La historia de toda vocación es la de "un inefable diálogo entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad del hombre que responde"
La familia cristiana ha ofrecido siempre y debería continuar ofreciendo las condiciones necesarias para ser esa "mediación educativa" que favorece el nacimiento y el desarrollo de las vocaciones sacerdotales y religiosas