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La conquista del espacio lleva a Dios
Escritores Actuales /Loring Jorge

Por: P. Jorge Loring |

(Conferencia pronunciada en el Cine Pax.de Zaragoza)

Señoras y señores:

El tema de la conferencia de hoy va a ser el alunizaje del Apolo XI, que es la primera vez en la Historia que el hombre pone el pie en la Luna. Fue lanzado el 16 de julio de 1969. Alunizó el 20 del mismo mes. Esto es irrepetible, porque es la primera vez que el hombre ha puesto el pie en la Luna.

Por eso, este hecho no se olvidará jamás. Lo mismo que el viaje de Colón ha pasado a ser un hecho histórico. Hoy el ir a América no es noticia. Es un viaje rutinario. Pero el viaje de Colón consta en la Historia. Pues lo mismo. Este alunizaje del Apolo XI constará para siempre en la Historia, mientras otros viajes de otros Apolos quizás se olviden.

Ustedes recordarán que los últimos viajes que se hicieron a la Luna ya no eran noticia. Estaban los cosmonautas paseándose por la Luna, y aquí en la Tierra ni se hablaba de ellos. Quizás se avisaba: «que ya regresan». Y habían estado a lo mejor una semana en la Luna. El viaje del Apolo XI siempre será noticia, aunque el viaje a la Luna termine por ser un viaje rutinario, como es hoy el viaje a América.

Los astrónomos están interesados en montar en la Luna un observatorio astronómico. Porque en la Luna se pueden observar las estrellas con muchísima claridad, con muchísima más nitidez que desde la Tierra. La Tierra está envuelta por la atmósfera, que enturbia el estudio de las estrellas. Y en la Luna, como no hay atmósfera, se ve todo mucho más claro y con mayor nitidez. Si se llega a instalar un observatorio astronómico en la Luna, entonces el viaje a la Luna será puramente rutinario, dejará de tener interés.

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Pues a pesar de la proeza del Apolo XI, que vamos a ver hoy, yo creo que mayor proeza fue la del Apolo XIII. Aunque apenas se habla de él. Mucha gente ni se acuerda, y otros ni han oído hablar. Creo que el Apolo XIII ha sido la mayor proeza de todos los viajes espaciales.

Ustedes recordarán que, estando en la Luna, al Apolo XIII le reventó un depósito de oxígeno, y se quedaron en la Luna sin instrumentos de navegación. Pues estos hombres volvieron a la Tierra orientándose con un sencillo sextante,como nuestros antiguos navegantes.

A pesar de esto, pudieron entrar en la atmósfera con la inclinación precisa para no desintegrarse. Porque si el Apolo XIII hubiera entrado muy perpendicularmente a la Tierra, se desintegra en el choque con la atmósfera. Como pasa con los meteoritos, esas piedras que con el roce de la atmósfera se desintegran. La gente dice: «He visto correr una estrella. Es una estrella fugaz». No, eso es una piedra del espacio que, al entrar en la atmósfera, con el roce, se pone incandescente y se desintegra.

Esto le hubiera pasado al Apolo XIII, si entra demasiado perpendicular. Y si hubiera entrado demasiado tangencial hubiera rebotado en la atmósfera y se hubiera perdido en el espacio. Lo mismo que cuando tiramos una piedra plana sobre un estanque, que rebota en el agua y vuelve a elevarse. Eso le hubiera pasado al Apolo XIII, si no entra exactamente con la inclinación precisa. Hubiera rebotado en la atmósfera y nunca más hubiéramos sabido de ellos.

Y esto lo hicieron aquellos cosmonautas sin instrumentos de navegación, con un sencillo y primitivo sextante. Por eso digo «la gran proeza del Apolo XIII».

Con razón aquellos cosmonautas, cuando son izados a bordo del portaviones que los recogió, lo primero que hacen es quitarse el gorro, y dar gracias a Dios por estar sanos y salvos en la Tierra. Porque podemos comprender el estado de ánimo de estos hombres cuando estaban en la Luna, y se quedan allí sin aparatos de navegación. Por lo tanto, digo, gran proeza del Apolo XI, pero más la proeza del Apolo XIII.

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Con todo, hoy vamos a analizar el Apolo XI. Vamos a ver primero las dificultades técnicas que ha tenido que superar el hombre para llegar a la Luna. Después veremos lo que es el cosmos, y sacaremos una conclusión: si nos quedamos boquiabiertos ante la técnica del Apolo XI, ¡qué boca tenemos que abrir ante la técnica del cosmos, obra de Dios!

Soy jesuita y soy apóstol. Si hablo de Astronomía, es porque la Astronomía lleva a Dios. Me gusta la Astronomía. Me he leído más de cien libros de Astronomía, para sacar los datos que voy a dar aquí. Ojalá me hubiera encontrado todos los datos en una paginita. Me hubiera ahorrado centenares de horas de estudio.

La Astronomía lleva a Dios porque viendo la grandeza del Cosmos, caemos en la cuenta de la sabiduría de Dios, y de la grandeza de Dios, y del Poder de Dios. Por eso dice la Biblia: «Los cielos cantan la Gloria de Dios». Porque contemplando los cielos admiramos la ciencia, la sabiduría y la técnica de Dios. Nosotros le llamamos Dios. Hay gente que tiene alergia al nombre de Dios, y buscan otros nombres. Hablan de una energía preexistente.

Me es igual. Ese Ser Inteligente, Autor del Cosmos, es Dios. La palabra es lo de menos. Lo importante es que al final conozcamos a ese Ser maravilloso, a esa Inteligencia maravillosa, a ese Gran Matemático que ha hecho el Cosmos. Ésa será la conclusión de esta conferencia.

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Vamos primero a ver las dificultades técnicas que ha tenido que superar el hombre para llegar a la Luna. Primero lanzar al espacio un proyectil, el Saturno V, de 110 metros de altura, como la Giralda de Sevilla. De estos 110 metros de altura, casi todo era combustible para escapar del campo gravitatorio de la Tierra. A la Luna sólo llegó el cono de la punta. Lo demás era combustible. Una vez que se vacían los depósitos, se desprenden. Lo aprovechable es el cono de la punta.

Yo estuve dando conferencias sobre la Sábana Santa en los Estados Unidos, y entre otros sitios hablé en la Base Aérea de Andrews a los jefes y oficiales de la aviación americana. Aproveché que estaba en Washington y me fui al Smithsonian Institution, que es un Museo del Aire y del Espacio, donde están las principales aeronaves de la Historia de la Aviación americana.

Allí está el avión de los hermanos Wrigth, los primeros que volaron a principios de siglo. Allí está el avión de Lindbergh, el primero que cruzó el Atlántico en solitario. Allí está el avión de Willy Post, que fue el primero que dio la vuelta al mundo en avión en solitario. Allí están, por supuesto, todas las naves espaciales americanas. Hay un gemelo del Skylab, que se desintegró en el espacio. Yo he estado dentro de ese gemelo del Skylab. Hay otro gemelo del módulo lunar, que se quedó en la Luna, etc.

Están también los Apolos. Yo tuve la dicha de acariciar cariñosamente al Apolo XI, que estaba allí. Es emocionante estar acariciando la misma nave que estuvo en la Luna. Por cierto, que es muy pequeña. Llama la atención cómo en una nave tan pequeña, tres hombres han ido a la Luna y han vuelto. Está cubierta de plástico para que la gente, al tocarla, no la deteriore más de lo que está. Está muy chamuscada, porque entró en la Tierra a 40.000 kilómetros por hora, y el roce con la atmósfera la puso a 3.000 grados centígrados. Como digo, primera proeza. Haber mandado a la Luna el Apolo XI.

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Segunda proeza. Haber llegado a la Luna.
Nunca nadie había llegado tan lejos. El hombre que ha hecho el viaje más largo en la Tierra, ha sido Juan Sebastián Elcano, que dio la vuelta a la Tierra. Entonces, como no estaban abiertos los canales de Panamá y Suez, tuvo que rodear el Cabo de Hornos y el Cabo de Buena Esperanza. Dio una vuelta enorme. Si el perímetro de la Tierra, el meridiano, es de 40.000kms., con la vuelta que tuvo que dar, pongamos el doble, 80.000 kms. Nadie en la Tierra había hecho un viaje tan largo: 80.000 kms. Pues a la Luna hay 384.000 kms. Es decir 300.000 más. Nunca nadie había llegado tan lejos. El Apolo recorrió 800.000 kms.

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Tercero. Velocidad: había que volar a 40.000 kms por hora. Nunca nadie había volado a tal velocidad. Los grandes aviones comerciales de líneas aéreas, estos «Jumbos», van alrededor de 1.000 kms por hora. El «Concorde» a 2.000 kms por hora. El avión más rápido del mundo es el «X-l5» americano, que es un prototipo, no es un avión hecho en serie, va a 6.000 kms por hora. Es el récord de velocidad: 6.000 kms por hora.

Había que volar a 40.000 kms por hora para escapar del campo gravitatorio de la Tierra. La gravedad de la Tierra atrae. Por eso las cosas caen. Cuando tiro una piedra con la mano, el impulso que le doy a la piedra se combina con la atracción de la gravedad que va atrayendo a la piedra. Ésta describe una parábola, y termina por caer a tierra.

Si en lugar de ser una piedra tirada con la mano, es un proyectil de cañón, sale con más velocidad y la parábola es más larga; pero termina por caer a tierra. Si el proyectil sale a 8 kms por segundo, entonces la parábola es tan larga que cae detrás del horizonte, y se queda en órbita terrestre. Ahí tenemos un satélite artificial. Los satélites artificiales se ponen en órbita con proyectiles que salen a 8 kms por segundo.

El Saturno V tenía que salir a 11 kms por segundo, que son 40.000 kms por hora, para escapar del campo gravitatorio. Entonces, la parábola es tan larga que se sale del campo gravitatorio práctico. El campo gravitatorio teórico es infinito. Pero prácticamente, llega un momento en que la atracción de la Tierra es tan débil que no influye en el proyectil.

Por eso, como dije antes, estos grandes depósitos de combustible del Saturno V son para escapar del campo gravitatorio; porque fuera del campo gravitatorio, y fuera de la atmósfera, se va sin motores, por inercia. Se va a base de matemáticas. Menudos depósitos de combustible harían falta para ir a la Luna a fuerza de combustible. No, a la Luna se llega a base de matemáticas, como después diré.

Había que volar a 40.000 kms por hora. Nunca nadie había volado tan rápido.

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Y cuarto: Precisión. Tengamos en cuenta que el Apolo ha ido a la Luna y ha vuelto. Ha hecho un viaje de 800.000 kilómetros y se pone en contacto con el agua 30 segundos después de la hora prevista. Una precisión fenomenal, extraordinaria.

Don Emilio Novoa, Director de la Escuela Superior de Ingenieros de Telecomunicación, en un artículo de una revista científica que yo leí, decía: « El hombre ha ido a la Luna gracias a la cibernética». Sin ayuda de las computadoras, nosotros no hubiéramos ido a la Luna. Porque hemos ido a la Luna a base de matemáticas. Hay que hacer tal cantidad de cálculos, que el hombre es incapaz de hacerlos, y necesita de la máquina: el hombre se ayuda de la máquina. En esto como en todo.

Urtain, aquel famoso boxeador, en sus buenos tiempos, al primer minuto dejaba K.O. al contrincante. Creo que levantaba 100 kilos de peso. Muy bien, Urtain con su fortaleza física levanta 100 kilos. Pero ni Urtain ni nadie es capaz de levantar con su brazo diez toneladas. Y lo que no puede hacer el hombre con su brazo, lo hace con la cabeza: inventa una grúa y mueve diez toneladas.

Un corredor creo que puede correr a 36 kms por hora. Creo que ésa es la marca de los cien metros lisos. Pero no hay corredor en el mundo que con sus piernas corra a 100 kms por hora. Lo que el hombre no puede hacer con las piernas lo hace con la cabeza: inventa una máquina, que se llama automóvil, y puede correr a 100 kms por hora.

Lo mismo: con el cerebro podemos calcular con un límite de velocidad y un margen de error. Pero inventamos una máquina que calcula más aprisa, y además no se equivoca. Esto es la cibernética: los ordenadores, las computadoras y las calculadoras. Pues gracias a la cibernética hemos ido a la Luna; porque sin ayuda de las máquinas nunca hubiéramos sido capaces de ir a la Luna, por la cantidad de datos que había que calcular.

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Una vez dicho esto, vamos a compararlo un poco con el Cosmos.
Hemos ido a la Luna. Pero, ¿qué es eso de ir a la Luna? ¿Qué proeza hemos hecho yendo a la Luna?Hemos visitado a nuestra vecina del primero derecha, viviendo nosotros en el primero izquierda. Nuestra vecina de puerta.

Porque, ¿dónde está la Luna? A 384.000 kilómetros de distancia. Vamos a citar estrellas muy lejanas: Andrómeda, está a dos millones de años de luz. Coma de Virgo, a doscientos millones de años de luz. Y la Luna está a un segundo. La luz de la Luna a la Tierra tarda un segundo.

Conocemos estrellas que están a doscientos millones de años-luz. ¿Qué hemos hecho al llegar a la Luna que está a un segundo de luz? ¿Hay alguien que piense darse un paseo por Andrómeda o por Coma de Virgo? . Doscientos millones de años de viaje de ida. Y eso si logramos volar a la velocidad de la luz: 300.000 kilómetros por segundo, que es velocidad tope, como demostró matemáticamente Einstein; pues según su fórmula matemática en ese caso la masa sería infinita, lo cual es imposible.

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Voy a seguir dando datos porque esto es interesantísimo. Hemos hablado de distancias. Ahora voy a hablar de velocidades.

El Apolo ha salido a 40.000 kms por hora, es decir 11 kms por segundo. La Tierra va a más del doble por el espacio. Va a 100.000 kms por hora, que son 30 kms por segundo. El Sol va a 300 kms por segundo. Y por poner la más rápida que hemos detectado: hay estrellas que van a 145.000 kms por segundo. Esto lo ha hecho Milton Humason en Monte Palomar (California), donde hay un gran observatorio con un telescopio que tiene un espejo de cinco metros de diámetro que pesa catorce toneladas y su campo de observación alcanza mil millones de años luz.

Milton Humason ha captado estrellas que van por el espacio a 145.000 kms por segundo. ¿Y cómo se mide esto? Analizando la luz. El único correo que llega de las estrellas es la luz. El científico descompone la luz en el prisma óptico; en los colores del arco iris: rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violado. Y en esta banda de colores del arco iris hay unas rayas características. Por estas rayas se sabe qué cuerpo se quema en la estrella, a qué temperatura está, a qué velocidad se desplaza, etc.

Estudiando las rayas del espectro, por el corrimiento hacia el rojo, se han detectado estrellas que se alejan por el espacio a 145.000 kms por segundo. Estas estrellas no son corpúsculos, no son partículas, no son fotones, son monstruos del tamaño que ahora veremos. La Tierra, ya lo dije antes, tiene 40.000 kilómetros de perímetro. El Sol es un saco de garbanzos donde caben 1.300.000 garbanzos del tamaño de la Tierra: de 40.000 kilómetros de perímetro cada garbanzo. Y el Sol es una estrella pequeña.

Antarés, es una estrella anaranjada que sale por el sur en verano -en invierno no se ve-, de la constelación de Escorpión. Es 115 millones de veces mayor que el Sol. Os digo que el Sol es 1.300.000 veces mayor que la Tierra, y decís: ¡Que grande! Os digo que Antarés es 115 millones de veces mayor que el Sol: ¡Que grande! Pues hay diferencia. Para que entendamos bien esto, lo voy a ejemplificar de una manera plástica. Se entenderá muy bien.

Antarés es de un tamaño tan colosal que dentro de Antarés cabe el Sol y la Tierra girando alrededor del Sol a 150 millones de kilómetros de distancia. La Tierra describe una órbita cuyo diámetro es de 300 millones de kilómetros. Para que caigamos en la cuenta de lo que es una órbita de 300 millones de kilómetros de diámetro, hemos de saber que eso es el año.

El año es lo que la Tierra tarda en darle la vuelta al Sol, en recorrer su órbita de 300 millones de kilómetros de diámetro a 100.000 kms por hora. Pues estos 300 millones de kilómetros, diámetro de la órbita de la Tierra, es el radio de la estrella Antarés. Dentro de la estrella Antarés, cabe el Sol, la Tierra dándole vueltas, y sobra media estrella. ¡Tamaño de Antarés!

Voy a dar otro dato más impresionante. Alfa de Hércules, la mayor de las estrellas conocidas, es ocho mil billones -con B de Barcelona- de veces mayor que el Sol. Y lo voy a ejemplificar como antes. Resulta que el diámetro de la órbita de Plutón, que son doce mil millones de kilómetros, es la décima parte del radio de Alfa de Hércules. ¡Unos tamaños descomunales!

Pues estas estrellas con estos tamaños, con estas velocidades, se mueven con una precisión admirable. Hoy los relojes de cuarzo son de más precisión; pero hasta hace poco los relojes, ¿con quién se ponían en hora? Con el Sol. ¿Quién daba las doce? El Sol. Y cuando el Sol pasaba por el meridiano, todos los relojes poniéndose en hora con el Sol. Porque el movimiento de las estrellas es matemático.

Yo tengo muchos amigos astrónomos que me hacen los cálculos que les pido. Uno de ellos, que es observador, me dijo un día hablando de estas cosas:

-Mire, Padre, el movimiento de las estrellas es tan exacto que a mí me bastan cinco segundos para que mi ayudante me avise. Él está en la mesa tomando los datos que yo le doy. Me avisa cinco segundos antes, para que yo apague el cigarrillo y ponga el ojo en el aparato. A la hora, al minuto y al segundo, calculado en las efemérides, una estrella que está a miles de años de luz pasa por el meridiano.

El almanaque astronómico, se ha hecho hace varios años. Porque en los almanaques astronómicos hay que hacer muchos cálculos y muchos números, mandar a la imprenta, corregir pruebas, volver a mandar y volver a corregir: se hacen con varios años de antelación. Pues en un almanaque que se ha hecho hace varios años, se dice a qué hora, a qué minuto y a qué segundo, una estrella que está a miles de años de luz, va a pasar por el meridiano. Y eso es tan exacto, que me avisa cinco segundos antes, pongo el ojo en el aparato, y a la hora, al minuto y segundo previsto, una estrella que está a miles de años de luz pasa por el meridiano. ¡Exactitud matemática del movimiento de las estrellas!


Miren ustedes, en lo único que se puede ser profeta es en Astronomía. En ninguna otra cosa. ¿Me quieren decir quién sabe el campeón de liga del año que viene? iNi siquiera los catorce resultados de los partidos del domingo!

Por eso el que acierta por casualidad se lleva 60 millones o mucho más. Pero, ¿quién puede profetizar los 14 resultados? iNadie! ¡No podemos ser profetas en nada!. En Astronomía, sí. Voy a hacer una profecía. Miren ustedes, dentro de tres años ustedes se van a acordar de mí. Seguro. Porque dentro de tres años recordarán que hoy les digo que en marzo de 1986 el cometa Halley pasará junto a la Tierra.

Y ustedes se enterarán, aunque no quieran, pues estoy seguro que la tele, la radio, los periódicos, las revistas, a todas horas, hablarán de este acontecimiento que estamos esperando desde el año 1910, que también pasó junto a la Tierra, como se había predicho el siglo pasado. Porque en el cielo todo se mueve con precisión matemática. ¡Exactitud de las estrellas en el cosmos!

Por eso dice James Jeans, un astrónomo americano: «El Cosmos es obra de un Gran Matemático. Porque en el Cosmos resplandecen leyes matemáticas».

Leyes matemáticas que formularon Newton y Kepler. Pero Newton y Kepler, que formulan las leyes matemáticas que rigen el movimiento de las estrellas, no hicieron esas leyes. Las leyes matemáticas estaban en las estrellas muchísimos años antes que nacieran Newton y Kepler. El hombre descubre las leyes matemáticas que rigen el movimiento de las estrellas. Las formula, pero no las hace. Hay otro que ha hecho esas leyes matemáticas. Por eso dice Borman desde la Luna: «Nosotros hemos llegado a la Luna gracias a unas leyes matemáticas que no las ha hecho el hombre».

Mirad. Acaba de morir un Premio Nobel de Física, que se llamaba Paul Dirac. Este periódico de Bilbao, «El Correo Español», hablando de él, dice una frase muy bonita. Leo: «Es uno de los astrónomos más sobresalientes de nuestro tiempo». Pues Paul Dirac, que acaba de morir, Premio Nobel de Física, uno de los astrónomos más sobresalientes de nuestro tiempo dice en una revista científica llamada «lnvestigación y Ciencia»: «Dios es un Matemático de alto nivel».

Hay un Matemático que ha puesto las leyes que rigen el movimiento de las estrellas. A esto voy. Estos hombres, astrónomos, comprenden que el Cosmos es obra de un Matemático. Las leyes matemáticas que se reflejan en la Naturaleza nos hablan del Matemático. Lo mismo que una obra de arte me habla del artista.

Cuando nosotros vemos la belleza de la cara de la Virgen de la Piedad, de Miguel Ángel, pensamos en el artista. Pero, ¡qué artista, Miguel Ángel, que de un bloque de mármol saca esta belleza de mujer! ¡Qué artista! La obra me hace pensar en el artista. Cuando contemplamos el Cosmos,pensamos en el Matemático que ha hecho esta obra maravillosa. Porque comprendemos que ni la cara de la Virgen de la Piedad salió por casualidad, ni este maravilloso orden con que se mueven las estrellas puede ser fruto de la casualidad. El orden no es fruto de la casualidad.Un ejemplo muy claro:

Mi libro «PARA SALVARTE» tiene un millón de letras. Para que este millón de letras se ordene formando palabras, y las palabras formando frases, hace falta una inteligencia ordenadora. Pero a nadie se le ocurre que para escribir un libro, se echen en un recipiente un millón de letras, se tiren, y sale un libro. Ni siquiera saldrían derechas ni en línea recta.

Evidentemente, el orden que las letras tienen en el libro es uno de los órdenes posibles. Pero la probabilidad de que caigan las letras en este orden es una contra un número que tiene tres millones de cifras. El cálculo se ha hecho con computadora. El número es tan grande que si lo nombramos por su nombre propio, pocas personas lo entenderán: el número de permutaciones es de quinientos milillones (500.000 grupos de seis cifras).

Para escribirlo con números del tamaño de las letras de este libro se necesitaría una tira de papel de seis kilómetros de larga. Es decir, la probabilidad de que salga el libro al tirar las letras del recipiente al suelo es prácticamente nula. Y mucho menos que al tirarlo 40 veces seguidas, salgan las 40 ediciones que lleva este libro.

¡Esto es ridículo! Es ridículo pensar que el orden es fruto de la casualidad. El orden es fruto de la inteligencia Y cuando yo veo una técnica, un orden, pienso en una inteligencia, no pienso en la casualidad. «Hombre, mira que casualidad, eché en un recipiente un millón de letras, las tiré y me salió un libro. Oye, y lo tiré 40 veces seguidas, y me salieron 40 ediciones».

¡Es ridículo! Esto con un millón de letras. ¿Y con los millones y millones de estrellas que hay en el Cosmos? Nuestro sistema solar tiene diez planetas: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Los nueve que todo el mundo conoce, y el décimo que acabamos de descubrir. El Sol, tiene diez planetas en equilibrio.

Soles como el nuestro, en nuestra galaxia, la Vía Láctea, nuestro barrio del Cosmos, hay cien mil millones de soles. Y galaxias como la nuestra, diez mil millones de galaxias. Y todos estos miles de millones de estrellas, moviéndose con precisión matemática; hasta el punto, como dije antes, que podemos predecir con años de antelación, el día, la hora, el minuto y el segundo que una estrella, que está a miles de años de luz, pasa por el meridiano.

Por eso dice la Biblia: « Los cielos cantan la gloria de Dios». Porque cuando sabes lo que es el Cosmos, no tienes más remedio que caer de rodillas, admirando la grandeza, el poder, la sabiduría y la técnica de Ése, que llamo Dios, Autor del Cosmos. Pues éste es el fruto de esta conferencia.

Ahora paso a proyectar las diapositivas para que nos quedemos admirados de la técnica del hombre que ha ido a la Luna. Pero admiremos más la técnica de Dios, Autor del Cosmos.

Gracias por vuestra atención. Paso inmediatamente a la proyección de las diapositivas.

TEXTO DE LAS DIAPOSITIVAS

-Los tres astronautas del Apolo XI, Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin. Armstrong que está a la derecha del grupo, comandante de la nave, ha sido el primer hombre de la Humanidad que ha puesto el pie en la Luna. Casado, 39 años, padre de dos hijos. Es ingeniero aeronáutico. En 1962 batió el récord mundial de velocidad, volando en un X-15, a una velocidad cinco veces superior a la del sonido: a 6.000 km. por hora.

Aldrin, el de la izquierda, ha sido el segundo hombre que ha puesto el pie en la Luna. Es muy deportista y científico. Fue el número tres de una promoción de 475 cadetes. Está casado, tiene tres hijos y es muy religioso. Es administrador de la Iglesia presbiteriana.

Collins, el del centro, se quedó en órbita lunar, esperando el retorno de los dos compañeros. También está casado. Tiene tres hijos. Es católico. Sencillo y bondadoso. Es de buen conformar. Tenía enormes ganas de pisar la Luna, pero cuando le comunicaron que él permanecería en órbita, contestó: «No soy celoso».

-Salida del Apolo XI de Cabo Kennedy (Florida) el 16 de julio de 1969, a las 9,32, hora local. El cohete Saturno V medía 110 metros de altura, como la Giralda de Sevilla. Pesaba 6.000 toneladas, de las cuales solamente seis, las de la nave cónica de la punta, volvieron a la Tierra. Alcanzó la velocidad de 40.000 kilómetros por hora, para poder escapar del campo gravitatorio de la Tierra. La aceleración del cohete es cinco veces superior a la fuerza de la gravedad en la superficie de la Tierra, lo cual hace que un hombre, cuyo peso sea de 80 kilos, tenga la sensación de pesar 400 kilos.

La plataforma móvil de lanzamiento de este cohete tiene una altura de 130 metros y pesa 5.000 toneladas. Es la mayor estructura móvil que se conoce. Esta plataforma trasladó el cohete Saturno V, desde la nave de montaje hasta el lugar de lanzamiento, situado a unos seis kilómetros de distancia y a una velocidad de dos kilómetros por hora. Éste es el mayor vehículo conocido en el mundo. La plataforma tiene el tamaño de un campo de béisbol.

-La Tierra fotografiada durante el viaje a la Luna, a una distancia de 184.000 kilómetros. Las manchas blancas son las nubes. Se ve perfectamente el norte de África y su costa mediterránea. En la parte izquierda se ve España. También se ve muy bien en la parte derecha la Península Arábiga, el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.

-El suelo lunar al aproximarse la cápsula. El cráter que se observa más cerca se llama Maskeline. Al fondo se ve una cordillera lunar. Como en la Luna no hay atmósfera, la temperatura sube mucho durante el día lunar, al ser calentada por el Sol, y baja mucho por la noche al perder calor por irradiación. Esta oscilación va de 117 grados centígrados sobre 0 a 173 grados bajo 0.

-Talud donde iban a caer los cosmonautas. Si el módulo lunar hubiera caído ahí, hubiera sido catastrófico, pues hubiera volcado. Los cosmonautas interrumpieron el mando automático, y haciendo uso del mando manual, pudieron desviar el módulo, para no caer en el talud cortado a pico. Fueron siete minutos de angustia. El Dr. Berry, Jefe de los servicios médicos de la NASA, dice que el electrocardiograma de Armstrong acusaba 156 pulsaciones por minuto.

-Armstrong sale del módulo y se dispone a poner el pie en la Luna. El último escalón ha quedado un poco alto y hay que bajar del todo, dando un salto. Armstrong estuvo un rato intentando poner el pie en el suelo, sin dar el salto, pero no llegaba; hasta que al final se decidió a saltar, como pudimos ver por televisión, todos los que esperamos hasta las cuatro de la madrugada de aquel 20 de julio de 1969. Este histórico acontecimiento fue presenciado en directo por 600 millones de personas.

-Aldrin, fotografiado por Armstrong.
En el cristal del casco de Aldrin está reflejada su propia sombra en el suelo lunar, la persona de Armstrong que le fotografía y el módulo lunar en el fondo.

-Aldrin acaba de plantar la bandera norteamericana.
Como en la Luna no hay atmósfera, tampoco hay viento. Para que la bandera no caiga flácida, le han puesto una varilla metálica en la parte superior para que la sostenga.

-Aldrin se aleja de espaldas, llevando los paquetes con los aparatos científicos. Sus pies se hunden en el polvo del suelo lunar como nuestras pisadas en la arena de la playa. Como la gravedad de la Luna es seis veces menor que la de la Tierra, el esfuerzo realizado para dar en la Tierra un paso de un metro, en la Luna resulta un salto de seis metros.

-Pantalla para reflejar rayos láser.
Este aparato permitirá medir la distancia de la Tierra a la Luna en cada momento (pues varía según las distintas posiciones), con un error de sólo unos centímetros, en una distancia de 384.000 kilómetros.

-Aldrin colocando los aparatos científicos para los experimentos. Al fondo el módulo lunar y la bandera que parece ondear gracias a la varilla metálica que le han puesto en la parte superior. Con ese traje, los movimientos del astronauta están entorpecidos por la presión interior. No puede ni sentarse, ni inclinarse por debajo de las rodillas. El cielo es negro, pues al no haber atmósfera en la Luna, la luz del Sol no tiene dónde reflejarse.

-Paneles de las baterías para aprovechar la energía solar que hará funcionar el sismógrafo ultrasensible y demás aparatos científicos.

-Detalle de una roca lunar.

-Piedra lunar fotografiada a una distancia de cinco centímetros. Estas piedras son sometidas a comprobaciones biológicas, contadores de radiaciones y análisis fisicoquímicos. El estudio de estas rocas tiene mucha importancia para deducir la edad y formación de la Luna, etc.

-Despegue de la Luna, el 21 de julio de 1969, después de veintiuna horas y media sobre el suelo lunar. Al fondo se ve la Tierra, parte de día y parte de noche. Esta foto fue tomada por Collins, desde el módulo de mando en órbita lunar. Collins dio veinticuatro vueltas a la Luna, mientras Armstrong y Aldrin hacían su trabajo.

-Regreso a la Tierra el 24 de julio de 1 969. En una semana el Apolo XI recorrió casi un millón de kilómetros y el contacto con el agua se realizó 30 segundos después de la hora prevista, y en el sitio prefijado. Por eso pudimos ver la caída de la cápsula mientras descendía por el aire colgada de tres paracaídas.

La cápsula está chamuscada debido al tremendo roce con la atmósfera, pues entró en ella a la velocidad que salió, es decir, a 40.000 kilómetros por hora. El exterior de la cápsula llegó a la temperatura de 3.000 grados centígrados.

-El Presidente Nixon felicita a los tres cosmonautas durante la cuarentena a bordo del portaviones Hornet.


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