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Autor: Fr. Nelson Medina, OP | Fuente: www.fraynelson.com Ya sé dónde están
La vida de una ejecutiva soltera típica está llena de renuncias, penitencias y otras cosas próximas a los "votos"
Ya sé dónde están
A mediados del siglo XX no cabían las postulantes en
las casas de formación de las comunidades religiosas en Irlanda.
¿Qué se hicieron todas esas mujeres? O mejor: ¿dónde están
las vocaciones hoy? Creo que he encontrado una respuesta.
Suele decirse
que las vocaciones, un poco en todas partes, "se acabaron"
y las razones que se aluden son de orden sociológico:
(1) las grietas en la institución familiar, (2) la liberación
femenina y (3) un ambiente social más hedonista, inmediatista y
consumista.
Según esto, poco o nada pueden hacer las comunidades religiosas
para mejorar su situación porque cambiar la estructura de la
sociedad demanda recursos y tiempo que superan el breve espacio
de nuestros esfuerzos y de nuestros días.
Ahora bien, esa explicación
parece insuficiente para aclarar por qué se dan excepciones, que
pueden ser notables. Por ejemplo, mientras que muchas Comunidades languidecen
en los EEUU, las Dominicas de Nashville tienen que ampliar
sus casas y buscar lugar para sus nuevas vocaciones. Otro
tanto puede decirse de las Hermanas fundadas por la Madre
Angélica, la de EWTN. ¿Qué pasa en esos casos? ¿Se
suspende la sociología?
Alguien dirá que la excepción confirma la regla.
Otro dirá que es estadísticamente comprobado que toda sociedad pluralista
es caldo de cultivo para minorías extremistas y que una
forma de extremismo es la opción ultraconservadora. Así parece explicarse
racionalmente que en medio de un desierto vocacional florezcan algunas
excepciones a la norma.
Pero yo creo que hay otra explicación.
Yo
creo que hay en el corazón humano, y especialmente en
el corazón femenino, una capacidad de generosidad muy grande, y
esa capacidad está ahí para ser canalizada por algún proyecto
"grande." La grandeza de ese proyecto no está necesariamente ligada
con la religión sino con la relación que ofrezca entre
las renuncias y los objetivos.
Con esto quiero decir, por ejemplo,
que aquella ejecutiva que gasta sus años más fecundos (reproductivamente
hablando) en alcanzar metas académicas y administrativas cada vez más
altas quizá no está pensando tanto en hacer mucho dinero
o en lograr mucho poder sino que está, sobre todo,
dando de sí misma y disfrutando el hecho de tener
un lugar, un camino para entregarlo todo. ¿Quieres el nombre
de la "religiosa" más representativa de lo que estoy diciendo?
Condolezza Rice.
Lo que ha cambiado no es tanto la familia
(que si muchos o pocos hijos) o la sexualidad (que
si mucho o poco placer) o la autonomía (que si
mucho o poco dinero o poder). Esas atracciones o tentaciones,
según se mire, han estado siempre ahí. Lo nuevo es
que las Comunidades Religiosas han tenido dificultades particulares en "vender"
su modelo de articulación entre renuncias y objetivos.
La vida de
una ejecutiva soltera típica está llena de renuncias, penitencias y
otras cosas próximas a los "votos". Ninguna mujer de verdadero
éxito es amante de la promiscuidad, la rebeldía o el
despilfarro. Las mujeres de éxito siguen siendo como siempre han
sido: mesuradas en su manera de dar o recibir afecto,
sexo, dinero, poder y tiempo. Una mujer así no sabe
ni quiere ser otra cosa que una gran mujer, sólo
que en el caso presente ha encontrado que los retos
que le impone una gran empresa o un lugar de
responsabilidad en el gobierno la obligan maravillosamente a darse por
entero. Por lo mismo, cuando ve los resultados de su
gestión y ve la vida que ello aporta, se siente
feliz.
Ninguna mujer soltera o sola de verdadero éxito se dejará
encadenar a ningún vicio ni querrá depender de ningún placer
particular. He conversado y conocido mujeres de muy alto rango
ejecutivo, empresarial y de poder, y he visto que lo
que menos les interesa es que algo o alguien interfiera
con sus metas. Y así, aunque es verdad que hay
mucho "desorden" en las oficinas, la realidad es que quienes
quieren lograr sus objetivos en la vida actúan más como
religiosas que se dominan que como "liberadas" que se esclavizan
de otras personas o de ciertas sensaciones o lugares.
Es decir
que muchas de las vocaciones están ahí, y están "consagradas,"
sólo que su fervor no va a que Jesús sea
más conocido y mejor servido sino a que la empresa
logre sus metas en los plazos propuestos.
La generosidad está y
estará siempre; lo que hacen falta son caminos para mostrarle
a esa generosidad cuál es la diferencia entre los dioses
de este mundo y el Dios de todo el mundo.
Al parecer, Comunidades como la de Nashville o como la
de la Madre Angélica han logrado mostrarlo, y su resultado
es lo que podíamos esperar: abundante cosecha vocacional.
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