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Forma breve de una experiencia inolvidable
Religiosas /Religiosas Ejemplares

Por: Hna. Cristina del Pilar López | Fuente: Catholic.net

Esta gran aventura comenzó el día sábado que salimos de la mano de María, fuimos a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe para pedir su compañía y bendición, tomamos el avión hacia Nueva York y de allí a París, donde comenzaron las aventuras a causa del idioma, pero superables con la ayuda de nuestro inglés escolar y un poco de francés… la libramos.

Por fin llegamos a uno de nuestros destinos, la ciudad eterna, la Roma de la cátedra de San Pedro. Empezamos a gozar nuestra estancia en Europa, unos Sacerdotes amigos nos contactaron inmediatamente y nos llevaron a conocer la gran Basílica de San Pedro (era de noche) Impresionante. La vía de la reconciliación, bellísima. Experimenté entonces el milagro hecho realidad, Dios me concedía el regalo deseado de estar en Roma, allí tan cerca del Vicario de Cristo, donde observamos la ventana de la Residencia del Papa con la luz encendida, una experiencia bellísima. Dios siempre cumple sus promesas y nos hace gozar de ellas. Lucía bellísima toda la plaza de San Pedro Iluminada y extraordinaria.

Llegó por fin, el día esperado: partimos para Francia con el gran deseo de ir a Ars ¡el gran motivo de nuestro viaje! Deseábamos caminar por esas calles del pequeño pueblo, donde el humilde hombre santo, el sacerdote Juan María Vianney tejió con oración sacrificio y testimonio su santidad. Llegamos a Lyon y de allí partimos a la estación de camiones para preguntar por Ars. En primer lugar nadie conoce ese pueblito, nadie sabe si hay camión o no… Por fin un guardia que habla español, nos mandó que fuéramos a la estación del tren y preguntáramos por Ars rumbo a Marsella… Hicimos tres horas de viaje en tren y era desconcertante… cuando por fin llegamos a lo que nos habían dicho era Ars, resultó ser Arles, un lugar muy turístico, famoso, histórico de tradición griega y taurina algo majestuoso… Por eso, algo en mi interior me dijo que no era Ars… Las personas se empeñaban en que sí, porque así se pronuncia, pero nadie conocía a San Juan María Vianney… mi corazón lloró en Francia, en los templos y capillas no había letreros ni murales ni lonas como en México del Padre Santo, Juan María Vianney. Vi muy a lo humano y desde lo superficial, una pincelada del ateísmo, las iglesias en ruinas abandonadas y los lugares turísticos llenos… Fue mi desencanto mi lágrima más dura por la frialdad en la fe…

Por fin cuando pudimos expresar el lugar buscado que en francés se pronuncia muy diferente, la secretaria del Párroco nos dio un pequeño mapa que indicaba exactamente la dirección contraria al lugar donde andábamos. Pero, estábamos a unas horas de Lourdes y ya teníamos boletos para ir allí, así que no podíamos irnos hacia el norte. Aún, fuimos pues a Lourdes. Fue una experiencia preciosa, ahí comprobé que íbamos de las manos de María; lloramos de felicidad al gozar de la naturaleza en el sur de Francia, al gozar de la fe, al ver de nuevo la esperanza, nos encomendamos a María y yo en mi corazón escuche su voz que decía: “No estoy yo aquí que soy tu madre”. Porque yo aún estaba triste por no haber encontrado Ars y más aún porque nadie o casi nadie sabía del Santo, ni de este humilde y olvidado pueblo… Así que después de esta bellísima experiencia en la gruta de Lourdes en ese maravilloso paisaje al Sur de Francia (y a pesar de nuestro desencanto porque no se conoce Ars) todo nos invitaba a alabar a Dios.

Al siguiente día salimos de nuevo con la esperanza de llegar a Ars, pero sucedió que no había ya tren a Lyon y tuvimos que dormir en Touluse. A la mañana siguiente partimos y por fin el día 4 de junio llegamos por la mañana a Ars. Había gran emoción en mi corazón y gratitud con el Santo Cura que me dio este regalo de ir no sólo a Ars sino también a Lourdes y a Roma. Contemplar esas casitas de tejas y las calles sencillas una paz y serenidad una simpleza en todo: libertad, pureza y un ambiente familiar. Fue una impresión encontrar la gran basílica y la humildad de la casita del Cura y contemplar el confesonario donde consagró tantas horas de su vida a la salvación de las almas… En el silencio brotaba un gran gozo, una esperanza interior que tal vez muchos cristianos traemos grabada dentro: ¡quisiera ser santo, quisiera ser un loco enamorado de Jesús que haga amarle a toda persona que se acerque a mí, quisiera ser radical como este hombre humilde…!
En fin cada detalle de su vida, su reloj donde podemos contemplar que sólo dormía tres horas, que la mayor parte de su tiempo era confesiones y oración… Me edifica. Quiero ser mejor, quiero vivir radicalmente mi consagración… ¡Oh Santo Cura te encomiendo a todos los Consagrados y especialmente a todos los Sacerdotes!

Realmente fue una experiencia de Dios con pocos peregrinos. Entre ellos nos encontramos un grupo de alemanes y un grupo de Sacerdotes filipinos con su Obispo, los cuales celebraron la Eucaristía allí en el altar donde yacen los restos del Santo de Ars. Y a pesar del idioma, comprobé que la lengua común es el amor, y el ser cristiano nos hace amarnos en cualquier tierra. Dios es nuestra identidad, Cristo la Tierra a la que pertenecemos; en Él hemos nacido de nuevo. Es una experiencia bellísima sentirnos y sabernos hermanos a pesar del idioma la raza o color.

Después de orar, participar en la Eucaristía, convivir y contemplar, en la humildad de un hombre la grandeza de Dios, en el silencio de la oración el fruto de tantas conversiones, salimos muy edificadas, después de conversar con el Santo Cura de Ars San Juan María Vianney aún desconocido por muchos, nosotras salimos con un gran gozo y un deseo muy grande de ser mejores.


Nos despedimos pidiendo su bendición para nosotras, para todos los Sacerdotes y para todo el pueblo de México acomodándonos en una estatuilla que parecía estar animada ¡cómo gozamos platicando como grandes amigos con él y tomándonos fotos!

Para el día miércoles 9 de junio, nos fuimos a la audiencia del Papa, donde nos habló de su experiencia en Chipre y cómo fue muy bien acogido por todos. También dio un saludo a los de habla hispana: a México y a España, entre otros. Fue muy grata la experiencia, nos sentamos junto a uno de los pasillos donde pudimos experimentar pasar al Papa muy de cerca cuando llegó a la audiencia. Teníamos nuestra bandera, y la imagen de la Virgen de Guadalupe y lo saludamos con gozo y con gritos de júbilo, fue una experiencia de Iglesia, de apertura, de diálogo.

Por la tarde volvimos a la Basílica de San Pedro donde pudimos gozar de la presencia de los sacerdotes. Estaba la Basílica de San Pedro inundada de sacerdotes, fue un cuadro tan bello, lástima que no se podía tomar foto en ciertos lugares pero si una foto mental en nuestro archivo interior, se veían por todas partes sacerdotes orando, sacerdotes rezando con su Liturgia de las horas, otros hincados ante las tumbas de Juan XXIII “El Papa bueno”, de Juan Pablo II ¡ni se diga!, ante la tumba de Pablo VI también orando. Sacerdotes en diálogo profundo. Fue una grata muy grata experiencia, y también estar en la capillita de la Virgen de Guadalupe que está allí junto a las tumbas de los Papas… fue recordar el gran cariño que Juan Pablo II le tuvo a México y a la Virgen morena.

También fue algo curioso ver anunciado el libro de las “100 historias” que promovió Catholic net, y por eso tome una foto de esta propaganda, me dio gusto encontrarme con Catholic.net por allá.

Por fin otro de los días tan ansiosamente esperados la misa de Clausura fue una experiencia impresionante, día solemnísimo del Sagrado corazón de Jesús, y un mar de sacerdotes aproximadamente 15 mil hombres de blanco con un ideal común servir y vivir en el corazón de Dios para salvación del mundo, era respirar la grandeza del amor de Dios, que en medio de las persecuciones que vive la Iglesia, la comunión no se acaba, al contrario nos unimos más y nos empeñamos en orar por nuestros Sacerdotes con la certeza de que así como hay algunos que han fallado, hay muchísimos que son fieles y que desean seguir su entrega a Dios.

La homilía del Santo Padre fue muy alentadora. Recordar que a pesar de que llevamos este tesoro en vasijas de barro es Dios el que sostiene, es Dios quien los ha elegido… A la hora de la Consagración al Corazón Inmaculado de María, fue unirnos en una misma plegaria por la santificación de nuestros sacerdotes.

Ver tantos rostros y encontrar conocidos (un padre de Guadalajara de San Juan de los Lagos, de Cd. Obregón, de Nicaragua, de Colombia, de Monterrey ¡padrísimo!) fue experimentar el corazón inmenso que somos como familia católica ecuménica. Fue vibrar con el cuerpo místico de Cristo vivo y latiendo de emoción henchido de amor por la extraordinaria cantidad de Consagrados. Fue un milagro viviente, la comunión de la Iglesia no es un cuento, no es una utopía, es un proceso de vida. Fue latir juntos a un mismo ritmo, al ritmo del corazón de Jesús, era unirnos en un ideal común, eterno y perene, empeñarnos por la causa del Reino.

Y cuando el Santo Padre pasó de nuevo tan cerca a nosotros que estábamos junto a la barandilla, era el gozo inmenso del Vicario de Cristo “in persona Christi Capitis”. Cómo callar la alegría, la inmensa felicidad de estar juntos, de ser uno en Cristo. Gritábamos, alabábamos a Dios, saludábamos y el Papa sonreía y bendecía, y nos saludaba con toda la ternura de un Papá…
Tal vez nunca en mi vida vuelva a ver tal cantidad de sacerdotes juntos, pero en el Cielo ¡sí que nos vamos a ver todos! Para siempre unidos, como cuerpo místico de Cristo. Así sea…

Como pueden ver esta experiencia está llena de momentos bellos que sería imposible detallar totalmente, pero espero estas pinceladas ayuden a toda persona, a vivir el gozo de ser cristiano, el gozo de ser Iglesia, el gozo de ser familia; y también con gusto deseo que sigamos apoyando esta página de Catholic.net que por la gracia de Dios, María Santísima y el Santo Cura de Ars se empeñaron en que fuera a Francia y de paso a Roma…
Mi sueño se hizo realidad gracias a este portal que hace tanto bien. Gracias a cada persona que hizo posible este viaje y a cada persona que conocí. El rostro universal de mi Iglesia, ya tiene color y vida, es un rostro verdaderamente universal para gloria de Dios: negros, blancos, amarillos… todos al tono de Dios.