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Ser coherente es una de las grandes tareas humanas.
Educadores Católicos /La Educación en Virtudes y Valores

Por: Alfonso Aguiló Pastrana | Fuente: www.interrogantes.net




Entre 1910 y 1935 Gilbert Keith Chesterton escribi cerca de cincuenta relatos sobre el legendario Padre Brown, un sacerdote de apariencia ingenua pero cuya agudeza psicolgica lo converta en un formidable detective. El Padre Brown era un hombre de baja estatura que se mova con soltura y energa por las calles de Londres, siempre con un enorme paraguas, y consegua resolver los crmenes ms enigmticos gracias a su certero conocimiento de la naturaleza y la psicologa humanas.

Su primera aparicin fue con motivo de la famosa historia de La cruz azul, sobre el robo de una cruz de zafiros azules. Un conocido estafador francs de guante blanco llamado Flambeau se disfraz de clrigo para intentar engaar al Padre Brown y hacerse con la famosa cruz. El Padre Brown es una persona que estudia muy cuidadosamente cada uno de los crmenes, piensa exactamente cmo pudo haberse hecho algo as y con qu disposicin de nimo o estado mental pudo un hombre cometerlo. Y cuando est bastante seguro de haberse puesto exactamente en el sentimiento del autor mismo, entonces, tarda poco en averiguar de quin se trata.

Al concluir el relato, el Padre Brown explica cmo supo que Flambeau no era un verdadero sacerdote. En un rpido dilogo, se lo dice al propio interesado recordndole una de sus ltimas conversaciones: Usted atac a la razn, y eso es siempre mala teologa.

El Padre Brown es un hombre de fe, pero pone mucho nfasis en la racionalidad y la coherencia. Es algo recurrente en todos sus relatos, llenos de humor y de agudeza. Insiste en que la razn es siempre lgica y congruente. Ya s que la gente nos acusa a los creyentes de rebajar la razn; pero es al contrario. La Iglesia es la nica que, en la tierra, hace de la razn un objeto supremo; la nica que afirma que Dios mismo est sujeto a la razn".

Resulta muy interesante la apuesta que hace Chesterton, a travs del Padre Brown, por la coherencia natural de las cosas, tan presente en todas sus reflexiones. Ser coherente es una de las grandes tareas humanas. La madurez de una persona y de su pensamiento pasan necesariamente por ese proceso purificador de descubrir puntos escondidos de incongruencia y, sobre todo, de esforzarse por resolverlos. Todas las personas estamos llenas de contradicciones personales, unas ms interiores y otras ms manifiestas, y solo si tenemos el valor de reconocerlas y de remangarnos en la difcil tarea de conciliarlas, llegaremos a ser personas con una forma convincente de pensar. No se trata de encontrar razonamientos ingeniosos y sutiles que logren deformar las ideas o la realidad de las cosas para acomodarlas a nuestra conveniencia, sino de hacer un esfuerzo honesto por mejorar nuestros principios y nuestro obrar hasta que sean capaces de resistir un anlisis un poco riguroso.

Muchas personas insisten mucho en oponer la razn a los sentimientos, como si pensar bien las cosas fuera algo ajeno a ser una persona de corazn. Otros, parece que se esfuerzan en oponer la razn a la fe, cuando la realidad es que son inseparables: de hecho, quiz una de las tareas ms importantes de la Iglesia en nuestro tiempo es defender la razn, ayudar a pasar con honestidad por el tamiz de la razn esas sutiles mentiras con las que tantas veces los hombres nos engaamos.

Con demasiada frecuencia se rechazan razones muy claras con la simple excusa de que son coincidentes con alguna declaracin de una autoridad religiosa, sin molestarse en rebatir esas ideas con argumentos de razn. Algunas veces se hace por demagogia, o por pereza mental, pero tambin caen con frecuencia en ese error personas ms honestas, pero que no aplican de modo suficiente la razn a sus convicciones, o que descalifican las de otros sin apenas considerarlas. Todos debemos profundizar en nuestros anlisis hasta descubrir esas sutiles mentiras que siempre hay, y que nos impiden aproximarnos a conocer mejor la verdadera naturaleza de las cosas.