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Autor: Dolores Echevarría | Fuente: Catholic.net ¿Para qué sirven las monjas de clausura?
La oración de las monjas de clausura es como el corazón que bombea la sangre a todas partes del cuerpo
¿Para qué sirven las monjas de clausura?
A los ojos de un mundo que todo
lo mide con medidas de utilidad y beneficio, las monjas
y monjes de clausura no sirven para nada. No tienen
escuelas, no ayudan con catequesis o en la parroquias, no
dirigen grupos juveniles, no dan clases en institutos o universidades,
ni siquiera acogen o cuidan a enfermos o ancianos...
En
los monasterios de clausura masculinos y femeninos, sólo rezan, se
sacrifican y aman. Y es aquí donde radica su riqueza,
su inmensa riqueza y valor.
La oración de las monjas
de clausura es como el corazón que bombea la sangre
a todas partes del cuerpo. Su presencia silenciosa y orante
da vida a la Iglesia y además es un consuelo
constante a Cristo.
Arrancan de Dios a base de mucha oración,
de mucho contacto con él, de sacrificios, enormes sacrificios, esas
gracias que necesitamos todos.
En medio de una vida de
oración, de silencio, de recogimiento, de trabajo manual y físico,
de penitencias corporales,... estas almas van adentrándose en el corazón
de Dios y gracias a ese intimidad con Él, van
haciendo de este mundo un mundo más humano y más
de Dios.
Nuestra sociedad, es verdad que no va
bien. Pero iría mucho peor, si en el mundo no
hubiera monjas de clausura. La mejor prueba de para qué
sirven los monjes y monjas de clausura es visitar una
clausura.
En un mundo habituado a valorar y sopesar todo según
el número de bienes que produce, nada parece más insulso
e improductivo que una comunidad de personas dedicadas al servicio
de Dios en la contemplación. Sin embargo, si le concedemos
a Dios un poquito de razón, reconoceremos que no hay
acción más valiosa que la de “estarse amando al amado”,
en palabras de San Juan de la Cruz.
¿No dijo
el mismo Cristo?: "Marta, Marta, muchas cosas son las que
te inquietan, pero una sola es necesaria, María escogió la
mejor parte y nadie se la quitará" Si aceptamos la
enseñanza de Cristo, entonces no podemos negar que la vida
contemplativa posee un valor sublime dentro de la jerarquía de
valores.
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