, compartir, la belleza de lo pequeño, el valor
de lo gratuito, que lo que cuenta es lo que
uno lleva dentro y no la imagen que podamos dar…
Si
viviéramos la verdad, nuestra vida sería luminosa porque tendríamos verdad
en las palabras, en las sonrisas, en el trabajo, en
las relaciones interpersonales, en la alegría y en el amor.
La
mayoría de los jóvenes de hoy, dicen a menudo esta
expresión: «paso», y en sus vidas la van repitiendo con
frecuencia. Creo que esto no es una apatía, es sencillamente
que no siempre se les han transmitido valores hechos vida,
algo por lo que valga la pena vivir y luchar
por ello.
Hay en la vida una motivación por la que
merece la pena arriesgarse: CRISTO, su vida y su mensaje.
Él es el CAMINO a seguir, la VERDAD que libera
y la VIDA que llena de felicidad.
¿Te atreves a embarcarte
en esta gran aventura? ¡¡Ánimo, jóvenes, nuestro mundo os necesita.
La Iglesia orante os acompaña y confía en vosotros!!
¿TE ANIMAS?
Nuestra Comunidad está abierta a todas aquellas
jóvenes que queráis conocer más de cerca la vida Contemplativa
y, en concreto, nuestro carisma Redentorista. ¡Qué…! ¿Te gustaría conocernos? ¡¡PUES TOMA
NOTA!!
Conoce la página web del la Comunidad Contemplativa Redentoristas
en Madrid
Si tienes alguna consulta utiliza este
enlace para escribirle a la Mª Ángeles Trabalón
Morilla, OSsR, O.SS.R.,
Monasterio de Cristo Redentor
Comunidad Contemplativa Redentorista C/. Madre
Celeste, 1-A 28044 Madrid
TELÉFONO: 91.508.68.00
CÓMO LLEGAR…
Autobuses: 34, 139
Si vienes en Metro tienes 3
opciones: * en Oporto (líneas 5 y 6) coge el
autobús 34 sentido "General Fanjul" y bájate en la calle
Joaquín Turina, frente a la Editorial SM, o *
en Aluche (línea 5) coge el autobús 139 sentido
"Carabanchel Alto" y bájate en la última parada, o * línea
6 (circular) con conexión con línea 11 “Carabanchel Alto” y
a la salida calle Joaquín Turina, frente a la Editorial
SM.
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