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Vences mi pecado
Conoce tu fe /El Sacramento de la Reconciliación

Por: P. Fernando Pascual, LC | Fuente: Catholic.net

El pecado nos asedia de mil modos. Pasiones, malos ejemplos, conversaciones, recuerdos de un pasado turbio, lecturas, imágenes en el móvil o en la pantalla de la computadora.

Experimento mi vulnerabilidad: basta muy poco para que consienta en un mal pensamiento, en una crítica dañina, en un “robo pequeño”, en una trampa en el trabajo.

Tras el pecado, el corazón experimenta esa pena que acompaña todo acto malo y que puede ayudarme al arrepentimiento, si me abro a la misericordia divina y si estoy dispuesto a reparar el daño que haya causado en otros.

Necesito recordar, cada vez que el pecado entra en mi vida o en la vida de otros, que Dios ama a los hombres. A todos y a cada uno, con nuestras historias, con nuestros condicionamientos, con nuestros sueños y desencantos.

Por eso, como tantos hombres y mujeres que se acercan llenos de confianza a Cristo, puedo experimentar inmediatamente, de un modo sorprendente, una mirada misericordiosa que me invita al arrepentimiento.

Experimento esa mirada gracias a la entrega total, humilde, maravillosa, de Cristo al deseo que el Padre tiene respecto de toda la humanidad: que todos puedan salvarse, que todos reencuentren la esperanza.

Por eso, cuando miro al cielo, o cuando contemplo un crucifijo, puedo decirle a Dios ¡gracias!

Sí: gracias, porque vences mi pecado. Gracias, porque tu Amor es más fuerte que todo mi egoísmo. Gracias, porque tu misericordia no tiene límites. Gracias, porque me enseñas a perdonar puesto que antes he sido perdonado.

Este día, Padre, reconozco que has iniciado mi rescate. Me enviaste al Hijo simplemente por amor. Me regalaste el Espíritu Santo, para que ese amor entrase en mi vida y la transformase desde dentro.

Por eso, aunque mis pecados me confundan, aunque el maligno quiera quitarme la esperanza, hoy, y cada día, aprenderé a ponerme en tus manos, y repetiré las palabras que nos enseñó tu Hijo: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden...”. Amén.