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¿Por qué "cuelgan la sotana" algunos sacerdotes?
Dios al llamar respeta nuestra libertad, busca nuestra felicidad pero no la impone


Por: Luis R. Ruano | Fuente: Catholic.net



Si nos preguntáramos cuál es la causa del elevado número de divorcios en la actualidad y en la cultura (ambiente) de hoy, diríamos que es la falta de madurez de los contrayentes, la poca seriedad y temor ante los compromisos que abarcan toda la vida, el modelo de una vida tan ideal como irreal y la pretensión de que todo sea color de rosa y con sabor a caramelo y, por consiguiente, la poca resistencia ante las dificultades y primeros embates de la vida de pareja, etc.

Los sacerdotes no son ángeles ni extraterrestres. Son hombres de carne y hueso, tomados de este mundo para seguir a Cristo. También ellos sufren el influjo de la cultura y del ambiente en que están inmersos, así como sus consecuencias. También en ellos se puede enfriar el amor y el entusiasmo del primer encuentro con Jesús si viven con inmadurez. La cuesta arriba del camino que han emprendido se hace cada vez más pesada y las dificultades los hacen titubear. Y siempre mantienen la libertad de soltar la cruz y seguir un camino diverso al que fueron invitados por Cristo.

Por eso, el sacerdote que se hace indiferente ante el amor de Jesucristo, que deja aparte la oración, que se dedica a vivir para uno mismo y no para los hombres que le fueron confiados, que se adapta a los criterios mundanos del bienestar, de la comodidad, de las formas de ser, que se queja de la soledad del celibato, terminará también por quedar solo sin Dios y con un sacerdocio raquítico y el desastre no se hace esperar. Éstas son las raíces de las defecciones que se desarrollan de diversa manera en cada caso.

Siendo el hombre un ser dotado de inteligencia y voluntad, podemos afirmar que todo su obrar se ve influenciado por estas dos esferas. Así que podríamos distinguir los aspectos relacionados con cada una.

Nadie ama lo que no conoce. Cuando el llamado de Dios no se percibe con claridad, cuando no se comprende el valor profundo de ser llamado, cuando las verdades de la fe no se comprenden, es fácil dejarse embaucar por los oropeles de este mundo.

Por otro lado está la verdad de que Dios al llamar respeta nuestra libertad. Busca nuestra felicidad pero no la impone. Por eso, el sacerdote debe responder libremente a la cooperación de la gracia. Debe poner los medios para lograr su realización. Medios, que si faltan, la planta de la vocación se seca y cae.



 




Imagen: www.solivari.it. Artículos para el sacerdote


 







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