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Educación Bajo el Signo de la Esperanza
Educadores Católicos /Cimientos de la Educación

Por: Andrés Cardó Franco | Fuente: multimedios.org

Una de las caractersticas negativas de nuestros tiempos y que se acrecienta mirando el futuro, es la falta de esperanza. Se vive para el presente, para el goce pasajero, para el utilitarismo que termina, y hasta parecera que se intenta quitar a la vida su sentido trascendente. Adems, conviene no perder la atencin de las nuevas corrientes de atesmo y secularismo que luchan por alejar a Dios de las personas y de la sociedad.

Anteriormente, al desarrollar la educacin como anuncio y enseanza de testimonio, decamos que el anunciar al Seor Jess tiene un solo nombre: evangelizacin, y que toda evangelizacin conlleva una dimensin educativa de la persona. Pues bien, como lo expres Pablo VI en la Evangelii nuntiandi, la evangelizacin comprende adems la predicacin de la esperanza en las promesas hechas por Dios mediante la Nueva Alianza en Jesucristo (32).

En su carta apostlica Tertio millennio adveniente, el Papa Juan Pablo II invita a que los creyentes sean llamados a redescubrir la virtud de la esperanza y afirma que la actitud fundamental de la esperanza, de una parte, mueve al cristiano a no perder de vista la meta final que da sentido y valor a su entera existencia y, de otra, le ofrece motivaciones slidas y profundas para el esfuerzo cotidiano en la transformacin de la realidad para hacerla conforme al proyecto de Dios (33).

No es novedad, pero s constituye hoy una nota de mayor urgencia, el buscar una educacin ms ligada a la esperanza. El Concilio Vaticano II, en la Gravissimum educationis exhort a acostumbrarse a dar testimonio de la esperanza y a ayudar a la configuracin cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales contenidos en la consideracin integral del hombre redimido por Cristo contribuyan al bien de toda la sociedad (34).

Para nosotros los cristianos, Jesucristo constituye el principio y razn de nuestra esperanza y es la nica opcin que nos permitir tener xito en la formacin integral de la niez y juventud que le ha tocado vivir uno de los aspectos ms lgubres e inquietantes de la cultura contempornea, sobre todo occidental, que es su falta de esperanza. La humanidad parece inmersa en la angustia y en el miedo por su supervivencia a causa de las guerras injustas, de las divisiones entre los pueblos, del uso de armas cada vez ms potentes, de la pobreza casi irreversible de continentes enteros, de la poca atencin a la solidaridad hacia los necesitados y oprimidos, el paro y desocupacin creciente, la masificacin cultural, los desequilibrios ecolgicos causados por intervenciones violentas sobre la naturaleza, las enfermedades contagiosas que se difunden de modo perverso, y, del uso de la droga entre los jvenes, cada vez ms extendido... El horizonte de la denominada postmodernidad parece transformar la existencia del hombre en un infierno dantesco: Dejad toda esperanza, vosotros los que entris (35).

A este panorama descrito descarnadamente, la educacin y la escuela catlica no puede pensarse que podran estar ajenas. La Congregacin para la Educacin Catlica sostiene en el documento citado que la escuela es, indudablemente, encrucijada sensible de las problemticas que agitan este tramo final del milenio.

La escuela catlica, de este modo, se ve obligada a relacionarse con adolescentes y jvenes que viven las dificultades de los tiempos actuales. Se encuentra con alumnos que rehuyen el esfuerzo, incapaces de sacrificio e inconstantes y carentes, comenzando a menudo por aquellos familiares, de modelos vlidos a los que referirse. Hay casos, cada vez ms frecuentes, en los que no slo son indiferentes o no practicantes, sino faltos de la ms mnima formacin religiosa o moral. A esto se aade en muchos alumnos y en las familias un sentimiento de apata por la formacin tica y religiosa, por lo que al fin aquello que interesa y se exige a la escuela catlica es slo un diploma o a lo ms una instruccin de alto nivel y capacitacin profesional. El clima descrito produce un cierto cansancio pedaggico, que se suma a la creciente dificultad, en el contexto actual, para hacer compatible ser profesor con ser educador (36).

No ha sido la intencin presentar cuadros y panoramas desoladores y que inspiren miedo y desnimo. Todo lo contrario. Slo de una justa apreciacin de la realidad, del reconocimiento de los progresos mundiales y de los logros de la educacin catlica, pero tambin de los peligros que hay que afrontar, es que se puede obtener la energa y el valor para encararlos. No es dejndonos vencer por el miedo, sino todo lo contrario. Juan Pablo II, predicador constante de la esperanza, no se ha cansado de repetir, desde el primer da de su pontificado: No tengis miedo de lo que vosotros mismos habis creado, no tengis miedo tampoco de todo lo que el hombre ha producido, y que est convirtindose cada da ms en un peligro para l! En fin, no tengis miedo de vosotros mismos! (37).