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Una receta que... ¡ni el Cordon Bleu!
Sectas, apologética y conversos /Sectas: Ideologías incompatibles con la Fe Católica

Por: Miguel Ángel Cid | Fuente: La rana perdida

¡Atención! Toma unos doscientos gramos de psicología transpersonal y júntalos con ciento cincuenta de enegrama. Ponlos dentro de un recipiente. A continuación bátelo todo con elegancia, echando cuatro gramos de panteísmo, seis de sexo libre y... media libra de misticismo islámico. Sí, sí, islámico. Vas bien. Ahora, a dar vueltas al asunto con entusiasmo. ¿Ya está bien mezclado? Perfecto. En este momento deposita todo esto en una olla llena de energía y medicina psiconeurótica o algo que se le parezca. Genial, ya estás terminando. Sólo falta que tires un poco de sal hindú, y unos granitos de astrología barata, la más barata que encuentres. Caliéntalo todo a fuego lento con matemáticas psicodélicas. Un detalle: es importante que a partir de ahora te pongas a danzar mientras terminas de cocinar la pócima. Venga, ¡a bailar con soltura! ¡Eso! Esto se llama gimnasia sagrada, ¿sabes? No te detengas, sigue moviendo el esqueleto con arte y emoción. Sobre todo emociónate muchísimo...

¿Te dije que colocaras hidrógeno hasta hartarte? ¿Ah, no?, ¿Cómo se me pudo pasar esto? Pues, hazlo pronto, por favor. Es importante, porque el hidrógeno es como el ron en la cola-cola... ¡Te crea unos estados de autoconciencia impresionantes! Bueno, ya se acabó. Ahora envuélvelo todo en papel de regalo con colores ultramágicos y llenos de esoterismo. ¡Estupendo! Pon moño o lazo new age de color violeta a todo el paquete y... ¡Ya está! ¿Qué tal está quedando todo? Sólo falta que pongas una tarjeta de presentación “made in México” con el nombre de Alfonso Ruiz Soto. Ahora la adivinación, ¿qué es lo que tengo listo para regalar? ¡Muy bien! ¡Adivinaste! Efectivamente se trata del “cuarto camino” o como lo quieran llamar.

Nos encontramos ni más ni menos que ante el “cuarto camino”. El “cuarto camino” tiene de todo, y todo está bien promocionado por los conferencistas del new age. Alfonso Ruiz Soto es el simpático showman que trabaja en México para el “cuarto camino”. En realidad Alfonso Ruiz es sólo un plagio de sus antecesores europeos. ¡Qué poco original! En Estados Unidos y en Europa tenemos listillos de ese estilo desde inicios de siglo: Maurice Nicoll en Inglaterra, Piotr Demianovich Ouspensky en Rusia, Alfred Richard Orage y Jean Toomer en Estados Unidos, Olga (esposa del compositor ruso Tomás de Hartmann) en Francia... Todos ellos son discípulos de nuestro amigo greco-armeno George Gurdjieff.

Así que cuando oigas hablar del “cuarto camino”, ya sabes de qué se trata. Como podrás imaginarte es mejor buscar algo más digerible, porque la receta alimenticia de Alfonso Ruiz y los suyos está realmente indigesta. ¡Indigesta como no ha habido nada igual hasta ahora! Yo diría que es casi mortal... Y es que desde el entremés ya comienza uno con los dolores, ¡pero dolores en serio! ¡Qué náuseas da esa cosa! Y no te cuento si pasas al primer plato... Bueno, y si llegas al postre... Si llegas al postre eres casi un hombre muerto. Tan mal te deja eso que no hay brujo que te cure.

Ya te puede venir el brujo, cualquiera de ellos, y comenzar a poner huevos en la cabeza, chiles, limones, ramas de albahaca, agua perfumada, alcohol, aves... Ya te pueden embadurnar con lo que quieran, que... ¡que nada! ¡La indigestión del “cuarto camino” no hay “limpia” que la cure! Con eso de la “limpia” te podrán quitar unos dólares del bolsillo, pero la indigestión te la dejan tal cual. ¡Las cosas como son! Porque esas “limpias” sirven para curar enfermedades, lo que el chocolate para construir centrales atómicas... No sé si me explico...

Por eso, lo mejor es evitar esos líos y buscar recetas más apropiadas al ser humano. ¡Las hay! ¡Claro que las hay! Están las peregrinaciones marianas, los rezos del rosario, la asistencia dominical a la Misa, la confesión con uno de esos curas de primera categoría, la lectura de la Biblia, el amor al prójimo... ¡Eso sí que son recetas! Eso sí que le sienta bien al cuerpo... ¡y al alma!



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