La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Ernesto María Caro, Sac. | Fuente: Evangelización.org ¿Qué hacen los sacerdotes?
Su misión en la Iglesia como medio de servicio y herramienta para la construcción del Reino de Dios
¿Qué hacen los sacerdotes?
Con la idea de conocer mejor la labor de nuestros
sacerdotes y de podernos integrar de una manera más plena
a la actividad apostólica de la Iglesia, la reflexión del
Sacramento del Orden, no la centraremos únicamente en los ministerios
ordenados, sino que buscaremos profundizar un poco en la participación
que cada uno de nosotros tiene dentro del Cuerpo de
Cristo, ya que en todos, como bautizados se realiza la
triple función de Cristo: Sacerdote, Profeta y Rey. Hablaremos pues
de la "ministerialidad" en la Iglesia como medio de servicio
y herramienta para la construcción del Reino de Dios.
Ministerios
en la Iglesia
Podemos decir que existen dos clases de ministros
en la Iglesia: a) los ordenados y b) los no
ordenados, sin embargo si queremos entender mejor cada uno de
ellos será conviene que iniciemos nuestra reflexión hablado de lo
que es el ministro en general, para desde ahí poder
entender mejor lo que es cada uno, y así no
tener solo una visión parcial al estudiar solo el sacramento
del orden, que reciben algunos de los miembros del Pueblo
de Dios (los diáconos, los presbíteros y los obispos), ya
que todos estamos llamados a servir en la Iglesia. "La
unidad del cuerpo no ha abolido la diversidad de los
miembros: "En la construcción del Cuerpo de Cristo existe una
diversidad de miembros y de funciones. Es el mismo Espíritu
el que, según su riqueza y las necesidades de los
ministerios, distribuye sus diversos dones para el bien de la
Iglesia"" CIC 791
El Concilio Vaticano II, que ha vuelto sus
ojos hacia los fundamentos del cristianismo, ha enfocado toda su
actividad hacia la misión que Jesús le encomendó a su
Iglesia (por ende a todos los cristianos; por lo que
no nos podemos sustraer de ella), y la cual la
podríamos sintetizar en: llevar el mensaje de la salvación a
todos los hombres y de implantar el Reino en medio
de nuestro mundo. La Iglesia al asumir la misión de
Jesús la asume desde la triple dimensión de la acción
mesiánica de Cristo. Y así en la dimensión PROFÉTICA o
de la palabra, asume el compromiso de proclamar y extender
el Evangelio a todas las naciones; en el ejercicio de
la dimensión REAL se compromete a desarrollar en sí misma
y en todos sus miembros la caridad y la comunión
que busca manifestarle al prójimo, la unidad y servicio que
hay en la Iglesia luchando por la justicia y la
autentica paz, por lo que promueve los valores que buscan
la realización integral de todas y cada una de las
personas sin importar, credo o nacionalidad; finalmente en el ejercicio
de la dimensión del SACERDOTAL, rinde culto y adoración a
Dios como expresión interior de la relación establecida entre Cristo
y su Iglesia, la cual ha de vivirse y celebrarse
"en espíritu y verdad". "Las mismas diferencias que el Señor
quiso poner entre los miembros de su Cuerpo sirven a
su unidad y a su misión. Porque "hay en la
Iglesia diversidad de ministerios, pero unidad de misión. A los
apóstoles y sus sucesores les confirió Cristo la función de
enseñar, santificar y gobernar en su propio nombre y autoridad.
Pero también los laicos, partícipes de la función sacerdotal, profética
y real de Cristo, cumplen en la Iglesia y en
el mundo la parte que les corresponde en la misión
de todo el Pueblo de Dios" (AA 2)" CIC 873
El
apostolado
La misión de Cristo llega a nosotros por medio de
los apóstoles y afecta a todos los miembros del pueblo
de Dios y no solo a los sucesores de los
"apóstoles". No se da, por tanto, nadie dentro del pueblo
que no tenga una misión concreta que realizar en orden
a la extensión del Reino. El apostolado es sin lugar
a dudas una gracia que implica llamado y envío de
Cristo para anunciar y dar testimonio del Resucitado de manera
pública, autorizada y responsable, y cumplir de esta manera la
misión encomendada a la Iglesia antes de regresar a la
derecha de su Padre. Existen dos apostolicidades: La de los
apóstoles (propiamente dicha) y la del Pueblo (que compete a
todos los bautizados), que lejos de estar reñidas una con
la otra, se apoyan y complementan en el cumplimiento de
la "misión". Por lo tanto el que existan diferentes ministerios
es normal y fundamental de la Iglesia. No son accidentales
(no se pusieron porque a alguien le pareció que sería
bueno) o secundarios sino que forman parte del ser mismo
de la Iglesia no solo por su función, sino por
su ser mismo. " Los ministerios deben ejercerse en un
espíritu de servicio fraternal y de entrega a la Iglesia
en nombre del Señor." CIC 2039
Historia
Los ministerios, como todas las
realidades de la vida humana, han estado expuestos a los
cambios a lo largo de la historia, según la concepción
de Iglesia que se ha tenido en cada momento, a
las necesidades de la comunidad, e incluso, a la realidad
social y cultural del momento. Podemos decir que en relación
a los ministerios se han dado tres etapas principales: La
primera que llega hasta el siglo V, en la que
se da una pluralidad de servicios y ministerios laicales extraordinarios
en colaboración con el que preside la comunidad (una lista
de estos las podemos encontrar en el capitulo 12 de
la 1a Carta de Pablo a los Corintios). Una segunda
que dura hasta el siglo XX, en la que se
desarrolla una fuerte tendencia clericalizadora, por lo que se aumenta
considerablemente el numero de clérigos (sacerdotes, obispos, diáconos y religiosos).
Y finalmente la tercera, que se inicia con la Acción
Católica y que tiene su plenitud en el Concilio Vaticano
II. ""Los seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados
a colaborar con sus pastores en el servicio de la
comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta,
ejerciendo ministerios muy diversos según la gracia y los carismas
que el Señor quiera concederles" (EN 73)." CIC 910
Los primeros
ministros ciertamente serán los doce escogidos por Cristo (Mc 3,13
y ss), y son los inauguradores de la misión. Su
ministerio servirá de modelo para la Iglesia y se repetirá
en el cada uno de los Obispos, por ello a
esto lo llamamos: sucesión apostólica. Con el paso de tiempo,
después de la Resurrección del Señor, nacerán lo diversos ministerios
para el servicio de la comunidad que en comunión con
los apóstoles van conformando la misma comunidad (1Co 15,6; 9,2-3;
Hech 15,3) Estos ministerios, por lo que nos revela la
escritura eran de tipo Laical. Sin embargo, rápidamente fueron también
apareciendo los Ministerios instituidos y ordenados como los vemos en
las cartas de Timoteo y Tito (1Tim 3,1-13; 4,14; Tit
1,59). En estas cartas, no solo se habla de las
cualidades que debían tener los "presbíteros" (que son ahora los
sacerdotes que conocemos de manera común), sino del rito como
se consagraban de manera pública y permanente para esta misión.
Junto con estos ministerios aparecen los servicios y ministerios fundados
en los dones y carismas del Espíritu Santo (1Co.12,1ss). Podemos
ver en la incipiente comunidad como estos ministerios fueron naciendo
espontáneamente, bajo la acción del Espíritu. En ellos no existía
propiamente ninguna delegación oficial de la comunidad, ni imposición de
manos que generalmente confería el carácter público y definitivo para
el ejercicio del ministerio. "Cristo el Señor, para dirigir al
Pueblo de Dios y hacerle progresar siempre, instituyó en su
Iglesia diversos ministerios que está ordenados al bien de todo
el Cuerpo (LG 18)." CIC 874
A partir del siglo IV,
con la Conversión de Constantino que hará que el cristianismo
se convierta en la religión del Imperio, provocará que la
ministerialidad en la que estaban unidos tanto los laicos como
los ministros ordenados, se empiece a privatizar y a marginar
los ministerios del laicado. Así, poco a poco, el ministerio
ordenado fue "acaparando funciones" que en otros tiempos desempeñaban los
seglares: tanto en el orden de la palabra, el culto
y la caridad. Los diversos ministerios laicales vinieron a ser
considerados como grados por los que se ascendía al sacerdocio,
transformándose de esta manera en órdenes menores. Esto hizo que
en la antigüedad, antes del Concilio Vaticano II, para llegar
al sacerdocio fuera necesario pasar por lo que se llamaban
órdenes menores, que no eran ministerios ordenados, pero que preparaban
al candidato a recibir la ordenación, estos ministerios no ordenados
u órdenes menores eran: La Tonsura, el ministerio de Exorcista,
de Hostiario, de Lector, de Acólito y finalmente el Sub-diaconado.
Actualmente solo han quedado, y no como órdenes menores sino
como verdaderos ministerios, el lectorado y el acolitado a los
cuales pueden también acceder los laicos. ""Los seglares también pueden
sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores
en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento
y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según
la gracia y los carismas que el Señor quiera concederles"
(EN 73)." CIC 910
Antes de pasar propiamente a ver algunos
de los detalles del sacramento del Orden, queremos terminar esta
sección de los ministerios hablando sobre uno de los ministerios,
que sin ser ordenado, ha tomado, como en la antigüedad,
un papel muy importante en la Iglesia y es el
que ejerce el "ministro extraordinario de la Comunión". Ya desde
la antigüedad, los diáconos eran encargados de llevar la Comunión
a los enfermos. Con el paso del tiempo este ministerio
fue también encargado a personas dignas que pudieran ejercer ese
ministerio en favor de los enfermos. Hoy en día con
el crecimiento de las comunidades parroquiales la distribución de la
Comunión dentro de la Eucaristía dominical hecha solo por el
presbítero, el Diácono o el Acólito (que son los ministros
ordinarios de este servicio) hace que en las largas filas
se pierda la atención y la devoción necesaria para recibir
el cuerpo de Cristo. Esto aunado a que esta misma
situación se presenta en las comunidades en donde el visitar
a todos los enfermos, para asistirlos con el regalo de
la Eucaristía dominical resultaría prácticamente imposible para el sacerdote, esto
ha motivado a la Iglesia a desarrollar e instituir un
ministerio que en comunión con el Párroco pueda servir a
la comunidad distribuyendo el "pan Eucarístico" a sus hermanos. Para
poder acceder a este, es necesaria una preparación adecuada, y
sobre todo una vida moral y espiritual del ministro que
verdaderamente honre el ministerio que ejerce. "Los laicos, si tienen
las cualidades requeridas, pueden ser admitidos de manera estable a
los ministerios de lectores y de acólito (c.230,1). "Donde lo
aconseje la necesidad de la Iglesia y no haya ministros,
pueden también los laicos, aunque no sean lectores ni acólitos,
suplirles en algunas de sus funciones, es decir, ejercitar el
ministerio de la palabra, presidir las oraciones litúrgicas, administrar el
bautismo y dar la sagrada Comunión, según las prescripciones del
derecho" (c.230,3) " CIC 903
El sacramento del Orden
Para entender con
mayor profundidad el sacramento del Orden, lo primero que debemos
decir, es que no solo es un ministerio ordenado al
servicio, sino que es un verdadero sacramento de la Iglesia,
por lo cual significa y expresa la consagración y destinación
de un miembro capacitado y elegido por la misma comunidad,
en orden a presidir y santificar a la comunidad. Es
tan importante y trascendente, que este sacramento esta reservado al
Obispo, quien por las palabras consacratorias, la imposición de las
manos y la unción, configura al sacerdote en otro Cristo
(alter Christus). Ya desde la primera comunidad, la Iglesia ha
reconocido que aquel que preside la comunidad y la Eucaristía,
había de ser consagrado y destinado de manera pública y
significativa. El sacerdote ordenado, al recibir el sacramento del orden,
está expresando que por su persona, en la mediación de
la Iglesia, se prolonga en el hoy y aquí histórico-eclesial,
aquel ministerio que Cristo realizó cumpliendo la voluntad del Padre
en favor de la salvación de los hombres. Además, expresa
de manera sacramental el compromiso apostólico, que de suyo conviene
a toda la Iglesia, pero que en el presbítero se
da en plenitud. "En el servicio eclesial del ministro ordenado
es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia como
Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, sumo sacerdote
del sacrificio redentor, Maestro de la Verdad. Es lo que
la Iglesia expresa al decir que el sacerdote, en virtud
del sacramento del Orden, actúa "in persona Christi Capitis": El
ministro posee en verdad el papel del mismo Sacerdote, Cristo
Jesús. Si, ciertamente, aquél es asimilado al Sumo Sacerdote, por
la consagración sacerdotal recibida, goza de la facultad de actuar
por el poder de Cristo mismo a quien representa ("virtute
ac persona ipsius Christi")". CIC 1548
La función del sacerdote
En cuanto
a la función propia del sacerdote dentro de la comunidad,
podemos decir que es la manifestación personalizada de la ministerialidad
de la Iglesia, de manera que no tiene como función
acaparar o sustituir los ministerios de la comunidad, sino recordarlos,
animarlos y estimularlos. El sacerdote por el sacramento que recibe,
queda configurado con Cristo sacerdote como nos lo dice el
Concilio Vaticano II: "Por el sacramento del orden, los presbíteros...
quedan sellados con un carácter o marca particular, y así
se configuran con Cristo sacerdote, de suerte que puedan obrar
como en persona de Cristo cabeza" (PO.2). En este actuar
en "persona Christi" no quiere decir que el ministro substituya,
suplante o haga las veces de Cristo. Quiere decir, que
en la Iglesia no hay otro ministro que Cristo. Por
esta razón, nos dice el Concilio, que al quedar configurado
con Cristo y ser en la tierra, el "alter Christus",
cuando el sacerdote realiza un sacramento, es Cristo quien lo
hace y así, al bautizar es Cristo quien bautiza, al
consagrar o al perdonar los pecados, es el mismo Cristo
el que realiza esas acciones en la Iglesia.
De ahí
la alta dignidad y responsabilidad del ministro ordenado que no
solo hace las cosas en nombre de Cristo y de
su Iglesia, sino que en el momento del sacramento es
El mismo Cristo quien realiza la santificación de sus hermanos.
En otras palabras, el sacerdote es la mediación simbólica personal
de Cristo; la visibilización corporal de la capitalidad de Cristo.
En esto radica la grandeza y dignidad de su misión
y del misterio del sacramento del orden. También hemos dicho
que el sacerdote actúa en nombre de la Iglesia y
a nombre de la Iglesia. Esta representación debe entenderse no
como "honor" y "privilegio", sino como verdadero servicio a la
relación de la comunidad con Cristo, de las comunidades entre
si, del cristiano con la comunidad eclesial, del cristiano y
la comunidad con la misión apostólica.
La especificidad, es decir lo
propio, del presbítero no en el hecho de que actúa
en todos los campos del apostolado (La palabra, el culto,
la caridad, el pastoreo), ya que estos pueden ser hechos
incluso por los seglares, sino en la configuración personal y
dinámica de Cristo, sacerdote y víctima.
El sacerdote para poder
cumplir con lo que le es específico de él, ha
de estar dedicado a la oración y a la Palabra
como nos lo dice el libro del los Hechos de
los Apóstoles (Hch.6,4). Por el trato íntimo y personal con
el Maestro mediante la oración y la lectura y proclamación
de la Palabra, el sacerdote irá configurando su persona hasta
llegar a tener la altura del varón perfecto que es
Jesucristo. Por otro lado, ha de realizar lo que ningún
laico pude hacer, es decir: el sacrificio eucarístico y la
absolución de los pecados. Esto es lo propio y exclusivo
de la misión de Cristo, quien paso por el mundo
sanando toda enfermedad y dolencia, y dando culto al Padre
mediante su vida, que nos dejo de manera admirable en
la Eucaristía. Como santificador de la comunidad, le es propio
también el recibir en el sacramento del Bautismo a los
nuevos hermanos, confortar en sus sufrimientos a los enfermos mediante
el sacramento de la unción y bendecir, como testigo cualificado,
el sacramento por el cual se santifica la unión conyugal.
El resto de las actividades del presbítero pueden ser compartidas
(en incluso transferidas) con los laicos, que por su carácter
secular podrán, en no pocas ocasiones, realizarlas mejor que el
mismo sacerdote (algunas cuestiones de Evangelización, economía, administración parroquial, etc.).
De ahí la importancia de estar en más contacto con
nuestros sacerdotes, de manera especial de nuestro Párroco a quien
el Obispo le tiene encomendada la misión de santificar a
esa porción territorial del Pueblo de Dios. "El sacerdocio ministerial
o jerárquico de los obispos y de los presbíteros, y
el sacerdocio común de todos los fieles, "aunque su diferencia
es esencial y no sólo en grado, están ordenados el
uno al otro; ambos, en efecto, participan, cada uno a
su manera, del único sacerdocio de Cristo" (LG 10)"
Grados del
Orden
Quizás hubiera sido mejor iniciar nuestra reflexión sobre el sacramento
del Orden explicando los tres ordenes en los que este
sacramento pude ser recibido, pero pensando en que es precisamente
con el presbítero con quien tenemos más contacto hemos ya
explicado sus funciones y su ser sacerdotal. Esto ahora nos
servirá como base para explicar con más claridad el ser
y el quehacer del obispo y del diácono. Empecemos diciendo,
pues, que el orden sacerdotal puedes ser recibido en tres
grados: Diaconado; Presbiterado y Episcopado. Este sacramento, como ya dijimos
se comunica por medio de la oración consacratoria y la
imposición de las manos y es realizada única y exclusivamente
por el Obispo. ""El ministerio eclesiástico, instituido por Dios, está
ejercido en diversos órdenes que ya desde antiguo reciben los
nombres de obispos, presbíteros y diáconos (LG 28). La doctrina
católica, expresada en la liturgia, el magisterio y la práctica
constante de la Iglesia, reconocen que existen dos grados de
participación ministerial en el sacerdocio de Cristo: el episcopado y
el presbiterado. El diaconado está destinado a ayudarles y a
servirles. Por eso, el termino "sacerdos" designa, en el uso
actual, a los obispos y a los presbíteros, pero no
a los diáconos. Sin embargo, la doctrina católica enseña que
los grados de participación sacerdotal (episcopado y presbiterado) y el
grado de servicio (diaconado) son los tres conferidos por un
acto sacramental llamado "ordenación", es decir, por el sacramento del
Orden." CIC 1554
El sacramento del Orden lo recibe en plenitud
el Obispo, quien como sucesor de los apóstoles continúa con
el encargo de Jesús de construir el Reino. El a
su vez lo puede comunicar a otros hermanos. Lo pude
hacer de manera "limitada" en la ordenación de los Sacerdotes
y los Diáconos, o de manera plena en la ordenación
de los obispos. Para entender con facilidad a que se
refiere esta limitación, una manera fácil de explicarla es con
relación a los sacramentos que pueden realizar como ministros. Al
ordenar a un sacerdote, el obispo limita la gracia para
que pueda santificar al pueblo mediante la Eucaristía, el Bautismo,
la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y el Matrimonio;
para con los diáconos es todavía más limitado, pues de
los 7 sacramentos solo pueden conferir el Bautismo y presidir
los matrimonios. Todos ellos, como parte del ministerio, deben anunciar
a Cristo, por lo que se les encarga el ministerio
de la Palabra. ""Los presbíteros, aunque no tengan la plenitud
del sacerdocio y dependan de los obispos en el ejercicio
de sus poderes, sin embargo están unidos a estos en
el honor del sacerdocio y, en virtud del sacramento del
Orden, quedan consagrados como verdaderos sacerdotes de la Nueva Alianza,
a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote , para
anunciar el Evangelio a los fieles, para dirigirlos y para
celebrar el culto divino" (LG 28)." CIC 1564
El sacramento del
Orden al igual que los sacramentos del Bautismo y de
la confirmación confiere al sacerdote una marca indeleble en el
alma que se llama Carácter y que lo identifica de
manera particular con Cristo "Sumo y Eterno Sacerdote. De esta
manera, como ya hemos dicho, el sacerdote (Obispo, presbítero o
diácono) en todas sus acciones ministeriales y en particular al
realizar los sacramentos, actúa en "persona Christi" de manera que
es le mismo Cristo quien santifica a su pueblo. Este
carácter es irrenunciable por lo que una vez recibido el
sacramento del Orden, será sacerdote para siempre. Por eso en
los casos en los cuales el sacerdote decide retirarse a
una vida privada y de carácter laical, lo único que
deja es el "Ministerio activo" pues seguirá siendo sacerdote toda
su vida… es algo irrenunciable como lo es nuestro bautismo
y confirmación. "Los tres sacramentos del Bautismo, de la Confirmación
y del Orden sacerdotal confieren, además de la gracia, un
carácter sacramental o "sello" por el cual el cristiano participa
del sacerdocio de Cristo y forma parte de la Iglesia
según estados y funciones diversos. Esta configuración con Cristo y
con la Iglesia, realizada por el Espíritu, es indeleble (DS
1609); permanece para siempre en el cristiano como disposición positiva
para la gracia, como promesa y garantía de la protección
divina y como vocación al culto divino y al servicio
de la Iglesia. Por tanto, estos sacramentos no pueden ser
reiterados." CIC 1121
Recordemos que el ministerio ordenado y el ministerio
de los laicos proceden los dos del mismo Cristo y
de nuestro bautismo, por ello debemos valorar los dos aspectos
de la ministerialidad de la Iglesia y comprometernos con ambas.
Por un lado debemos, en oración bajo la guía del
Espíritu Santo, descubrir en que podríamos ayudar al crecimiento de
la Iglesia, de manera particular en nuestra casa, en el
barrio y la oficina. Por otro lado, ponernos en contacto
con nuestro párroco para que ver en que podríamos ser
de utilidad dentro del plan orgánico de pastoral de la
Parroquia. Además ahora que conocemos más lo que es el
presbiterio y su función encomendada por Jesucristo, buscar entenderlo más
y orar por el para que la gracia de Dios
lo asista continuamente y lo fortalezca, para que sea capaz
de crecer en santidad y logre así ser un verdadero
pontífice (intermediario) entre Dios y los hombres y así lograr
el establecimiento y crecimiento del Reino de Dios.
"El sacerdocio
ministerial o jerárquico de los obispos y de los presbíteros,
y el sacerdocio común de todos los fieles, "aunque su
diferencia es esencial y no sólo en grado, están ordenados
el uno al otro; ambos, en efecto, participan, cada uno
a su manera, del único sacerdocio de Cristo" (LG 10).
¿En qué sentido? Mientras el sacerdocio común de los fieles
se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal (vida
de fe, de esperanza y de caridad, vida según el
Espíritu), ö el sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio
común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de
todos los cristianos. Es uno de los medios por los
cuales Cristo no cesa de construir y de conducir a
su Iglesia. Por esto es transmitido mediante un sacramento propio,
el sacramento del Orden." CIC 1547.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR