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¿Qué esperan de nosotros los adolescentes?
Familias Católicas /Educar en la Adolescencia

Por: Miguel Carmena Laredo | Fuente: Catholic.net


Antes, la educación de un adolescente dependía, fundamentalmente, de la familia y de la escuela. Estos dos ambientes se convertían en los arquitectos de la personalidad, de los gustos y de los principios del joven. Podía haber mayor o menor libertad, pero tanto la escuela como la familia estaban interesados en el bien del joven, no en sacar provecho de él.

Lo anterior, sin embargo, no se cumplía en ciertos regímenes políticos donde el Estado buscaba adueñarse de la voluntad de los adolescentes utilizándolos para sus fines propios. Por ejemplo, la educación nazi o la educación en los países del bloque soviético. Hoy nos encontramos con un nuevo factor muy influyente en la educación de los adolescentes: los medios de comunicación.

Considerados por muchos pedagogos como un verdadero factor de distorsión, los medios de comunicación ciertamente no buscan el bien de los jóvenes. Por el contrario, su fin es satisfacer intereses comerciales. ¿Por qué digo esto? Pues porque los padres, en general, aman a sus hijos y, por eso, tratan de darles lo mejor Los medios de comunicación, en cambio,ni siquiera los conocen, así que ¡no esperemos que les vayan a dar lo mejor!

Mundo real de mentira
Es un hecho. El muchacho recibe modelos de comportamiento a través de los medios de comunicación. Ve un promedio de 6 películas a la semana o su equivalente en otros programas. Estoeso le va creando, precisamente en el momento de su vida en que es más sensible a la formación de valores, una serie de criterios basados en los modelos de comportamiento que va asimilando casi sin darse cuenta.

El joven sabe que el mundo del cine es recreación, es mentira, no cuenta la realidad de lo que pasa, los sucesos que le muestran las películas no han pasado ni pasarán jamás. Pero después de ver 100 películas, la mente se llena de referencias y pautas de conducta. Éstas influyen profundamente en el comportamiento del adolescente que aún no ha desarrollado la capacidad de juicio para discernir las consecuencias e implicaciones de los actos y modelos que se le presentan.

Un campo típico donde se aprecia claramente la influencia de este distorsionado factor educativo es el de la educación sexual o educación para el amor. La mayoría de los criterios de los adolescentes en este campo están inspirados en las películas que ven, en las escenas donde dos jóvenes que apenas se acaban de conocer se acuestan y son felices. Y ese acto no tiene ninguna consecuencia importante ni afectiva, ni social, ni psicológica. En la mente de los adolescentes se queda el concepto del sexo como un juego exento de responsabilidad.

Con esa "formación", cientos de jóvenes afrontan el matrimonio. Nadie les ha explicado qué es el amor, cómo se vive una relación de pareja, de qué se trata eso de “sacrificarse por el otro”. Se han formado un concepto erróneo que va a guiar todas sus convicciones. Estamos formando una generación de jóvenes que viven con un concepto idílico e irreal de la sexualidad y el amor que no está apoyado en nada sólido.

A una sana distancia
Todo esto se suma a la gran incertidumbre que vive el adolescente y no le ayuda en absoluto. Por eso, en este período, que es cuando más parece que los hijos quieren separarse de los papás, es en realidad cuando más nos necesitan. El problema es que ahora nos necesitan de otra forma. Hasta este momento, casi toda nuestra preocupación por ellos era física: cargar carriolas, bicicletas, subirlos en brazos, dormirlos, alimentarlos. Ahora, toda nuestra tarea de padres se reduce, prácticamente, a dos planos: mental y afectivo.
 

  • Mental para pensar qué le pasa, cómo puedo ayudarle.
  • Afectivo para acompañarle discretamente dándole el cariño que necesita.


Seguramente no va a aceptar ya que se le dé un beso o un abrazo en público, pero necesita saber que sus papás están cercanos y puede recurrir a ellos con confianza sin sentirse defraudado por un rechazo. Esto no es consentir ni permitirle todo. Ello resultaría contraproducente para su educación, pero sí implica estar dispuesto a escucharle.

Muchas veces nos puede parecer que los hijos sólo esperan de sus padres que cubran económicamente sus gastos, sus necesidades reales o no. Esto es sólo apariencia. Cuando se llega a este punto es que algo no funcionó bien y fuimos demasiado consentidores, débiles, guías pobres.

En el fondo nos hemos convertido en "padres bancarios" y hemos dejado la tarea fundamental que es acompañar a nuestro hijo en sus cambios, ayudarle serenamente en la búsqueda de sí mismo.

Nuestros hijos esperan de nosotros que seamos "padres educadores" o, mejor dicho, "padres padres" con todo lo que esto implica: cercanía, amor, preocupación por ellos, sabia y adecuada orientación.