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Francisco: "Los celos y murmuraciones destruyen a las comunidades cristianas"
Laicos en la Iglesia /Artículos de interés

Por: Rocío Lancho García | Fuente: Zenit.org

El papa Francisco ha pedido a los cristianos que cierren las puertas a celos, envidias y murmuraciones que dividen y destruyen a nuestras comunidades.

Las reflexiones del Papa han tomado como referencia la primera lectura del da que habla de la victoria de los israelitas sobre los filisteos gracias al valor de joven David. La alegra de la victoria se transforma pronto en tristeza y envidia en el rey Sal al ver que las mujeres alababan a David por haber matado a Goliat. Entonces, afirma Francisco "esa gran victoria comienza a convertirse en derrota en el corazn del rey" en el que se insina, como sucede en Can, "la semilla de los celos y de la envidia".
Y como Can con Abel, entonces el rey decide matar a David. "As hacen los celos en nuestro corazn -observa el Papa- es un inquietud mala, que no tolera que otro hermano o hermana tenga algo que yo no tengo". Sal, "en vez de alabar a Dios, como hacan las mujeres de Israel, por esta victoria, prefiere cerrarse en s mismo, lamentarse" y "cocinar sus sentimientos en el caldo de la amargura".

As lo ha explicado el Santo Padre: "Los celos llevan a matar. La envidia lleva a matar. Ha sido precisamente esta puerta, la puerta de la envidia, por la cual el diablo ha entrado en el mundo. La Biblia dice: Por la envidia el diablo ha entrado a hacer mal en el mundo. Los celos y la envidia abren las puertas a todas las cosas malas. Tambin divide a una comunidad. Una comunidad cristiana, cuando algunos de sus miembros sufren de envidia, de celos, termina dividida: uno contra el otro. Y sto es un veneno fuerte. Es un veneno que encontramos en la primera pgina de la Biblia con Can".

En el corazn de una persona tocada por los celos y la envidia -ha subrayado el Papa- suceden "dos cosas clarsimas". Primero la amargura: "La persona envidiosa, la persona celosa es una persona amarga: no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe qu es la alegra, siempre mira que tiene quel y yo no tengo. Y esto lleva a la amargura, una amargura que se difunde en toda la comunidad. Son estos sembradores de amargura. Y la segunda actitud, que llevan los celos y la envidia, son a murmurar. Porque este no tolera que el otro tenga algo, la solucin es rebajar al otro, para que yo est ms alto. Y el instrumento son las murmuraciones. Mira siempre y vers que detrs de una murmuracin estn los celos y la envidia. Y las murmuraciones dividen la comunidad, destruyen a la comunidad. Son las armas del diablo".

El Santo Padre ha mencionado cuntas bellas comunidades cristianas iban bien, pero despus en uno de los miembros ha entrado la semilla de los celos y la envidia y, con esto la tristeza, el resentimiento de los corazones y las murmuraciones.

Ha continuado sealando que "una persona que est bajo la influencia de la envidia y de los celos, mata", como dice el apstol Juan: "Quien odia a su hermano es un homicida". As como "el envidioso, el celoso, comienza a odiar al hermano". Por tanto, Francisco ha concluido pidiendo: "Hoy, en esta misa, recemos por nuestras comunidades cristianas, para que esta semilla de los celos no sea sembrada entre nosotros, para que la envidia no tome lugar en nuestro corazn, en el corazn de nuestras comunidades, y as podamos ir hacia adelante con la alabanza al Seor, alabando al Seor, con la alegra. Y es una gracia grande, la gracia de no caer en la tristeza, en el estar resentido, en los celos y en la envidia".

Texto adaptado y traducido de Radio Vaticana por Roco Lancho Garca



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