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Navidad y promesa
Temas actuales /De la Moral

Por: José Luis Serrano Serrano | Fuente: ARBIL

Pesa, sin duda, sobre la humanidad del siglo XX una flagrante contradicción que hiere su orgullo. Hay algo que no funciona debidamente en el complejo sistema de la vida moderna; un error esencial lo corroe radicalmente. De una parte un enorme progreso técnico y una esperanza confiada de poder crear un mundo abundante de bienes y de obras y de otra la cruda realidad de todos los días con sus secuelas de miseria y odio para una muchos hombres y naciones enteras.

El aspecto más típico de la época moderna consiste en la absurda tentativa de querer reconstruir un orden temporal sólido y fecundo prescindiendo de Dios, único fundamento en que puede sostenerse. Sin embargo, la experiencia cotidiana, en muchas ocasiones en medio de los sucesos más amargos y aún a veces entre formas sangrientas, sigue atestiguando lo que afirma el Libro inspirado : "Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los que la edifican".

Es vana la autosuficiencia del hombre. Solo en Dios tienen subsistencia unos valores fundamentales que muchos dicen defender.

Los males que nos quejan son consecuencia inmediata de la corrupción en que cayó la sociedad moderna y delas leyes materialistas que destruyendo la familia y abandonando la formación moral y social de la juventud, la han entregado indefensa a la descomposición y la desintegración.

Fuera de la ordenación divina no hay libertad, sino libertinaje y degradación. La Verdad, la libertad, la paz y la justicia tienen su origen frontal en Dios.

"Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz" cantaban los ángeles la feliz noche del nacimiento del Señor en Belén. Si la sociedad humana, en muchos de sus niveles, esta privada del don de la Paz, es porque domina en ella la esclavitud del pecado. La paz se aleja más y más de nosotros porque nosotros nos hemos alejado de Dios.

Para conquistar estos valores se impone la misión urgente de restaurar el orden social cristiano en la sociedad, en la familia, en el individuo. Para construir un mundo mejor, más justo y a la vez más digno del hombre, es necesario ver al hombre en toda su dimensión humana, sin amputarlo : en el soma pero también en el espíritu.

No debe de reducirse al hombre a la esfera de sus necesidades meramente materiales. No puede ni debe medirse el progreso sólo en categorías económicas. No existiría un mundo mejor, y un orden mejor de la vida social, si antes no se da preferencia a los valores del espíritu humano.

Ni la técnica, ni la cultura, ni la comunicación entre los pueblos, ni el confort son suficientes para que los pueblos sean mejores. "Volver a los principios cristianos de los pueblos es una necesidad que, día a día, se ha hecho más evidente" (León XIII)

No hay humanismo sin Dios, no hay plena honradez sin gracia, no hay hombre verdadero, realizado, sin la aspiración de seguir a Jesucristo, Redentor y Rey de todos los hombres.

Todos recibimos de brazos de la Virgen María a Jesús, el Hijo de Dios encarnado en ella. Hoy en la tierra nace el Amor, hoy en la tierra nace Dios.

El nacimiento de Cristo debe ser nuestro renacimiento espiritual y cristiano. Dejemos que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma y así seremos mejores y así será el mundo también un poco mejor.

Es necesario comenzar de nuevo. Una y otra vez. La Navidad, alegre y profunda, nos infunde la esperanza y nos enseña el camino. En Cristo, con Cristo, es siempre posible volver a empezar y reemprender la construcción de nuestra vida personal, de nuestra vida familiar, de nuestra vida social y civil. Es una buena ocasión, para acercarnos más a Dios y más a los demás con un sincero deseo de mejorar y de seguir luchando por nuestra querida España. Ésta es la gran alegría : Dios está aquí. Es el gran anuncio que conmueve este día a los cristianos. ¿Puede existir algún hecho más relevante, acontecimiento más sorprendente? Dios, asume la naturaleza humana y se hace Hombre, hombre perfecto. Cristo, Dios y Hombre, viene a la tierra para reconciliarnos con Dios.




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