La evolución de la vida consagrada dedicada específicamente a
la enfermería, como tantas otras parcelas historiográficas, además de su
interés en sí, tiene el de ser un espejo que
refleja la historia de corrientes sociales, religiosas y mentales de
alcance más amplio. Concretamente, de un lado nos brinda un
punto de mira óptimo para seguir las sucesivas encarnaciones de
la vocación y la realización regulares, mientras que de otra
discurre paralela [1] a la de las transformaciones coincidentes de
la vida hospitalaria. Y ello desde los orígenes hasta ahora.
En
efecto, si las familias religiosas hoy dedicadas, con exclusividad o
no, al menester asistencial de los enfermos, son de la
edad contemporánea, o remontan lo más al antiguo régimen donde
habían surgido a guisa pionera, el ejercicio a esa manera
sacra de su oficio había existido ab initio [2] ,
desde los mismos comienzos monásticos [3] , de manera que
esa nota novedosa únicamente puede predicarse de la mutación por
ella llevada consigo, que no nacimiento, en las maneras anteriores
de esa misma vida consagrada.
Precisando más, cuando la asistencia
a los enfermos no se había concentrado en los hospitales,
los monjes que participaban en ella lo hacían de la
misma manera que sus prójimos en el siglo, familiar y
espontáneamente, y sin asomo de especialización ninguna. Recordemos que, por
supuesto, de los enfermos trata la Regla de San Benito.
Y el prestigio, en la esfera canónica, por poner
un solo ejemplo llamativo, del peculiar Hospital del Rey en
la ciudad de Burgos, ligado al formidable monasterio femenino cisterciense
de Las Huelgas.
Al surgir los hospitales [4] , fue común
que tuvieran a su servicio comunidades religiosas [5] , pero
éstas independientes unas de otras [6] , sin concebirse siquiera
su encuadramiento en congregaciones centralizadas y difundidas all over the
world cual las modernas. O sea que prolongaban la misma
forma de vida monástica, en cenobios aislados, que había sido
la del monacato, prebenedictino y benedictino, aunque en éste observándose
la misma Regla, pero sin otro vínculo entre los monasterios
que ella misma, o sea un libro. Una familia religiosa
cada monasterio pues. Sistema que en las comunidades hospitalarias se
mantuvo mucho después de haber evolucionado la vida religiosa hacia
las grandes órdenes articuladas jerárquica y jurídicamente y de vocación
geográfica ilimitadamente expansiva, a partir de los canónigos regulares y
los frailes, hasta los clérigos regulares en la edad moderna
y los institutos seculares de nuestro siglo.
Así las cosas,
al tramontar el antiguo régimen y derrumbarse con él la
beneficencia de la Iglesia ligada al mismo, ella desamortizada y
exclaustrada, fue cuando paradójicamente tuvo lugar en su seno una
floración de nuevas congregaciones, sobre todo femeninas, llamadas en un
principio a llenar el pavoroso hiato [7] producido entre aquel
vacío [8] y el alumbramiento del estado benefactor.
Tratar en este
contexto de todas las congregaciones que han concedido algún
espacio a los enfermos sería hacer sin más la historia
de la vida religiosa en los últimos siglos de las
historias universal y de la Iglesia. Nosotros hemos escogido aquí
las que se llaman expresamente de enfermeras, ¿implicando ello dejarnos
arrastrar por un señuelo superficial? No vamos a justificarnos expresamente,
pero sí traer a colación dos reflexiones, a saber, de
una parte que las palabras cuentan, y más si son
denominadoras- recordemos la frase de Unamuno, de que si el
hábito no hace al monje, el monje sí se hace
al hábito-, y de otra que las congregaciones escogidas por
ese criterio semántico han resultado representativas de conjuntos mucho más
amplios, hasta permitirnos una visión global.
En la reconstrucción del nuevo
régimen
Gabriel Muffat-Jeandet (1781-1842), nació en Megève, pueblo alpino de la
Alta Saboya, entonces de la misma diócesis de san Francisco
de Sales, Ginebra, luego de Chambéry, doce años antes de
su anexión a la Francia revolucionaria. Desde 1815 fue párroco
de San Francisco de Sales, en Bauges, otro lugar de
montaña. Diez y ocho años más joven que él, en
esa feligresía había nacido Ana Nicoud, la que sería su
cofundadora, embarcada en la empresa a raíz de una misión
parroquial, la primera allí predicada, ellas obra del abate Favre,
en 1821.
Ana era una de esas mujeres devotas de
la época, sin los medios materiales ni la formación intelectual
adecuados para entrar en una orden monástica [9] , y
por lo mismo con no muchas expectativas para un matrimonio
conveniente, mientras que el abate Favre iba dejando instituidas en
las parroquias de su predicación la llamada Congregación de las
Hijas de la Cruz, una especie de cofradía con una
manera de vivir parecida a la de la Tercera Orden
Franciscana.
En 1827 comenzaron la vida común Ana y otras
cuatro jóvenes, menos ella y otra todas con defectos físicos
o psíquicos, llamándose Hijas Obreras de San Francisco de Sales,
al principio con vagos móviles docentes, si bien incluyendo también
en los mismos la visita a los enfermos. En 1860,
el mismo año del retorno de Saboya a Francia, luego
de un interregno piamontés, el arzobispo Billiet consiguió del gobierno
imperial la aprobación civil de la congregación, con el nombre
de Hermanas de la Inmaculada Concepción [10] , adoptando un
sencillo hábito negro con un cordón azul que sostenía
un crucifijo, y una regla de inspiración salesiana, añadiendo a
los tres votos otro de estabilidad perpetua. Una manifestación de
la devoción coetánea es que venían obligadas al rezo diario
de cuatro letanías [11].
Y fue en 1897, habiendo muerto la
fundadora en 1872 ya, cuando coincidiendo con la fundación de
una casa en Chambéry, topónimo que añadieron a su denominación
canónica, movida por la obstaculización gubernativa de la enseñanza religiosa,
la Congregación se polarizó hacia la enfermería, formándose en adelante
sus religiosas para ello en el Hospital de San José
de Lyon, atendido por las Hijas de la Caridad.
Por su
parte, Giovanna Franchi [12], luego conocida incluso oficialmente por el
diminutivo de Giovannina, nació algo después, en 1807, en
Como, cuando la pequeña ciudad medieval del septentrión itálico, clerical
, nobiliaria y de artesanos tejedores, estaba bajo el ilustrado
dominio napoleónico, hija ella de un magistrado de abolengo, quien
la hizo educar en las salesas.
Próxima ya a la
cincuentena, en 1853, inició en una mansión del centro intramuros,
con tres compañeras, una existencia de “enfermera de la caridad”,
bajo la forma de pía unión, dando preferencia a la
asistencia domiciliaria, dirigidas por el confesor de las salesas, que
era el penitenciario de la catedral, Giannabbondio Crotti, fallecido tres
años más tarde, en la espiritualidad de la adoración perpetua.
Por la ubicación de la Pía Casa, empezaron llamándose Hermanas
Enfermeras de San Nazario. “Darán a los enfermos-decía su Método
de Vida, aprobado en 1862-todos los servicios y medicamentos que
los puedan prestar sin la intervención del médico o el
practicante”. Desde 1858 se cubrieron con una cofia negra, llevando
además túnica y esclavina del mismo color, un cuello blanco
y una cruz. En 1862 fue elevada a congregación religiosa
diocesana [13] , con el nombre definitivo de Hermanas
Enfermeras de la Virgen de los Dolores [14] . La
fundadora murió en 1872, y su familia religiosa, extendida por
su región y la colindante Suiza italiana, se estableció además
en 1989 en la periferia de Buenos Aires [15] .
Entreguerras
Pedro-Alberto
Michel (1866-1940), fue [16] un sacerdote de la diócesis de
Moulins, en la región francesa central del Borbonés, nacido de
una familia de técnicos mineros, formado en sus dos seminarios,
que dirígían los jesuitas y los maristas. Desde los comienzos,
su ministerio fue profesoral y de gobierno diocesano, y cultivó
las ciencias naturales, sobre todo la entomología. En 1895 fundó
la Conferencia de San Antonio de Padua, con un propósito
caritativo, dirigiéndola hasta el estallido de la Gran Guerra, cuando
fue nombrado vicario general.
En 1909 inició la prefundación de su
congregación, en colaboración con una paralítica parisiense, Elisabeth La Marquière,
y el doctor Ranglaret, amtiguo interno de los Hospitales de
París, comenzando por la asistencia a los enfermos terciarios franciscanos,
inmerso en la espiritualidad reparadora de la época, y habiendo
tratado primero de encargar la obra a religiosas de congregaciones
ya existentes. “La Casa de San Francisco- leemos en un
texto inicial- no tiene la pretensión de ser un hospital,
y no sería deseable se la diera este nombre. Es
sencillamente la residencia de las cuidadoras de los enfermos [17]
[de la obra]. Por lo tanto, hay que concluir que
su actividad de enfermeras [18] tomará la forma exigida por
las circunstancias [tanto cuidando a domicilio como en la Casa
de San Francisco]”.
Pero la cofundadora fue María Juniet (1887-1955), madre
Santa Clara en religión, descubierta por el doctor Ranglaret como
cuidadora de enfermos [19] , que luego obtuvo el título
de enfermera diplomada de la Cruz Roja- sus religiosas diigieron
luego la Escuela de la Cruz Roja de Moulins- y
fue superiora general hasta su muerte.
Tras algunas dudas en cuanto
a su forma canónica, las Enfermeras de San Francisco de
Asís quedaron erigidas en 1920 como una congregación femenina, siguiendo
las reglas de la Orden Tercera y llevando el hábito
franciscano, además con una cruz blanca cuadrada y un crucifijo
en el cordón, y afiliadas a la Orden Franciscana. Su
móvil específico se definió como la asistencia a los enfermos,
preferentemente a domicilio [20].
Ni que decir tiene que estas familias
asistenciales se basaban en una mentalidad y sensibilidad religiosas, dominada
su vocación por el anhelo de la santificación personal, y
apuntalada su entrega vital por unas advocaciones y devociones de
que ya tenemos una idea. Pero lo que sobre todo
nos interesa aquí, aunque de ello no sea posible hacer
un compartimento estanco, es su dedicación a la enfermería. Una
vía por la cual es preciso comparemos.
A guisa de cotejo
Desde
ese punto de mira, hay que convenir en que las
de Chambéry no nacieron con tal destinación específica, al contrario,
antepusieron a ese menester el docente, adaptándose después en pro
de los enfermos en atención al cambio de las circunstancias.
Pero hay que observar que esta multiplicidad de actividades es
una nota muy característica, tanto de la que podríamos llamar
biografía colectiva de las órdenes religiosas como de la individual
de sus miembros, en cuanto lo esencial en las unas
y los otros radica en una consagración de la vida,
la cual lleva ínsita la plena disponibilidad, resultando su condición
célibe y el género reglamentado de vida muy favorable al
desarrollo de capacidades variadas, si bien no conviene perder de
vista la otra cara, la inmolación de los desarrollos hijos
de una libertad forzosamente constreñida.
Volviendo a nuestros ejemplos, las
Enfermeras de Como surgieron en cambio inmediata y directamente cual
fruto de una idea fundacional ya dirigida al menester denotado
en su nombre. Curiosamente, una y otra congregación ubicadas en
territorios fronterizos entre las varias potencias dominantes en la época,
pues Como cambió entonces de los austríacos a los italianos
pasando por los franceses, y a Saboya la hemos visto
en nuestra breve exposición mudar dos veces entre el Piamonte
y Francia. En cuanto al Borbonés que alumbró las Enfermeras
de San Francisco de Asís, con el mismo designio inicial
específico que había sido el de Juanita Franchi, más que
del espacio, nos interesa por este camino el cotejo del
tiempo, casi a la distancia de un siglo, pasada ya
la primera guerra mundial. Mas los cambios profundos en la
sociedad y las mentalidades que vinieron tras de la segunda
estaban aún muy lejos, de manera que uno siente cómo,
tanto en esos aspectos genéricos como en la concreta sensibili-dad
religiosa, es la continuidad lo predominante de Gregorio XVI a
Pío XII. Los ava-tares posteriores de la historia de esas
congregaciones nos interesan menos. Notemos únicamente el mayor desarrollo numérico
de la italiana, las francesas mucho más afectadas por la
escasez de las vocaciones y sencillamente el cambio de los
tiempos.
Así las cosas, los tres ejemplos examinados nos han permitido
establecer una cierta tipología, válida para las épocas y lugares
en cuestión, e incluso susceptible de permitir una aproximación a
otros. Concretamente, otras dos congregaciones fran-cesas, las Enfermeras de la
Misericordia, fundadas en Beaulieu, diócesis de Tulle, tie-nen mucho parentesco
con las de Chambéry, en tanto las Enfermeras de la
Compa-sión, surgidas anteriormente en la diócesis de Rouen, son similares
a las de Como.
En efecto, estas últimas [21] , diocesanas,
existentes de hecho desde 1844, fueron erigidas en 1856 por
el ordinario Blanquart de Bailleul, bajo la Regla de San
Agustín, para atender a los enfermos incluso a domicilio. En
cambio las primeras, fueron aprobadas en 1861 por el obispo
Berteaud, consumándose con ello la secesión de una de las
damas de una asociación caritativa de la ciudad, Victorina de
Bessol, quien encontró a la que sería la fundadora, María
Guittard [22] , acabándose por abandonar el menester docente para
dedicarse exclusivamente a los enfermos y los ancianos [23] .
Sor Guittard (1828-1872) era de una familia campesina, y su
caso nos recuerda el de Ana Nicoud muy de cerca
[24] . La fundadora de las de Rouen, Rosa Ferment,
en religión Rosa de Lima, había nacido en el paraje
monástico normando de Saint-Wandrille, junto a la abadía de Fontenelle,
y a los treinta y un años de existencia del
instituto le abandonó por disensiones, sin que se conozcan el
lugar ni la fecha de su muerte. Página ésta de
las que de cuando en vez se encuentran en estos
anales. La sucedió en el puesto la cofundadora, Adela Dubosc,
en religión María de la Compasión (1829 [25] -1889). Otra
congregación italiana, tras pasar su nombre por varias matizaciones Siervas
[26] de María de Pisa [27] o Hermanas de la
Virgen de los Dolores, no nos plantea ningún problema de
identidad, en cuanto surgió por la secesión de un grupo
de las Oblatas Hospitalarias Terciarias Franciscanas de Santa Clara de
Pisa [28] , en desacuerdo en 1895 con la gerencia
del hospital de esa ciudad. Esas Oblatas venían constituyendo por
su parte una de esas comunidades nosocomiales de que hablábamos
al principio y remontaban a la Edad Media, teniendo una
afiliación capuchina [29] , mientras que las separadas adoptaron la
servita, siendo llamadas mantellate por la adopción del correlativo hábito.
Otra
fundación también italiana nos lleva a la época de las
del abate Michel, en pleno pontificado de Pío XI, las
Enfermeras de San Carlos, obra de un sacerdote de Milán,
Giovanni Masciadri (1868-1963), quien las erigió en el pueblo de
San Pietro Martire, donde entonces era delegado diocesano, en 1932
[30] . Y en su caso tenemos un ejemplo pintiparado
del entrecruzamiento en las ideas de los fundadores de esos
tiempos de motivaciones de una u otra índole muy varia,
de lo estrictamente confesional a lo benefactor. En efecto, el
móvil que ante todo le impulsó era evitar que los
enfermos murieran sin confesión [31] .
A propósito de la formación
científica y técnica de las religiosas en cuestión, tiene interés
esta confesión del entonces director médico del manicomio de Ciempozuelos,
Rodrigo González y González, presentando su libro aparecido en 1891,
Prontuario de la enfermera, por encargo del provincial de las
Hermanas Hospitalarias que le atendían, Benito Menni, y de la
superiora de la comunidad. Allí se refería, al cabo de
una experiencia de once años, a “la necesidad de que
las hermanas novicias aprendan ligeras nociones de anatomía, fisiología y
cirujía, con los métodos mejores para cuidar como enfermeras a
las diversas clases de enfermos en que han de emplear
sus caritativos auxilios”. Y hay aún un aspecto que no
es posible preterir cuando se hace historia, por más que
hoy nos parezca ya muy tramontado, el de la incompatibilidad
de algún aspecto del ejercicio profesional con la condición consagrada.
Así, durante mucho tiempo, no se estimaba adecuado para las
religiosas hacer de comadronas, aunque ello daba lugar, en ciertos
países de misión, a la perduración de prácticas indígenas en
torno a la preñez y el parto que se cobraban
muchas vidas, de manera que un obispo benedictino, Spreiter, hasta
la Gran Guerra en el África Oriental y luego en
África del Sur, expresó personalmente al papa Pío X, en
una audiencia que tuvo lugar el 7 de mazo de
1914, su disconformidad con las razones alegadas para ese veto,
que consistían en ir contra virginitatem y ser non convenienter,
con lo que se manifestó el Sumo Pontífice de acuerdo,
est res naturalis, non peccatum, est res spiritualis ad lucrandas
animas, pese a lo cual hubo que esperarse hasta 1936,
cuando unas instrucciones del Prefecto de Propaganda Fide, Fumasoni Biondi,
le dieron la razón, dilatándose sin embargo hasta 1957 la
correlativa modificación de las constituciones de sus propias Benedictinas de
Tutzing, que eran además recientes hasta cierto punto, de 1924
[32].
Prosiguiendo, una circunstancia común a los institutos de que hemos
venido hablando, es su radicación en países católicos. Ahora hemos
de ir en pos de un ejemplo en la
diáspora y en los antípodas.
En la lejana Australia
El australiano Timothy-Edward
McGrath (1881-1977), era huérfano de un inmigrante irlandés, nacido en
el noreste de Victoria, Bugeet, Melbourne conmovido entonces
por el ajusticiamiento de Kelly, la encarnación del bandolero justiciero.
Su juventud fue un incesante cambio de casas, países y
empleos, llegando a tener el francés por una segunda lengua
ordinaria, si bien con dificultades para realizar su vocación sacerdotal
por la falta de instrucción secundaria, hasta ordenarse en 1909
como Misionero del Sagrado Corazón, pero sin que nunca le
abandonara la preocupación por los marginados de la sociedad.
En Sydney
conoció a Eileen-Rosaline O’Connor [33] (1892-1921), casi enana y por
lo común paralizada, a quien luego sus enfermeras llamarían “Pequeña
Madre” y los compañeros de un pasaje a Europa “Pequeña
Señorita”, de una modesta familia también irlandesa, en Melbourne cuando
ella nació, muy deprimida la ciudad tras de la optimista
fiebre del oro.
Otra de las jóvenes que comenzaron interesándose
por lo que genéricamente llamaron “El Trabajo” fue Cissie McLaughlin
(1891-1965), en religión Teresa, desde 1913, la otra cofundadora, juntándose
enseguida con algunas más en la “Nueva Casa”, 35 Dudley
Street. Los anales de esos días fundacionales de las Enfermeras
de Nuestra Señora para los Pobres [34] , Our Lady’s
Nurses for the Poor, hablan incluso de Rags, el perro
de Eileen. Inmediatamente se produjo un amargo conflicto entre McGrath
y sus superiores, cuyos avatares no hay aquí huelgo
para explicar, a consecuencia del cual fue alejado de Australia
y apartado de la obra.
La dedicación de ésta era la
asistencia exclusivamente domiciliaria a los enfermos pobres, vestían como las
enfermeras de la época pero de color pardo, su divisa
era To Jesus through Mary, y adoptaron la espiritualidad de
los ejercicios ignacianos. Una matrona, Hawkeshaw-McRae, formó como enfermeras a
las primeras.
Eileen, a quien se ha comparado con las
santas Juliana de Norwich y Lidwina de Schiedam, escribió unos
libritos decisivos para conocer su visión del mundo y de
su empresa, a saber Ocho Reglas, Pequeños pensamientos para cada
día y Pequeñas meditaciones de la madre. Murió tuberculosa a
los veintiocho años. En 1949 su familia religiosa fue reconocida
como pía unión por el cardenal Gilroy, arzobispo de Sydney,
y en 1953 como congregación diocesana. Su expansión se ha
limitado a otras cuatro casas en Australia.
De la etapa de la historia eclesiástica posterior al
cambio conciliar, dramática y traumática tanto como virgen de estudio,
pese a su interés sintomático incluso para los no interesados
en el argumento, no vamos a decir. Sólo subrayar que
ha sido de escasas fundaciones congregacionales, salvo las que sintonizaban
muy pintiparadamente con el espíritu y las necesidades de la
época, tal las Misioneras de la Caridad, al estímulo además
de una personalidad de excepción cual Teresa de Calcuta, o
con la hora precisa de la Iglesia, por ejemplo las
Misioneras de la Unidad en la diócesis de Segovia. Al
contrario, se recomendó la fusión de las congregaciones anteriores, y
en este artículo lo hemos visto ejemplificado, en parte por
la anemia numérica de muchas, también por la imposición coetánea
de aunar esfuerzos y el menor predicamento de lo individual.
Pero sí hemos de dar noticia de algunas congregaciones de
enfermeras fundadas en la segunda guerra mundial o inmediatamente después,
al fin y al cabo todavía tiempos sin solución de
continuidad con los anteriores, pero acaso ya marcados por un
cierto presentimiento un tanto novedoso, sobre lo cual no es
aquí cuestión de reflexionar.
En el umbral del cambio de la
historia
En 1940 fueron erigidas en congregación diocesana las Hermanas Enfermeras
de María de la Medalla Milagrosa, por el obispo de
Ljubljana, en Eslovenia, entonces Yugoeslavia. El régimen instaurado en el
país después de la guerra las causó graves dificultades, pero
solamente en los primeros años [35] . Ahora bien, lo
que entonces tuvo lugar fue la transformación institucional, anticipada que
ya había sido en 1926 [36] , de un ente
existente de más antiguo, las llamadas Vírgenes Enfermeras, una asociación
creada en 1878, bajo la tutela de las Hijas de
la Caridad, para llenar la laguna de la asistencia a
domicilio, incluso nocturna, que ellas tenían prohibida. La fundadora fue
una noble austríaca, Josefina Brandis, Hija de la Caridad ella
misma, cuando era inspectora de la provincia de Austria-Hungría, luego
de haber profesado en Estrasburgo y servido en París y
en el hospital de su propia ciudad natal de Graz.
Diversas,
también por su geografía, se nos aparecen las Hermanas Educadoras
Enfermeras de María Auxiliadora, erigidas en la diócesis brasileña de
Sâo Paulo, en 1948, con una preferencia por los tuberculosos,
ayudadas por dos asociaciones seglares instituidas previamente, la Legión de
María Auxiliadora y la Legión Combatiente contra la Tuberculosis. Ello
fue obra, con la aportación de toda su fortuna, de
una tuberculosa, Odete Souza de Carvalho, que se había curado
en Campos do Jordâo, en el mismo Estado, y a
quien ayudaron los jesuitas, concretamente el redactor de las constituciones,
José-Lorenzo de Costa Aguiar, y otros dos, Pablo Bannwerth y
Valentín Rozman.
Y en plena guerra mundial, se había concebido en
el Canadá francés el proyecto ambicioso noblemente de una Sociedad
de Enfermeras Misioneras, que habían de formarse rigurosamente, respondiendo a
las últimas exigencias modernas [37] , bajo la forma canónica
de instituto secular. No olvidemos que éstos constituyen el nuevo
tipo de vida consagrada de la edad contemporánea, equivalentes a
lo que habían sido en sus épocas respectivas los monjes
de la antigüedad tardía y el alto medievo, los canónigos
regulares y los frailes de la Baja Edad Media y
los clérigos regulares de la Edad Moderna. El fundador fue
un prelado de la diócesis de Montréal. monseñor Larochelle, autorizado
por la Congregación de Propaganda Fide, y nombrado diocesanamente superior
eclesiástico en 1941, encomendándose tres años después la dirección espiritual
a los dominicos. Pero ante su falta de desarrollo hubo
de ser suprimido por el cardenal Léger en 1957.
Y hemos
de dar todavía noticia de una congregación de enfermeras fundada
fuera del catolicismo, en el anglicanismo.
En la Iglesia de Inglaterra
Sabido
es que una de las discrepancias entre la Iglesia Católica
y las iglesias reformadas estuvo en la falta de reconocimiento
por éstas de los votos de la consagración religiosa como
contrarios a la libertad evangélica. Sin embargo, desde el siglo
XIX, los ahora llamados hermanos separados, han avanzado mucho por
ese camino, hasta llegar a lo que aparece en defnitiva,
al menos a simple vista, cual una retractación de la
postura inicial, sin que aquí podamos entrar en más honduras.
El
precursor fue un pastor evangélico alemán, Teodoro Fliedner (1800-1864), quien
para sus obras de caridad requirió el auxilio femenino, y
entonces dio vida al movimiento de las diaconisas, que ya
había conocido en los mennonitas, alegando sus orígenes apostólicos, con
lo cual entroncaba con el mito del origen igualmente apostólico
de la vida monástica, de mucho predicamento en el catolicismo.
Así, en 1836, instituyó en su parroquia de Kaiserwerth, cerca
de Düsseldorf, un instituto para las mismas, que a la
vez fue hospital y escuela de enfermeras, si bien admitiendo
los votos sñólo por cinco años [38].
Y no mucho más
tarde, en una data a estos efectos todavía muy temprana,
en 1848 [39], fueron fundadas en la Iglesia Anglicana [40]
las Enfermeras de San Juan el Divino [41] , Community
of the Nursing Sisters of St.John the Divine, aunque sólo
al cabo de noventa años, en 1932, fue reconocida
la validez vinculante de sus votos perpetuos. Lo que hay
que notar es que, desde el principio, se insistió mucho
en los valores estrictamente monásticos a mantener, claustrales, de plegaria
coral [42] y oración individual [43], además del silencio [44],
ello consecuencia de tratarse de una reivindicación nueva en su
confesión religiosa.
También se hizo mucho hincapié en la formación de
las religiosas como enfermeras o matronas, ahora con escuelas en
varios barrios londinenses [45] y en Hastings, además de en
Malawi. Y, teniendo en cuenta que su fecha fundacional estaba
aún muy lejos de la creación del Servicio Nacional de
Sanidad por el laborista Bevan, al principio se las destinó
en una buena parte a la asistencia de los pobres
a domicilio, aunque ahora predomina su labor en los hospitales.
De esta guisa, al terminar nuestro excursus, comprobamos haber podido
pasar revista en él, a pesar del criterio muy parcial
de que partimos, precisamente por la abrumadora imposibilidad de ser
exhaustivos, a la vida religiosa contemporánea en la iglesia latina,
ello teniendo en cuenta tanto la larga centuria de los
ejemplos escogidos, como su procedencia geográfica, en la vieja Europa
continental e insular, latina y eslava pasando por el ámbito
germánico, en la América del Norte y del Sur, a
la búsqueda de esa armonía en los contrarios que la
enfermedda es capaz de generar, como fusión de lo múltiple
y concordia de lo discorde [46].
Y naturalmente que en esta
aportación historiográfica no vamos a hacer referencias a la actualidad.
Un presente que también está representado en este campo. Cuando
el respeto a las exigencias de la formación profesional más
rigurosa y al día no son incompatibles con la plena
dedicación de las energías personales de las enfermeras misioneras a
cuantos menesteres demanda la marginación del entorno, del hospital al
huerto, donde acaso es vital, para aminorar en ése el
número de enfermos a la larga, aclimatar algún nuevo cultivo.
Tal la Missionary Community of Saint Paul the Apostle [47],
en Abisinia [48], en Kenia [49] y en Bolivia [50].
Si tienes alguna consulta utiliza este enlace para
escribirle a la Hna. Graciela Galván, Superiora
en Argentina y Maestra Formadora de Postulantes de las Hermanas
de los Enfermos, Congregación fundada por la Sierva de Dios,
Madre Juanita Franchi
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[1] Es significativo que
el artículo dedicado a la enfermería por la New
Encyclopaedia Britannnica (15ª ed., Universidad de Chicago, 1978), Nursing (pp.
395-400) que no es histórico sino actual, empiece su breve
excursus introductorio subrayando la relevancia del cristianismo, comenzando por la
cita de las matronas romanas Feba, amiga de san Pablo;
Marcela, que se hizo su palacio junto a un monasterio
femenino; y Fabiola, que vivió al lado de un hospital.
Con ese motivo, nota expresamente lo que ello implicaba de
the new intellectual freedom for women and their participation
in religious and social action at a high level.
[2] Hasta
poder dar lugar a visiones de un cierto humor, cual
la de Fernán Centeno, Mitad monjes, mitad enfermeros, en “Nueva
Enfermería”, núm. 77 (10, 1989) 38.
[3] Cfr., ANSELM PARKER, The
Monastic Life in the Church (St.Wilfrid Preston, Catholic Evidence Lectures;
6ª serie, 9-1-1913; Preston, 1913).
[4] De trascendental interés comparativo es
el cotejo, a su propósito, entre Occidente y Bizancio, éste
mucho más adelantado. Y una sugerencia, por supuesto que en
el plano típico de monasterio medieval que es el de
San Gall está la enfermería.Pero, ¿se podría detectar alguna reminiscencia
monástica en los planos de los hospitales del medievo? Pensamos
en el principio arquitectónico de que desde las camas se
pudiera ver el altar , pero susceptible de evolución, como
lo demostró Antonio Averlino (+1469) en el Ospedale Maggiore de
Milán: patio central flanqueado por dos edificios de planta cruciforme,
con el altar en el crucero.
[5] J.ALVAREZ GÓMEZ, Historia de
la vida religiosa 2 (Madrid, 1989) 186-92; cfr., Kultur- Geschichte
der christlichen Orden (ed. P.Dinzelbacher, Kröner Verlag, 1997).
[6] Cfr., G.LECROQ,
L’hôpital de Fécamp et sa communauté de bénédictines hospitalières. 1031-1939
(Caen, 1939); D.NEBBIAI-dalla GUARDA, Les livres de l’infirmerie dans les
monastères médiévaux, en “Mabillon”, nueva serie, 5 (tomo 66,
1994).
[7] De ahí las palabras del padre Benito Menni, de
quien habremos de ocuparnos luego, en una circular anunciando la
fundación de un manicomio en Guipúzcoa: “Desgraciadamente los males que
afligen a la humanidad, con su pujanza hacen imprescindible la
creación de establecimientos hospitalarios, que en otros tiempos menos aciagos
no se echaban de menos”; J.LÓPEZ DE LERMA PEÑASCO y
M.DÍAZ GÓMEZ, Historia del Hospital Psiquiátrico Sagrado Corazón de Jesús
de Ciempozuelos. 1881-1989. “Un siglo de psiquiatría y de historia
de España” (Madrid, 1991) 59.
[8] Causado no sólo por la
exclaustración de los regulares sino por la desamortización de las
cofradías y la iglesia secular y aun de las manos
muertas de la escasa beneficencia civil.
[9] En una ocasión escribió
el fundador a sus vicarios capitulares: “Es escandaloso que las
riquezas, tan maldecidas en el Evangelio, sean el medio de
la vocación divina en la mayoría de las órdenes religiosas”.
[10]
F.BOLLON, Les Soeurs de l’Inmaculée Conception de Chambéry. Souvenirs inédits,
origines et histoire des premières années de la Congrégation jusqu’a
l’époque actuelle. 1827-1945 (Chambéry, 1949). En 1982 la Congregación se
fusionó con otras cuatro, bajo el nombre común de la
Federación de María de Nazareth.
[11] Las de la Sagrada Familia
y san Francisco de Sales, además de la josefina y
la tan practicada lauretana.
[12] Giovannina Franchi, madre dei sofferenti. Una
vita per gli altri (Como, 1984).
[13] De derecho pontificio en
1935.
[14] De la Dolorosa, si traducimos literalmente.
[15] R.MAJOCCHI, L’Istituto delle
Suore Infermiere di Valduce in Como (Como, 1922).
[16] P.PELLETIER, Science
et charité. L’abbé Pierre-Albert Michel (Ed., Crépin-Leblond, s.l.; 1962).
[17] Garde-malades,
[18]
Infirmières.
[19] Era de Deux Chaises (Allier).
[20] Y con una atención
particular a los curas ancianos.
[21] La Congrégation des Soeurs Garde-Malades
de la Compassion de Rouen (Fécamp, 1923), y un opúsculo
de 1953, Congrégation des Soeurs de la Compassion de Rouen.
[22]
No hay que pasar por alto la actitud escandalosa tomada
entonces tanto por la calendada asociación como por las otras
congregaciones religiosas de la ciudad que, si bien en vano,
llegaron a recurrir al brazo secular, tratando de que el
prefecto prohibiera el nuevo instituto.
[23] En 1966 se fusionaron con
las Hermanas de la Divina Providencia de Saint-Jean de Bassel.
[24]
Por demasiado rigurosa fue destituida de su cargo de superiora
general.
[25] De Cottevrard (Seine Maritime).
[26] Sobre las Servidoras de los
Pobres, Oblatas Regulares de la Orden de San Benito, G-M.OURY,
Dom Emmanuel et dom Leduc, “Lettre aux Amis de Solesmes”
(1996,4) 16-20.
[27] Noticia de G.Rocca en el “Dizionario degli Istituti
di Perfeziones” 8 (Roma, 1988), coll.1350-1.
[28] L.PEPE, Sette Suore Fondatrici
(Pisa, 1961).
[29] F.ROSSETTI, Le Suore Oblate di Santa Chiara (Siena,
1970).
[30] Desde 1892 había sido uno de los llamados en
esa vastísima diócesis italiana oblatos vicarios, los cuales iban ejerciendo
su ministerio en las parroquias sucesivamente vacantes que le precisaban.
Está enterrado en una de las iglesias encomendadas a ellos,
la Madonna del Bosco, en Imbersago, cerca de Como.
[31] La
aprobación diocesana se la dio en 1948 el cardenal Schuster,
pero éste no consiguió que Pío XII la elevara a
pontificia, a pesar de haberlo intentado dos veces, por la
escasez numérica. Desde 1938 la casa madre está en una
mansión de Agliate Brianza.
[32] G.SIEBER, The Benedictines of Inklanama (St.Ottilien,
1995).
[33] T.P.BOLAND, Eileen O’Connor for the Poor and the Poor
only (Homebush, Nueva Gales del Sur, 1992); D.McKINNEY, A Remarkable
Life (Coogee, íbid., 1992)..
[34] J-F.McMAHON, Eileen O’Connor and Our Lady’s
Nurses for the Poor (folleto, Waverley, Nueva Gales del Sur,
1996); M.R.MacGINLEY, A Dynamic of Hope. Institutes of Women Religious
in Australia (Sydney, 1996) 293-5 (cfr., “Religious History Conference Papers”,
6, 1996, 72-4). Para el contexto: “History of Women Religious”
(Workshop Papers, 9-10/4/1992, y Conference Papers, 23-24/6/1994, Institute of Religious
Studies, Strathfield, Nueva Gales del Sur).
[35] En 1976 tenían casas
en Italia, Alemania y Canadá, además de otra provincia en
Croacia.
[36] Gracias a los paúles Antonio Zdesar y Leopoldo Smid.
[37]
Un institut séculier missionnaire et médical, noticia en “La Documentation
Catholique” (1951) 685-8.
[38] Noticia de V.Vinay en el “Dizionario degli
Istituti di Perfezione”, 4 (1977) 76-9.
[39] The Community of the
Nursing Sisters of St.John the Divine: A Centenary Booklet, 1848-948.
[40]
P.F.ANSON, The Call of the Cloister (Londres, 1964).
[41] F.CARTWRIGHT, The
Story of the Community of the Nursing Sisters of St.John
the Divine (Leighton Buzzard, 1968).
[42] Tres veces al día y
las completas además.
[43] Las hermanas tienen derecho a un día
al mes de retiro espiritual.
[44] Éste más riguroso los viernes.
[45]
Deptford, Poplar.
[46] Así resulta de una elaboración poética, los Quattro
Canti, de Annalisa Cima (Lugano, 1993); comentario de Manuel Alvar,
“Blanco y Negro”, 7-5-1995.
[47] Desde 1989; antes Claraeulalias [por el
espíritu franciscano y la patrona de Barcelona, santa Eulalia] Missionary
Group, una Asociación de Fieles Cristianos, o sea
sacerdotes, célibes (con compromiso perpetuo, aunque sin votos), religiosos de
otras órdenes y matrimonios, fundada en una parroquia de Badalona
por uno de sus clérigos, Francisco Andréu, pero que desde
un viaje turístico a Kenia en 1983 se estableció allí
y ahora se dedica al tercer mundo casi con exclusividad.
Sus apoyos euroamericanos están en las archidiócesis de Paderborn y
Milwaukee.
[48] Vicariato apostólico de Nekemte.
[49] Archidiócesis de Nairobi, y diócesis
de Lodwar y Garissa.
[50] Archidiócesis de Santa Cruz de la
Sierra. |
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