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Es el corazón quien habla
Escritores Actuales /Dennis Doren, L.C.

Por: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net


La mayoría de las personas mantenemos una distancia prudencial de las víboras, sabemos que son peligrosas y que ellas pueden inyectarnos un veneno que nos puede causar la muerte. Hoy en muchos medios de comunicación, dígase hablados o escritos, en aquellas famosas tardes de amigables tertulias, en los cafecitos mañaneros o en las reuniones familiares dominicales o semanales, se hacen presentes algunas viborillas que, con su veneno, van matando al próximo, instituciones que en vez de construir o dejar algo positivo, destruyen. Tenemos que cuidar nuestra lengua, pues así como es un instrumento de bendición, puede ser también de maldición, lo malo que una vez lanzado el veneno, querámoslo o no, nos llega.

A aquel rey le gustaba probar la sabiduría de la gente que tenía en cargos de responsabilidad, y también su disponibilidad y su astucia. Pero también le gustaba aprender de ellos. Por esto, una vez llamó a uno de sus criados y le dijo: "Tráeme lo mejor que encuentres en mi reino"

Al cabo de poco tiempo, aquel hombre se presentó con una bandeja, encima de la que había puesto una lengua (¡no me preguntes de donde la sacó!). Y dijo al rey: "Majestad, la lengua es lo mejor, con ella las personas podemos alabar a Dios, los políticos pactan la paz, los educadores enseñan la sabiduría, las familias recobran la armonía... Y con la lengua, las personas hablan de las muchas cosas buenas que vuestra majestad hace".

Al rey le gustó aquella respuesta y le picó la curiosidad por saber qué era lo peor que se podía encontrar en los dominios de su reino. El mismo criado, esta vez en un tiempo récord, se presentó otra vez con una lengua sobre una bandeja, y el rey oyó cómo le decía lo siguiente:

"Majestad, la lengua puede maldecir a Dios, destruye el amor entre las personas, crea odios y desconfianzas que pueden hacer mucho daño, herir e incluso matar. Con la lengua se puede llegar a destruir todo lo bueno que las personas podemos hacer".

Y el rey quedó satisfecho de la sabiduría de aquella persona.

Esta sabiduría la tenemos que aplicar en nuestra vida, sabiendo utilizar este instrumento que Dios nos ha dado para bendecir, construir, animar, justificar, perdonar, crear un ambiente de confianza.

Sólo así nuestra lengua, por no decir nuestro corazón, será lo mejor que podamos aportar para crear un clima de serenidad, buscando siempre construir con nuestros buenos comentarios.




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