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Hay que aprender a ser leales
Laicos en la Iglesia /Artículos de interés

Por: Mónica Muñoz | Fuente: Catholic.net

En este complicado mundo, donde se dice que se han perdido los valores, vale la pena destacar que mientras vivamos, tendremos la oportunidad de aprender a ser más humanos, es decir, la voluntad y la inteligencia nos mueven para que cada día que pasa nos transformemos en mejores personas, por lo que hay que ver con optimismo el porvenir y creer que, a pesar de tantos problemas, aún existe gente que quiere vivir en paz, ayudando a los necesitados y dándose la mano para superar los obstáculos que se presenten en el camino.

Pensando en eso, me ha venido a la cabeza recapacitar en cuánto vale la lealtad de la gente, entendiendo que ser leal significa demostrar devoción hacia a otra persona, a los principios, a los compromisos, asumir que, aunque las relaciones caduquen, debe respetarse lo que se compartió en la intimidad, trátese de una pareja, un amigo o un familiar.  

Todos merecemos respeto y en algún momento de nuestra vida, es casi seguro que tendremos que despedirnos de alguna persona que significó mucho para nosotros y con la que nos unió un fuerte lazo.  Quizá la distancia, un disgusto o hasta la muerte, sean la causa que nos separen de ese ser que fue parte de nosotros.  No obstante, ahí es donde debe demostrarse cuánto significó esa relación y rendir homenaje al pasado, siendo discretos y evitando hablar de más, pues ambas partes tuvieron responsabilidad en la finalización.

Es muy compresible que cuando se termina con alguien, llegue la tentación de querer desahogarse con quien preste oídos, sin embargo, debemos detener nuestra lengua, porque, aunque de momento se sienta muy bien hablar mal del otro, sin quererlo también estamos hablando mal de nosotros mismos, porque hemos sido responsables al tomar la decisión de relacionarnos con el ser que ahora aborrecemos.  Repito, puede tratarse de una pareja, pariente o amigo.  

Además, será muy sano recordar los momentos agradables para generar en nuestra alma agradecimiento y perdón.  Si hemos resultado lastimados en el proceso, nos ayudará mucho orar por el otro, rogando para que su vida cambie y tenga bendiciones.  La oración es sanadora y traerá sosiego al ofendido.

En cuanto a las experiencias compartidas, agradezcamos a Dios porque nos ayudaron a crecer y madurar, ya sean buenas o malas, pues la vida se trata de eso: crecer y aprender a ser fuertes, sacando lo mejor de la situación para obtener un beneficio hasta de la  prueba más amarga.  

Recordemos que el mundo da muchas vueltas y no sabemos si una palabra indiscreta pueda hundirnos en el infortunio, o por lo contrario, lo que no expresemos sirva para detentarnos como personas de fiar y sea por esa cualidad que destaque nuestra buena fama.

Ciertamente, para ser leal se necesita amar mucho y hasta llegar al heroísmo.  Porque podría darse el caso de que la propia integridad física pudiera verse comprometida, como ha ocurrido a lo largo de la historia con los mártires que prefirieron morir antes que renegar de su religión.  O bien, la de los soldados que mueren por defender a su patria o los padres que se sacrifican por sus hijos.  

Pero también está la otra cara de la moneda: la de aquel que se siente avergonzado por su origen humilde o por la falta de posesiones materiales, lo que lo orilla a renegar de sus raíces y darle la espalda a sus antepasados.

Es ahí cuando habría que hacer un examen de conciencia para sacudir de la cabeza los malos pensamientos y honrar a aquellos que han confiado en nosotros, dándoles la certeza de que lo que una vez compartimos quedará resguardado en la memoria y el corazón.